OPINIÓN / Afilando columnas

Ernest Folch (El Periódico): «No entregaremos TV3 entregaremos al altar de los sacrificios de la indisoluble unidad española»

Isabel San Sebastián saca los colores al PP: "Rajoy está determinado a no romper el acuerdo de paz con ETA"

Tras varias jornadas donde un tema, a lo sumo dos, acaparaba la práctica totalidad de los espacios de opinión de la prensa de papel española, el 19 de septiembre de 2013 nos encontramos con una variada macedonia de asuntos en las columnas de los periódicos impresos de Madrid y Barcelona. Nos encontramos con la correspondiente ración de defensa de TV3 en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, algo de Faisán y una dosis de anticatolicismo radical El País.

El responsable de saltar en defensa de TV3, ante las críticas por el uso político de los niños durante la Diada, es Ernest Folch, el mismo que comparó a Pedrojota Ramírez con un dragón y proclamaba su esperanza de que llegara un San Jorge que librara a los catalanes de él. Su artículo en El Periódico se titula Todos contra TV-3:

La última ofensiva tiene el destinatario de siempre: TV-3. Ya se sabe que la televisión pública catalana es la eterna culpable de los males de Catalunya, y por eso estaba escrito que sería la cabeza de turco del éxito apoteósico de la Diada (…) Esta vez el pecado de TV-3 es haber hecho un reportaje discutible sobre unos niños durante la Diada en el Info-K, un noticiario infantil, por cierto, reconocido internacionalmente.

Este humilde lector de columnas tiene que reconocer que no conocía el nombre del programa en el que se metió las imágenes de la polémica, y la verdad es que no le puede parecer más adecuado. Ese Info-K parece propio de la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner (donde todo lo relacionado con ella se identifica precisamente con la letra K), una mandataria conocida por usar descaradamente a su favor los medios públicos, comprar mediante prebendas a los privados para que le sean afines y castigar de todas las maneras privadas a los pocos que se atreven a ser críticos con ella.

Añade:

Se puede debatir durante días si el famoso programa era ético o pedagógico o mejorable, pero me permitirán que no caiga en la misma trampa que nos tendieron con el linchamiento de aquel ‘Bestiari’.

‘Bestiari’ era aquel programa en el cual disparaban contra las imágenes del rey y de Sostres entre otros, que fue retirado por una temporada pero que Folch defendió con ardor.

Tras defender la supuesta independencia de la televisión pública catalana, concluye:

Que quede claro que no la entregaremos al altar de los sacrificios de la indisoluble unidad española. Porque a pesar de todo TV-3 sigue siendo una televisión moderna, autónoma pese a los políticos que la han intentado manosear sin excepción cada vez que han llegado al poder, y cumple una función esencial, que es la de vehicular una lengua que pese a quien pese está aún en clara inferioridad. Algo demasiado sólido para que se lo lleve un vulgar vendaval.

Por cierto, Ernest Folch es tertuliano de TV3.

En ABC, Ramón Pérez-Maura se deshace en elogios al modo en que el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante enfrenta el reto independentista catalán. Lo hace con el título de Lo que va de los gestos a los hechos.

Cuentan quienes han estado en La Moncloa últimamente que el presidente está mucho más firme de lo que las apariencias indican. Sin duda pide diálogo. Pero al mismo tiempo él ha trazado una línea roja de las de verdad, no como las de Obama en Siria -que ni era línea, ni era roja, ni significaba nada-. Rajoy tiene claro que él no va a pasar a la Historia como el presidente que permitió la celebración del referendo. Y, a partir de ahí, articula parte de su estrategia. Artur Mas ha dicho que no irá contra la ley, por lo que acabará declarando que, como no se puede celebrar un referendo con garantías, se remitirá a unas elecciones plebiscitarias.

Añade:

Vamos a ver a Mariano Rajoy seguir pidiendo diálogo y a Mas reaccionar entendiendo que dialogar es que te hagan concesiones. Porque Cataluña no conoce otro lenguaje que el de pedir y que te den. Pero quizá sea cierto que Rajoy pueda acabar esta legislatura en la línea que ya ha trazado. La de ser el primer presidente de la democracia que, aunque da muchos abrazos, no ha hecho ni una transferencia a Cataluña.

Concluye:

Pero ese gesto que se ve poco en el día a día, que genera escasos titulares, debe ir acompañado de argumentos y razones económicas; exige una mayor presencia del Gobierno en Cataluña y poner a los melifluos ante sus contradicciones cuando hablan de una reforma constitucional para volver a acomodar a los catalanes -que votaron abrumadoramente a favor de esta Carta Magna en 1978-. El que quiera promover una reforma, que empiece por enumerar exactamente qué quiere cambiar y en qué sentido. Y, a partir de ahí, sabremos adónde quieren ir los que intentan abrir la caja de Pandora.

Sin salir del diario madrileño de Vocento pasamos de los elogios a Rajoy a las críticas al Gobierno, aunque por otro asunto. Isabel San Sebastián escribe sobre «Paz» a cambio de decencia:

Si el precio a pagar porque ETA dejara de matar iba a ser la impunidad de tantos crímenes cometidos en su nombre, el abandono de las víctimas y la indignidad colectiva de una Nación, alguien debería habernos avisado con tiempo. Muchos, como ésta que suscribe, nos habríamos ahorrado una considerable dosis de dolor recurriendo preventivamente al bálsamo de la indiferencia que ahora alivia de manera milagrosa la conciencia de nuestros dirigentes.

Sobre el caso Faisán dice:

La responsabilidad de los ejecutores materiales de esta ignominia es insignificante en comparación con la que pesa sobre quienes dieron la orden de alertar a ETA y quienes ahora miran hacia otro lado confiando en que pase de ellos este amargo cáliz. A saber, el PSOE de Zapatero y Rubalcaba, que a la sazón negociaban con la banda un «acuerdo de paz» en términos similares a los del Pacto de Múnich suscrito en 1938 por Chamberlain y Daladier con Hitler, y el PP de Rajoy y Fernández Díaz, determinados hoy a hacer o dejar de hacer todo lo que sea menester con tal de que ese acuerdo no se rompa.

Concluye:

¿Dónde está la voz de Cosidó, actual director general de la Policía que desde la oposición exigía en el Senado conocer toda la verdad del chivatazo? ¿Qué ha sido del diputado Gil Lázaro, quien en 2011 señalaba al caso Faisán como «la tumba política de Rubalcaba» y ahora permanece callado? ¿Queda alguien con vergüenza en esta España cobarde?

Hubo un tiempo en el que creímos que plantar cara al terror era una cuestión de honor. La deriva del Faisán demuestra que fue puro cálculo, que en política el «honor» se mide en poder y votos.

Pasamos a El País donde un Jaime Botín presentado como «alumno de la Escuela de Filosofía» firma Moral católica. Nos preguntamos si se trata del mismo Jaime Botín de 77 años y hermano del presidente del Banco Santander que ya en 2006 se dedicaba al estudio de la Filosofía y que fue inhabilitado, a propuesta de la CNMV, para ejercer de banquero y estar en el consejo de cualquier empresa cotizada por «faltas muy graves». Es un detalle importante si se tiene en cuenta el contenido del texto, donde habla de moral, culpa y perdón.

De la herencia del franquismo tenemos algunas cosas buenas y una malísima, que es la moral rancia e hipócrita que nos legaron nuestros padres, por supuesto, con la mejor voluntad. Nos corresponde a nosotros, como ahora se dice, el «derecho a decidir»; ha llegado el momento de decidir lo que está bien y lo que está mal. Y, por una vez, sería bueno decidirlo de manera autónoma, sin consultar a la Santa Madre Iglesia.

Añade:

La Iglesia, tan celosa de proteger al no nacido, no parece concernida por la corrupción. Los obispos no salen a la calle para protestar, se ve que no consideran que el asunto tenga suficiente gravedad. Tal vez estimen que, con paciencia, algún día verán acercarse al confesionario a pedir perdón a los que hayan quebrantado los mandamientos correspondientes. Perdón que será concedido, por supuesto.

Continúa:

Dios es infinitamente misericordioso y la Iglesia tiene delegado el poder de perdonar. En este disparate se asienta la moral católica, un principio fatal para la buena marcha de una democracia moderna donde no debe bastar con pedir perdón. No es suficiente decir: «Me equivoqué». En una democracia, el sacerdote no administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y asumir la responsabilidad.

Parece que el señor Botín no se ha enterado demasiado de una cosa llamada separación Iglesia-Estado. En una democracia el sacerdote puede administrar el perdón mediante la confesión. Lo que no puede hacer, y no hace, es sustituir eso por la acción de los Tribunales de Justicia.

Concluye:

Mucho temo que la moral católica, si Dios no lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos nosotros. Esperemos que el papa Francisco, que tan admirable comienzo ha protagonizado, encuentre solución a un problema que, según parece, nuestros gobernantes y la jerarquía eclesiástica prefieren ignorar.

No señor mío. El problema no es cómo administra el perdón la Iglesia católica, sino lo mal que administran la Justicia unos tribunales altamente politizados. Y sobre eso no tiene muchos que decir el Papa. Cuando a alguien lo que le mueve es el puro anticatolicismo irracional se arriesga a escribir cosas como esta, por mucho que sea estudiante de Filosofía. Y lo dice alguien que las últimas veces que ha pisado una iglesia ha sido para una boda y como turista.

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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