Rubalcaba tira de disfraz ideológico para tapar sus carencias

Con el PSOE laicista hemos topado

"El guardián de las esencias felipistas desenterró el fantasmón del anticlericalismo"

El espejismo de un socialismo moderado, centrado, una vez que la vieja guardia ha tomado el control de un partido entregado a delirios adolescentes y experimentos con gaseosa, ha durado exactamente lo que Rubalcaba tardó en tomar la palabra en el 38 Congreso. ¿Moderado?, ¿centrado? ¿Guardaba acaso un as en la manga en materia de proyecto de Estado? ¿La famosa fórmula para atajar el paro que él mismo anunció pero no concretó durante la campaña electoral? ¿Tal vez un plan para que España recupere la autoestima como Nación? Nada de eso, según cuenta La Gaceta en su editorial del 7 de febrero de 2012 –Con el PSOE hemos topado-.

El guardián de las esencias felipistas, el hombre llamado a presentar un “cambio creíble y con contenidos” –Valenciano dixit–, viajó por el túnel del tiempo hasta lo más rancio del siglo XIX y desenterró el fantasmón del anticlericalismo. Eso se llama una apuesta de futuro.

La propuesta es surrealista se mire por donde se mire. En primer lugar, porque no obedece a ninguna necesidad de la sociedad española. El quebradero de cabeza número uno de los ciudadanos es el paro, y no precisamente levantarse en armas contra El Vaticano. Ni siquiera la presunta clá izquierdista de las gracietas laicistas está por esa trasnochada labor.

En segundo lugar, es un brindis al sol porque es políticamente imposible llevarla a cabo. Los acuerdos entre la Iglesia y el Estado, como tratados internacionales que son requieren para su derogación una mayoría parlamentaria de dos tercios impo­sible de conseguir, aun con una victoria del socialismo en las elecciones de 2015, sin la cooperación del Partido Popu­lar y no nada autoriza a pensar que estos estén por la labor.

¿Entonces? ¿A qué viene este arrebato anticlerical del ex ministro del Faisán? Todo indica que es un disfraz ideológico para tapar la clamorosa falta de propuestas en el socialismo español. Un recurso a la desesperada para aprovisionarse de armas como oposición contra el PP. A falta de argumentos, buenas son tortas dialécticas.

La ofensiva laicista con la que se estrenó el zapaterismo en 2004 y sus arietes (ideología de género, matrimonio homosexual, Educación para la Ciudadanía) vuelve ahora de la mano de un político que parecía llamado a superar los excesos de aquella etapa bochornosa. El PSOE más montaraz y antediluviano echa mano del viejo reclamo que presenta demagógicamente a la Iglesia católica como un freno para el progreso.

Sorprende que a estas alturas recurran a maniobras tan infantiles como meter en el mismo saco a obispos y banqueros. Pero lamentablemente ciertos políticos creen que ese tipo de carnaza es buena para su electorado, lo que indica el escaso respeto que tienen por sus votantes. Unas veces es el aborto y la eutanasia –un proyecto con el que amagan y no dan a modo de globo sonda–; y otras mezclar churras con merinas: Rouco y Merkel, convertidos en malos de película.

En este terreno, como en el de la Memoria Histórica, el zapaterismo y –ahora– el rubalquismo han jugado a dividir a la sociedad y a envenenar la convivencia. Lo malo que tiene los aprendices de brujo es que sus juegos terminan por crear un clima muy concreto. Es lo que ocurrió con el asalto a las capillas de la Complutense, atropellando derechos fundamentales recogidos en la Constitución.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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