OPINIÓN / Afilando columnas

Méndez-Monasterio: «Tras las sentencias sobre Blanco y Matas, el ‘pío pío que yo no he sido’ debería proponerse como letra del himno nacional»

Prego, desencantada: "La actividad política en España ha sido desde casi el principio un abuso, una burla al votante y otra al contribuyente"

Los protagonistas del ‘reality show’ del verano nos han dado un respiro a los lectores de la prensa de papel. El 24 de julio de 2013 no encontramos en los espacios de opinión de los diarios impresos ninguna entrega de ‘Abarcenados’, en el que los columnistas de unos periódicos atacan a los de la competencia por el tratamiento que dan al caso Bárcenas. De hecho, el Señor de las Peinetas no merece la atención de casi ningún articulista, más allá de los de El Mundo, por supuesto, y un columnista de ABC, que rompe con línea editorial de su periódico. Es difícil encontrar un tema predominante en esta jornada. Aunque, en realidad, todo gira de un modo u otro en torno a a la corrupción política.

Arrancamos en esta ocasión en ABC. Ignacio Camacho escribe sobre La abdicación. Que no se emocione nadie, que no estamos ante una petición por parte de un columnista del periódico monárquico por excelencia para que Juan Carlos I ceda el testigo a su hijo Felipe. Se trata de un artículo sobre la renuncia por capítulos de José Antonio Griñan.

Las prisas tenían sentido. José Antonio Griñán corría contra el reloj de la jueza Alaya como aquellos jinetes de Coppola galopaban contra la puesta de sol en Transilvania. El inesperado anuncio sucesorio, el polémico proceso de primarias-express o no-primarias, la precipitada designación de la heredera, eran las etapas quemadas a matacaballo de una abdicación ejecutada a ritmo de tocata y fuga. El presidente que nunca ganó unas elecciones no se estaba jubilando. Huía.

Tras señalar que Griñán hará que parlamento autonómico le nombre senador para poder mantener el aforamiento, concluye:

Susana Díaz será la tercera presidenta de Andalucía que no ha pasado por las urnas. Antes lo fueron Borbolla, en 1984, y el propio Griñán en 2009, impuesto contra el criterio de Zapatero por un Chaves del que se terminaría distanciando con la gélida crueldad cainita del poder. El presidente saliente fue investido dos veces sin ganar en la liza electoral, un dato que refuerza sus rasgos de político de moqueta, culto y preparado pero sin carisma de liderazgo social. En lógica con este proceso de anormalidad democrática, tampoco serán las urnas las que lo desalojen. Entró por cooptación y saldrá empujado por la magistratura.

Con el título de Blancas y negras, Melchor Miralles escribe sobre la corrupción en general, pero se centra especialmente en el csaso Bárcenas.

Ahí están los papeles que apuntan a que con dinero negro procedente de esos donantes se pagaron sobresueldos. Asoman sospechas razonables de que las campañas electorales se financiaban del mismo modo oscuro. En pleno estallido del «caso PP», Rajoy se reunió con los grandes del dinero patrio. No permitió periodistas. Ni fotógrafos y cámaras, excepto los suyos.

Comenta de la reunión de Rajoy con los grandes empresarios:

Aquello parecía una suerte de junta general de un club de donantes. Es verdad que ni están todos los que son ni son todos los que están. Pero el mensaje fue nítido: les necesita, como ellos le necesitan a él. Para diseñar unos cambios de decorado que mantengan igual el escenario.

Añade:

Mientras los donantes acudan a los viajes de Estado, reciban títulos nobiliarios, sean expendedores de certificados de moralidad, se presenten como benefactores de los desfavorecidos y sean recibidos como privilegiados en Presidencia, el lodazal seguirá anegando España.

Y concluye con un breve párrafo dedicado al asesor áulico de los líderes del PP:

Y ya escribiremos de Arriola, sus clientes y sus cuentas. Que no tienen desperdicio. Blancas y negras. Como las fichas de ajedrez.

¿Se estará guardando Miralles, como Del Pozo, informaciones jugosas para dar la campanada en alguna de sus columnas?

Pasamos ahora a La Gaceta, que publica una columna de Kiko Méndez-Monasterio titulada ‘La señora de la venda’, donde muestra su disgusto por los fallos del Tribunal Supremo tan favorecedores para el hombre del ‘conceto’ y el antiguo patrón de Antonio Alemany:

Un par de semanas más como estas últimas, y el Tribunal Supremo es capaz de barrer todo vestigio de fe en la Justicia que pueda quedar a los españoles, que una cosa es matar a Montesquieu y otra desenterrar el cadáver para un aquelarre antropófago. Primero salvaron a Pepe Blanco y ya entonces debimos sospechar algo podrido, porque desde el Partido Popular apenas se elevó una protesta tibia, a pesar de que sobraban los motivos para -por lo menos- sorprenderse.

Añade:

Ayer fue Jaume Matas el que se marchaba con disimulo, silbando la tonadilla infantil del pío pío que yo no he sido. Debería proponerse ese verso repetido como letra para el himno nacional de España. Al menos tenemos la certeza de que lo entonarían con vehemencia los políticos de todos los partidos.

Comentando la instrumentación de la Justicia por parte de los políticos, concluye:

El último chiste al respecto es el revuelo sobre si uno de los jueces del TC pagó cuotas de militante. Quejándose al respecto, parece el PSOE una de esas meretrices de película del oeste, con mejillas inundadas de colorete para ocultar que hace mucho que perdieron la capacidad de ruborizarse. Por supuesto que no se cuestiona la honestidad de esas mujeres, del mismo modo que no se pone en duda la independencia del TC: porque hay una clara unanimidad en entender que no existe.

En El Mundo, Victoria Prego muestra su profunda decepción con el PP, y con el conjunto de los partidos, bajo el título de Un fraude, sobre todo moral:

Lo que cuenta Bárcenas ahora, es que este mismo Paco [Álvarez Cascos] ya se embolsaba desde el principio dinero del fraude. Y que ese mismo PP que venía de presentar un «proyecto de libertad» que incluía la recuperación de la ilusión colectiva y la confianza de los españoles en sus instituciones, dos meses después de hacer semejante despliegue político ya tenía en marcha un enjuague para que su secretario general en persona se llevara a casa unos cientos de miles de pesetas en dinero negro.

Añade:

Da igual para lo que fuera ese dinero, la cosa es que ese partido recién refundado y que decía encarnar la regeneración democrática, podría haber organizado -siempre que Bárcenas no mienta- desde el mismísimo comienzo de su nueva existencia una estafa mucho más que fiscal: moral.

Recuerda lo relativo al PP, pero también casos de corrupción del PSOE (ERE incluido) y de los nacionalistas catalanes. Concluye:

Si esto ha sido así -excluyamos a UCD, porque muchos de sus miembros pusieron su propio dinero para apuntalar las actividades del partido-, resulta que la actividad política en España ha sido desde casi el principio un abuso, una burla al votante y otra al contribuyente. Si esto que dice Bárcenas es verdad, el código ético que todos han agitado ante nuestra cara tantas veces llevaba las páginas en blanco. O con apuntes contables a todo tirar.

Raúl del Pozo vuelve a intentar que el lector se apiade de el Señor de las Peinetas. Lo hace con el título de Perro de paja. Primero comenta el nerviosismo de los dirigentes del PP con el Caso Bárcenas, y su actitud ante la próxima comparecencia ante el Congreso por parte del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante. Dice:

Los responsables del aparato envían consignas a los militantes, consignas que ahora llaman argumentarios, palabro que, en este caso, intenta desmontar las gallofas y trolas del tesorero escritas en el libro de contabilidad de un colmao. ¿Por qué están tan nerviosos? Los políticos de la oposición pedirán la dimisión del presidente, la disolución de las Cortes, mientras preparan el viaje a la playa y mientras Luis Bárcenas seguirá guardado en Soto del Real con derecho a dos condones.

Y nos muestra un retrato triste del ex tesorero popular:

Ya no es más que un espectro en la sombra, un felón, un perro de paja. No le quedan más amigos que los que le acompañaron de adolescente, mochila al hombro, con una tienda y un pico para escalar montañas.

Concluye lamentando la futura ruina económica de Bárcenas:

Desde el maco el preso jura que los 17 millones que le quedan no son ni de dos dirigentes, ni del clan de los contables, ni de las familias, sino sólo de él, de Rosalía y de Guillermo. Serán de los Bárcenas, pero estoy casi seguro que al tesorero lo van a dejar como una regla, como un garrote, canino, boqueras.

Y como remate, un buen ejemplo de por qué este humilde lector de columnas gusta de llamar a La Razón el periódico de la ‘disciPPlina’. Iñaki Zaragüeta publica El presidente, en su papel:

Mariano Rajoy, a petición propia, satisfará las peticiones de los partidos de la oposición y, sin embargo, son éstos los que parecen estar cabreados. ¿No es lo que querían? A juzgar por sus reacciones, más bien muestran su contrariedad porque, a su juicio, lo hace «tarde, mal y a rastras» (Elena Valenciano dixit).

Añade:

La oposición debería mostrar su agradecimiento al presidente del Gobierno, no sólo porque tendrán la oportunidad de confrontar con él, sino por su «generosidad» al evitar a Rubalcaba el trance de presentar un moción de censura de la que iba a salir muy mal parado, bastante más que el propio cuestionado.

Ahora resulta que la oposición, demos gracias que no dice que todos los ciudadanos, tiene que agradecer a Rajoy que haga algo que no es más que cumplir su obligación. Algunos parecen olvidar que en los sistemas democráticos los jefes del Ejecutivo tienen como deber acudir a dar explicaciones ante el Parlamento, órgano de representación de los ciudadanos.

Concluye:

A lo que iba. Mariano Rajoy cumple con su deber pero, diga lo diga, justifique lo que justifique, ni el partido socialista ni Izquierda Unida van a modificar su petición de dimisión. Ante semejante intransigencia, bastaría con que el presidente expusiera lo que tuviera que exponer y ellos ni hablaran. En fin, percibo el talento sólo por un lado y alguien sentenció «la persona de talento vive aun después de muerta». Así es la vida.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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