Merkoeuropa ha "intervenido" las elecciones griegas

Ni en la calenturienta imaginación de Homero habría surgido una odisea como la del euro

Si ganan "los buenos" quedará instaurada la "monedarquía absoluta"

¡Hasta dónde puede arrastrar el miedo, el pánico, a la condición humana! ¡Qué sociedad tan débil se ha construido en torno a un concepto que parecía la gran panacea de la humanidad, el BIENESTAR, que se muestra ahora en su desconocida y perversa dimensión disuasoria, alienante y denigrante para centenares de millones de monos vestidos!

Esta Europa que cruza los dedos y se encomienda a sus vírgenes y sus santos para que en las elecciones helénicas gane el euro, está apostando por el pan para hoy, pero se arriesga al hambre para mañana.

El hambre de libertad, de gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, de democracia en el más profundo sentido de la palabra. El hambre de cosas que no llenaban los estómagos, pero empezaron a llenar millones de vidas de seres invisibles, desechables, prescindibles, que llevaban siglos sin tener vida.

El eurochantaje electoral en Grecia

A los habitantes del Viejo Continente, tan ocupados y preocupados por nuestros sistemas de Sanidad, de Educación, de Servicios Sociales, de las conquistas en Bienestar, se nos debería caer la cara de vergüenza en vísperas de unas elecciones griegas, precisamente en el país en el que se reflexionó por primera vez sobre la democracia, sometidas al chantaje descarado de Bruselas y Berlín y la complicidad de todas las capitales, de todos los gobiernos, en esta irreconocible Europa de los 27.

¿Cómo hemos podido caer tan bajo? Se habían cortado cabezas de reyes, se habían tomado Bastillas, se habían hecho revoluciones, había corrido mucha sangre, mucho sudor y muchas lágrimas para eliminar a tipos como Hitler, como Mussolini, como Franco, como para resignarnos ahora a doblegarnos a la dictadura global del euro como monarca absoluto de 450 millones de súbditos acojonados ¡Patética Europa! ¡Patéticos europeos amedrentados, tataratataranietos de antepasados que le echaron muchos huevos para conquistar una utopía que ahora nos parece una obviedad: una mujer, un hombre/un voto. Pero no cualquier tipo de voto, sino un voto libre y secreto.

¿Es libre y secreto el voto que cada griego está a punto de introducir en sus urnas? Técnicamente, quizá. Pero Merkoeuropa ya ha prometido públicamente el cielo si ganan los «buenos» y el infierno si ganan los «malos». Los comisarios de la Troika han hecho campaña electoral in situ. Los medios de comunicación del continente han emitido publicidad gratuita y masiva favorable a los candidatos favoritos de Bruselas. Y los acobardados ciudadanos, con síndrome de abstinencia consumista y a la sombra alargada de nuestras maltrechas economías, ponemos velitas a nuestras respectivas vírgenes para que el euro «protector» le gane el pulso electoral a la arriesgada, impredecible y hermosa democracia.

La monedarquía absoluta

Éste es el paisaje denigrante de la Europa oficial, mediática y civil. Los historiadores contarán que todo empezó en América, cuando se detectaron los primeros síntomas de basura financiera. Pero luego cruzarán el charco, describirán el «efecto contagio» que dejo al descubierto las «chapuzas» europeas y dedicarán un capítulo a la irrupción de la dictadura monetaria, la «monedarquía» absoluta, que disfrazó con la palabra rescate el derecho de pernada de la Troika.

Hay que elegir ente la dictadura del euro o la cicuta de Sócrates

Todo esto empezó con el «rescate» a Grecia, con la intervención de las cuentas del Estado, con la injerencia fiscal y social en la vida cotidiana de los ciudadanos y con éste «broche de oro» final que debería hacer subir los colores a las mejillas de 450 millones de europeos que seguimos considerándonos demócratas: la «intervención» de la voluntad popular en las elecciones griegas.

Ni en la calenturienta imaginación de Homero habría surgido una odisea de esta magnitud y de tan malos augurios para tantos seres humanos que, en pleno siglo XXI, se dejan embelesar por los «cantos de sirena» que resuenan en las tribunas oficiales, civiles y mediáticas de la Euro Zona.

Se está corrompiendo la democracia como herencia de tantos millones de europeos para sus sucesores. Se desintegra por días en contacto con el materialismo, el consumismo, el egoísmo, la avaricia, la codicia, la oligarquía camuflada y el miedo colectivo corrosivo.

Y, ¡ay de aquel que ponga en duda las nuevas reglas de la «tecnodemocracia» sometida al imperio de los mercados! Le espera el escarnio público y la cicuta que exterminó la mente limpia, crítica y preclara de un griego que debe estar revolviéndose en su tumba. ¡Resulta que tenía usted razón, maestro Sócrates!

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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