Javier Valenzuela, en la página web de ‘El País’: “Pista neonazi en los asesinatos en el sur de Francia”

Francino, en la Cadena SER: “El fantasma de la ultraderecha está ahí”

Esther Palomera, en RTVE: “[Estamos ante] un crimen absolutamente racista, xenófobo”

Voy a contarles un secreto. Voy a explicarles en una sola frase por qué a la izquierda -mediática o no- no se le cae de la boca el fascista y ve neonazis debajo de las piedras: Los fascistas no existen y los neonazis, menos.

No hay nada que la izquierda aborrezca con tanta pasión como la realidad. Ya lo decía Lenin, que si los hechos contradicen la teoría, tanto peor para los hechos.

¡Oh, ya sé, sé que hay bandas de marginales y violentos que levantan el brazo y se tatúan esvásticas, lumpen que no hubiera durado dos minutos en la Alemania de Hitler o en la Italia de Mussolini! Estos no pretenden ser nazis o fascistas a pesar de que se trate de ideologías malditas, sino precisamente porque lo son. Y su influencia en la vida política, cultural o intelectual es exactamente cero. Lo sabemos todos.

LA BASURA DE LA HISTORIA

El nazismo fue una aberración histórica, el fascismo ni siquiera llegó a desarrollarse o a articular una teoría coherente; ambos duraron lo que, en términos históricos, es un suspiro y fueron aplastantemente derrotados, barridos de la historia en una guerra atroz. Y todo eso es lo que los convierte en el perfecto enemigo de la izquierda, que grita siempre que viene el lobo del fascismo porque sabe que no existe.

Todo esto viene a cuento de la visible decepción de los medios de izquierdas cuando se supo que el asesino que mató tres niños y un maestro judíos en Francia no era su animal mítico, su coco favorito, sino un miembro de una de sus minorías tuteladas. Todavía no se sabía sino los mimbres de la noticia y ya saltaba ‘la pista neonazi’. Lo contaba en la página web de ‘El País’ Javier Valenzuela, «Pista neonazi en los asesinatos en el sur de Francia». Y ‘Público’ en «Cuatro muertos en un tiroteo frente a un colegio judío en Toulouse» subtitula: «Un hombre abrió fuego cuando los estudiantes entraban en clase y se dio a la fuga en un ciclomotor. Las hipótesis se dirigen hacia tres soldados neonazis».

¿YIHAD, QUÉ YIHAD?

Porque, claro, síganmente en esto. Después de las Torres Gemelas, Bali, el metro de Londres, los atentados de Atocha y el terrorismo islámico sacando pecho el todo el mundo, lo lógico es pensar en los neonazis, ¿verdad? Eso es ética periodista. ¿Breivik, dice usted? ¡Oh, sí, la Gran Esperanza Aria de la izquierda! Por eso se emocionaron tanto con Breivik el noruego, porque era rubio y ario aunque él dejara claro hasta la saciedad su desprecio por el nazismo. Claro que no era nazi; era algo más moderno: neoconservador. En cuanto a los judíos, nuestro loco noruego resultó ser más bien antisemita, lástima.

(…)

En la televisión de todos (los progres), RTVE, en el programa de Ana Pastor, se disparaba Esther Palomera: «Sí, de un crimen absolutamente racista, xenófobo. Incluso en las primeras investigaciones se habla de un grupo neonazi». Y Nativel Preciado recogía pelota: «A mí me dan mucho más miedo este tipo de brotes xenónfobos que la sequía, por supuesto. En Francia hay en este momento campaña electoral, y el propio Sarkozy ha hecho guiños con el tema de la inmigración, y eso es absolutamente peligroso. Porque cualquier tolerancia, por pequeña que sea, cualquier guiño, cualquier gesto que pueda beneficiar a este tipo de grupos , que los hay, evidentemente».

PALO AL CURA, QUE ES DE GOMA

Carles Francino, el miniyo de Gabilondo en la SER, pontificaba: «Nadie sabe dónde mirar, aunque el móvil xenófobo, el fantasma de la ultraderecha, está ahí. Ya sea de un sólo individuo como el de la matanza de Utøya este verano en Noruega o el grupo neonazi descubierto hace poco en Alemania después de años y años de impunidad, de negligencia policial».

Periodistas. Mis compañeros. Los encargados de hacer comprensible la realidad para el público, para el pueblo, de forma coherente y objetiva. No pueden contenerse, ni ante el sentido común ni ante los precedentes lógicos. Tanta nostalgia del fascismo sí que da miedo.

Escolar el Chico, don Ignacio, se refugia en su fijación infantil contra la Iglesia católica, lamentando la prohibición de la manifestación blasfema. «Los ultras presumen de sus éxitos contra el laicismo salvaje», titula su comentario. Y en Twitter se pregunta en qué parte de la Constitución pone que no se puede uno manifestar contra la Iglesia un Jueves Santo. Pues, hijo, justo debajo de donde proclama el derecho al aborto, que no te fijas.

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Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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