Pase lo que pase los sindicatos asegurarán que la huelga ha sido masiva

Sólo la izquierda puede decidir quién es verdaderamente mujer, homosexual o trabajador

Cuando un grupo de matones es conocido como piquete informativo, ya sabe qué puede esperar de la información

Si es usted de los que retrasan unas horas la lectura de Prensa, para cuando lea esto ya habrá oído y sabrá que España se ha paralizado totalmente, según los sindicatos, o que la huelga apenas ha tenido incidencia en la actividad normal, según el Gobierno. Y es que hoy es mal día, muy mal día, para pretender estar informado objetivamente.

Bueno, no toda la culpa es nuestra, quiero decir, de los informadores, que tenemos que fiarnos de una u otra fuente. Pero ya entenderán que la información es hoy el más confuso de los géneros cuando grupos de matones que buscan intimidar a los tenderos que quieren abrir o a los trabajadores que quieren trabajar se llaman piquetes informativos. Claro, imagino que quienes han pasado los últimos meses en una cueva deben ser informados de que hay convocada una huelga general.

Mientras, la izquierda caldea el ambiente. No se trata de la reforma laboral -que, entre paréntesis, me gusta tan poco como a Méndez-, sino de algo mucho más importante: la mamandurria. Se trata de que los sindicatos sigan mangoneando y de que la izquierda retenga el poder de un chantaje permanente que haga España ingobernable para el PP y les devuelva el poder, al precio que sea.

Lo dice la Cadena SER en su página web, como si hiciera falta: La izquierda caldea el ambiente en el Congreso un día antes de la huelga. «Los diputados han sacado carteles a favor del paro general y Llamazares ha repartido panfletos en los pasillos». Ya podía haber repartido algunas de las acciones de su fondo de inversión.

La SER tiene otras formas más groseras de alimentar el descontento. Una de ellas es una parodia malhumorada, Una de sinvergüenzas, en la que el locutor pretende hablar como un facha irredento, de esos que sólo existen en su calenturienta imaginación («Ustedes y yo sabemos que todos los sindicalistas son unos sinvergüenzas. Pero en esto del periodismo, toca arrimarse a esta calaña para saber qué traman…»), para que, por contra, los sindicatos parezcan ursulinas.

En El País, un José Luis Álvarez, doctor en Sociología de las Organizaciones por la Universidad de Harvard (?), escribe una graciosa tribuna, «El 29-M contra la Internacional Capitalista«. A lo mejor cree estar escribiendo en un fanzine, y no en una obvia empresa capitalisma tan internacional que sus dueños son americanos. Escribe Álvarez: «La huelga general convocada para el 29-M es la primera acción de resistencia social que la izquierda ha propuesto; y sus convocantes, CC OO y UGT, son las únicas organizaciones progresistas capaces de movilización colectiva comparables a las más eficaces de España: las muy conservadoras, entusiastas y disciplinadas asociaciones de padres de alumnos de colegios católicos al mando de Antonio M. Rouco Valera». Este ha debido de acabar de leer ‘Los Tres Mosqueteros’: ¡Peligro, se acerca la Guardia del Cardenal! Pero lo de llamar organizaciones progresistas a la panda de peces gordos de estrategia mafiosa que sestea en los sindicatos es aún más simpático.

Por su parte, Público secunda la furia de la izquierda contra las palabras de Sáenz de Santamaría, quien justificó mantener la reforma laboral pese a la huelga porque el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero no rectificó la suya tras la huelga general que convocaron los sindicatos en 2010. ¡Ay, esta mujer no entiende! Esa huelga fue contra el PP, doña Soraya, y guiñando un ojito al gobierno de entonces. ¿O cree que Cándido iba a jugarse en serio las lentejas (o el menú que sirvan en su restaurante favorito)?.

La izquierda decide quién es realmente mujer (las mujeres de izquierda) y quién es realmente un trabajador (los sindicatos)

«Usted no reparte los carnés de mujeres auténticas», me informa Público.es, la tabla que aún flota del naufragio made in Roures. Lo dijo el otro día la diputada socialista Patricia Hernández, afeando a Gallardón que dijera ayer en el Senado que la maternidad hace «auténticas» a las mujeres.

No, Gallardón no puede repartir carnés de mujer auténtica: no es de izquierdas. La izquierda no sólo puede, sino que lo hace constantemente. Decide quién es verdaderamente mujer, homosexual, negro, obrero, empresario, inversor… Por ejemplo, Elena Valenciano es mujer y habla en nombre de todas las mujeres, pero Sarah Palin no es mujer. Obama es negro, aunque su madre sea de piel como el papel, porque se ajusta al guión, buen chico. El juez Thomas no es negro, porque es conservador.

Los inversores son los que están detrás de los mercados, y son malos; por eso Gaspar Llamazares se excluye al hablar de ellos aunque tenga suscrito un fondo de inversión de 300.000 euros (no, Gaspar, no me voy a cansar). Amancio Ortega no es un trabajador, aunque se haya deslomado desde los 14 años, pero sí lo son Toxo, Méndez y su innúmera legión de liberados aunque haga años que no ven un andamio o una cadena de montaje. Los empresarios -que no emprededores, como se llama a los que apoyan al PSOE- son la Patronal, lo peor, y lo son especialmente de empresas gigantescas que no han creado; pero no espere que Nacho Escolar hable de ellos en primera persona, aunque tenga una empresa con su hermano y otros socios, Bitban. Tampoco mucho de Roures, o de Janli Cebrián. Son otra cosa…

Lea La Gaceta

Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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