Imperdible reportaje en XL Semanal

Cristina Kirchner y sus ‘cachorros’

Hillary Clinton pidió un informe sobre la salud mental de la presidenta

¿Cuáles son las claves secretas de la expropiación de YPF? ¿Por qué la presidenta de Argentina se embarca en una aventura tan arriesgada? ¿Quiénes son los jóvenes que han asaltado el poder con esta maniobra? Las periodistas Sylvina Walger –biógrafa de Cristina Fernández de Kirchner– y Laura di Marco revelan en XL Semanal quién manda (de verdad) en la Casa Rosada

De luto, con un collar de perlas adornando la cicatriz en el cuello de su reciente operación de tiroides y con una imagen de Eva Perón a sus espaldas, amparándola. Es una escenografía muy estudiada para anunciar la expropiación de YPF. Cristina Fernández de Kirchner se apropia del icono de Evita. En sus discursos televisados siempre aparece su retrato. En realidad hay dos imágenes, según sea el tono de la alocución. Si es una noticia de la que el pueblo debe alegrarse, aparece una Evita  sonriente. Cuando ataca a alguien o anuncia recortes, la imagen es seria y enérgica.

La Evita de la nacionalización sonríe bondadosa. La expropiación de YPF es un golpe de mano que altera el ecosistema del poder en Argentina. La vieja guardia peronista está siendo reemplazada por los jóvenes indignados que lanzaban piedras contra el Gobierno durante la crisis del ‘corralito’, universitarios de izquierda e hijos de desaparecidos. Integran La Cámpora, una organización hermética que funciona como una secta política. Tienen entre 25 y 32 años y no son gente de revólver, sino más bien, burócratas. Todos son amigos de Máximo, el hijo de Cristina Kirchner. Niños bien que viven en Puerto Madero y visten de marca. En La Cámpora hay pibes muy preparados, pero si no son atractivos no tienen un papel relevante. 

Entre ellos figuran Axel Kicillof, el todopoderoso  viceministro de Economía que lanzó la idea de expropiar YPF,  Eduardo ‘Wado’ de Pedro, un huérfano cuya historia enternece a la presidenta, Amado Boudou, recién caído en desgracia  y de quién hasta hace poco se daba por hecho que mantenía una relación sentimental con la presidenta, y su propio hijo, Máximo, su «osito». 

Rodeada de esta camarilla de jóvenes «cachorros», la presidenta de Argentina mantiene su imagen de negra viuda y se apropia del icono de Evita. Su popularidad no ha dejado de caer -especialmente tras el reciente accidente ferroviario-en un país al borde de la quiebra con 8 millones de pobres. 

Cristina Kirchner tiene mucha facilidad para desquiciarse. Y más desde que le operaron y le quitaron la glándula tiroides. Tiene ataques de ira. Les pega a las criadas. Entonces no recibe a nadie, se encierra. Hacía semanas que no aparecía ante las cámaras de televisión dando un discurso. Suele hacerlo cada día cuando está en forma, incluso mañana y tarde. A veces da la impresión de ir empastillada. ¿Litio? Hay un debate sobre si sufre un trastorno bipolar: pasa de la depresión a estados de euforia; llora en público. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, pidió un informe sobre su salud mental. Se supo por los cables de WikiLeaks que Estados Unidos la considera «una líder visceral, que sufre de nervios y ansiedad» y toma decisiones influida por su estado emocional. Cristina es impredecible. 

 

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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