RECLAMA EN EL ABC UNA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN

Gabriel Albiac advierte a los políticos: «La ira ciudadana está a punto de traspasar una línea sin retorno»

"Ni un céntimo del erario público -que paga cada ciudadano con sus impuestos- debe ir a las arcas de los partidos"

Gabriel Albiac, uno de los más brillantes pensadores españoles de la actualidad además de gran persona, nos ofrece este 18 de febrero de 2013 Dos milímetros en ABC. A diferencia de otros articulistas, él no apunta a unos mientras elude nombrar a otros. En absoluto, el carga contra todos los partidos:

EL clima se ha ido haciendo irrespirable. No hay contabilidad de partido que no inspire sospecha al ciudadano. Los privilegios que la Constitución del 78 otorgaba a los partidos tenían cierta lógica: buscaban blindar un bipartidismo que, tras casi medio siglo de dictadura, facilitara un tránsito a la democracia sin fragmentación.

Critica que la constitución incluyera la palabra ‘nacionalidad’ con un sentido distinto al que tenía hasta entonces, que era: «afección particular de alguna nación o propiedad de ella». Añade:

Como sucede siempre en las cosas humanas, la palabra creó la realidad, confirmando el axioma de que toda corrupción nace en el lenguaje. Y, por su parte, los partidos se constituyeron, desde el primer día, en agencias de empleo. En los peores casos -que, por desgracia, no han sido excepción-, en mafias institucionales. La conjunción de esas dos corrupciones -nacionalista y partidista- ha liquidado la Constitución del 78.

Laza un mensaje a los políticos:

Incluso los que aspiren a preservar sus privilegios, deben hacerse a la idea de que la ira ciudadana está a punto de traspasar una línea sin retorno.

Defiende que los partidos se financien de forma exclusivamente privada:

Nadie puede evitar que un partido beneficie a los suyos: está en la triste condición humana, y para eso se inventó lo del poder judicial independiente. Pero, al menos, garantícese que sean esos mismos «suyos» quienes se lo financien: con tanta transparencia cuanta la de cualquier otra empresa. Ni un céntimo del erario público -que paga cada ciudadano con sus impuestos- debe ir a las arcas de los partidos. Ni un solo céntimo.

Niega que, como algunos sostienen, quitar la financiación público de los partidos políticos dañaría la democracia:

Quien aspire a la gloria, que corra el riesgo de arruinarse y acabar en el vertedero. Jugar a la ruleta con dinero ajeno es, como mínimo, una indecencia. A dos milímetros del delito. Y puede que esos dos milímetros fueran ya sobrepasados hace mucho.

Concluye de forma contundente:

Necesitamos una Constitución nueva. Nadie cree ya estar por ésta protegido. Y ese clima irrespirable, no podemos prolongarlo.

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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