La Razón 'obvia' los no nacidos con Gallardón

El espectáculo de Marhuenda con las cifras del aborto resulta penoso

Al ABC, como a La Razón, le falta señalar que Bárcenas no era un senador cualquiera, sino el amo de los fondos del PP

El espectáculo de Marhuenda con las cifras del aborto resulta penoso
Francisco Marhuenda. PD.

A juzgar por el año largo de Gobierno que llevamos a las espaldas, la política de comunicación del Gabinete Rajoy está consistiendo en entregar la televisión a los italianos –no vaya a ser que algún canal se interese de verdad en el futuro de España– y, en otros órdenes, privilegiar a las voces domésticas –y domesticadas– en perjuicio de las independientes. Las voces domésticas, por supuesto, agradecen el gesto y redoblan sus esfuerzos por agasajar al generoso patrón –LEA EL TRAGO EN LA GACETA-.

Ayer no se hablaba de otra cosa en el mundo periodístico que de la singular forma en que los diarios de lo que en este país pasa por derecha, los oficialistas La Razón y ABC daban la noticia de las cuentas suizas del ex teso rero del Partido Popular. Vayamos por partes.

El periódico de Gao Ping

Marhuenda escondía la noticia en el rincón inferior derecho de su portada y decía: “Bárcenas tuvo 22 millones en Suiza que transfirió al ser imputado”. Si usted no sabe quién es Bárcenas –y tampoco es que haya obligación–, la noticia le habrá dejado frío. Y si sabe que estamos hablando del ex tesorero del Partido Popular, el resto del enunciado surtirá en usted un agradable efecto balsámico;los tiene. O sea que tranquilidad, que no pasa nada, que el dinero ya no está o, quién sabe, igual se lo ha llevado el interfecto.

El resto de la portada de La Razón –aquella cuyo sueño, según Goya, produce monstruos– se dedica, entre otras cosas, a los coches de lujo de Jordi Pujol junior, un asunto que LA GACETA reveló hace muchas semanas y que otros han reproducido más o menos sin citar a este su diario. Lo asombroso –porque es asombroso– es que el diario ABC coincide con el enunciado de La Razón casi al milímetro:

“Bárcenas acumuló 22 millones en Suiza que retiró al ser imputado”. Que ya es coincidencia. La vieja cabecera, más decente que su colega, añade en el subtítulo: “El ex senador del PP era titular de cuatro cuentas en el país helvético”. Vale, bien, pero al ABC, como a La Razón, le falta señalar dos cosas importantes: una, que Bárcenas no era un senador cualquiera, sino el amo de los fondos del PP; la segunda, que alguien tendrá que preguntarse de dónde habría salido el dinero, ¿no?

Dicen que el primer poderoso que dio en dotarse de una claque para aplaudir sus obras fue el emperador Nerón, aquel dechado de virtudes, que “eligió jóvenes caballeros y más de cinco mil plebeyos mozos y vigorosos que, divididos en varios grupos, aprendieran las diferentes maneras de aplaudir, llamadas bombo, tejas y castañuelas, para que le animasen siempre que cantara; distinguíanse estos por su abundante cabellera, su elegante traje y su anillo en la mano izquierda, y sus jefes ganaban cuarenta mil sestercios”.

Esto lo cuenta Suetonio. Pero el mismísimo autor de Los doce césares habría empalidecido ante la furia aclamadora de la brigada del aplauso que hoy tenemos en la prensa española, a mayor gloria de nuestro barbado líder.

Ley del Aborto

Véase el penoso espectáculo de Gao Ping Marhuenda con las cifras del aborto bajo imperio gallardonita y la anunciada supresión del supuesto eugenésico. “La nueva Ley del Aborto salvará 3.590 vidas”, titulaba La Razón.

Y en Ya.es se preguntan por qué no han titulado de este otro modo: “La nueva Ley del Aborto del PP será responsable del asesinato de 114.769 niños”, porque esa es la cifra que arrojan los 118.359 niños abortados en 2011 si se le restan los 3.590 casos acogidos al supuesto eugenésico.

La Razón recuerda que con Zapatero el aborto aumentó un 39%, pero, puestos a amargar la fiesta a la brigada del aplauso, Ya.es recuerda a Gao Ping Marhuenda que con Felipe González hubo 49.367 abortos y en el último año de Aznar la cifra se elevó a 84.985, es decir, casi se duplicó.

Pero no creo que por estas minucias vaya a callar la claque de los cuarenta mil sestercios, tirando por lo bajo. Lo malo de la claque del emperador, la brigada del aplauso, es que al final siempre le abandona a uno.

De Nerón se cuenta –me lo ha chivado el señor director de esta casa– que murió por propia mano horas antes de que llegara un centurión a darle matarile, “qualis artista pereo”. Cuando el emperador agonizante vio llegar al centurión, incapaz como era ya de distinguir entre aduladores y verdaderos amigos, creyó que el soldado venía a auxiliarle. “¡Cuánta fidelidad!”, exclamó el necio. El centurión, otrora adulador del gran hombre, ni siquiera tuvo que molestarse en sacar el gladium. Sin duda ya pensaba en a qué próximo emperador ofrecería sus servicios.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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