SOSTIENE QUE LA REALIDAD ESPAÑOLA ES 'MENTIRÓPOLIS'

Isabel San Sebastián: «Tan arraigado está el fraude en nuestro ADN colectivo que decimos ‘amiga’ cuando queremos decir ‘amante'»

Para la columnista de ABC: "'Política' en España es sinónimo de engaño, cambalache, embaucamiento"

Isabel San Sebastián: "Tan arraigado está el fraude en nuestro ADN colectivo que decimos 'amiga' cuando queremos decir 'amante'"

Isabel San Sebastián escribe el 4 de marzo de 2013 una columna en ABC titulada «Mentirópolis»:

Los italianos inventaron una palabra para definir el estado de su nación, corroída hasta los cimientos por la lacra de las comisiones ilegales: «Tangentópoli». Traducida y adaptada a nuestra realidad nacional, la expresión más correcta sería «mentirópolis»: la patria del embuste elevado a la condición de moneda de curso habitual.

Aquí gobierno y oposición hacen desde el poder exactamente lo mismo que condenaron cuando aspiraban a alcanzarlo, independientemente de siglas y colores políticos.

Muestra un pesimismo, o una indignación, profundo:

«Política» en España es sinónimo de engaño, cambalache, embaucamiento. El fin justifica los medios hasta el extremo de que cuando alguien es sorprendido en flagrante vulneración de los compromisos adquiridos (no subir los impuestos, no negociar con terroristas, no congelar las pensiones) ni siquiera se toma la molestia de reconocer una actuación reprochable y pedir perdón a la ciudadanía. Se limita a invocar la necesidad como coartada, en la certeza de que será comprendido por los suyos.

Tan arraigado está el fraude en nuestro ADN colectivo que nos hemos convertido en maestros del eufemismo a fin de poder expresarnos cómodamente trasladando al lenguaje los disfraces morales o intelectuales que vestimos con total naturalidad. Así, decimos «amiga» cuando queremos decir «amante»; «derecho a decidir» en lugar de «autodeterminación»; «proceso de paz» por «negociación con una banda terrorista»; «ajustes» en vez de «recortes».

Concluye:

A los españoles suele resultarnos pacata la mentalidad anglosajona que castiga implacablemente en las urnas las infidelidades matrimoniales de sus líderes. Tampoco terminamos de comprender que una ministra alemana dimita por haber falseado décadas atrás un dato de su curriculum. ¿A qué tanto escándalo? -nos decimos- ¡Si todo el mundo miente! En efecto. Aquí, en España, casi todo el mundo miente, y así nos va. Ése es el origen de buena parte de nuestros problemas. Porque no tener palabra es no tener honor y no tener honor es no tener sustancia, ser una ficción, un cascarón hueco, una mentira.

Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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