El Rey, asustado por lo que se dice de la Monarquía en Twitter
No puedo resistirme a traer este lunes 11 de junio una columna del 10 de junio de 2012, la escrita por Carlos Boyero en El País y dedicada a Esperanza Aguirre con el título de ‘¡Pobrecilla!’. Tanto le molesta que Aguirre gane elecciones en Madrid que, como un fascista de bote de ricino en ristre, se sorprende de que vote todo el mundo, porque luego pasa lo que pasa:
«Habría que replantearse el significado del concepto gente al constatar desoladamente que sigue arrasando en las votaciones después de nueve años para dirigir la cosa pública en este Madrid que tanto le gustaría a Franco en el nada improbable caso de que resucitara»
Yo escribo estas columnas mientras fumo tabaco y bebo café, pero me pregunto qué fuman y beben los progres cuando están delante del ordenador.
Menos mal que el rescate-que-no-es-rescate ocurrió el sábado, porque así los columnistas han tenido tiempo de pensar sus columnas del lunes. Muy pocos entran en los elementos del rescate, porque o no lo entienden o no tienen datos, y prefieren jugar el partido… pro y contra el Gobierno.
Enric Sopena en ElPlural lo tiene fácil: la culpa es de Rajoy, y seguramente de Aznar.
«Bankia, sin embargo, no es en absoluto una herencia de Zapatero. Desde 1996/7 hasta la actualidad, el control primero de Caja Madrid y más tarde de Bankia circuló en idéntica orientación política. Es decir, que ha sido el PP -y sigue siéndolo- el dueño fáctico de la que era considerada como la cuarta o quinta entidad bancaria de España.»
El ex opusiano se olvida de que fue el Gobierno de Zapatero el que impulsó la salida a bolsa de Bankia y el Banco de España el que autorizó la unión de Caja Madrid y Bancaja.
José María Carrascal es quizás el más entusiasta defensor de Rajoy:
«Y cuando ya no pueden negar lo innegable, arremeten contra él por no haber dado personalmente la noticia. Cuando Rajoy había hecho su trabajo tras los bastidores y dar la noticia correspondía al técnico encargado de negociar los últimos detalles del acuerdo de «no intervención». Dicho de otro modo: Rajoy habla con hechos más que con palabras.»
¡Ni los panegíricos de Juan José Millás sobre Zapatero! ¿Los recordáis?
José Antich, director de La Vanguardia, también elogia a Rajoy, pero con argumentos económicos:
«España consigue un camino singular para transitar por esta larga crisis y va a poder reestructurar su sistema financiero. ¿Dónde reside el éxito? Si no lo lograba, las posibilidades de acudir al mercado exterior se irían cerrando, el precio que pagar sería demasiado alto y el rescate del país hubiera sido tan sólo cuestión de tiempo. Ahora hay, al menos, un margen -seguramente amplio- para tratar de levantarse. Y Rajoy, y con él la incierta legislatura, mantiene el pulso y no necesita de respiración asistida.»
Varios columnistas, como Gabriel Albiac, Isabel San Sebastián, Carlos Cuesta y Santiago González insisten en la necesidad de que el Gobierno aplique reformas (bueno, recortes) en el Estado: menos diputados, menos liberados, menos derroches…
A Juan Manuel de Prada los progres le consideran el primo de Jiménez Losantos, pero si leen su columna en ABC pensarán que la ha escrito un economista de izquierdas:
«Al incrementarse su deuda, el secuestrado Estado español sólo podrá reducir su déficit allegando ingresos; esto es, aumentando sus exacciones y reduciendo las «prestaciones» sociales (que no son sino «contraprestaciones», puesto que previamente las hemos pagado por vía impositiva).»
Sobre los pilares del Estado, Jesús Cacho cuenta que el Rey está asombrado de la opinión de muchos españoles sobre la monarquía y que ese descubrimiento está detrás de su redoblada actividad a favor de las empresas españolas:
«El Rey ha dicho que con la austeridad no se va a ninguna parte. Si lo sabrá él. Ahora resulta que su yerno, Urdangarín, se hace llamar ‘mister Liebaert’. País de locos. Aseguran que, tras el accidente del elefante, se ha sometido al ejercicio de humildad de conocer sin tapujos lo que el español de la calle, vía redes sociales, piensa de la Monarquía, en general, y de su conducta, en particular. Y se ha quedado de piedra.»
A QUIÉN LE «PONE» EL RESCATE
Salvamos otra columna del domingo, la firmada por la salida sexual María José Navarro en La Razón. Esta periodista ya escribió hace tiempo que soñaba con ser un «zorrón verbenero». Ahora nos confiesa que el rescate «le pone».
«Voy a decirles una cosa: a mí, que tengo la capacidad intelectual de un guante de crin, el rescate, lejos de preocuparme, me pone. Me pone, qué le voy a hacer.»
Me pregunto si el teléfono de Navarro está colocado en los tablones de la redacción de La Razón, porque es para llamarla cuando uno no se puede contener.
El viernes citamos la columna de José Luis Sanchís en que anunciaba el rescate de España para el viernes después del cierre de los mercados financieros. Ha sido el sábado, pero estas horas de diferencia no le quitan ningún mérito. ¿Un cigarrillo?



