Un paseo por la prensa de izquierdas española

Póntelo, pónselo (el velo)

Leído en el diario ‘El País’: “El velo integra a la musulmana en Occidente”

No, si a mí la izquierda me encanta, de verdad. El único problema es cuando intenta poner en práctica todos sus disparates; es entonces cuando todas esas deliciosas extravagancias, esas esperpénticas descripciones válidas para una fantástica realidad paralela, se convierten en una macabra realidad de opresión, miseria, mentiras y muertos, montañas de muertos.

Lástima, porque considerada como mera moda literaria, da mucho juego al humor. Es tan absurda, tan íntimamente contradictoria, tan desternillantemente solemne en sus puerilidades, que leer a sus gurús y hojear/ojear sus medios de comunicación es una delicia.

La carta más alta

La perfecta reducción al absurdo de la progresía la encuentro en la última de ‘El País’, una entrevista a una modernísima diseñadora holandesa, Cindy van den Bremen, titulada con una de sus declaraciones:

«El velo integra a la musulmana en Occidente».

¿Les he dicho que el jueves 8 de marzo de 2012 fue el Día Internacional de la Mujer?

Uno pensaría que es exactamente al contrario, que incluso obviando cuestiones más graves de machismo institucionalizado y relegación de la mujer, es el velo una de las barreras que impiden la integración.

Pero esa orwelliana mutación de la izquierda, la tiranía de los políticamente correcto, es una especie de brisca en la que no supieras qué carta va a ganar el juego.

Yo saco la carta feminista -un tres-, pero tú sueltas la multicultural -un rey- y ganas la partida. Uno nunca sabe cuál es el grupo-víctima del momento.

En realidad, parece como si lo único importante para este gnosticismo político, la única condiciónsine qua non, es que no sea verdad y, sobre todo, que quien lo dice y quien asiente sepan que no es verdad.

Lo dice muy bien Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida, en ese faro de la izquierda digital que es Kaosenlared:

«La visión sencilla es la visión que nace de la falta de cultura política».

Traducción: ¿a quién vas a creer, a tus ojos mentirosos o al Partido? O, por seguir con Garzón, «es la visión el pensamiento simplista, vulgar o populista que surge inmediatamente y de forma primaria tras visualizar un fenómeno concreto».

Ya, es retorcidillo el chico, pero se quedan con la idea, ¿verdad?

De Escolar El Chico, nuestro Ignacio, tendré que volver a hablar, igual que él vuelve a la carga con Gallardón, que ha osado querer matizar, moderar, cualificar ese grial del progresismo que es la matanza industrial de niños no nacidos.

«Gallardón gira a la derecha (desde la derecha)», se titula la pieza, y todo el mundo entiende que no puede haber una acusación más terrible; es como decir que se alinea con los réprobos, donde será el gemir y el rechinar de dientes. Triste izquierda, para la que el último banderín de enganche es la defensa de la muerte de inocentes.

Empieza Nacho:

«Hasta que el ministro de Justicia se puso estupendo en el Congreso, relacionar violencia de género y aborto era algo que solo decía en público el locuaz arzobispo de Granada».

Y es cierto. Aunque lo sabe absolutamente todo el mundo, aunque cualquiera que se mueva por el mundo conoce casos de primera mano, es la Iglesia, a menudo profética y último valladar ante el Estado ídolo, la única que se ha atrevido a recordar, una vez más, que el agua moja y el fuego quema.

Ese es su último honor, pese a sus incontables capitulaciones ante el ‘espíritu de los tiempos’.

Mientras, el medio para el que aún escribe, la versión digital de ese periódico a cuyos redactores mandó Roures al Fondo de Garantía Salarial (a la porra, en cristiano) tras haberse comprometido personalmente a no hacerlo (según los despedidos), sigue renqueando en medio de la ironía más obscena.

Por ejemplo, cuando escribe «Los empresarios aseguran que una huelga ‘nunca es buena», ¿debemos entender que esa es la opinión de su dueño, o del empresario Escolar?

El nombre impronunciable

Porque esa es otra de las estupefacientes características de la izquierda, sobre la que ayer llamábamos la atención: es meramente declarativa, y se someterá al empresario más implacablemente capitalista con tal de que defienda de boquilla los mantras de rigor.

Ayer mismo tuve ocasión de leer dos jeremiadas más sobre el cierre de ‘Público‘, que cualquiera diría que su desaparición fuera la mayor tragedia desde el 11-M de 2004, y en toda la elegíaca verborrea he encontrado muchos culpables, de todo menos el más evidente.

Pepe Gutiérrez-Álvarez, en «Público‘: el cepo de los sectarios», en Kaosenlared, contesta a la crítica que citábamos hace unos días de Navarrete El Puro, que consigue despejar mil balones sin citar, ni siquiera de pasada, no ya el nombre de Roures, sino incluso de la empresa, los dueños o como quiera llamarlos. Ni una palabra.

En las mismas, y en el propio Público.es, Vicenç Navarro repite hazaña en «Público’ debe continuar».

Parafraseando a San Agustín, podría decirse:

«Sé de izquierdas y haz lo que quieras».

 

NOTA.- leer original en ‘La Gaceta’

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