OPINIÓN / ASÍ ESTÁ EL PATIO

Si Marhuenda fuese al instituto, llevaría sus carpetas forradas con fotos de Mariano Rajoy

"AVE, la pujanza de España", abre ABC, poniendo sus esperanzas en el carísimo despilfarro

“Impulso a España”. Sí, no se extrañen: esa expresión sin verbo es lo que, para La Razón, resume lo más importante de lo sucedido el domingo.

De lo que no se extrañarán, estoy seguro, es de uno de los personajes que aparecen el portada. Pista: es pontevedrés, tiene barba y lo eligió la Providencia para guiar con mano firme y segura los destinos de España por el proceloso mar de la crisis -SIGA LEYENDO EL TRASGO EN LA GACETA-

Si Marhuenda fuera al insti, uno le imagina con su carpeta forrada de fotos de Mariano como otras la llevan cubierta de efigies de Justin Bieber.

Las portadas de La Razón –las páginas interiores son otra cosa– son básicamente eso: la efusión gráfica de un entusiasmo adolescente.

Me tomé la molestia de leer los subtítulos para entender el titular, dónde veían los chicos de Marhuenda el citado impulso.

Transcribo:

“Montoro asegura que estamos saliendo de la crisis y que a partir del verano habrá un punto de inflexión”.

Y todo el mundo, ¿verdad, Díaz Villanueva?, sabe que Montoro es un hombre honrado, fiel cumplidor del programa e infalible en sus pronósticos.

Más:

“El Príncipe y Rajoy coinciden en destacar “lo bueno que está por venir” durante la inauguración del AVE a Alicante”.

Con el PP en el Gobierno, lo bueno siempre está por venir y nunca acaba de hacerlo.

Pero, hey, el otro, el ABC, coincide en motivo gráfico y en inanidad al titular: “AVE, la pujanza de España”.

Porque haber logrado que se tarden 50 minutos menos en llegar de Alicante a Madrid y al revés a un precio que pone los pelos como escarpias es el ejemplo de lo bien que estamos. Y estos, señores, son la derecha. Tomen nota.

Y, bien, lo que acabamos de glosar es lo que pasa por información de interés general y carácter urgente en el papel de diestra. ¿La crisis de los periódicos?

¡Culpa de Internet, naturalmente! No tiene nada que ver con que los diarios se hayan convertido en anodinos fervorines que harían sonrojarse al director de Pravda con Brezhnev.

De ser hoy encarcelado, Boecio difícilmente podría haber escrito su Consolatio Philosophiae, que poco consuelo puede hallarse en la filosofía, al menos en la contemporánea. Pasa por filósofo, y aún ejerce como profesor de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona, un Manuel Cruz que escribe en El País –“Cuando todo es campo de batalla”– uno de esos lamentos del progre que no es que tomen el rábano por las hojas, es que lo cogen por las (inexistentes) flores.

Es una tribuna extensa, y tan perfectamente prescindible que basta leer la primera frase para concluir que todo va a ser un disparate inane:

“Si alguien me conminara a definir el rasgo primordial que, en mi opinión, mejor caracteriza la deriva que ha ido sufriendo la experiencia vital del hombre contemporáneo, respondería sin dudar un instante que para la inmensa mayoría de la gente el mundo en su conjunto se ha endurecido de manera extraordinaria”.

Convengo en que contemporáneo es un adjetivo ambiguo, pero no concibo un significado posible que pueda hacer cierta semejante afirmación, salvo que la contemporaneidad se mida por meses.

Lejos de haberse “endurecido de manera extraordinaria” y por mucho que la crisis no augure un futuro demasiado halagüeño, el mundo en su conjunto se ha suavizado hasta límites que hubiera asombrado a nuestros antepasados.

En lugar de fiarse de su muy filosófico humor matinal, Cruz haría bien en echarle un vistazo a datos –numéricos o no– que le harían dudar de que endurecimiento coincida con mayor esperanza de vida, mayor proporción de ser humanos razonablemente bien nutridos, menor mortalidad infantil, menor incidencia de plagas, guerras menos destructivas…

Por no hablar de que, probablemente, nuestro profesor encontraría difícil mantener su filosófico distanciamiento si tuviera que aguantar un dolor de muelas sin anestesia -como el hombre precontemporáneo- o una operación de apendicitis sin asepsia.

Pero es un hecho comprobable que siempre vende más sostener que todo va mal que lo contrario. 
Seguimos pidiendo mangueras para luchar contra la riada, y así leemos a nuestro modernos Platón que “la lógica de la competitividad, del antagonismo, del darwinismo social habría impregnado absolutamente todas las regiones de la experiencia humana”. No, no levante la vista del texto no vaya a ver la realidad y se le chafe el efecto deseado.

Hablando, sin duda, de las condiciones en el primer planeta de Alfa de Centauro, afirma en serio que “quedamos convertidos también en responsables de nuestros males, que pasan a ser automáticamente equiparados a una mala gestión de la propia empresa”.

Pero yo solo he visto gente que nunca es responsable de nada, que jamás se le pasa por la cabeza que si ha firmado algo libremente y ha tenido una oportunidad de lucrarse con su decisión, que salga mal es igualmente esperable y debería asumirse; gente para quien todos sus males, incomodidades, ambiciones frustradas y complejos inconfesados es siempre la culpa de otros: los mercados, los empresarios, el Gobierno, el patriarcado, el racismo, la xenofobia, el centralismo…

Hay mucho para elegir, seguro que algún chivo expiatorio se adapta a sus necesidades.

Termina disculpándose por lo mismo por lo que nosotros damos las gracias: que el espacio no da para más.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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