La santidad de izquierdas es declarativa. Lo veíamos el otro día, cuando la web Público.es nos informaba de que, mientras el Gobierno rescata a la Banca, el 15-M rescata a los ciudadanos. Oh, bueno, al final resulta que el Gobierno SÍ rescata a la Banca, y los quincemeros se limitan a exigir medidas que, con muchísima imaginación y no menos ingenuidad, podrían traducirse en un rescate a los ciudadanos. Vamos, que decir equivale a hacer, como en la era de la magia y los conjuros.
De modo no muy distinto, a Jaume Roures se le perdonó durante años ser un tiburón de los medios, haber construido un imperio mediático al calor del poder, tirando de favores, privilegios, suscripciones públicas y favores varios. Se le perdonó que fuera rico y trapacero porque, hey, era trotskista, y para la intelligentsia española, a la izquierda, la pared.
EXTRAÑO SOCIALISTA
Luego tocó arrugar el entrecejo. El Amado Líder al que nunca se agrupó en el vago colectivo de los ricos o -¡lagarto, lagarto!- los mercados, empezó al final a hacer cosas imposibles de disimular bajo un manto más o menos piadoso: concurso de acreedores y luego un ERE de extinción.. Los chicos que se dejaban la piel haciendo el diario, que creían estar abordo del acorazado Potemkin en la vanguardia de la revolución, se encontraron casi de golpe en la calle, en manos del Fondo de Garantía Salarial, despedidos siguiendo estrictamente las mismas reformas laborales peperas contra las que el diario no se había cansado de despotricar. Es más: contra las que seguía despotricando, con decreciente credibilidad, en ese pecio que quedó en la web del naufragio, alimentado por un puñado de profesionales y que responde al nombre de Público.es.
Mientras, el campechano Roures se había reunido con los few, happy few, band of brothers de su joven redacción y, con lágrimas de cocodrilo, les había asegurado que no le quedaba un duro de patrimonio personal, haciendo abstracción, supongo, de su excelente colección de pintura.
Vale. Roures se había librado de una mala inversión, un negocio deficitario y lleno de deudas, de un modo pasablemente limpio, aunque su imagen de adalid de la izquierda quedara un tanto deteriorada. Pero si la cosa quedara aquí, su figura no nos haría necesariamente pensar que el Scrooge de Cuento de Navidad sería hoy un empresario progresista.
Hasta ahí, mal, pero pelillos a la mar. Un grupo amplio de redactores del finado diario, convencidos de la viabilidad de algo similar, formaron un grupo, Más Público, y sacando de donde no tenían y arañando de aquí y allá consiguieron reunir más de 240.000 euros para quedarse con la marca, subrogar algunos de los contratos de quienes no habían sido despedidos y abrir la cooperativa al resto. Nadie más pujaba, con lo que parecía que la historia podría tener final feliz.
Pero el trotskista no había dicho la última palabra: ahora tenía su papel, limpio de polvo y paja, de deudas y plantilla onerosa, y por calderilla. Porque el Roures que no tenía un duro «tras decretar la ruina del periódico y no poder pagar lo que debe a sus trabajadores sí encontró dinero para hacer una oferta a través de una inmobiliaria propia de 412.000 euros por Público.es», leo en La Tercera Información. Compañeros ex redactores me cuentan, además, que «a gran parte de la plantilla despedida aún nos debe indemnizaciones y parte de las nóminas que no pagó cuando declaró el concurso de acreedores».
DISTINGO
Si ser de derechas es estar con los banqueros, que me borren; si es bailarle el agua a los enjuagues financieros, que no cuenten conmigo. La izquierda, desde el Alfonso Guerra que con sus camisas de Gucci hablaba en nombre de los descamisaos, es muy de identificar ideología y patrimonio, pero yo no concibo esta razón. Ayer mismo un tuitero con el que dialogaba por Internet soltó esta perla, tan propia: «Usted es rico o estaría protestando por el recorte de lo público». Pero nadie le pidió a Roures que dejara de ser un empresario para definirse trotskista. Y ahora que ha resultado ser un capitalista tan enredador y torticero como los que nos han metido en la que estamos, sólo espero que las bases exijan algo más que lemas y consignas para aupar a sus líderes.
79 RECTORES
El País sigue azuzando el caballo muerto de la huelga de la enseñanza en su editorial principal, «Aulas en pie de guerra«, donde se dice que la «huelga secundada ayer por decenas de miles de profesores y alumnos de todos los niveles educativos es una clara señal de la frustración que están generando los recortes presupuestarios en el sector».
Me entero de que los rectores han plantado al ministro Jose Ignacio Wert en el Consejo de Universidades. Los 79 rectores. Repito: 79. Con sus presupuestos, despachos, personal… Indudablemente, hacer recortes en este sector es de todo punto inaceptable, ¿verdad?
