En el mes de agosto volvieron a hundirse las cifras de difusión de los periódicos

Un OJD catastrófico para el papel: ABC (-14%), El Mundo (-12%) y El País (-11%)

'La Razón' es la que menos cae con un 1,2% interanual, mientras que 'La Gaceta de los Negocios' se hunde un 33%

Todavía las empresas no han sido capaces de atisbar con el modelo de negocio que aparentemente hay en Internet

No hace mucho, yo era un tipo ‘normal‘. Es cierto que pasaba los días en países distantes y peligrosos, cubriendo como reportero desastres ocasionados por el ser humano y a menudo contemplaba de cerca escenas que sólo se ven en el cine de Spielberg, pero un aspecto esencial de mi existencia era muy similar a la del español corriente hasta la llegada de la crisis.

Todos los meses -con regularidad de metrónomo- me ingresaban en el banco el sueldo. Y tres veces al año, me caía como una bendición una paga extraordinaria.

Antes de seguir y por si ayuda a que sean misericordiosos conmigo, debo confesarles que estudié al alimón Ciencias de la Información y Derecho, aunque sin ánimo alguno de llegar a ser procurador de los tribunales o algo parecido.

Mi vocación –desde que a los 9 años vi en el internado de Alemania donde me mandó mi padre una película de Hitchcock titulada ‘Foreing Correspondent’-, fue ser periodista.

Y ahora, medio siglo después, sigo siendo periodista. Distinto al original porque me dedico a hacer el ‘acróbata’ por las tertulias de televisión, pero periodista a fin de cuentas.

Lo que ya no es lo mismo, ni de lejos, es el Periodismo.

Como ocurrió a las diligencias, los serenos o los colchoneros, este negocio esta herido de muerte y en peligro de extinción. Las causas son complejas y estructurales.

Entré en esta profesión en un momento mágico, recién terminada la mili, unos meses después de morir el General Franco, cuando aquí bullía la Transición y nacían periódicos y semanarios de todo pelaje.

LA SELECCIÓN DE PERSONAL

Fui a ofrecerme a uno que se llamaba ‘Diario 16′. Deje un currículo florido donde subrayaba que era licenciado en dos carreras, hablaba francés e inglés y me interesaba la política internacional.

En una muestra del depurado sistema de selección de personal que prima en la inmensa mayoría de las empresas españolas, me contrataron como… ¡ayudante del laboratorio de fotografía!

Y ahí me tienen, sin puñetera idea, dedicado a revelar negativos, sacar copias en papel y ocasionalmente, cuando los fotógrafos titulares andaban desganados, acuclillado en el córner de un campo de segunda división o corriendo en una manifestación.

Tuve suerte, en 1977 hice una foto a Manuel Fraga desalojando descamisado a los reventadores en un mitin de Alianza Popular, me concedieron un premio y con el dinero, me fui a América.

Exactamente a Centroamérica, donde se revitalizaban los movimientos guerrilleros y pensé que me sería más sencillo abrirme paso.

EL PRIMER MUERTO

Fue allí, cuando todavía era delgado, tenía el alma blanda y me comía el mundo, donde vi por primera vez matar a un ser humano.

No digo ver a un muerto, porque los que sean de mi edad recordarán que antes, en España, se velaba al difunto en casa y la visión de un anciano pariente tieso como la mojama en su ataúd, no era algo extraño. Vi matar y también, por primera vez, pensé que iba a morir.

No que podía morir, que es un pensamiento común y que nos embarga ocasionalmente a todos, sino que iba a palmarla, que mis días se habían acabado…

Y lo que menos me preocupó en aquellos aciagos instantes, fue el Periodismo o los lectores, aunque superado el trance seguí a lo mío. Sin descanso y con intensidad.

Cuando no eran matanzas en África, era la caída del Muro de Berlín y cuando no era la masacre de Yugoslavia era el desmembramiento de la URSS, pasando por las carnicería de Irak o los embrollos del Congo.

UNA VIDA DIVERTIDA

Y ahora, echando la vista atrás, no puedo imaginar una vida más divertida, palpitante y hasta rejuvenecedora que la que he disfrutado tres décadas.

Hace diez años, a la vuelta de una larga estancia en Afganistán, abandoné ‘El Mundo’, donde figuraba como adjunto al director y obediente al Gobierno, que nos insta a crear empleo aunque no nos facilite crédito ni nos baje impuestos, monté un diario en Internet que se llama Periodista Digital.

Podía haber invertido el finiquito en un piso o comprar bonos del Tesoro, pero no lo hice.

No diré que estoy arrepentido, pero motivos tengo porque el Periodismo anda sumido en un ‘cataclismo‘ de proporciones bíblicas. He utilizado la palabra ‘cataclismo y no ‘problema’ con toda intención.

PROBLEMAS Y CATACLISMOS

Los problemas tienen soluciones, los ‘cataclismos‘ tienen consecuencias.

Un problema es que se te pinche una rueda del coche el día que sales de vacaciones con tu familia. Lo solucionas poniendo la de repuesto o llamando al servicio de ayuda en carretera, con lo que retornas a la situación original. Puede que manchado de grasa y con cierto retraso, pero sigues viaje.

Un ‘cataclismo’ es envejecer. Cabe asumirlo con dignidad, dedicarte al golf, irte de cruceros o hartarte de Viagra, pero nunca solucionarlo y retornar a la situación original.

Hasta la llegada de Internet el coste de recabar información, jerarquizarla y distribuirla limitaba el número de operadores y convertía a las empresas de comunicación en ‘guardabarreras‘.

GUARDABARRERAS Y ESCASEZ

La escasez de noticias, sumada a la dificultad para transmitirlas y el retraso en hacerlo, elevaba su valor.

El periodista aportaba valor porque tenía acceso privilegiado a las fuentes, controlaba la distribución de las noticias y era capaz de contar los hechos con talento literario o por lo menos con interés.

Ya no. Para empezar, vivimos en un planeta inundado de información, en el que las fuentes -partidos políticos, empresas, personalidades, científicos, colegios profesionales, asociaciones y hasta famosillos- han descubierto que pueden llegar directamente al público sin utilizar como intermediario al periodista.
Con la ayuda de una tecnología, cada día más barata y sencilla de manejar, cualquiera puede intervenir en el juego.

LA LECTURA SUPERFICIAL

A eso se suma que el lector se nutre esencialmente de titulares y tiene delante una oferta tan variada y enorme, que no va a pagar por lo que puede obtener gratis y moviendo un dedo.

Y para colmo, se ha volatilizado la publicidad. Los anuncios no son algo que necesite ir pegado a las noticias. Van donde hay público. Y un ‘Gran Hermano’ genera mucho más audiencia que el más acerado editorial de ‘El País’.

Los periodistas tendemos a ver nuestro trabajo en términos morales, casi como algo sagrado.

Con más arrogancia que sentido común, damos por supuesto que nuestra labor enriquece la democracia, porque en teoría llevamos alivio al afligido e intranquilidad al poderoso. Solemos creer que controlamos los excesos del poder y que esa actividad no tiene que estar sujeta a las exigencias de un negocio normal.

Craso error. No es que haya cambiado el modelo de negocio, es que no se avista ya negocio viable en el sector.

Que no salga de aquí: Sin el maná oficial, esto del periodismo va camino de convertirse en una mezcla entre la orden mendicante y el asaltante de caminos.

LA INEXORABLE MARCHA HACIA EL ABISMO

La prensa parece caminar sin pausa y con prisa hacia el abismo. Todavía las empresas no han sido capaces de atisbar el modelo de negocio que aparentemente hay en Internet y se sigue desplomando la difusión de sus ediciones en papel.

Durante los primeros siete meses del año 2013, los diarios habían perdido un 12,6% de su difusión. Y llegaron las vacaciones y el peligroso mes de agosto en el que se ha profundizado la caída en todas las cabeceras.

ABC‘ pierde un 14%, ‘El Mundo’ un 12,4% y ‘El País’ un 11,4%. ‘La Razón‘ es la que menos cae con un 1,2% interanual, mientras que ‘La Gaceta de los Negocios‘ se  hunde un 33%.

Agosto es tradicionalmente un mes en que cae la lectura de diarios y este verano no ha sido la excepción. No obstante, en la comparación con igual mes del año pasado los diarios han registrado caídas incluso peores de las esperadas.

En el caso de ‘El País’ que apostó por varias promociones para ‘sostener’ sus números, la caída en difusión fue del 11,4%, un dato que les deja en 285.649 ejemplares, el dato más bajo en doce meses para el buque insignia de Prisa.

En ventas las cosas han ido un poco mejor y el retroceso ha sido del 7,2% hasta situarse en 175.723 ejemplares.

En el caso de ‘El Mundo’, que intentó sacar pecho con las exclusivas que le pasaban el extesorero Luis Bárcenas y su abogado, logró al menos ahorrarse el coste de promociones, pero no evito el desplome en los kioskos.

El retroceso en difusión del diario de Pedrojota fue del 12% -en julio según la AEDE fue del 13%- hasta los 161.800 ejemplares.

En ventas el dato fue un 10,5% inferior que en agosto del año pasado con 127.019 ejemplares, al igual que ‘El País’ el dato más bajo en doce meses.El tercero en discordia es ‘ABC‘, registró una caída en la difusión del 14% para llegar a los 130.972 ejemplares en agosto.

Durante el verano, el diario de Vocento ha retirado la difusión conjunta en Cantabria, La Rioja, León y Salamanca, lo que ha permitido ‘limpiar’ su difusión. En el caso de las ventas el retroceso ha sido del 8,1% hasta los 99.146 ejemplares.

‘La Razón’ es el diario generalista de difusión nacional que les sigue en cuarto lugar con una caída del 1,2% en su difusión hasta llegar a los 75.822 ejemplares.

Es el mejor desempeño comparativo de la prensa generalista que se suma a un crecimiento de las ventas del 2,4% hasta los 49.312 ejemplares.

‘La Gaceta de los Negocios’ sigue en caída libre. En agosto su difusión cayó un 33,6% y ya está en los 16.988 ejemplares. El diario de Intereconomía sólo vende 8.029 ejemplares en quioscos.

El objetivo del Grupo parece ser consolidar un diario con 13.000 ejemplares apostando por la opinión y el deporte.

NOTA .- el artículo se elaboró originalmente para la revista del Consejo General de Procuradores de España.

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