OPINIÓN / Afilando columnas

Carrascal, en defensa de Rajoy: «Independentistas y víctimas del terrorismo son tan fáciles de soliviantar como difíciles de convencer»

El Periódico de Catalunya equipara a Marine Le Pen, Rosa Díez y Albert Rivera como "sembradores del caos"

Anson, celoso de fiesta de La Razón: "Pedro J. Ramírez quiere que las nuevas generaciones tomen el relevo del periodismo, indiferentes al número de ministros que acudan a sus conmemoraciones"

El 2 de noviembre de 2013, nada más levantarnos, emprendimos nuestro ritual de todos los sábados: salir a la calle, acercarnos al quiosco para comprar la prensa y acto seguido a la pastelería a comprar dos cruasanes. Nos llevamos una triste sorpresa. Al entrar en la pastelería nos encontramos con el escenario de un cierre, los propietarios de ese local que nos proveía de una excelente bollería artesanal a buen precio cada semana desde hacía cerca de dos años no tuvieron más remedio que rendirse. La crisis, sumada a los altos impuestos y la burocracia, les había derrotado. No volveremos a pisar el Horno Sweet Heart, uno de esos pequeños comercios de calidad regentado por unas excelentes personas, y es algo que nos apena.

Pero nos mantendremos fieles a otras tradiciones, como la de tocar cada día laboral nuestra armónica de afilador y dejar constancia de lo más destacado de los espacios de opinión de la prensa de papel española. El 5 de noviembre de 2013 vienen surtidos de una amplia variedad de temas.

En la prensa subvencionada catalana se notan los nervios ante las buenas perspectivas electorales de UPyD y de Albert Rivera si, como todo apunta, su Movimiento Ciudadano termina convirtiéndose en un partido político de ámbito nacional. Son especialmente evidentes en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya Real’. Uno de los directores adjuntos de El Periódico, Alberto Sáenz, titula Un mundo caótico, y retrata a Rosa Díez y Rivera como los equivalentes españoles al neofascismo del Frente Nacional francés:

Vemos cabalgar en las encuestas a lomos de la crisis a Marine Le Pen, Rosa Díez o Albert Rivera. Todos ellos unidos por el común denominador de construirse sobre los restos de las respectivas socialdemocracias locales. Nacidos de la propaganda de la prensa de derechas que empieza quejándose de los abusos del Estado, sigue denunciando la corrupción y acaba proclamando que todos los políticos son iguales.


Rosa Díez.

Al margen de que hay que ser muy retorcido para ver a los líderes de UPyD y Ciudadanos como los iguales de una dirigente neofascista, es absurdo eso de que «nacen de la propaganda de la prensa de derechas que empieza quejándose de los abusos del Estado». Sin entran en materia gala, ver en un partido socialdemócrata como UPyD impulsos ante los abusos del Estado es forzar mucho la máquina. También resulta llamativo que se lance el reproche de que esa prensa «de derechas» denuncie la corrupción. Es cierto que ni El Periódico no La Vanguardia han destacado en ese terreno de denuncia, de hecho han criticado a todo periodista y medio de comunicación que ha informado sobre las corruptelas de los Pujol y otros dirigentes nacionalistas.

Concluye:

Los partidos tradicionales se quejan de este ascenso. Pero deberían ser más autocríticos. Especialmente porque la demagogia de los sembradores del caos descansa sobre su incapacidad de corregir los errores del sistema. Amedrentarse ante el corporativismo de los servidores públicos acaba por poner en riesgo la autoridad de la policía.

Pues nada, no pongamos en duda nunca la autoridad de la policía. Sobre todo si esta es el cuerpo de los Mossos d’Esquadra, que en los últimos años ha protagonizado varios escándalos por torturas y palizas, llegando a su punto culminante con el asesinato a golpes de un empresario del ‘Gayxample’. Esto último sí es muy parecido al fascino.

En el periódico del conde de Godó y Grande de España metido a independentista catalán nos encontramos con un artículo de María Dolores García titulada Guardianes de las esencias. La columnista de La Vanguardia dice:

El debate independentista está dinamitando la tranquilidad interna de la mayoría de los partidos catalanes. Salvo Esquerra y Ciutadans, el resto lo vive con zozobra.


Albert Rivera.

Tras repasar de forma breve la situación en CiU dice:

El PP alberga desde hace tiempo un sector de acentuado liberalismo que discute el liderazgo de Rajoy, pero que además ejerce de guardián de las esencias patrias. Es un tea party en toda regla.

¿Acentuado liberalismo en el PP? ¿Pero dónde? Este humilde lector de columnas cree que eso es una leyenda urbana, y más desde que mandan el registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante y el ministro con aspecto de sentir adveración al ajo y cargado de ansias de chupar la sangre de nuestras cuentas corrientes. Nos referimos, claro está, a Montoro.

Añade:

Mientras, los barones del PP promueven su propia versión del nacionalismo victimista (basado en el anticatalanismo) para lograr réditos en casa. El PSOE sufrió de ese mal cuando gobernaba y no se ha deshecho del vicio. La nueva líder andaluza, única socialista que de verdad toca poder, echa mano de las mismas artes.

El liderazgo de Susana Díaz está tierno. Aún debe pasar por el trance de ganar unas elecciones. Pero ella ya apunta maneras y ha decidido que, para forjarse el carisma, la mejor estrategia es evitar el choque frontal con el rival, el PP, y practicar el tiro al plato con Zapatero y con Catalunya.

Continúa:

Cuando el liderazgo es débil -y en los últimos tiempos no se conoce ninguno fuerte-, la demagogia es el mejor flotador. Ello disculparía a la presidenta andaluza, pero es que al PSOE le está creciendo también su particular tea party al calor del debate independentista. Como en el PP, los Guerra, Benegas, Chaves… se erigen en custodios de la patria.

Y, dado que estamos con el PSOE, este afilador de columnas informa al amable lector que el ladrillo político del día, especialmente espeso y falto de contenido real en este caso, nos lo vuelve a ofrecer El País. Lo firma el coordinador de la Conferencia Política del PSOE, Ramón Jáuregui, y se titula Una izquierda con vocación de mayoría. Como en otras ocasiones advertimos que si alguien quiere perder su valioso tiempo leyendo esto debe hacerlo bajo su propia responsabilidad. Desde aquí ya les decimos que no merece la pena.

Y sobre la conferencia política que van a celebrar los socialistas escribe en el periódico de la ‘disciPPlina’ Javier González Ferrari. Su artículo en La Razón se titula Conferencia con demora.

Se demoran los dos grandes asuntos que de verdad interesan a la mayoría de los militantes y simpatizantes del partido. Para cuando unas primarias que garanticen un liderazgo para afrontar los próximos procesos electorales y, sobre todo, cual es la postura de la actual dirección respecto al desafío soberanista en que sigue enrocado Artur Mas.

Concluye:

Saldrán hermosas propuestas para un futuro de felicidad de los españoles si vuelven a darle el gobierno al PSOE aunque, para que eso ocurra, tengan que pactar hasta con el mismo Diablo. Y si digo Diablo es porque estoy pensado en Bildu-Amaiur, o como coño se llame en las próximas generales las formación de los proetarras. Seguramente es por esto que los socialistas se han negado a apoyar las mociones contra los asesino excarcelados por la sentencia del Tribunal de Estrasbugo. No vaya a ser que en 2015 los necesiten para volver a La Moncloa.

Pasamos ahora a ABC, donde José María Carrascal se plantea en el titular de una ‘tercera’ ¿Y si Rajoy tuviera razón?. Al margen de la ironía de que Rajoy estuvo en La Razón unas horas antes de la publicación de ese artículo, ya les adelantamos que el hombre que lució las corbatas más llamativas de la historia de la televisión en España sí parece creer que el hombre que se paseaba con un puro por las calles de Nueva York sí que está haciendo las cosas bien.

Lo más fácil hubiera sido seguir poniendo parches, como hacía Zapatero, o acogerse al rescate, como aconsejaban muchos expertos, y dejar que nos llevaran. Pero tras el error inicial de esperar a las elecciones andaluzas, Rajoy se trazó un plan que ha seguido a rajatabla, sin importarle las críticas que cosechaba: sanear la economía y olvidarse de todo lo demás. De las próximas elecciones. De lo que ETA pudiera hacer. De lo que el independentismo catalán pudiese tramar. De lo que las voces dentro de su partido le pudieran pedir. Sin decirlo, Rajoy ha puesto en práctica lo que Clinton gritó a uno de sus ayudantes que le venía con la política: «¡Es la economía, idiota!», convencido, al parecer, de que si se resuelve el problema económico, todo lo demás se resolverá por añadidura.

Incluye lo que es una evidente crítica a las víctimas del terrorismo por protestar por la sentencia contra la doctrina Parot y las falta de sensibilidad del Gobierno de Rajoy hacia ellas:

Tras asegurarse que ETA ha dejado de matar -aunque no haya entregado las armas-, Rajoy no ha querido ir más lejos, sin preocuparse demasiado de los presos etarras o de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que les libera, lo que ha causado, como podría imaginarse, indignación entre las víctimas del terrorismo, que vienen a ser algo así como la reserva espiritual del PP. Y el «yo no les vuelvo a votar» empieza a oírse demasiadas veces en ese santuario como para no resultar alarmante en Génova. Se trata de dos colectivos, el independentista y el de las víctimas del terrorismo, tan fáciles de soliviantar como difíciles de convencer.

Ahí es nada. En una misma frase se equipara a los independentistas (entre los que, en el caso vasco, se encuentran los etarras) con las víctimas del terrorismo y se muestra a unos y otros como radicales. Que triste es esta jugada por parte de alguien que hasta ahora había sido sensible con quienes han sufrido de cerca el azote de ETA.

Añade:

Rajoy sabe que tiene sólo un año para que su plan surta efecto. El 2015 será ya año de elecciones, en el que poco podrá hacerse, convirtiendo 2014 en el año clave de su mandato o mandatos, pues una victoria parcial no le vale, como no le valió la de Andalucía. Tiene que volver a obtener la mayoría absoluta, algo que sólo podrá obtener si la recuperación está claramente en marcha. ¿Lo logrará?

Según mi opinión, sí. No por lo que haga Rajoy, que va a seguir haciendo lo mismo, sino por lo que no van a hacer sus enemigos: el PSOE está roto, los nacionalistas empiezan a recoger velas y los rivales dentro del PP serán los primeros en callarse por la cuenta que les tiene. Y, en último término, porque la historia discurre más rápida que nunca.

Concluye:

Puedo, naturalmente, equivocarme. Puedo incluso confundir deseos con realidades. Pues la realidad que emerge tras una derrota de Rajoy, aunque logre más votos, sería la que impera hoy en Cataluña y en Andalucía. Y hasta ese punto no creo que estemos tan confundidos la inmensa mayoría de los españoles.

Menudo cierre esa apelación al voto del miedo.

Terminanos este repaso a los espacios de opinión en el diario de Unidad Editorial. El antaño director de periódicos destila azucar y miel en honor de Pedrojota Ramírez. Luis María Anson titula El Mundo se instala en el periodismo del futuro:

Pedro J. Ramírez ha entendido muy bien el desafío digital y ha sabido cambiar de piel y adentrarse en el intrincado camino del mundo electrónico. La composición caliente, la rotativa convencional, el offset, el periódico impreso y la multimpresión son ya prehistoria. Los periodistas marchamos francamente, y El Mundo el primero, por la senda digital.

El vehículo de la información ha cambiado y hoy, como ha escrito Pedro J. Ramírez, hay que adentrarse en la terra incognita de la llamada digital. Pero la esencia del periodismo permanece idéntica.

Carga contra quienes no lanzan, desde otros medios, loas a la nueva gran apuesta de Pedrojota:

Los cicateros de turno acogerán el éxito y la visión anticipadora de El Mundo con el silencio o con el desdén. La objetividad, sin embargo, exige reconocer que los periodistas españoles estamos de enhorabuena porque, por fin, un periódico impreso se ha decidido a fracturar de forma completa el hielo digital, despejando los horizontes para que el periodismo recupere o consolide su fuerza en la sociedad y los profesionales encuentren trabajo serio y estable.

Concluye:

Pedro J. Ramírez quiere que las nuevas generaciones tomen el relevo del periodismo y que se vuelquen en la excelencia informativa, permaneciendo indiferentes al número de ministros que acudan a sus conmemoraciones. Las campanas digitales doblan ya por los periódicos alfombra y también por los periódicos sectarios y excluyentes.

Este final es un puro ataque de celos, con esa referencia al número de ministros que acuden a conmemoraciones. Mientras que El Mundo presentaba su criatura sin la presencia de los primeros espadas de la política, una buena parte del Gobierno acudía a la fiesta del 15 aniversario de La Razón —La Razón tira la casa por la ventana: «¡Cuántas bandejas de jamón, parece un congreso de la UGT!»–.


Antonio Lucas.

Pero hay otros temas en El Mundo. Antonio Lucas escribe sobre las corruptelas sindicales andaluzas. Lo hace con el título de El rebujito:

El sindicalismo andaluz de UGT ha hecho del rebujito la máxima evidencia de su corrupción. Al final los trincarán por la catarsis del fino con Seven Up. Un hombre que falsea una factura para mamarse de algo así está pidiendo que le enjuicien. Uno cree aún en la izquierda por cosas opuestas a este festival de estiércol. Y uno descree de la izquierda cuando algún heraldo exclama que denunciar algo así allana el camino a la caverna. Pero es que la caverna sois unos y otros, desbordados de delitos.

Compara los sindicalistas pasados y presentes:

Hubo gente como Nicolás Redondo. Seres nobles como Marcelino Camacho. Conseguidores en lo peor de la tormenta. Pero ahora es el turno de tipos que no valen el aire que aspiran. No sólo el tal Mestre, sino los cómplices del abuso. Los centinelas de la hormigonera. Los que no saben decir una verdad sin apoyarse en la mentira. Los silenciosos. Los Cándido Méndez. Los avalistas del caudillismo aldeano, del rebujito, del trapicheo autonómico. Los Luis Candelas de caseta.

Concluye:

Seis millones de parados no les deben ya nada a los sindicatos. Otros tantos millones de currelas, tampoco. Pero ellos se apuntan como trabajado el día del rebujito. Lo mejor es que hubo un pringao que en medio de la conga pidió agua, según la comanda pagada con factura falsa. Eso les delató. Y ahora buscan al abstemio, vivo o muerto.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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