Opinión / Kiko Méndez-Monasterio

La Gaceta: «Si Raúl del Pozo desvela dónde están esas mochilas de Bárcenas, se va a liar más parda que con la que encontraron en Vallecas»

Entre De Guindos y Montoro se ha jugado la partida de Palé de este Gobierno.

Y si a Wert le detesta el mundo amamantado por la subvención -en el que tanto escupía Cela-, a De Guindos le hacen vudú en las redacciones progres, porque todavía no se le ha escapado una estupidez para que puedan crucificarlo. Dime quién te detesta, y te diré que leyes estás elaborando. Al ministro de Economía le despedazan en las tertulias políticas, pero sólo durante la publicidad, porque los pecados que le achacan no queda bien airearlos en público, que todavía iban a parecer más sectarios. Duele de De Guindos que sea tan tecnócrata en todo, hasta en su filiación mística -eso casi les produce espumarajos-, y que se pasee por Europa con esa suficiencia de banquero. Que no somos Uganda. En esas pausas ocultas de la tele, los muecines de las tertulias le afean con rencor de clase su acento fresa, que es cierto que se parece algo al de Tamara Falcó, y que a veces consigue que sus comparecencias suenen como una canción de Julio Iglesias.

Pero lo suyo es que hable él como le dé la real gana, o sea, pero que acabe arrancando la mala hierba que los otros nos vendían como brotes verdes. Y eso es más dudoso. En cualquier caso, es lógico que todos los días baje la prima de riesgo si lo más criticado del ministro de Economía es ese tonillo algo pijín con el que se expresa.

A Montoro, sin embargo, le oímos siempre como una salmodia susurrante, parece que está hablando en pársel. Y si oye críticas a su gestión se alza como un ofidio en estado de alerta, entonces a ver quien sostiene esa mirada que amenaza con una inspección, y que siempre se acompaña de una frase tétrica.

Dijo un día: «A veces los creadores de opinión tienen problemas con Hacienda», y debe ser verdad, porque nadie le respondió ni lo más obvio: sí, tenemos problemas, pero no tantos como los que tiene el Partido Popular, que si Raúl del Pozo desvela dónde están esas mochilas de Bárcenas, se va a liar más parda que con la ídem que encontraron en Vallecas. A Montoro, en fin, le ha tocado el papel de villano, y lo ha cumplido hasta conseguir que el sheriff de Nottingham luzca como un filántropo.

Entre De Guindos y Montoro se ha jugado la partida de Palé de este Gobierno, que así se llamaba la adaptación patria del Monopoly. Por cierto que nunca entendí que en la Rusia soviética prohibieran ese juego, porque les habría servido para alertar de que en el capitalismo sólo puede ganar uno, que los demás jugadores se quedan sin nada, y ni siquiera hay pensiones para los eliminados. Nosotros estamos atrapados en la penúltima casilla, que es la de los impuestos.

Lea este artículo en La Gaceta.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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