Gabilondo: "Los partidos políticos no están tratando con respeto el dinero que los ciudadanos les dan"

A la izquierda le encanta hablar del futuro, porque su presente y su pasado son un auténtico horror

Rosa Montero: "Los sectarios aborrecen a sus contrarios y los que no queremos serlos, detestamos a los sectarios"

Todos, todos, estamos en contra de la corrupción política. Venga de donde venga. Es sólo pura casualidad que los medios de la izquierda oficial reflexionen sobre la plaga de la corrupción de todos los partidos cuando salta una noticia relativa a la corrupción del partido que se aborrece.
Ahora pasa con la condena a Matas. La Cadena SER aprovecha para recuperar las declaraciones de Rajoy ensalzando al ex presidente balear en su día, como si fuera algo insólito o pudiera ser de alguna otra manera, en cualquiera de los dos grandes partidos.

Y es en la SER donde Iñaki Gabilondo nos da su última prédica contra corruptionem, «Con nuestro dinero«. Habla de los ERE, insiste en que no se trata de un fenómeno que afecte sólo al PP… Pero no se le ocurrió, vaya usted a saber por qué, cuando salió a la luz el asunto de Andalucía. Todo perfectamente casual.

NUESTRO DINERO

El reverendo, precisamente, lamenta «la parcialidad y el sectarismo» con que se tratan estos asuntos, algo de lo que él es perfectamente inocente, porque Iñaki es un hombre honrado. Y es esperanzador oírle decir que «los partidos políticos parece que no se enteran de que el dinero que están manejando se lo damos nosotros», e insiste: «Los partidos políticos no están tratando con respeto el dinero que los ciudadanos les dan porque están acostumbrados a recibir permanentemente de los ciudadanos».
Pero no se emocionen.

Si es consolador que un socialista de pro se acuerde de vez en cuando de que se trata del dinero de los ciudadanos -algo que suelen obviar cuando hablan, digamos, de brutal recorte del déficit o del desmantelamiento del Estado del Bienestar-, no pierdan de vista el sujeto de tanto verbo condenatorio: los partidos. No es el Gobierno, al parecer, sino los partidos. Sería fácil señalar que, si la corrupción fuera cosa de partidos, exclusivamente con el dinero de los partidos -aunque también es nuestro-, la corrupción -y el despilfarro- serían una anécdota fácil de pasar por alto.

No, Iñaki. Es el Gobierno -estatal, autonómico o municipal- el que permite la corrupción a lo grande.
Iñaki pide a los líderes de los partidos que sean ellos los que encabecen la lucha contra esta lacra. No sé si lo dice en serio o es la coda obligada a su sermón.

Este Trasgo, ya viejo y no poco cínico, no puede unirse de corazón a este coro de indignación biempensante, ay. Por mucho que lamente la corrupción, esperar que la cosa se resuelva con la «actitud firme» de los propios políticos es peor que ingenuo. Es idiota. Tal como está planteado el sistema, por decirlo con lenguaje informático, la corrupción no es un bug, es un feature, y que el que pueda lo entienda.

PERDICES SOCIALISTAS

«A veces hay que decir basta«, leo como titular en esa parodia que es Publico.es. «Izquierda Unida lanza el vídeo 29-M: por nuestro futuro para movilizar a los trabajadores de cara a la huelga general». Es curioso el cuelgue de la progresía con el futuro, aunque, como sucede con todos los cambios semánticos promovidos por la izquierda, ya es de uso común por sus supuestos rivales políticos.

La palabra suena extraordinariamente bien, y no entiendo por qué. Imaginen al NSDAP de finales de los años veinte anunciándose como un partido de futuro. Tendría razón, pero el futuro fue espantoso.

¿Qué explica, entonces, esta obsesión progresista por un tiempo del que no sabemos nada y que igual podría traernos la prosperidad que el apocalipsis?

Sencillo: que está vacío, que no existe. La izquierda es una ficción o, al menos, su idea lo es, y nada le espanta más que los hechos. Y, dado que su pasado (de la Unión Soviética a Camboya) y su presente (de Cuba a Corea del Norte) levanta la perdiz y da idea del horror que traerían estos chicos, mejor llevarlo todo al futuro, que están blanco y se puede pintar a gusto del consumidor. Hoy estamos fastidiados, pero en el futuro seremos todos justos y benéficos y comeremos perdices socialistas.

EN EL ESPEJO

El drama no es que choquemos, que tengamos visiones del mundo contrarias; el drama es que ni siquiera somos capaces de vernos durante un segundo como nos ven los otros. Es el caso de Rosa Montero en su columna «Odio«, en El País.

«Nuestra enfermedad es una dolencia muy insidiosa, porque los sectarios, que son legión, aborrecen a sus contrarios, y los que supuestamente intentamos no caer en las manipulaciones maniqueas resulta que detestamos a los sectarios».

Es decir, Montero es capaz de reconocer que odia, pero es incapaz de admitir que es sectaria. Si fuera por autodefinición, Rosa, nadie sería sectario; todo el mundo cree estar defendiendo las cosas como son y como deberían ser. Pero si El País no es sectario, nadie lo es en este bajo mundo.

Iba a comentar ahora el desconcertante caso de Vicenç Navarro y su tribuna en Público, «Las falsedades de la ultraderecha española y catalana (que se considera centro)», pero ya hemos hablado de sectarismo, ¿no?

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Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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