El Rey ha desaparecido de las portadas y casi de las columnas. A la espera de los grandes temas de este viernes 20 de abril de 2012 (los nuevos recortes presupuestarios y las medidas gubernamentales contra Argentina) y del fin de semana (las elecciones presidenciales en Francia), los columnistas remolonean.
Los de izquierdas, en un rapto de originalidad, caen en el ataque a Rajoy por mentiroso. Sirva de ejemplo de la abulia reinante la columna de Raúl del Pozo, que se extiende sobre las peculiaridades históricas de los palacios sevillanos que constituyen las sedes del Parlamento regional y el Gobierno.
Entre los columnistas que se ocupan del Rey destaca Santiago González, en El Mundo, que aporta una sensatez envidiable:
«Ésta es una de esas ocasiones en las que el significante supera con mucho el significado.»
«A los monárquicos sobrevenidos después de haber llegado a la conclusión de que cualquier otra alternativa era peor nos ha parecido una reparación simbólica suficiente.»
Carlos Herrera en ABC nos ofrece una lista de otros que podrían pedir perdón:
«Va a resultar que aquí pide perdón el Rey, el titular de la Corona, y los demás empiezan a silbar. Nadie pide perdón. Podrían pedirlo los que ignoraron la crisis, por ejemplo. O los que han dado la espalda a las víctimas del terrorismo, desoyendo cualquier reclamo de atención, y eso va por políticos nacionalistas y por obispos felones. Podrían pedir perdón todos los piqueteros que revientan escaparates en días de huelga, que no lo hacen y no creen tener que hacerlo»
Juan José Millás, el hombre que nos contó el deslumbramiento que le produjo Zapatero cuando convivió con él varios días, afirma ahora que los del PP «mienten como cosacos».
«La cuestión es que hace tanto tiempo que no la usan [la verdad] que no saben si buscarla en el burdel, en la sacristía o en el cesto de costura.»
¿Y cómo mentían los socialistas, que nos metieron en este pozo?, ¿y cómo mentías tú en El País, Juanjo?
Antoni Puigverd advierte en La Vanguardia de que asoma el coco antisistema:
«si el PP fracasa en el pilotaje de la crisis económica, la crisis institucional estará servida. No sabemos lo que vendrá, pero seguro que no será el PSOE. Podría venir, antes de que el fracaso cristalice, un pacto de Estado entre todos los partidos, nacionalistas incluidos. Pero este pacto no llegará. España no es una nación porque no comparte espacios sagrados. Nadie sacrifica el interés de parte para favorecer el interés común.»
Esto, que es verdad, lo escribe un periodista que apoyó el Tripartito, contribuyó a erradicar lo español de esa región española y elaboró el nuevo estatuto catalán.
En esta línea, en La Voz de Galicia Roberto Blanco Valdés concluye su columna sobre YPF asombrándose de que haya españoles que renuncien a defender los intereses nacionales:
«esos que de un modo incomprensible, y no se sabe muy bien por qué, a mucha gente en nuestro país les parece vergonzoso defender, incluso cuando, como es el caso, resulta evidente que han sido violados sin razón y sin derecho.»
Pero esa desgana no ocurre sólo en España. Hermann Tertsch comenta en detalle la distribución de coranes en los países germanohablantes, que apenas ha causado reacciones:
«El problema está en que esta inmensa operación y la demostración de fuerza la hace una organización salafista dirigida por uno de los más notorios predicadores del odio que es Ibrahim Abu Nugie. Este imán fanático condena públicamente a todos los cristianos y judíos como perros que acabarán en el infierno. Pero más peligroso es aun su constante ataque contra todo el islamismo moderado o medianamente integrado en Alemania.»
