OPINIÓN / Afilando columnas

Carmen Rigalt: «Si yo viviera en Cataluña apoyaría la celebración de un referéndum y votaría que No»

Rahola: "Si Aznar no mandara, Rajoy no habría dinamitado tantos puentes de diálogo"

Mirando al psicólogo infantil, el niño dijo: ‘En ocasiones, veo Aznares’. A este humilde lector de columnas no deja de sorprenderle las pasiones que, a favor y en contra, sigue levantando el ex presidente del Gobierno con tableta de chocolate en lugar de abdomen. El 16 de octubre de 2013 encontramos ejemplos de ambas posturas en los espacios de opinión de los periódicos impresos de Madrid y Barcelona. El tema estrella de la jornada sigue siendo, eso sí, el independentismo catalán. Pero antes de entrar en esas dos materias, veamos dos artículos sobre otras cuestiones que publica el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’.

El hombre de Duran i Lleida en El Periódico y periodista-intelectual orgánico de Unió Democràtica de Catalunya, Joan Barril, escribe un duro artículo contra el Gobierno y el partido del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante titulado Cómo ganar amigos.

Algo sucede en este mundo autocomplaciente del PP que prefiere el insulto al halago. Quizá el comentario más notorio fue el que en julio del año pasado gritó la diputada popular Andrea Fabra tras el anuncio de Rajoy de recortar las prestaciones del paro. «¡Qué se jodan!», dijo la niña Fabra pensando en los cientos de miles de parados. La semana pasada fue la vicepresidenta Sáenz de Santamaría la que convirtió a más de 500.000 parados poco menos que en delincuentes al acusarles de defraudadores por percibir un subsidio y sin embargo trabajar.

Y ahí está Montoro para decir que los sueldos no tan solo no han bajado sino que incluso han subido. Y ahí está Wert para decir que se han de devolver 20.000 becas porque los malos estudiantes no tienen derecho a lo que un día se les dio. Y ahí está Bauzá, afirmando que el fracaso escolar es culpa del catalán. Y ahí está Báñez, con el informe de sus expertos, metiendo miedo a los ancianos porque las pensiones -dinero que hemos ido entregando a cuenta- pueden bajar hasta el 45%. Poco falta para decir que un pensionista es un mal patriota porque se niega a morir.

Concluye:

Por cierto, en el Festival de Cine Fantástico que antes se llamaba de Terror y que se celebra en Sitges, se ha echado en falta la presencia en la alfombra roja de Cristóbal Montoro. A él, que tanto le gusta el cine español, le corresponde el último capítulo de Cómo ganar amigos, de Dale Carnegie versión PP.

No vamos a decir que no tiene razón Barril en mucho de lo que dice, pero ya puestos a recordar declaraciones insultantes, podría escribir un artículo similar con frases del democristiano más conocido en el lujoso Hotel Palace de Madrid o de sus socios de Convergencia.


Ferran Monegal.

El aconsejador voluntario de premios Nobel, Ferran MonegalMonegal da consejos al Nobel antinacionalista: «Vargas Llosa debería poner Intereconomía y 13 TV para ver la distorsión pavorosa con la que abordan el ‘problema catalán'»–, dedica Merceditas en Mongolia a cargar contra Mercedes Milá.

Este viaje en bicicleta por Mongolia ha sido inofensivo, pero lo de menos era Mongolia. Merceditas en acción, haciendo posturitas y piruetas, ensombrecería al mismisimo Gengis Kan aunque resucitase de pronto.

Sin embargo, lo jugoso del artículo, puesto que las fobias personales del portavoz del pájaro ‘Papitu'(al igual que a Maduro se le presenta el espíritu de Hugo Chávez en forma de avecilla parlanchina, Monegal tiene un canario que le cuenta sus opiniones sobre televisión) llega al final con un cambio de tercio –esperamos que nos disculpen por usar un símil taurino para referirme a un texto de un catalán publicado por un periódico de Cataluña, gula está tan proscrito como la foto del torero Juan José Padilla–. No nos desviemos, el crítico televisivo publica un ‘aparte’ final titulado ‘Desinforme Semanal’:

Ha declarado Pedro Erquicia, con tristeza, que desplazar Informe semanal a la madrugada ha sido una insensatez. ¡Ah! Erquicia es un periodista de prestigio. Fue el creador, y primer director, de este informativo, hace 40 años exactamente. Comprendo su desazón. Pero discrepo. Con esta maniobra lograrán lo que pretenden: que baje la audiencia, y así justificar su cierre. Yo prefiero que lo cierren. En pocos meses han conseguido desprestigiarlo totalmente. Ya resucitará cuando haya directivos que entiendan que TVE es un servicio público. No un servicio a La Moncloa.

Seguimos en Barcelona, donde nos encontramos con Pilar Rahola en el periódico del conde de Godó y Grande de España metido a inependentista catalán. La articulista de La Vanguardia dedica a Aznar una columna titulada El retorno:

De momento, no hemos oído a Aznar pedir que bombardeen Barcelona, pero como sus proclamas van subiendo de decibelios, seguro que acabará siendo el hombre del saco de los niños de este país. Y si además tiene la sombra alargada de Rosa Díez susurrando al oído que es demasiado «blando» con Catalunya, en una peculiar carrera para ver quién la tiene más larga -la verborrea estridente, por supuesto-, es difícil saber dónde estará el límite. Lo cierto es que Aznar va y vuelve a la política española como una especie de Guadiana que, surgido de las sombras, avisa con voz tenebrosa de los males que atenazan al reino. Y por supuesto, dichos males hablan catalán en la intimidad.

Añade:

El problema, sin embargo, no es que vuelva la garganta ronca de Aznar, sino que sus FAES del alma gobiernen por encima del propio Gobierno, y que sean sus Wert los que decidan cómo debe tratarnos. Rajoy gobierna pero Aznar manda, y ese axioma que suena a proclama izquierdista al uso, cada día parece lamentablemente más verdad. Y lo digo desde la convicción de que si Rajoy hiciera su propia política, no habría dinamitado tantos puentes de diálogo.

Al margen de la costumbre raholiana de referirse a FAES en plural, como si fueran muchas y no sólo una, nos parece bastante extravagante eso de que sea Aznar el que manda. Que influye en determinadas acciones del gobierno, es posible, que Rajoy sea su peón ya es cosa muy diferente. Pero lo realmente sorprendente es esa caricia llena de ternura al actual jefe del (poco) Ejecutivo, mostrándole como alguien más tolerante y abierto con el nacionalismo catalán. Quién sabe, igual hasta a Rajoy se le escapa una lagrimíta al leer esa frase y piensa algo del tipo: ‘si hasta Rahola sabe que en el fondo yo soy buen chico, los malos son estos de mi partido que se empeñan en eso de la unidad de España’.

Concluye:

Como escribí hace días, la estrategia es el choque, y por ello no lo frenan, sino que lo aceleran. En esta tesitura, lo más ruidoso no es el ruido de Aznar y su alumna respondona, sino el silencio de los que callan desde otros partidos, y en este caso, callan porque otorgan. Por ello pregunto retóricamente si esto es un pacto de dureza de ambas orillas ideológicas, para orillar el órdago catalán. Y cada día que pasa la respuesta es más evidente.

Por lo que se ve, sacar listados de agravios o decir eso de ‘España nos roba’ es tolerancia y no búsqueda de choque. Los intolerantes son siempre los otros.

Y si Rahola parece tener pesadillas con Aznar, el presidente de FAES parece provocar a Alfonso Merlos otro tipo de sueños. Más épicos, según se desprende de su artículo en el periódico de la ‘disciplina’. En esta ocasión no opta el articulista de La Razón por un título con reminiscencias a Andrés Pajares y Fernando Esteso. Directamente toma prestado el nombre de una de las películas más conocidas de quien después reía ‘Governator’ de California: Conan el bárbaro.

No es ésta una época de espadas y brujerías, como aquella en la que un joven Schwarzeneger combatía a las fuerzas del Mal. Pero si atraviesa un tiempo crucial España. Porque una partida de politicastros, en su delirio, pretende arrastrar a una hermosísima región hasta el fango, el atraso, las tinieblas: hasta lo peor de lo peor.

Añade:

Cuando Aznar consigue tras una brillante conferencia la reacción en tromba, el contraataque ultra del llamado frente soberanista es que simplemente ha acertado, es que ha contado las cosas como son, es que ha denunciado que aquellos que pretenden saltarse los semáforos en rojo deben ser detenidos y sancionados antes de que atropellen mortalmente a un periodista detrás de otro.

Concluye:

Como en aquella cinta mítica en la que Conan el bárbaro hacía justicia de la única manera posible en aquellos tiempos -a través de la fuerza bruta-, es ahora necesario dar a cada cual lo que se merece. Y distinguir a los que quieren el bien para nuestra nación de los que buscan su aniquilamiento y destrucción. ¿Queda claro?

Pasamos ahora a ABC, donde David Gistau comenta la estrategia del al apparatchik que creyó que siendo secretario general se convertiría en un líder socialista. El artículo se titula Retrato familiar:

La fotografía política más desalentadora de la semana pasada fue el retrato familiar que Rubalcaba se hizo, junto a los leones de San Jerónimo, con una amalgama parlamentaria cuya única coincidencia posible es la voluntad táctica de combatir la mayoría absoluta del PP. El propio Rubalcaba se refirió luego al nacimiento de una «mayoría distinta», proyectándose ya hacia las próximas elecciones para revocar por completo la actual legislatura.

Añade:

Lo alarmante es el embrión frentepopulista en el que ningún remilgo impide incorporar a partidos fajados en estrategias de ruptura y de colisión con el Estado, como ERC, o a otros, como Amaiur, cuya genealogía apesta a crimen.

También critica al actual Gobierno y al Rey –realmente ha cambiado el ABC–:

Si a esto se añade el repliegue y pasmo del gobierno -y, por añadidura, del Estado, con su jefatura incluida-, estamos a tan sólo un paso de que la vindicación de los valores y la ley constitucionales sea considerada tan sólo una excentricidad de Aznar para molestar a Rajoy y para suministrar a la susceptibilidad profesional de los nacionalistas un pretexto para anunciar la entrada de los carros de combate por la Diagonal.

Continúa:

No es difícil rastrear los complejos, que en el socialismo son más profundos desde el post-franquismo, que impiden fabricarle a España un sentido de pertenencia y una raigambre histórica que desbarate los delirios en que están basadas las leyendas negras contemporáneas. En parte, porque si el ciclo constitucional fracasó en algo, fue en emancipar a España de la apropiación por el franquismo, que todavía afecta incluso a generaciones que ven aquello como un tema de la enciclopedia. En la actualidad, hay un agravante, que es el agotamiento de ese ciclo, la resignación ante el colapso institucional, que permite a cualquiera que disponga de una coartada emocional o de un sentido improvisado del derecho natural instalarse en un ámbito en el que no es obligado ni cumplir las leyes

Concluye de forma pesimista:

Esta decadencia atroz, invalidante, ante la que tantos sólo encuentran el refugio del cinismo, ante la que el porvenir pierde todo punto de apoyo doctrinal, es la que otorga valor creativo a las aventuras rupturistas de las que apenas somos capaces de advertir que todas ellas traen incorporada una regresión hasta estadios históricos anteriores al 6 de diciembre. A la fecha que ya apenas nadie ve como la proeza evolutiva de una España a la que fuera grato pertenecer, pese a las imperfecciones y los errores de la Transición. Por eso huele tanto a años treinta.

Si salir del diario madrileño de Vocento nos encontramos con un Ignacio Camacho que escribe sobre El coste de la estupidez:

Cuando Montoro abra, por orden inexplicable del presidente, esa caja de Pandora de los agravios [las balanzas fiscales de las autonomías] que destruirán el concepto mismo de solidaridad nacional, conviene que tenga en consideración un intangible decisivo en el mecanismo financiero de las autonomías: el coste de la estupidez, el gasto suplementario de la banalidad.

Sin determinar esa suma boba, que devora ingentes partidas públicas en asuntos superfluos o triviales, es imposible entender la desigualitaria contabilidad del Estado autonómico. Se trata de un concepto primordialmente antieconómico – en el sentido en que el DRAE habla de «economía» como racionalidad en el empleo de bienes escasos- según el cual el orden de las prioridades no lo determinan las necesidades estructurales, ni la planificación ni la disponibilidad de los recursos, sino la voluntad política de construcción de identidades diferenciales. Un dinero, en suma, invertido en hacer que se note que determinada comunidad es ella misma y no otra, por lo general a costa de duplicar burocracia y servicios.

Concluye:

Un país que exige camareros trilingües para servir café en los trenes tiene derecho a conocer cuánto le cuesta el capricho de despreciar, entre otras economías más onerosas, la del lenguaje.

Terminamos en esta ocasión en El Mundo, con dos artículos sobre el independentismo catalán. Carmen Rigalt firma Nosotros, los catalanes:

No me gusta opinar sobre Cataluña. Para los que están muy vinculados a ella (o para aquellos que no lo están nada), opinar es fácil. Basta con dejarse llevar por la inercia. No es mi caso. Yo estoy entre dos fuegos y no me pronuncio por no enfrentarme a los míos. En casa estaba prohibido hablar de política. Las pocas veces que surgía el tema, mi madre cortaba por lo sano: «La política no os dará de comer».

Concluye:

Desaparecidos mis padres, los hermanos hemos evolucionado hacia posturas contrapuestas, lo que ha causado dolorosos enfrentamientos. En Cataluña yo siento una fuerte sensación de extrañamiento, pero en Madrid la carga del mensaje mediático me empuja a solidarizarme con los catalanes. El derecho a decidir es incuestionable (digan lo que digan las constituciones). Si yo viviera en Cataluña apoyaría la celebración de un referéndum y votaría que No.


Manuel Jabois
.

Por su parte, Manuel Jabois firma Te querré siempre:

Cataluña una marcha más en su estrategia independentista: pasar el código de barras del derecho a decidir. Si hasta ahora lo que se exhibía era la voluntad sentimental del pueblo por regir su propio destino, un señor con gafas y aire de administrador concursal sacó ayer la calculadora. Fue un momento incómodo; el tercer capítulo de un documento en el que antes se enumeraban discriminaciones no sujetas a ecuación.

Añade:

La Generalitat le pone así precio a los cuernos; es un giro confuso pero profundamente realista. Los expertos suelen aconsejar que no se haga política con las emociones sin saber que son las emociones las que mueven la política a la manera del David Mamet de Heist, que corregía al que decía que el amor mueve el mundo. «Es verdad: el amor al dinero».

Continúa:

Lo que el señor Homs ha venido a decir es que si ponemos a España en la balanza, y luego Cataluña sola con la ceniza que se ha fumado Madrid, salen 9.375 millones de euros. Es una manera matemática de resolver el sentimiento catalanista del poder, pero no el del pueblo. A estas alturas el presidente de la Generalitat no va a aparecer en helicóptero en medio de la Via Catalana con un megáfono: «¡Dispérsense, que ya han pagado!».

Como buen aficionado al balompié que es, Jabois concluye con un guiño futbolístico:

El Govern catalán calcula que unos 9.375 millones son motivo de divorcio. La cifra dimensiona el problema: con 8.000 empezó a negociar su independencia la ex mujer de Abramovich.

Ya sabemos que Abramovich es mucho más que el dueño de un equipo de fútbol inglés, pero estamos seguros de que Jabois sabe que para un lector español medio esta faceta del empresario es mucho más conocida que sus actividades en los círculos políticos-empresariales de la Rusia de Putin.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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