Junta en una entrevista a una de las heridas y al jefe del comando

El País edulcora el 25 aniversario de la matanza etarra en Hipercor de Barcelona: «Sus vidas se cruzaron trágicamente»

Ni el mejor cuento de Walt Disney podría superar tan empalagoso relato

El País, en su edición del 27 de mayo de 2012 –«Te quería ver la cara y decirte que me habéis devorado la vida»-una vez más, vuelve a convertirse en el edulcorado portavoz de ETA. Coincidiendo con el 25 aniversario de la cruel matanza de Hipercor, en pleno centro de Barcelona, el diario de PRISA trata de contar la historia de una manera tan dulcificada que parece que todo fue fruto de un accidente (Zapatero dixit) o de una concatenación de infortunios que al final derivó en la muerte de una veintena de personas, pero no porque la banda terrorista pusiese una bomba en los aparcamientos del centro comercial, sino porque nadie quiso llamar a la Policía. Así de claro.

El diario juntó a una de las heridas en el atentado, Rosa, con el responsable del comando autor de la matanza de 21 personas, Caride Simón y así empieza su relato Mónica Ceberio Belaza, hija del director más longevo de El País, Jesús Ceberio:

Rosa interpelaba así en la cárcel, el pasado mes de noviembre, al exjefe del comando Barcelona de ETA, Rafael Caride Simón. Sus vidas se cruzaron trágicamente hace 25 años, el 19 de junio de 1987. Ella hacía la compra, como cada viernes a mediodía, en el Hipercor de la capital catalana con su marido y su hijo de tres años. A las cuatro y diez estaba en la planta de arriba, “donde la fruta”, cuando “el techo, comenzó a venirse abajo”. ETA había colocado un coche bomba en el aparcamiento. Ella, aparte de sufrir múltiples heridas, quedó sorda de un oído y lleva desde entonces recibiendo asistencia psicológica por lo que presenció. Fue el atentado más sangriento de la banda; una masacre indiscriminada en la que murieron 21 personas, la mayoría abrasadas o asfixiadas, y otras 45 resultaron heridas.

La víctima, Rosa M. P., prefiere no aparecer con sus apellidos. Sus hijos no saben que se reunió con Caride Simón. «Se trata de un tema difícil. Con mi hijo no puedo aún hablar de ello», explica en la oficina de la Asociación Catalana de Víctimas del Terrorismo, en el centro de Barcelona.

El día del encuentro, llegó nerviosa a Madrid. Siguió estándolo mientras comía con los dos mediadores que la acompañaron a la prisión. La primera impresión que recuerda es el frío. «La frialdad de la cárcel es terrible. Fuera de lo normal. Se te mete en los huesos. Cuando llegamos, nos saludó el director de la prisión. Después empezaron a abrirse y a cerrarse puertas. Como en una película. Como no sabemos nada de las cárceles, te impresiona cuando lo ves». Después entró en una habitación con dos mesas y cuatro sillas. Y un espejo al fondo.

Al cabo de un rato, entró Caride Simón en el cuarto. Se dieron la mano. La mediadora hizo la presentación, y comenzaron a hablar. Rosa tenía preguntas guardadas desde hace años.

Curioso es, además, que el etarra trate de dejar en evidencia a la Policía o a los responsables del centro comercial:

«Al día siguiente, el sitio que habíamos elegido en el aparcamiento para poner el coche no estaba libre. Y acabó en otro sitio. Hicimos una primera llamada a la policía, pero no nos creyeron. Dijimos: ‘En tal zona, en tal sitio hay un coche bomba con tanta carga’. Pero nada. No pasó nada. Hicimos una segunda llamada y tampoco nos creyeron. Insistimos una tercera vez en que había una bomba. Como no hacían caso, me acerqué yo mismo al Hipercor. Di unas cuantas vueltas y vi que a la gente la seguían dejando pasar. La policía no hizo nada».

Y el prólogo, ya es de traca:

Después de casi tres horas, se despidieron. Se dieron la mano. «Te doy las gracias por la valentía que has tenido al venir», le dijo Caride. «Dile a tu marido que lo siento. De todo corazón».

Al salir de la cárcel, ella rompió a llorar por la tensión. Aún tenía que asimilar lo que había ocurrido. Ahora ya lo ha hecho. «Entiendo que muchas víctimas no podrían ni querrían hablar con el terrorista. Pero a mí me ha ayudado. Las imágenes de ese día, y sobre todo, como ahora, cuando se acerca el aniversario, las tengo siempre encima. Es como un libro del que siempre leo la misma página. Pero quiero pasar a la siguiente. Nunca se me olvidará lo que pasó, pero, si hablas, lo sacas. Y prefiero que él se haya dado cuenta de lo que ha hecho y sea consciente del dolor que ha causado. Yo le mostré el sufrimiento, el mío propio y el de otra gente cercana, que han causado las bombas que él usaba para conseguir un fin político».

La mediadora le contó más tarde que Caride había leído el libro que le regaló, y más de una vez. Quizá se vean de nuevo. Ella asegura que estaría dispuesta.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

Lo más leído