OPINIÓN / Afilando columnas

Martín Prieto: «Pilar Rahola aspira a ser portavoz de la I República Catalana, y es que todo es posible cuando sopla la tramontana»

David Trueba se mofa de la rebaja fiscal en Madrid: "Los madrileños, qué ilu, les restriegan por la cara sus tres eurazos mensuales a los rivales de otras autonomías"

Ignacio Camacho: "El eje de la próxima gran batalla electoral, la de 2015, no va a ser el de unos puntos de PIB ni el de unas décimas arriba o debajo de déficit. Será, y no parece demasiado difícil comprenderlo, el de un concepto de España"

Al PP y al PSOE les crecen los enanos, al menos eso apuntan las encuestas y el sentido común, en forma de UPyD y Ciudadanos. Es lógico que esto genere algún malestar en ciertos ámbitos periódicos, y esto tiene su reflejo en los espacios de opinión de la prensa de papel el 4 de noviembre de 2013. El peligro electoral que la formación de Rosa Díez supone para el Partido Popular es percibido con especial preocupación por el director adjunto de un rotativo en concreto. Pero no crea usted, querido lector, que se trata de La Razón o ABC. En absoluto, donde se masca el miedo es en el autoproclamado ‘diario de la Catalunya real’, muy próximo al sector más nacionalista del PSC. Tras avisar de nuestra llegada con la armónica del afilador, dejaremos constancia de esa y otras columnas de la jornada.

Juancho Dumall titula en El Periódico de Catalunya con una frase que, visto el contenido del artículo, es para él un aviso: Atentos a Rosa Díez.

UPD aspira a ser el partido bisagra en toda España cuando el PP pierda la mayoría absoluta. Desde esta perspectiva, el movimiento [romper el pacto de Gobierno con el PSOE en Asturias] de Rosa Díez es un aviso a navegantes. Con ella, los compromisos se cumplen. Y en este caso el compromiso era cambiar una ley electoral en Asturias que perjudica a las formaciones pequeñas. En este caso a IU y a la propia UPD. Y como el PSOE ha rechazado la reforma de la ley electoral, el llamado ‘partido magenta’ ha actuado con contundencia.

Al margen del empeño en cambiar las siglas de UPyD eliminando la i griega, llama la atención que el anterior párrafo parece un elogio al partido de Díez, pero es un mero espejismo.

Desde un nacionalismo español cada vez más agresivo con los nacionalismos periféricos, UPD sueña con que la coyuntura le permita en la próxima legislatura cambiar las reglas del juego -ley electoral- y lograr una posición de ventaja en el Congreso para orientar la política del Gobierno de turno hacia una recentralización del Estado.

La defensa de la «unidad de la nación española», proclamada de nuevo por la líder, se sitúa ahora en el centro de la acción de UPD. Por eso su prisa por colar el martes en el Congreso una moción contra el derecho a decidir.

Y, para El Periódico, estar en contra del denominado ‘derecho a decidir’ es algo muy, pero que muy malo.

El nuevo columnista de Periodista Digital y gran conocedor de los entresijos peleros, Antonio Martín Beaumont, contaba en un artículo del 2 de noviembre que en el Partido Popular están enfadados con Isabel San Sebastián por su discurso durante la concentración en apoyo a las víctimas del terrorismo —El cabreo del PP con Isabel San Sebastián, los fans mediáticos y la lista de las Europeas–. Tras el artículo que la columnista publica dos días después en ABC, el cabreo con ella sin duda alguna habrá aumentado. Se titula Por las buenas o por las urnas.

Somos muchos españoles los que compartimos con [Albert] Rivera la angustia de constatar que, si nadie se pone urgentemente a la tarea de impedirlo, nuestro país avanza inexorablemente hacia su destrucción. Muchos españoles los que pensamos que el nacionalismo separatista sobrepasó hace tiempo los límites de la deslealtad constitucional tolerable, sin que desde ningún gobierno central se le pararan los pies con la determinación que habría requerido el desafío. Muchos españoles los que vemos con inquietud la tendencia de las dos grandes formaciones supuestamente nacionales a reproducir en su funcionamiento interno lo peor del modelo autonómico; a saber, la transformación de cada sucursal regional en una pequeña taifa en la que la conveniencia electoral local prevalece sobre el ideario común y por supuesto sobre el interés general. Una enfermedad contagiosa, esta última, a la que el Partido Socialista sucumbió sin remedio en la etapa del presidente que consideraba la Nación «un concepto discutido y discutible», hasta el punto de perder por completo su identidad, y de la que el Partido Popular empieza a mostrar síntomas alarmantes.

Tras repasar varios problemas del país, San Sebastián dice:

 

Hasta ahí el diagnóstico, cuya gravedad requiere de un tratamiento de choque «por las buenas o por las urnas», como dice el movimiento cívico impulsado por Rivera desde Cataluña. Lo más deseable, llegados a este punto dramático, sería que PP y PSOE aparcaran sus diferencias y tuvieran la responsabilidad de rubricar un gran acuerdo destinado a evitar el naufragio de la nave remando juntos y en la misma dirección. En su defecto, considerando la holgada mayoría absoluta de la que dispone el Ejecutivo de Rajoy, podríamos esperar de él una actuación implacable en todos los frentes mencionados, que fuera en la línea de lo que recogía el programa con el que ganó.

Concluye:

Si fallan ambas posibilidades, cosa en absoluto descartable, sólo cabe augurar un desencanto creciente, un alejamiento generalizado por parte del electorado que conduzca a estos dos partidos al descalabro que anuncian ya las encuestas. Habrá llegado entonces la hora del «por las urnas». Existirá, yo confío en que así sea, una opción refugio en la que hallar esperanza. Aire fresco. Una bisagra capaz de repartir juego democrático con la limpieza y la ilusión que demanda esta pobre España cosida a puñaladas traperas.

Nos parecer que estamos ante otra fan de Albert Rivera y su movimiento. Tienen motivos de sobra en el PP para tener miedo a que el líder de Ciudadanos se lance a la arena política de fuera de Cataluña.

También en el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho escribe sobre la situación del PSOE. Titula El mecano.

La verdad la dicen sólo los niños, los borrachos y algunos portavoces despistados como el del Partido Socialista de Cataluña. El ciudadano Maurici Lucena acaba de declarar en alto lo que muchos barruntaban en voz baja: que si el PSOE alcanza el Gobierno será factible la consulta soberanista del presunto «derecho a decidir».

Sostiene que la intervención de Lucena destapa la siguiente sospecha:

La de que el frente nacional que pretende liderar Susana Díaz no sería más que una estrategia tranquilizadora al servicio del objetivo esencial de la recuperación del poder. Y que una vez alcanzada la meta, solos o en compañía de otros, los socialistas retomarían la agenda federalizante que aflojaría los pernos de la cohesión española mediante una reforma constitucional permisiva con las aspiraciones del soberanismo. Otra vez el relativismo de la nación discutida y discutible, otra vez el juego de alianzas basculantes en torno al eterno debate del modelo estructural de España.

Concluye:

Si esa tendencia a la centrifugación de la soberanía no se ha hecho más explícita es porque la dirección socialista teme entregarle al PP la baza exclusiva de la defensa de un proyecto nacional homogéneo. Lo paradójico del caso es que el Gobierno no aproveche la oportunidad para reforzar un principio que está en la base ideológica del centro-derecha desde su refundación aznarista. Y que no se afirme con la contundencia aconsejable en el énfasis de integridad unitaria que le están madrugando las fuerzas terceristas como UPyD y Ciudadanos. El eje de la próxima gran batalla electoral, la de 2015, no va a ser el de unos puntos de PIB ni el de unas décimas arriba o debajo de déficit. Será, y no parece demasiado difícil comprenderlo, el de un concepto de España.


Martín Prieto.

Pasamos ahora al periódico que este 4 de noviembre cumple 15 años de ‘disciPPlina’. Encontramos en La Razón una columnas de Martín Prieto titulada El teatro furioso del noreste. Comienza con lo que no sabemos si es una chanza:

Cuentan que mi querida Pilar Rahola aspira a ser portavoz de la I República Catalana, y es que todo es posible cuando sopla la tramontana.

Por si algún despistado no ha caído en ello, según la creencia popular, ‘cuando suena la tramontana’ la gente se vuelve loca. Añade Marín Prieto:

El enésimo independentismo catalán siempre fue muy dado a la representación, al teatro furioso o al pánico de Fernando Arrabal. La Fura dels Baus tenía que nacer en el Noreste como Els Joglars de Albert Boadella habían de acabar en la meseta.

Sostiene:

El independentismo es pulsión o compulsión, federación o confederación. Es el benaventiano tinglado de la vieja farsa y los nuevos intereses creados. Pese a toda la tramoya que se está organizando tras las bambalinas Cataluña no va ser un Estado independiente, al menos en lo que queda siglo, y para el siglo XXII tanto nos dará que hayamos parcelado España vendiéndola a los chinos.

Concluye:

Se desconoce la fuerza legal que posee el Gobierno legítimo de la Nación para hacer cumplir la Ley, sin recurrir al Estado de Alarma y la militarización de los controladores áereos como hizo Rodríguez Zapatero con su ínclito Pepiño Blanco. Si Artur Mas y su extraño séquito emulan a Maciá y Companys ni siquiera irían a la cárcel a menos que el Tribunal Supremo obrara de oficio. No penarían por sedición sino por malos actores sobreactuados.

Terminamos en El País. El crítico televisivo que suele escribir sobre casi cualquier tema menos de televsión, David Trueba, muestra su desagrado por el hecho de que a los madrileños se nos vaya a robar un poquito menos vía impuestos. Sí, estimado lector, ha leído usted bien, este humilde lector de columnas sostiene que los impuestos son un robo. ¿Lo pone usted en duda? Según la primera acepción de ‘robar’ en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), robar es: «Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno». Intente usted no pagar impuestos, no descarte que la violencia estatal le haga acabar en comisaría o incluso en la cárcel. Ahora veamos la segunda definición que da el DRAE: «Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea». Ahí no queda duda alguna, ¿verdad? El dinero que el Estado (lo que incluye a ayuntamientos y comunidades autónomas) se queda a través de los impuestos es de los ciudadanos, algo ajeno a quién se lo queda.


David Trueba.

Pero no nos apartemos del tema y vayamos a la columna de David Trueba, titulada Qué ilu.

A veces las tertulias televisivas funcionan al revés que la dinamo de una bicicleta. Cuantas más pedaladas dan, menos luz arrojan. Pero al margen del decorativo rifirrafe hay esperanza. Comienza a ser una exigencia la presencia de técnicos o especialistas que en una pizarra o con gráficos son capaces de alumbrar datos comprobables.

«Pero, afilador de columnas, si Trueba está escribiendo sobre televisión, por mucho que usted sostenga la contrario», nos podrá replicar el lector. Y tendrá razón, pero pronto verá que es tan sólo una excusa para tratar el tema que les interesa:

La noche del sábado, en el debate de La Sexta, fue apreciable que el periodista Fernando Garea tradujera la reducción de impuestos anunciada por la Comunidad de Madrid a la economía familiar. En muchos casos la cifra del ahorro no superaba los tres euros mensuales. Regalo contable que se compensa sin esfuerzo con la privatización de la sanidad y el alza de tasas educativas.

Concluye:

Entre los primeros ilusionistas de la historia, de los que dejan constancia algunos jeroglíficos egipcios, y los maestros del escapismo, ya hijos todos de Houdini, nos falta añadir a los ilusionistas fiscales. En uno de los trucos más celebrados este año, las pensiones han subido, aunque baja el dinero real del que gozan los jubilados. ¡Qué ilu!, habrán exclamado muchos abuelos, copiando la expresión de entusiasmo de sus nietos. Así los madrileños, qué ilu, les restriegan por la cara sus tres eurazos mensuales a los rivales de otras autonomías. Rivales, sí, porque la idea de país común y solidario anda huérfana de ilusionistas.

Pues a algunos esto de la competencia fiscal entre comunidades nos encanta. Y ojalá fuera posible en una mayor medida. Por nimia que sea, cualquier bajada de impuestos es buena, ojalá el ejemplo de Madrid cundiera en el resto de España. Por cierto, cada vez es más evidente que Trueba tiene una especial inquina a los ciudadanos madrileños. ¿Será debido a que no se matan por leer sus columnas, a que no aprecian su cine como él cree que deben hacerlo o, simplemente, a que se empeñan en no votar al PSOE? Misterios del columnismo español.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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