El escritor pasa del verso a la dura prosa

Gala: «Este Gobierno de patanes no va a otro sitio que a la ruina profunda»

Rosa Montero en ‘El País’: “La sonrisilla de Bárcenas es la mueca del verdugo que disfruta matando”

Vamos a empezar por las cosas de casa. La otra noche, en El Gato al Agua del maestro Algarra, saltaba a la mesa el follón que ha ocasionado Jorge Fernández, aún ministro del Interior, con esas declaraciones suyas sobre el matrimonio homosexual y la difícil pervivencia de la especie -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.

En la mesa estaba Sánchez Dragó, que ya sólo entiende lo que quiere entender, y dijo: “Yo he tenido cuatro hijos, dos fruto de relaciones conyugales y dos por relaciones que no pasaron ni por la vicaría ni por el ayuntamiento, esa es la prueba de que no es necesario el matrimonio para perpetuar la especie”.

Y una voz le apuntó: “Bueno, es que tú eres un poco viciosillo…”. La voz era la de Alfonso Rojo. Pero no, Dragó, vamos a ver: el ministro no ha dicho que la especie corra peligro porque la gente deje de casarse; el ministro ha dicho que el matrimonio homosexual no garantiza, entre otras cosas, la pervivencia de la especie. Y, hasta donde sabemos, Dragó no ha tenido descendencia con ningún cónyuge homosexual.

¿Queda claro? Viciosillo dice Rojo que es Dragó, y viciosillo dice un inglés que es nuestro Rey, y así volvemos donde estábamos. El lenguaraz hijo de la Gran Bretaña se llama Andrew Morton, que acaba de publicar libro sobre nuestra royal family: Ladies of Spain: Sofía, Elena, Cristina y Letizia: entre el deber y el amor; o sea, morbo para tertulias de sobremesa.

El asunto es que el amigo Morton recurre a una difunta, Lady Di, para soltar porquería sobre Don Juan Carlos. Así, Diana, tras su estancia en Mallorca con nuestros Reyes, habría vuelto a Inglaterra diciendo que nuestro Monarca es “un hombre libidinoso”, que intentó seducirla y que, eso sí, “no pasó nada entre ellos”. Si usted se fía de un inglés, no le arriendo la ganancia.

Como es inevitable, todo este runrún de la libido coronada nos devuelve, oh, sí, a Corinna Larsen. ¿Creía usted que habíamos terminado ya con el asunto? ¡Quiá! Y menos aún desde que el SUP –la Policía, vaya– dijo ayer que a esta señora el Estado le puso protección como de alto cargo público.

Entre eso y lo de Bárcenas, que no cesa, el paisaje se nos nubla de seres maléficos. Versión oficial: el Rey y Mariano son buena gente, víctimas –ambos– de los respectivos chantajes de Corinna y Bárcenas. O sea que ya tenemos a los malvados oficiales cuya mera existencia explica nuestras penurias. El grado cero del pensamiento, como de costumbre.

A propósito de grados cero del pensamiento, la otra tarde estaba Luis del Olmo departiendo con unos amigos de la canallesca en Sixto, que es un restaurante muy conocido de Madrid, y dejó algunos comentarios que son como de doña Rogelia. Por ejemplo: “La princesa Corinna está más guapa calladita. Me está cayendo muy mal porque está claro que ha abusado de la amistad del Rey, y que las consecuencias las pague el Jefe del Estado, al que yo tengo una admiración extraordinaria, me revienta mucho”.

No se puede ser más simple. Bueno, sí. Atentos a su enfoque del asunto Urdangarín: “Al Rey le ha salido no una hija, sino el marido de una hija le ha salido un sinvergüenza, y eso no lo puede evitar ni el Rey ni su familia ni la Infanta”. Lo dicho: grado cero.

Un poco más elaborada, pero sólo en lo literario, es la perspectiva de Rosa Montero, que la exponía ayer en El País. Máxima atención al retrato de Corinna en la pluma de la Montero: “Pobres rubias del mundo, altas o bajas, guapas y feas: rubias peleonas y complejas, que vuelven a ser encerradas, por el efecto Corinna, en la caricatura vacía de la chica neumática agarrada a un diamante. Porque neumática es, eso sin duda: su lustrosa tez tiene algo de goma Michelin, con esos pómulos tan esculpidos, esos labios tan colagenados. Plásticos de primera calidad”. ¡Chica neumática! ¡Qué poca educación!

Pero a Rosa Montero le había dado la tarde creativa, así que completó el retrato con Luis Bárcenas, tal y como es hoy costumbre en España. Ahí va: “Aún peor es la cara de Bárcenas, sobre todo últimamente, porque ahora, además, ¡se ríe! ¿Han visto la escalofriante sonrisilla que muestra el individuo en su rostro de piedra? Es la mueca del verdugo que disfruta matando (…) Es el malo más malo, un tipo que infunde terror con su presencia, cosa que supongo que le gusta”. Es curioso que Rosa Montero caiga también en esto: ante la evidencia del desconsuelo, centremos todo afán en la construcción de un “malo”. O de un malo y una mala. ¡Si hasta Rosa propone que se casen!

CONTAGIO

El efecto Bárcenas contagia incluso a las plumas más sutiles. Salvador Sostres, por ejemplo, Así como al Rey se le presupone chantajeado por Corinna, a Rajoy se le presupone chantajeado por Bárcenas: “Hoy en el PP manda Bárcenas –dice Sostres– porque una cúpula con demasiados secretos inconfesables permanece cautiva y desarmada. (…) Rajoy no sirve, está secuestrado, porque hasta un hortera como Bárcenas ha visto que puede manejarlo, y España se hunde en la miseria y en la corrupción sin que nadie haga nada para remediarlo”.

O sea, que ahora Bárcenas es, además, hortera. Demasiado, ¿no? En cualquier caso, hay razones para que la barcenitis se haya apoderado del PP. Vea usted lo que le pasó la otra noche a Esteban González Pons, al que no se le ocurrió mejor cosa que ir a una obra de teatro de Juan Diego Botto, acreditado portavoz de la zeja, y sólo obtuvo (Pons, no Botto) abucheos del público allí presente, que le abroncó al grito de “¿Dónde está Bárcenas?”. Precisamente. Fue en Valencia la cosa. Y la próxima vez, que González Pons se replantee si de verdad va a suscitar simpatías entre quienes no tienen la menor intención de ser simpáticos.

No, la izquierda nunca va a querer a la derecha por más que esta se humille. Si González Pons y compañía quieren conocer el sentimiento general del neobolchevismo español hacia el PP, que lean a Antonio Gala en El Mundo: “El Gobierno ha sido maldito por los dioses (…). Este Gobierno de patanes no va a otro sitio que a la ruina profunda. La vida nos está dando prueba diaria. Y quienes deben acusar recibo de las noticias no saben leerlas. Estamos gobernados por gafes. Al pobre Rajoy le gustaría acabar en Castelgandolfo, como el Papa saliente. Que lo haga. Su vida ha sido una tragedia cómica”.

¡Hala, hala! Y luego en el PP se enfadan con LA GACETA porque critica al Gobierno. El yernísimo, Bárcenas y el pobre Mariano.

Autor

Marian García Álvarez

Redactora experta en televisión de Periodista Digital entre 2013 y 2016.

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