OPINIÓN / Afilando columnas

Méndez-Monasterio (La Gaceta): «No es inteligente llevarle la contraria a Jorge Verstrynge mientras esgrime un bate de béisbol»

Santiago González: "El PP nunca creyó tanto en la reforma labora como los sindicatos y la prensa socialdemócrata para despedir a sus trabajadores"

Quien se acerque a leer los artículos de opinión de la prensa en papel española de 8 de marzo de 2013 se encontrará con un fenómeno digno de ser tratado por Iker Jiménez en su popular programa televisivo sobre fenómenos paranormales. Uno de esos columnistas de El País que siempre se muestran firmes defensores de todo lo público, de esos que muestran una preferencia absoluta por los servicios estatales frente a la iniciativa privada, parece haber sido poseído por el espíritu de Ayn Rand o el anarco-capitalista Murray Rothbard o, al menos Ludwig Von Mises, uno de los más destacados representantes del liberalismo de la Escuela Austriaca, especialmente denostada por la socialdemocracia con cierta formación cultural.

Pero también nos encontramos en la prensa tradicional otros artículos menos sorprendentes, que no nos impulsan a llamar por teléfono al presentador de Cuarto Milenio. En ellos nos hablan sobre Chávez y sus palmeros en tierras europeas en general y españolas en particular o sobre la corrupción en sus diferentes variantes: caso Bárcenas, Pepe Blanco y Urdangarín.

El lector que tenga la extraña costumbre de leer de forma habitual nuestro ‘Afilando columnas’ se habrá dado cuenta ya de qué pie cojea este humilde lector de columnas en cuestiones políticas, así que no le sorprenderá que le encantaría haber sido el autor de la siguiente frase:

Creíamos ingenuamente que las mafias se constituían a imagen y semejanza del Estado, porque aspiraban a eso, a ser Estado, y resulta que es el Estado el que nace a imagen y semejanza de las mafias, porque aspira a eso: a ser mafia.

Sin embargo, quien ha escrito eso es alguien muy diferente y del que uno pensaba que no se lo podía esperar. Ha sido Juan José Millás en la contraportada de El País. Ya decíamos que era un fenómeno paranormal digno de ser tratado en ‘La nave del misterio’ de Cuatro. El artículo publicado en el principal periódico de la socialdemocracia de izquierdas española (ABC, El Mundo y La Razón compiten por jugar ese papel en la socialdemocracia de derechas) se titula Verduras rehogadas y mantiene en todo momento un discurso que se inscribe impecablemente entre el liberalismo minarquista y el anarcocapitalismo.

Así, añade Millás:

Pero como la cohesión social se establece sobre el idealismo idiota del ciudadano de a pie, ahí están las formas (mantengamos las formas) para que la mafia continúe pareciendo mafia y el Estado siga pareciéndonos Estado.

La verdad es que si uno miraba de vez en cuando hacia otro lado o se tapaba las narices al pasar algunas páginas de la prensa, todo marchaba más o menos bien.

Reconoce la inocencia de creer que la «corrupción antigua del PSOE (y la del PP, que escapó por defectos de forma) era un episodio pasajero». Llama la atención que la del PSOE sea «antigua», cuando tanto en ese partido como en el PP (y muchos otros) la hay también actual. Pero al margen de eso, es impecable. Añade que ahora hemos descubierto que «cuando abres el grifo de la cocina sale la mierda». Concluye:

Quizá lo que ha ocurrido es que la mafia ha alcanzado por fin la meta que siempre ha perseguido (devenir en Estado), mientras que el Estado se ha doctorado finalmente, según su vieja vocación, en mafia. Y usted y yo aquí, rehogando las verduras de la cena, de acuerdo con la misión histórica que se nos tiene encomendada.

Como las alegrías, por sorprendentes que resulten, duran poco, hemos de pasar a otras columnas. Así que pasaremos ahora a La Gaceta, donde Kiko Méndez-Monasterio es uno de los que escribe sobre Chávez y sus palmeros españoles. Lo hace en Tierno y Hugo y se deleita especialmente con uno, Jorge Verstrynge.

El «Tierno» al que se refiere en su título es ese fallecido alcalde de Madrid subido a los altares laicos de la Transición que, para ser sinceros, dista mucho de ser ese personaje magnífico que nos suelen vender. Dice de él Méndez-Monasterio:

El verdadero Enrique Tierno Galván se parece al de las biografías oficiales como Anthony Hopkins a Hitchcock: muy poco, y solo bajo extensas capas de maquillaje. Pero es que la Transición, como todos los periodos revolucionarios, necesitaba iconos populares para arraigarse en la historia.

Recuerda que tuvo como rival a la alcaldía, por la Alianza Popular de Fraga, al ahora chavista convencido Jorge Verstrynge:

Verstrynge perdió, por supuesto. Y esta semana también ha perdido a su admirado comandante Chávez, porque ya saben ustedes que este personaje tan inteligente como extravagante ha consolidado una de las evoluciones políticas más completas de la historia reciente y, menos tonto, ha sido casi todo. Ahora es bolivariano.

Cuenta una anécdota sobre el camaleónico político:

En el programa de las mañanas de Cuatro, además de enumerar los éxitos del chavismo, Jorge Verstrynge nos contó también su entusiasta y gratuita colaboración con la revolución bolivariana. Y lo hacía todo mientras colocaba sobre la mesa un bate de béisbol, regalo personal del caudillo venezolano. No es inteligente llevarle la contraria a Jorge Verstrynge mientras esgrime un bate de béisbol, pero quizá tampoco era necesario.

Añade:

Es bueno reconocer que Chávez no era el demonio. Que también se equivocan quienes habían decretado el fin de la historia con un continente entero viviendo en la semiesclavitud que implantaron los criollos. Además, Chávez se desautorizó el sólo al elegir métodos y aliados. Los pésames más sentidos han llegado de Cuba, de Irán, de China y de Otegi. Es probable que Corea del Norte acabe poniendo su nombre a algún misil nuclear. Y mientras la alternativa siga siendo esa, George Bush seguirá pareciendo Carlomagno.

Y ya que hemos empezado con los artículos sobre los amigos españoles de Chávez, pasemos a ABC, donde su sección de opinión es prácticamente un monográfico sobre el siniestro caudillo venezolano recientemente fallecido.

Hermann Tertsch publica Afinidades selectivas, que arranca hablando de Bildu:

En el Ayuntamiento de San Sebastián han colgado de nuevo una pancarta en recuerdo y apoyo a los presos terroristas. A nadie puede extrañar. Son los terroristas no presos los que han colocado en el Ayuntamiento a quienes allí mandan. Y han podido gracias a los crímenes de quienes están en parte en la cárcel y en parte fuera de ella. En realidad, la corporación de Bildu siempre está dispuesta a colocar, colgar o izar todo aquello que ofenda o agreda a España, a su integridad, a su historia y a sus muertos, muchos de ellos, por cierto, víctimas de los amigos de la corporación.

Nos cuenta también:

Ayer, el Ayuntamiento de San Sebastián colocó una bandera de Venezuela al tiempo que el presidente de la Diputación designado por ETA, Martín Garitano, anunciaba su asistencia al funeral de Estado de Hugo Chávez. El caudillo del «socialismo del siglo XXI» y del movimiento bolivariano recibirá hoy los honores de jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos de nuestro Príncipe Felipe. Algunos, los de las democracias avanzadas, acuden por cortesía y compromiso. Quien no tenga tanta inversión o compatriotas en Venezuela como España, procurará enviar a alguien de menor nivel. Otros llegan entregados a la devoción y la gratitud por un hombre que les dio liderazgo, ideología, fuerza, entusiasmo y muchísimo dinero. Con el castrismo de Cuba a la cabeza.

Dice del funeral:

Allí están los estados terroristas y las bandas. Las FARC, las terminales Al Qaida y demás franquicias del terror. Y por eso allí está ETA, con sus miembros residentes en Venezuela y sus delegados llegados de España como Garitano. Hoy en Caracas está lo peor. Todos los enemigos de la libertad tienen hoy delegación junto a ese cadáver del que no se sabe cuándo ni dónde murió.

Concluye:

Chávez logró aplastar a media nación con la otra media y legitimar con el odio y la revancha un proyecto de inmensa ambición, totalitario, criminal e internacionalista en el peor sentido del término. Y hoy, más allá de las cortesías oficiales, quienes le rinden sentido homenaje son sus socios y cómplices. Que ETA esté allí es lógico. Que la izquierda española entronice en los altares a quien hizo estas afinidades electivas produce congoja. Y revela la fragilidad de su compromiso con la democracia y la sociedad abierta.

Algo nos dice que un artículo como este no sentará bien ni en La Moncloa ni en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Explica muy bien quiénes son los amigos del sátrapa recién fallecido, ese mismo Chávez al que morenas llamó «buen amigo» de España y del que García-Margallo dijo que con él Venezuela y España mantenían unas relaciones «estables y entrañables».

Pero cambiemos de tema y de periódico. En El Mundo, Santiago González publica Luis, por B o por C:

Este tío, ¿por qué Luis?, ¿por qué Bárcenas?, hizo creer que el autor de la filtración era él, para después negarlo todo, incluso que aquella fuera su letra. Esto lleva a su partido a querellarse contra un autor de los papeles sin identificar y contra el diario que publica los papeles, éste sí identificado.

Todo hace presumir que los originales los escribió él, pero es difícil que los peritos puedan saber a partir de fotocopia si es una prueba constituida ad hoc o apuntes de 18 años. El papel, la tinta, esos detalles; los diarios de Hitler. Claro que nadie debe descartar la posibilidad de que guarde los originales. Y que alguna vez los enseñe.

Añade:

Bárcenas ha seguido a sueldo del partido hasta casi tres años después de su imputación. Cospedal dio la explicación más creativa que ha conocido el Derecho laboral desde la Populorum progressio, con un finiquito periodificado, diferido, con simulación de contrato y cotización a la S.S. Para que acusen al PP de neoliberal: nunca creyó tanto en la reforma laboral como los sindicatos al despedir a sus trabajadores, ni la prensa socialdemócrata al hacer lo propio a sus periodistas.

Concluye:

Este tío no se conforma con enredar a los dirigentes de su partido. Le dijo al juez que las donaciones estaban muy controladas y que «no había posibilidad de que nadie desviase nada de nada». Lo controlaba él, que al mismo tiempo rectificaba al juez: no eran 22 millones de euros los que había llegado a tener en Suiza, sino 38, no jodamos, señoría, a ver si los de Forbes me van a tomar por un pelanas.

Por su parte, Federico Jiménez Losantos se centra en uno de sus temas favoritos de los últimos meses: Urdangarín y los intentos de no implicar a la Infanta Cristina. Escribe sobre ello en El abogado real:

Si dejamos de sostener algo tan insostenible como que el tinglado Nóos-Aizoon fue una creación de Urdangarin porque es un fresco, un avaricioso y que tiene secuestrada a la ingenua Infanta Cristina, tal vez comiencen a sustanciarse, delimitarse y limitarse responsabilidades. Y acaso involuntariamente vaya a hacerlo la propia Fiscalía Anticorrupción, que con tal de no citar a la clave del negocio, que es la Infanta, va camino de llevar al juzgado de Palma a toda la Casa Real y la mitad de la Real Familia. Ayer se anunció que pide que se llame a declarar en calidad de testigo al Conde de Fontao, el abogado del Rey, como partícipe en esa broma pesada que fue la retirada de los negocie Urdangarin más o menos un cuarto de hora. Una tomadura de pelo, por cierto, perpetrada por la Casa Real pero con la necesaria y descarada complicidad de la mayor parte de los medios de comunicación.

Concluye:

En última instancia, si admitimos lo evidente en este asunto, que es la insignificancia de Urdangarin y la exorbitante significación de la Infanta Cristina, además de la fatal implicación de la Corona, deberíamos ir olvidando al pintoresco Vives y entender que, desde que mandaron quitarse un rato del delito a Urdanga, el único abogado real en el caso Nóos es el Abogado Real, o sea, Fontao. Es cierto que las ruedas de prensa de Vives en el paseo de Gracia tienen su estrafalario encanto y que siempre dice algo, normalmente en perjuicio de sus defendidos, pero si el abogado es Fontao estaremos más cerca del juicio, la sentencia y el fin de la pesadilla. En cuyo errático devenir, después de la Casa Real y sus absurdas tácticas evasivas, tanta responsabilidad han tenido y tienen jueces y periodistas.

Pasamos a La Razón, donde Alfonso Merlos escribe sobre José Blanco en un artículo con un título de ese estilo que tanto le gustan: El caradura.

Hay que tenerla de hormigón armado. La cara. Hay que tener la voluntad clara de obstruir, zancadillear y, en definitiva, de hacerle la vida imposible a la Justicia. Es en lo que está Blanco. Cualquiera podría pensar que asistimos a la estrategia impepinable de cualquier defensa para evitar la condena del imputado/procesado de turno. Pero esto es otra cosa. Estamos en otro nivel.

Concluye:

Llamemos a las cosas por su nombre. Blanco, a través de su abogado, se está comportando como una persona descarada, atrevida, sinvergüenza. Y se está condenando. Sin juicio. Porque son hoy los políticos los que deben ir un paso más allá que el resto de los mortales para desnudar sus bienes, sus patrimonios, sus gestiones, sus movimientos y todo cuanto afecta a su eventual enriquecimiento. El que casi todo quiere tapar, casi todo tiene que ocultar. ¿Por qué? Por lo que todos sospechamos. En lo que todos acertamos. ¿O no?

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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