¿Seguro que a las protestas de los jóvenes eran por defender "una educación de calidad"?

La izquierda, en realidad, no tiene nada contra la violencia, siempre que sea del lado correcto

El Estado que tanto os gusta, mis queridos izquierdistas, no usa la fuerza, el Estado es la fuerza

Dentro de lo que cabe, es una suerte tener en casa un hijo de 17 años, porque oyendo a la progresía ilustrada cualquiera diría que a esa edad uno acaba de dejar los madelman y las barbies (sin distinción de sexo, no disparen) y son incapaces de romper un plato. O quemar un contenedor. Sí, esos mismos que deberían poder matar a sus hijos antes de nacer sin decirle nada a papá, que es un carca.

La izquierda, en realidad, no tiene nada contra la violencia. Sólo hay que fijarse en sus consignas y sus canciones, llenas de lucha, combate y esas cosas. Sólo hay que ver, por ejemplo, la viñeta de Manel Fontdevilla en Público, dos prototípicos obreros con casco -de esos que ya son exigua minoría entre los trabajadores- sugiriendo que para que les hagan caso habría que esgrimir a modo de pancarta «la cabeza de alguien«. Es sólo que en su sencillo esquema de legitimidad, siempre son unos los que pueden poner las bofetadas y siempre son los otros los que tenemos que poner la cara para que la cosa esté a su gusto.

LAS EDADES DEL HOMBRE

«La violencia policial en Valencia provoca un alud de críticas», abre El País, conscientes de ser de los que controlan el citado alud, que nunca se fija cuando la Policía actúa, digamos, contra Jesús Poveda en sus muy pacíficas -estas sí- sentadas frente a la Clínica Dator.

«La policía golpea a menores en una protesta contra la violencia policial», titula Público bajo la fotografía de una agresión policial. Hablando de fotos, el otro día Escolar El Chico, don Ignacio, ponía en Twitter un enlace a la fotogalería de Gaceta.es dedicada a Valencia, con el comentario: «Surrealista…». Ahora, yo entiendo que Nacho encuentre mis contribuciones «surrealistas» (o kafkianas, o dantescas, o cualquiera de esa ristra de calificativos inanes por manidos), abiertamente subjetivas. Pero, ¿fotos? ¿Cree Nacho que están tratadas, como hacía el camarada Stalin? ¿O lo «surrealista» es sólo enseñar una parte de la realidad que sus conmilitones prefieren siempre obviar?

Y, por alusiones, entro con Nacho, que está que lo tira con Valencia. Su última contribución se titula «Un futuro valenciano«, y ya imaginan cómo va la cosa, que si hay un defecto del que carezca nuestro Nacho es esa malsana obsesión por la originalidad. Dice Nacho: «Pasó hace ya una semana y ayer volvió a suceder: los antidisturbios cargaron contra los chavales que se manifestaban pacíficamente, peligrosos críos de 16 o 17 años, que acabaron con la cara ensangrentada por reivindicar una educación de calidad; la letra con sangre entra».

¡Pobres, pobres niños pacíficos a los que no les dejan jugar «a tapar la calle, que no pase nadie» ni quemar pacíficamente contenedores! ¿Hace cuánto que Nacho no ve a un crío de 16 o 17 años para deducir que no puede ser peligroso? Me imagino a mi hijo puesto a ser peligroso y les aseguro que no me cuesta nada. En cuanto a que lo que hacían era «reivindicar una educación de calidad», creo que hasta el propio Nacho debió escribirlo tapándose la boca para no estallar en carcajadas. Ya saben, la educación de calidad es lo típico que obsesiona a los críos de 16 o 17 años y, además, les viene de golpe cuando manda «la derecha».

Ahora, yo no pretendo determinar si el Cuerpo se ha excedido o no. Aunque el recuento oficial es 11 policías heridos de un total de 13, los partidarios de la revuelta alegan que los agentes han sido incapaces de publicar un solo documento gráfico de agresiones por parte de los manifestantes. A estos me gustaría recordarles que no se trata de un partido de fútbol, y que la idea en cualquier sociedad normal es que, en encuentros entre las fuerzas del orden y los delincuentes presuntos o potenciales, el marcador sea siempre Policía, 1- Delincuente presunto, 0.

Pero ya digo, dejo a otros la labor de defender la actuación policial, si viene al caso. Lo que no entiendo es que a la izquierda le escandalice tanto. ¿Creen que la respuesta al vandalismo es pedir a los vándalos que lo dejen, por favor?

POR QUÉ NO SOY DE IZQUIERDAS

Una de las principales razones por las que no podría ser de izquierdas es porque detrás de todo lo que la progresía busca del Estado, de todas esas bellas palabras de «solidaridad» y «repartir las cargas» y «velar por la salud de los ciudadanos»; detrás de tantas regulaciones como jalea la izquierda y de tanta ley como promueve y demanda está siempre, ineluctable, el tío de la porra.

El Estado, mis queridos izquierdistas, no usa la fuerza. El Estado es la fuerza. ¿Creéis que la gente renuncia de buena gana a una parte escandalosa de sus ingresos para sufragar las causas favoritas del poder por la bondad de su generoso corazón? No. El Estado no pide dinero: lo quita. Si se me acusa de algo, vendrán policías a registrar mi casa y cualquier resistencia será neutralizada por la fuerza. Y, si la acusación es de las favoritas de la zurda, con el aplauso de todos sus medios. Ahí, misteriosamente, los que ayer eran guardia de corps del capital se convierten en el instrumento del pueblo, qué cosas.

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Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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