La Primavera Árabe, ejemplo para la izquierda

Maruja Torres se apunta a la ‘conspiranoia’: “Todo este catacrac forma parte de un plan deliberado”

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Cuando me entran las dudas, cuando pienso que quizá me esté pasando, que tal vez exagere con mi juicio sobre la izquierda, viene un progre y me tranquiliza.
Quiero decir, de la progresía mediática. En esta ocasión ha sido Olga Rodríguez en Zona Crítica, el blog del futuro diario online de Escolar el Chico, don Ignacio, Eldiario.es, con su columna «Si lo de Krahe ocurriera en Egipto«.
La tesis me hace enormemente feliz, porque me confirma en la desconcertante ceguera de la izquierda. Dice Rodríguez que si, digamos, un Javier Krahe egipcio hubiera cocinado un Corán en una televisión egipcia y le llevaran a los tribunales por ello, los carcas de acá estaríamos poniendo el grito en el cielo hablando de la intolerancia islámica.


AL JAVIER IBN KRAHE

Estás de broma, Olga, ¿no? Es imposible que creas lo que dices. Si lo de Krahe, mutatis mutandis, sucediera en Egipto, echaríamos las campanas al vuelo. Daríamos por terminado el choque de civilizaciones del que hablaba Huntington y habría regocijo y abrazos y lágrimas de euforia. Porque, Olga, significaría que hay una tele capaz de desafiar así al poder y, además, que la blasfemia no se castigaría con la muerte sino con una multa. ¡Hosanna!
No me entra en la cabeza que, por defender el caso de Krahe -perfectamente defendible con argumentos de libertad de expresión que luego habría que respetar cuando un obispo repite la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones homosexuales-, se hayan pegado semejante tiro en el pie, recordándonos las dos varas de medir, infinitamente distintas, de los países islámicos -con o sin primavera- y el Occidente cristiano. Un Al Javier ibn Krahe, con el apoyo de Al País y todos los biempensantes, es exactamente lo que daríamos una mano por ver en la Umma. Estamos esperando.

Es lo que nunca, nunca, debe hacer la izquierda: recordar de qué modo tan diferente juzgamos sus asuntos favoritos y los demás. Así, todo el mundo sabe que una teoría de la conspiración es el argumento más risible que pueda imaginarse en el análisis nacional e internacional… Cuando se hace fuera de la progresía. Los progres no sólo chapotean en la conspiranoia, sino que la dan por demostrada sin que a nadie se le mueva un músculo.
Ya no hablo de los mercados, el perfecto chivo expiatorio sin cara, del que siempre se puede decir que actúa sin necesidad de ser consciente o conspirar, no. Lean a Maruja Torres y su «La Banda«, que el titular ya es bastante descriptivo. Por si acaso: «Todo este catacrac forma parte de un plan deliberado para convertir a los europeos -empezando por el Sur: pero espera, Alemania- en chinos de los de antes, de cuyos beneficios, un trabajo de mierda pésimamente pagado hasta la muerte, serán eliminados quienes no se conformen con comer sólo el arroz necesario para poder seguir currando, los demasiado viejos, los que no estén sanos, los que no trabajen demasiado rápido». Deliberado, probablemente forjado en un hotel cercano a Davos contra «quienes ahora nos ahogamos». A ver, que levante la mano quien se crea que Maruja Torres, columnista estrella desde hace ni sé del diario con mayor difusión de España, se está «ahogando», al menos económicamente. Ah, pues eso.

Pero mola más así, ¿verdad? Yo soy una más, camaradas. Es como El Roto, tan, tan rojo y proletario y antimercados. Bueno, hoy con su pullita a la Iglesia, una imagen de Cristo diciendo: «Quise fundar una Iglesia, no una inmobiliaria». Deberíamos celebrarlo, que la mayoría de los progres con algún interés en el cristianismo insisten con vehemencia que Cristo nunca pretendió fundar una Iglesia. En cuanto a que esta sea una inmobiliaria… O, bueno, es algo que sorprenderá infinito al grueso de los mil y pico millones de católicos en el mundo. Quizá se confunde con Roures, que decía querer una revolución y sí ha acabado fundando una inmobiliaria, Display Connectors (o al revés).
impermeables a la ironía

O a la propia PRISA, que deja a Maruja y a El Roto y a Almudena Grandes et al. despotricar de los mercados desde un papel propiedad de un fondo de capital riesgo. ¿Son tan absolutamente impermeables a la ironía?

La derecha oficial es tan patética que entre premiar la lealtad o el talento de alguno de los suyos o jalear a un progre que en algún aspecto le pasa la mano por el lomo se decanta sin dudar por lo segundo. Lo he visto en la actitud de muchos de mis amigos con Rosa Díez y su UPyD y lo vi en su día con las desmedidas alabanzas a Fernando Savater por decir lo que corresponde sobre el nacionalismo etarra. Ayer Savater escribía una tribuna en El País, «Los adversarios de la ciudadanía«, loando la nefasta asignatura. Sostiene que «la carencia de formación cívica es tan dañina para la riqueza social como para los demás aspectos de nuestra convivencia», sin pensar que lo que distingue al ciudadano del súbdito es que desconfía del poder y no cede ante él, mucho menos cuando pretende adoctrinarle.

Lea La Gaceta

Autor

Juan F. Lamata Molina

Apasionado por la historia en general y la de los partidos políticos y los medios de comunicación en particular.

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