Público elogia a la oposición por oponerse

El País: «Si el pueblo opina, realmente nunca optará por la derecha, sino por la ‘democracia real'»

Continúa el idilio entre la izquierda mediática y Garzón

«Los policías avalan la instrucción de Garzón en el caso Gürtel», leo en la primera de El País, que viene a ser lo mismo que «La Policía corrobora la versión de Garzón sobre las escuchas». Imagino que esto se dice en apoyo del juez-vedette, y mucho debe ser el entusiasmo de la izquierda por su chico de toga para usar el testimonio de la Policía -esa guardia pretoriana de la burguesía, ya saben, como decía Jean Cocteau: «Prefiero los gatos a los perros, porque no hay gatos policía»- en su defensa. ¿Qué se fizo de esa Policía represora que tiene a maltraer a los 15-M?

La Cadena SER va un paso más allá (o varios) y nos informa de que «El fiscal sostiene que Garzón no cometió delito ordenando las escuchas«. ¿Recuerdan lo que decía ayer de Pedro Pacheco?

Justicia de partido

«Los testigos aseguran que Garzón preservó el derecho de defensa«, reza el diario de Prisa en páginas interiores. ¿Todos los testigos? Y si lo que se está juzgando es precisamente eso, ¿cómo pueden saber los testigos si se preservaba o no el derecho de defensa? Ya hemos visto que hay opiniones sesudas y expertas para todos los gustos en esto.

Full disclosure: Garzón me parece un juez deleznable, una prueba andante de todo lo que va mal en nuestra judicatura, sea inocente o culpable en este caso, algo que se me escapa por mi escasa cultura procesal.

Si es inocente y grabar las conversaciones entre abogado y reo es legal, mal vamos. Dudo seriamente que la izquierda aplauda el principio cuando el juez que lo ordene no sea una de sus estrellitas. Pero no es en absoluto lo peor.

Lo peor es un juez que va de número dos en las listas por Madrid de un partido político y, enfurruñado por no haber sido nombrado ministro, empieza inmediatamente a sacar basura contra el Gobierno. Lo peor es un juez que acapara los casos que brillan o los que le dan poder, e instruye con notables demoras los casos que le tocan pero ‘no molan’. En una democracia seria, los jueces no tienen cara, no se les reconoce por la calle, son cualquier cosa menos estrellas.

Ha nacido una estrella

La explicación de todo esto es que Garzón es de izquierdas. Y ya. Eso es lo que lleva a Ignacio Escolar a citarle como si estuviera probando la versión demo de su futura leyenda: Garzón: «Abrir la puerta a la primera injusticia es dejarla abierta para todas las que sigan». Oh, esto le pone a la altura de Solón, imagino. Si un juez conservador llega a decir semejante perogrullada, Nacho se hubiera echado unas risas a su costa. Ese es el juego. Los tuyos, los nuestros. Está bien en política; en Justicia, es suicida.

Pero, ¿de qué estoy hablando? Toda la vida nacional es así, periódicos incluidos. Miren un ejemplo de absurdo titular, este de Público: «La oposición se rebela contra la propuesta del PP‘. ¿Qué modo de titular es ese? «Rebelarse» podría cuadrar con la ciudadanía; aún más con las propias filas del partido, si se diera el caso. Pero, ¿la oposición? ¿No indica su propio nombre que están para oponerse? En fin, imagino que para bancada de los rouresíes «rebelarse» tiene todo el aroma bienoliente de la barricada.

Pero no me hagan mucho caso, que este Trasgo ya no sabe el terreno que pisa. ¿Paseo por la izquierda? ¿Cuál? Leo en El País que «Rajoy ve las reformas de Mohamed VI como un ejemplo para el mundo árabe«, y, la verdad, nada que criticar en ese titular. Otra cosa es que la afirmación me parezca, digamos, algo fantástica. Pero creo que se sale de mi competencia.

Los cerebros de Pyongyang

Hoy me pone las cosas fácil un Albert Solé, periodista y cineasta, que se descuelga con una tribuna en el diario propiedad de un fondo de inversión norteamericano, «La democracia permanente«. No tengo que decir que se refiere a la izquierda, que entiende la democracia, al parecer, como elegir entre ser de izquierdas y ser MUY de izquierdas.

¿No me creen? Empiezo por el final: «Diría que contra las nuevas armas de la ofensiva neoliberal la única revolución posible y deseable es la democracia real permanente». Es decir: si el pueblo opina permanente y realmente, nunca optará por lo neoliberal. Entonces, Solé, ¿qué necesidad hay de democracia, si ya nos dices tú qué es lo bueno, qué es lo que quiere el pueblo, además de, imaginamos, subvencionar tus creaciones?

Porque han de saber que «hemos acabado cayendo en la lógica mercantilista del pensamiento convertido en bien de consumo: los mercados nunca han querido pensadores, quieren consumidores y punto». Claro, la que quiere pensadores es la izquierda; sólo hay que ver la riada de pensadores originales que pare La Habana cada año, los audaces intelectuales que salen diariamente de Pyongyang. La izquierda quiere propagandistas y siseñores, créeme. Como, en general, el poder.

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Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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