Trasgo: "Apuesto a que un Rey cuesta mucho menos que un presidente de República"

Escolar Jr. se basa en una serie de ficción para analizar la sanidad norteamericana

'Breaking bad' es, para él, la prueba de la desoladora situación de la Sanidad de EEUU

En una monarquía constitucional, el Rey es siempre una mala noticia. La idea, básicamente, es que la Corona sea, a todo tirar, material de segunda, de suelto, se respetuoso huecograbado. Cuando es primera, las cosas no van como deberían.

Don Juan Carlos es primera en El País. El Monarca es primera en Público. Y apostaría mi sueldo a que Su Majestad preferiría un lugar más modesto para su mensaje de Navidad, lleno de orgullo y satisfacción.

«El Rey muestra gran preocupación por el daño a la Corona del caso Urdangarín», abre El País. Mal, pero no tan mal como «El Rey [o, quizá, el rey] defiende que toda «actuación censurable» debe ser «juzgada y sancianada», que es el gran titular de primera, justo encima de caso Urdangarín. «El Duque de Palma amenazó con plantar a un congreso de discapacitados porque no le ofrecían contratos». Uf, en plenas Navidades Scrooge queda como una hermanita de la Caridad, por comparación… ¿Han comprobado ya si ahogaba gatitos en sus ratos libres?

Público olfatea la Tercera, y no va a dejar pasar la ocasión tan fácilmente. Dedica una doble a preguntarse «¿Cuánto cuesta la Familia Real?». No tengo la respuesta, pero sí una respuesta: mucho menos que la Presidencia de la República, les apuesto lo que quieran, sin mirar.

Es de agradecer que Manuel Rico le perdone la vida a Su Majestad con su billete ‘Un discurso correcto‘, en el que reconoce que «Juan Carlos I pronunció ayer un discurso correcto». Dios le pague su indulgencia, don Manuel. Aunque añade, crítico, que «siguen faltando hechos. Una de las medidas más eficaces para luchar contra el desprestigio de las instituciones es la transparencia y la Casa Real sigue poniendo todo tipo de trabas en esta materia».

LA LUCHA INTERNA EN EL PSOE

En la batalla por el poder en el maltrecho PSOE entra ahora Josep Borrell con una tribuna en el diario chaconista de Roures, «Empieza el debate«, donde disculpa a Carme su inclusión en el Consejo de Ministros de Zapatero: «¿Quién está entonces legitimado para hacer autocrítica? ¿Hay que excluir a los que han sido corresponsables en distintos grados y desde distintas funciones de las políticas y de las decisiones que se pueden considerar equivocadas? Si así fuera, no serían sólo los ministros del Gobierno, serían muchos, demasiados, los que tendrían que abstenerse de participar en una imprescindible revisión critica de lo ocurrido».

El entonces cronista parlamentario Wenceslao Fernández Flórez ironizaba en tiempos de la Restauración con la conversión del señor Duque de Tovar, hermano del Marqués de Romanones, al socialismo, asegurando que se había producido tras la atenta lectura de María, la hija de un jornalero, una novela lacrimógena de la época. De Escolar el Chico, don Ignacio, no podría decir lo mismo, pero sí que hace una curiosa hermenéutica de la ficción.

Convertir la anécdota en categoría no es nada que deba reprocharse al comentarista político. Siendo la realidad irreductiblemente compleja, acotar un fragmento mínimo para ilustrar lo que se pretende defender es una recurso legítimo, aunque se preste a manipulaciones salvajes. Tengo amigos neocon que ponen muy serios el ejemplo de Jack Bauer, protagonista de la serie 24, como justificación de la tortura en casos de terrorismo. Se me parte el corazón cuando me veo obligado a desvelar que, como Sant Claus, Jack Bauer no existe.

De modo similar, Nacho Escolar se vale de una serie americana, Breaking bad — El Futuro — , para advertirnos de la desoladora situación de la Sanidad norteamericana (debe ser por eso por lo que la gente huye en manada de Estados Unidos) y premonición de lo que nos espera con la llegada de la derecha. Para que se hagan una idea, cito a Escolar: «Va de un profesor de instituto cincuentón en Albuquerque (EE UU), al que diagnostican un cáncer terminal y que decide dedicarse al narcotráfico para dejar algo más que deudas a su familia: su mujer embarazada y su hijo discapacitado. […] Por la tarde, para completar el salario, limpia coches en un autolavado; digamos que tiene un minijob. El pluriempleo no le alcanza para pagar el tratamiento para el cáncer -tiene un seguro privado, pero no cubre los 90.000 dólares que cuesta la quimioterapia, para empezar- ni tampoco para cuidar de su hijo discapacitado con dignidad; recuerden que en Estados Unidos no hay ni Ley de Dependencia ni un buen sistema público de salud».

Pobres yanquis. El comentario me ha hecho gracia porque por entonces yo leía en un blog americano, Evolutionary Landscapes, un análisis político sobre la misma serie, en sentido muy distinto: «Esta es la historia de América ahora mismo. A medida que nuestra economía se mantiene en su espiral hacia el infierno, los intentos de desnortados planificadores centrales por apartarla del abismo con su keynesianismo a base de estímulos han fracasado; y cada vez son más los americanos que se las ven y se las desean para alimentar a sus familias». Curioso, ¿no?

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Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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