OPINIÓN / Afilando columnas

Pérez-Maura (ABC) sigue empeñado a dar lecciones a Pedrojota: «El periodismo amarillo seguirá jugando a gritar y no a argumentar»

Pilar Rahola: "La intolerancia contra Catalunya sube muchos decibelios cuando habla Rosa Díez. Lleva bótox en el alma

¿Se imagina usted, estimado lector, que en nuestros ‘Afilando columnas’ nos dedicáramos a escribir cosas como ‘un articulista de un diario dice’, ‘un columnista de un periódico sostiene’, ‘en un artículo publicado en cierto rotativo…? Al margen de que resultaría el repaso a los espacios de opinión de la prensa de papel más absurdo que uno puede imaginar, a este humilde ‘afilador’ –apodo evidente puesto por sus compañeros de Periodista Digital– le parecería una absoluta falta de honestidad y elegancia.

Cuando se comentan los contenidos de otros medios de comunicación, nos parece elemental tener la cortesía de nombrar a aquellos de quién se habla. Eso por no hablar de que incluso ha de hacerse por respeto a los lectores, a los que no se les debe hurtar una información fundamental para que entiendan de quién se escribe. Hay, sin embargo, veteranos en esto del periodismo que parecen no compartir esa opinión y replican a sus rivales periodísticos sin citarles. El 3 de octubre de 2013 tenemos un buen ejemplo de ello.

Ramón Pérez-Maura, adjunto al director de ABC, denuncia un supuesto Periodismo amarillo en un artículo que defiende a los ex políticos que se sientan en consejos de administración de grandes empresas al tiempo que critica a los medios y a los periodistas que no comparten su opinión.

Un reportaje titulado «Por qué los exministros siempre caen de pie», publicado días atrás, arremete contra ejemplos como el del exministro de Asuntos Exteriores [Josep Piqué]. Porque, para algunos, no nos basta con tener la clase política peor pagada de Europa, sino que, además, quieren que siga sin poder hacer fortuna legítimamente en la vida privada.

¿Y dónde y cuando apareció el citado reportaje? Pérez-Maura no lo aclara, así que lo diremos nosotros. Fue publicado en el suplemento Crónica de El Mundo el sábado 29 de septiembre —Por qué los exministros caen siempre de pie–. No es la primera vez que el periodista de barba y mostacho decimonónicos pone en práctica esto de criticar a otros medios sin citarles. Ya ha cargado en el pasado contra El Mundo, sin llamarle por su nombre, por su tratamiento del caso Bárcenas o por defender unos supuestos «intereses bastardos» al entrevistar a la amiga entrañable del Rey, una Corinna a la que el director adjunto de ABC defendía con ardor.


Ramón Pérez Maura y Pedrojota Ramírez.

Pero volvamos al artículo que estamos comentando en esta ocasión:

Algunos siguen creyendo que el periodismo consiste en incitar la envidia en la ciudadanía contra personajes a los que no se puede acusar de haber cometido irregularidades en la vida pública y de las que tampoco se destaca que durante el tiempo que sirvieron a su país vieron sus remuneraciones drásticamente recortadas.

Termina presentando a esos políticos que saltan a grandes empresas con grandes sueldos como un ejemplo de meritocracia frente a unos periodistas envidiosos:

Pero los que son incapaces de ganar esas cifras con su trabajo prefieren descalificar a los que consiguen que el sector privado crea en ellos e invierta en sus capacidades.

Entretanto, el periodismo amarillo seguirá jugando a gritar y no a argumentar, porque para eso hace falta pensar. Y algunos hace mucho tiempo que demostraron que no han nacido para pensar, salvo que sea en negativo.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde Isabel San Sebastián se muestra muy crítica con el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante. Lo hace con el título de Líneas rojas:

SE acerca el PP al ecuador de la legislatura habiendo cruzado tantas líneas rojas que resulta difícil encontrar un solo compromiso electoral, ideológico o de principios que no haya sufrido el atropello de «la herencia recibida» o el «mal menor». Una agresión reiterada y constante en todos los ámbitos, así políticos como económicos, tanto más difícil de digerir por parte de los gobernados cuanto que faltan en el Ejecutivo humildad y coraje suficientes para reconocer el clamoroso error de cálculo y decir la verdad sin más disfraces.

Tras repasar numerosos compromisos electorales del PP, se plantea:

¿Qué ha sido hoy de todas esas promesas? Se han convertido en papel mojado. Una tras otra han sucumbido a la coyuntura, la cobardía o la incapacidad.

Concluye:

Podría ser peor, alegan en su defensa los responsables de esta gestión. Lo sería, añaden, si estuviera a los mandos un presidente socialista. Si tomamos como referente a Zapatero, seguramente tengan razón. Pero la pobreza del argumento salta a la vista. Porque el caudal de ilusión depositado en su día en el partido de Rajoy es proporcional a la decepción que provoca la situación actual y que reflejan las encuestas con un desplome del 12 por ciento de los sufragios obtenidos hace dos años. En poco más de uno el PP se jugará el futuro en las municipales y autonómicas. Tiempo para enderezar el rumbo o naufragar definitivamente.

En una línea parecida argumenta Román Cendoya en La Gaceta. Lo hace en su artículo Que no lo cuenten:

Si yo fuera del PP, lo último que haría para recuperar la expectativa de voto sería hacer salir a todos los líderes del partido a contar lo que ha hecho el Gobierno de Mariano Rajoy hasta ahora. Hay que estar loco, o ser Arriola, para hacer semejante barbaridad. ¿Qué van a decir los voceros de la gestión? ¿Contar que asumieron la hoja de ruta de Zapatero y soltaron a Bolinaga, que sigue en la calle vivito y coleando? ¿Decir que han subido la presión fiscal y los impuestos, hasta más allá de lo que proponía Izquierda Unida?

Ofrece una larga lista de ejemplos más, y añade:

La lista de incumplimientos electorales es tan flagrante y larga que no hay columna en la que quepa. Como los ciudadanos no son tontos, ante esta situación retiran su voto. Lógico. Es que el voto tiene un componente mucho más político de lo que los propios políticos creen.

Concluye:

En Moncloa alguna -alto cargo- se jacta de que el Gobierno de Rajoy es tan progresista que «la social democracia europea está a la derecha del PP». Así les va. Por eso, más que contar historias, quizás Rajoy tendría que ponerse a hacer políticas en la línea de lo que los ciudadanos creyeron que iba a hacer. Hay políticas que no cuestan. Sólo hay que tener gallardía para llevarlas a cabo. En el PP, más que pensar en contar lo que han hecho, deberían pensar en hacer aquellas políticas para las que fueron elegidos. Cada día que pasa es una oportunidad perdida.

Además, el PP tiene la gran ventaja de tener a Rubalcaba delante, con un PSOE que está en liquidación por derribo, una oposición dividida y sin liderazgo que consiente las veleidades del PSC que participa en foros donde tienen de asesor a Otegui, preso por pertenencia a banda terrorista. Más fácil no lo pueden tener. Pero por favor, para contar lo que pueden contar, mejor que primero hagan algo en la línea de lo que los votantes quieren oír.

Pasamos al periódico de la ‘disciPPlina’, donde Martín Prieto firma Mas contra el teorema de Pitágoras.

Arnaldo Otegui, «el chico bueno de ETA», conducía el automóvil con el que se intentó secuestrar a Gabriel Cisneros, uno de los redactores de la Constitución vigente, intentona terrorista saldada con una gravísima herida de bala al diputado popular que supo escabullirse como una ardilla. Corresponde a la lógica de las cosas que el president de la Generalitat cuente con su criterio para definir el «derecho a decidir» que revolucionará la historia de la jurisprudencia tal como el Código de Hammurabi de los sumerios babilónicos.

Añade:

El «derecho a decidir» equivale a que Mas y sus aventajados discípulos declaren, incluso con la mayoría absoluta, que en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es el triple de la suma de los cuadrados de los catetos. Si se ha matado tanto por decisión libérrima ¿por qué no asesinar a Pitágoras?

Recuerda que Belloch, que cuando era ministro «abría con pinzas las misivas de Fernando Paesa para no dejar sus huellas» y que ahora «ha recuperado la cordura» ha pedido una «intervención constitucional en Cataluña». Añade:

El angelical Zapatero, maestro del buenismo, decretó por primera vez en democracia el Estado de Alarma por una huelga de controladores, y no pasó nada. Intervenir Cataluña no es asunto de tropas y blindados sino de recordarle a Mas que es el máximo representante del Estado en su autonomía y, de empecinarse, sustituirle por un gerente durante un tiempo predeterminado hasta que baje el «soufle». No hace falta ni la Guarda Civil: los Mossos son Policía estatal.

Concluye con una crítica al presidente del Gobierno:

Consta que intervenir es la última opción del presidente Rajoy, pero dejar la idiocia de la decisión traerá migrañas.


Salvador Sostres.

En El Mundo, Salvador Sostres saca su lado más políticamente incorrecto para escribir sobre una de las últimas ‘celebrities’ tiuteras, el chico que se quejaba de tener dos carreras y estar limpiando aseos en Londres. Dice en Benjamín y los wateres:

Las dos carreras que Benjamín tiene son Periodismo y Relaciones Públicas, que viene a ser como comerte un Bonny 2 y pensar que ya has merendado en el hotel Sacher. Lo del máster, esa nueva modalidad de holgazanería cuando no de ensañarse en la interminable extorsión de los padres, no merece la pena ni comentarlo.

Sostiene que haber estudiado no tiene nada ver con merecer un trabajo, y añade:

Para encontrar trabajo hay que pelear, y pelear duro, y aferrarse a cualquier ofrecimiento, e insistir hasta la extenuación para conseguir primero, un pequeño espacio, e ir ensanchándolo luego, con todavía más paciencia y constancia.

¿Hay crisis? Pues claro. Pero los realmente buenos continúan teniendo su oportunidad. Manuel Jabois se convirtió en columnista de este periódico el año pasado, seguramente el más dramático, si tenemos que hacer caso de los que dicen que ya hemos empezado a remontar. Para el talento siempre hay espacio.

No hay nada indigno en servir cafés ni en limpiar aseos.

Concluye con lo que se puede considerar un ataque personal al tuitero:

Benjamín: si estás trabajando de camarero en Londres no es culpa de Inglaterra, ni de la crisis, ni de España; y si con la atención que has captado de tantos medios de comunicación no consigues que te hagan alguna oferta interesante, lo que realmente mereces es continuar regodeándote en la misma mierda de Twitter y los váteres.


Pilar Rahola.

Terminamos en Barcelona, en el periódico del Conde de Godó y Grande de España metido a independentista catalán. Pilar Rahola publica en La Vanguardia La antipolítica. Tras poner a Berlusconi como ejemplo de la antipolítica pasa a tierras españolas:

En España la antipolítica va entrando lentamente y no tengo duda de que aumentará sus posiciones en las elecciones del 2015. De entre los posibles aspirantes al trono de la salvación patria, vía revoluciones de bolsillo, hay uno que ya parte muy bien situado y cuya ascendencia ciudadana corre paralela a su desvergüenza dialéctica. Por supuesto hablo del partido de Rosa Díez y compañía, cuyo histrionismo está superando las peores previsiones.

Añade:

Me refiero a las muchas barbaridades que salen de la boquita o la pluma de sus voceros, léase Antonio Elorza cuando asegura en El País que el anuncio de reciclaje es separatista porque pide «separar» la basura, o la Díez, que asegura que PSC y CiU son el Amanecer Dorado español. Desde luego UPyD está más cerca de los movimientos a cara de perro que de los cachondos, y por ello, por la radicalización del debate público, son altamente tóxicos.

Concluye:

Es a causa del auge de UPyD que el propio PP se radicaliza todavía más, y desde luego la intolerancia contra Catalunya sube muchos decibelios cuando habla Rosa Díez. Y es que si Berlusconi lleva bótox hasta en el pelo, la Díez lo lleva en el alma.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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