Cuando ya se entra en la última semana de campaña electoral, los comicios catalanes recuperan el 19 de noviembre de 2012 el espacio que habían ido perdiendo en las columnas de opinión de la prensa de papel madrileña y barcelonesa.
Además de la cercanía de las elecciones, las informaciones sobre la presunta trama corrupta montada por CiU, cuentas de Pujol y Mas en Suiza incluidas, ha ayudado a que esta cuestión recobre protagonismo en las columnas. Por supuesto, el director del más importante diario afín a CiU ha dictado sentencia absolutoria.
Pero comencemos con el periódico que ha publicado el informe policial, El Mundo. En Sondeos y querellas, Santiago González comenta sobre los sondeos que ajean a CiU de la mayoría absoluta:
Es un fracaso más del president Mas, que hay que sumar a su gestión económica, a su legislatura interrupta y a las mentiras que ha venido propalando con singular entusiasmo y extraordinaria convicción, la principal de las cuales es que una Cataluña independiente sería un Estado miembro de la Unión Europea. O sea, que Europa se amplía por partenogénesis, hay que joderse.
Comenta la respuesta de los dirigentes nacionalistas a las informaciones publicadas por el Mundo:
Es de esperar que Pujol y Mas acudan esta mañana al juez para querellarse contra este periódico. Mas me impresionó muy vivamente el día en que fue a un notario para que diera fe de su sagrado compromiso de no pactar con el PP, con un calçot empuñado en el papel de rabanito: «Aunque tenga que convocar manifestaciones y montar un referéndum que nos saque de la UE, al señor notario pongo por testigo de que jamás volveré a pactar con el PP». Eso, con un notario. Imaginen lo estupendo que se pondrá ante un juez.
Concluye:
Cierto que el juramento de Scarlett O’Hara se ha banalizado mucho, pero es un signo de los tiempos, hemos perdido el sentido de la épica. Conste que yo también les presumo la inocencia en grado de borrador, pero tal vez radique aquí la explicación última del soberanismo tan furiosamente sobrevenido: ellos ya saben que la independencia sacaría a Cataluña de la Unión Europea, pero también del ámbito de la Justicia española. Antaño, los delincuentes (presuntos, ojo) podían acogerse a sagrado en las iglesias. Una Cataluña independiente sería un Montserrat más grande.
Fernando Sánchez Dragó comienza su artículo Sucesión y secesión diciendo que es el único columnista de El Mundo que no había escrito hasta ahora sobre el independentismo catalán. Añade:
Hoy lo hago, no vaya a ser que el dire me tire de las orejas. La verdad es que, siendo yo tan cosmopolita como Sinuhé y pareciéndome ridículos todos los nacionalismos, no es lo de Mas y sus xiquets, somatenes y claque cosa que me quite el sueño.
Se remonta hasta la guerra de Sucesión e, incluso, más atrás en la historia:
Libidinosos son los caminos de la historia. Si el semen del último Austria o los óvulos de sus cónyuges hubiesen sido más fértiles, Cataluña se sentiría ahora tan española como el tambor del Bruch. De los polvos de aquella Guerra de Sucesión (o de los no polvos de aquel tálamo) vienen los lodos de la actual Guerra de Secesión. Fue algo similar lo que impidió que la corona castellana y la aragonesa volvieran a separarse. Si el Rey Católico hubiese dejado encinta de un varón a Germana de Foix, el «tanto monta, monta tanto» habría sido un gatillazo y la capital de Cataluña estaría hoy en Zaragoza.
Todo ello para llegar a una curiosa conclusión:
Bien sabían los Atridas que todo, en la historia, procede del catre. Allí está el origen del mundo según Corbet. El onorévole [honorable, en italiano, en referencia al tratamiento del presidente catalán] debería echar un kiki en Bruselas, pagado con francos suizos, y lo mismo le bajaba el calentón y el patrimonio. Elija entre la Küchler, la Merkel y la Lagarde.
A este humilde lector de columnas no le sorprende que en La Vanguardia no quieran dar credibilidad alguna al asunto de las supuestas comisiones y de las presuntas cuentas corrientes en Suiza. El director del diario independentista editado por el Conde de Godó y Grande de España publica Las dos Catalunyes, un soporífero –menos mal que es breve– texto sobre un debate electoral televisivo que el considera aburrido. Debe ser que esa última característica se le contagió a José Antich a la hora de ponerse a escribir el texto.
El único interés del artículo, radica en las frases finales. En ellas, como de pasada y para que no se note demasiado, cita la presunta trama corrupta. Y lo hace, por supuesto, para negar su existencia:
Por cierto, parece que las supuestas acusaciones policiales contra Mas que han dinamitado la campaña, que el juez desautoriza y el Gobierno dice no conocer, no se las cree ya ningún partido. Ni ocuparon un segundo del debate. ¿Estaban ayer amordazados los que han hecho amplio uso de ellas en los mítines? Deplorable.
Desconocemos si los candidatos sacaron a colación el tema o no, pero resulta osada la afirmación de Antich. ¿No sería mejor dejar que hablen las fuerzas de seguridad y la Justicia? Por cierto, para no creérselo, socialistas, populares y Ciudadanos se expresan como si lo hicieran. ¿O acaso no ha visto Antich eso de ‘Catalonia is not Switzerland’ —‘Catalonia is not Switzerland’ como réplica al ‘Catalonia is not Spain’–? .
En el ABC Ignacio Camacho, cual columnista inspirado por la más famosa canción de The Beach Boys, titula su artículo sobre Mas y las elecciones catalanas El surfista, que arranca:
Sin la mayoría absoluta que busca como salida de su impremeditada fuga hacia adelante, la ola soberanista sobre la que hace surf Artur Mas puede acabar descalabrándolo en la playa. Si las encuestas se cumplen, la convocatoria electoral anticipada sólo servirá para duplicar los escaños y los votos de Esquerra Republicana y de otras fuerzas radicales partidarias de la secesión.
Define al presidente catalán en los siguientes términos:
Un dirigente sobrepasado por los acontecimientos que él mismo promueve, capaz de formar un lío descomunal para quedarse en el mismo sitio.
Se ha presentado -y tal vez se ha creído- como el Moisés de una transición nacional hacia la tierra prometida y ahora puede encontrarse con que el pueblo cautivo dispersa su confianza en otros guías más decididos. Ha lanzado un desafío suicida cuya primera víctima puede ser él mismo.
Concluye con una mención, sutil, a las supuestas cuentas en Suiza y otros turbios asuntos:
De momento ha quedado empapado por las salpicaduras de una pringosa corrupción aflorada en el oleaje. Y no sería el primer surfista que tras encaramarse triunfante en una cresta sufre una dolorosa voltereta para concluir su orgullosa aventura lastimado.


