OPINIÓN / Afilando columnas

Un ‘equidistante’ Évole carga las tintas contra «algunos medios españoles»: «Pocas cosas son tan eficaces para el independentismo como un buen editorial del ABC»

Isabel San Sebastián: "El PP no se atreve a enarbolar la bandera del patriotismo, como si en un rincón de su alma confusa anidaran los mismos complejos que llevaron al PSOE a fragmentarse"

Arranca una nueva semana con pocos cambios en los espacios de opinión de la prensa de papel española. El tema más tratado por los columnistas el 16 de septiembre de 2013 es, una vez más, el nacionalismo catalán. Hay textos para distintos gustos, desde quienes piden firmeza al Ejecutivo de Rajoy hasta una buena muestra de la equidistancia de un izquierdismo catalán que dice que sigue queriendo ser español pero con celebración de referéndum, para el que la bandera española de la madrileña Plaza de Colón es algo molesto en la misma medida que una ‘estilada’ en un balcón.

Ese es uno de los argumentos del artículo de Jordi Évole en Uno de la mayoría absoluta, artículo publicado en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’. El texto de ‘El follonero’ en El Periódico es un magnífico ejemplo de equilibrios para intentar parecer tolerante, en el que se mezclan cosas sensatas con auténticos lugares comunes del izquierdismo que quiere quedar bien con el nacionalismo. Sostiene:

He viajado por toda España sin ocultar nunca mi catalanidad, y he tenido la suerte de conocer también una España dialogante, plural y tolerante. Una España prácticamente desaparecida de algunos medios de comunicación catalanes, que prefieren darle eco a una columna incendiaria de la página 27 de ‘La Razón’. 

Si sólo fuera una columna de La Razón… En ocasiones buscan episodios mucho más anecdóticos, como una salida de tono de algún tuitero conocido en su casa y poco más. La búsqueda de agravios requiere fuerte dosis de arqueología. Pero aún así, bien está que reconozca que en los medios catalanes tan sólo se busca destacar algo que puedan mostrar como ofensivo. Pero añade:

Y pasa lo mismo con la Catalunya dialogante, plural y tolerante: que ha desaparecido de algunos medios españoles empeñados, por ejemplo, en magnificar en sus grotescas portadas la supuesta persecución del castellano en Catalunya. Y así los extremos han ido retroalimentándose hasta la situación actual de casi no retorno.

Ahora resulta que la ‘persecución del castellano’ es tan sólo supuesta y es magnificada en ‘grotescas’ portadas de algunos ‘medios españoles’ (¿acaso La Vanguardia y El Periódico no lo son, por mucho que a los independentistas les moleste y ellos no se sientan, algo legítimo aunque no se comparta, así?). Se ve ahora que en Cataluña existe una verdadera libertad para educar a los hijos en la lengua que se elija, que las calles están rotuladas en dos idiomas y que no se imponen multas a quienes rotulan los carteles de sus comercios sólo en español. Pues va a ser que no. Hay modelos donde una mayor libertad lingüística es posible.

Este humilde lector de columnas es un viajero habitual a Eslovaquia, en concreto a una zona donde la minoría magiar es muy numerosa, y ahí observa un verdadero bilingüismo. Existen colegios e institutos tanto en eslovaco como en húngaro, y los padres eligen cuál de ellos prefieren para sus hijos. Las calles y los nombres de los pueblos y las ciudades están rotulados en ambos idiomas, y los comercios utilizan la lengua que tengan a bien sus dueños. ¿Tan difícil es dar al español un trato parecido al que tiene el húngaro en esas zonas de Eslovaquia (o el ucraniano o el rutenio en otras regiones del mismo país? Algunos pensamos que no.

Continúa:

Dicen ustedes que aquí hay medios de comunicación públicos volcados en la causa independentista. No le diré que no. Y es una anomalía que eso ya no sea ni noticia. Pero pocas cosas son tan eficaces para el independentismo como un buen editorial del Abc o una declaración de su ministro Wert.

Luego, viene la supuesta equidistancia:

Yo nunca he sido muy de patrias. Ni de aquella ni de esta. Descolgaría el banderón de la plaza Colón, me incomodan las banderitas españolas en los polos de algunos, igual que me incomoda vivir en un lugar en el que la ‘estelada’ se ha convertido en adorno habitual de balcones, pulseras o zapatillas deportivas.

Curioso, arriaría de forma permanente la bandera española de la Plaza de Colón de Madrid –nunca hemos entendido por qué ha de molestar a quién no se considera español que una plaza de la capital de España luzca un símbolo de dicho país– pero no dice lo mismo de las bandera catalanas, incluyendo las no oficiales ‘esteladas’ colocadas por las autoridades catalanas en numerosos lugares. Esas, y lo las que hay en balcones son las auténticas equivalentes.

Sigue:

Me dicen que con la independencia Catalunya será libre. Será libre de España para poder equivocarse o acertar por su cuenta, como es lícito. Pero libre con mayúsculas no me lo acabo de creer. Y no es que yo ahora sea libre. No lo soy. Por ejemplo, como periodista mi libertad radicaría en poder publicar aquello que considero que debo publicar. ¿Es posible llevar a la portada de algún gran medio catalán o español algo que afecte gravemente a un banco que ha dado un crédito a ese medio de comunicación? ¿Y con la independencia eso será posible?

Ya puestos a hablar de la independencia de los medios. ¿Sería posible que alguno catalán, altamente subvencionado, criticara de forma firme y abierta las propuestas independistas o la celebración del referéndum. Resulta muy cómodo denunciar la dependencia de los bancos para no tener que hablar de la que se tiene hacia los dineros públicos que reparte la Generalitat.

Concluye de una manera que no nos sorprende:

Si realmente quieren escuchar a la «mayoría silenciosa», déjenla votar. Y si la Constitución es un obstáculo, refórmenla: ustedes y el PSOE ya tienen experiencia en reformas constitucionales exprés. Y, puestos a pedir, háganlo más pronto que tarde. Porque yo también tengo prisa. Tengo prisa para que mis gobernantes se preocupen de algo más que no sea la independencia. Para que los gobiernos que hemos elegido se ocupen, por ejemplo, de la gente que lo está pasando mal. Aunque puede que a los que gobiernan aquí o allí eso no les interese.

Tomamos el puente aéreo y aterrizamos en Madrid. Nuestra primera parada en la capital de España es La Razón, donde Ángela Vallvey publica Nación. Dice la escritora:

Las naciones han sido garantía de paz, y aval seguro de guerra, desde siempre jamás. Cánovas del Castillo se desgañitaba diciendo que las naciones eran obras de Dios, pero una se teme que o son de los seres humanos, hechas a su imagen y semejanza: invariablemente imperfectas. Los que entendieron qué era eso de la nación fueron los británicos con la creación de la «Commonwealth of Nations», o Comunidad de Naciones.

Concluye con un toque de pesimismo:

En España, sin embargo, no logramos desprendernos del ropaje decimonónico del nacionalismo, ligado más bien al rencor regional, el aborrecimiento endógeno y la división social. La pulsión de los nacionalismos en España es la herencia de nuestro tradicionalismo romántico, de tintes folklóricos, que equipara identidad, nación y «derechos históricos» con modernidad. La propuesta romantico-conservadora de la identidad colectiva constituye una perenne fuente de culto político desde el XIX hasta ahora. España ha forjado, mediante disgustos y atrasos históricos sucesivos, su propia anti-Commonwealth interna y/o ultramarina. Pero lo que no consiguieron las aspiraciones nacionalista en el XIX -su siglo, su apogeo, su momento-, ¿podrían conseguirlo ahora…? (No sé).

Sobre lo mismo, la nación, reflexiona Isabel San Sebastián en ABC con el título De la convicción a la convivencia.

La creencia en una Nación no es negociable ni puede administrarse en función de la aritmética electoral o el calendario. No es parcelable por comunidades autónomas. España es una realidad histórica, cultural, lingüística y política tan incuestionablemente sólida que resulta inaceptable e incomprensible la falta de un discurso político alternativo al del secesionismo por parte de quienes tienen la responsabilidad de responder desde el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, al desafío rupturista.

Concluye:

La izquierda sucumbió hace tiempo a esa presión del nacionalismo, al caer en el error garrafal de confundir a España con Franco. El PP, este PP, amaga, pero no termina de dar la batalla de las ideas. No se atreve a enarbolar la bandera del patriotismo, como si en un rincón de su alma confusa anidaran los mismos complejos que llevaron al PSOE a fragmentarse y cambiar de mensaje en función de la geografía, hasta sufrir la peor derrota electoral que recogen sus anales. Con una mano escribe Rajoy esa carta en la que dice a Mas «no» a la consulta ilegal y con la otra le ofrece dinero y privilegios a cambio de «paz», como si tuviese que pagarle la lealtad debida a la Constitución que alumbró las instituciones autonómicas catalanas y que el «President» juró defender. Sin asumir que la lealtad no se compra ni se vende; se gana en campo abierto, desde la coherencia, o en su defecto se cambia por el respeto debido a la legalidad democrática.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, pero cambiamos de tema. Esperanza Aguirre escribe un largo artículo sobre la muerte de Owaldo Payá y la condena a Ángel Carromero titulado Perplejidades. No deja, en absoluto, en buen lugar al Gobierno español.

Hasta aquí ya hay motivos más que suficientes para estar preocupados por la sumisión que la dictadura comunista cubana impone a la democracia liberal española. Porque reconocer como buenas las versiones de ese accidente que da una dictadura sanguinaria como la cubana es mucho reconocer.

Hay que tener en cuenta que ese accidente ha tenido una especial repercusión en Cuba, pues Oswaldo Payá era uno de los disidentes más prestigiosos, si no el más, y todo el mundo estaba convencido de que sería un hombre clave en el proceso de transición a la democracia que, antes o después, tendrá que afrontar esa república hermana. Pero lo que ya resulta mucho menos comprensible para las personas que creemos en la necesidad de luchar contra las dictaduras en la medida de nuestras posibilidades y de reconocerles la menor legitimidad posible son las dos últimas actuaciones de la Audiencia Nacional española en relación con este caso.

Ante el informe contra el indulto, con el argumento de que Carromero no se ha arrependito, se plantea Aguirre:

¿De qué tiene que arrepentirse Carromero? ¿De haber ido a Cuba a mostrar su apoyo y solidaridad a un heroico disidente que luchaba por la libertad frente a un régimen despótico, como han hecho dos docenas de diputados del Congreso? ¿De haber tenido un accidente, que nadie ha investigado, en el que, curiosamente y como suele ocurrir en las dictaduras comunistas, mueren de forma inexplicada dos opositores que resultan molestos al régimen?

También critica la oposición de la Fiscalía a que se acepte la denuncia presentada por la familia Payá contra dos oficiales de la dictadura castrista. Recuerda que Oswaldo Payá tenía, además de la cubana, nacionalidad española y plantea:

Y la misma Audiencia que ha mostrado frecuentemente, y me parece muy bien, interés por encausar a los responsables de la desaparición de ciudadanos de origen español en las dictaduras del cono sur en los años setenta, ahora da por buena la versión de la dictadura castrista y le dice a la viuda y a los hijos del español Payá que España, su patria, no va a hacer nada por averiguar qué ha pasado en la extraña muerte de su marido y padre.

Conluye:

En España tenemos que aprender que, ante los totalitarios, el appeasement (apaciguamiento) con los dictadores, como muy bien nos ha demostrado la Historia desde Múnich en 1938 con el pobre Chamberlain de tonto inútil, no sirve para nada, y que la única forma eficaz de defender los intereses de los españoles y de la libertad frente a esas dictaduras es plantarles cara.

Volvemos ahora al tema del nacionalismo catalán, de la mano de Carlos Cuesta en El Mundo. Firma Criar cuervos:

Por mucho que algunos miren hacia otro lado pensando que cuando vuelvan la vista hacia la Generalitat el problema se habrá esfumado. Por mucho que no falte quien insista en que ese gran vendedor de humo tóxico llamado Duran Lleida acabará disuadiendo a Mas de su error, la afrenta rupturista de la Generalitat no deja de engordar.

Como no ha dejado de engordar desde el inicio de las cesiones al nacionalismo. Porque ni las goteras se cierran dejando el agua correr, ni el nacionalismo se debilita alimentándolo. Y los grandes partidos españoles han alimentado al nacionalismo bajo la utópica idea de que accediendo a sus reclamaciones ellos abandonarían sus pretensiones.

Concluye:

Todo un interminable listado de cesiones que en absoluto ha debilitado el nacionalismo: si en las elecciones catalanas de 1999, ERC (12 diputados) y un CiU nada independentista (56) hubiesen juntado 68 diputados en una alianza imposible, hoy la triste realidad es que suman 71 de puro independentismo en un hemiciclo con tres diputados de CUP, donde ni ICV ni el PSC frenarán el «derecho a decidir» y en el que sólo el PP y Ciudadanos se oponen con claridad a la consulta soberanista.

¿Hacen falta más evidencias? No es hora de seguir alimentando cuervos. A menos que queramos que nos saquen los ojos.

Y cerramos con el texto que Fernando Sánchez Dragó dedica a la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, titulado Gracias, Cristina:

Te debíamos muchos favores; ahora te debemos dos más… El primero es que te hayas restablecido. Nunca dudé de ello, pero el diablo carga la ley de Murphy. Si tú corrías peligro, los madrileños mucho más. ¿Qué habría sido de nosotros sin ti para defender las calles cuando la indignación y otras tropelías cunden en ellas? Segundo favor: con tu accidente has obligado a los trolls (apócope de trolero y de trilero) a salir a campo abierto, has despojado de su careta buenista a los fachas de la izquierda que te llaman facha, has desenmascarado a quienes de tanto predicar el bien, como dijese Tagore, se olvidan de ser buenos y has conseguido que los chequistas reconozcan su condición.

Concluye:

No los perdones, no perdones a Llamazares, ni a Max, ni a los de la batita, ni a la canaille de la Red, porque todos ellos saben muy bien lo que se hacen, saben que eres una luz encendida en las tinieblas de la res publica española y que, insultándote, negándote auxilios, deseando tu muerte, disparan contra un órgano vital del enemigo. Es la rebelión de la chusma: maldad, ira y envidia… La que te tienen, Cristina, por ser de buena crianza, esposa y madre ejemplar, culta, trabajadora, inteligente, valiente y, encima, guapa. Envidian tu pelo rubio bajo el casco de motera, pero hazme, amazona, un tercer favor: regala el scooter a Llamazares. Es peligroso. ¿Cuándo nos vemos a pie?

 

 

Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.

Te puede interesar

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Lo más leído