OPINIÓN / Afilando columnas

Millás, molesto con el PSOE por ser poco socialista: «Rajoy es un continuador aplicado de la política del ‘cueste lo que cueste’ de Zapatero»

Raúl del Pozo, sobre la no imputación de la infanta Cristina: “El fiscal cree dar un escarmiento a los tertulianos cuando lo que hace es exculpar al poder”

La bajada de temperaturas comienza a notarse en Madrid en general y en Periodista Digital en partiular. El oteador de portadas Juan Velarde (@JuanVelarde1972) ha comenzado a lucir su colección de chalecos. Como él mismo confiesa, la prenda que luce el 15 de noviembre de 2013 le hace aparecer como el hermano no reconocido de Zipi y Zape —Maniobras para evitar imputar a la Infanta y suelta masiva de etarras, ¿quién va a creer así en la Justicia?–. Y si esos gemelos de tebeo se caracterizaban por sus múltiples trastadas, en los espacios de opinión de la prensa de papel hay quienes comentan hechos que más que trastadas merecen un apelativo mucho más grave, como los etarras saliendo en masa de las prisiones española. Pero, y sin imitar a nuestros compañero y buscarnos a nosotros mismos un parecido razonable, entramos en materia con un asunto distinto.

En el periódico del conde de Godó y Grande de España metido a independentista catalán encontramos un nuevo artículo sobre el ‘Nen de la xancleta’. Antonio Puigverd escribe en La Vanguardia Savoranola. Resulta curiosa la percepción que tiene el columnista sobre el aspirante a Kruschov con barretina y butifarra. Por una parte le causa cierto rechazo pero al mismo tiempo siente por él cierta admiración.

Si la izquierda poscomunista en general (y la catalana en particular) parece estar obsesionada en rellenar el vacío que tiempo ha dejó el viejo clero moralista, los de la CUP son la quintaesencia del moralismo de izquierdas (sólo superados por la hermana Forcades, que pugna por compartir el púlpito con ellos).

Pero esta semana hemos descubierto que la CUP es, fundamentalmente, una versión grunge de la decadente izquierda-caviar.


David Fernàndez y Nikita Kruschev.

Añade:

La sandalia de Fernández es más agreste que las sentencias morales que emite con palabras tan cortas como sonoras: mafia, gángsters. Su sandaliazo retórico simbolizaba la paliza que las masas castigadas por la crisis querrían pegar a los causantes de sus desgracias.

Sostiene:

Se trataba de un juego: escenográfico, visual, posmoderno. Tan sugestivo, y tan vacío, como la desnudez con la que debutó Albert Rivera.

Es injusta esa comparación con el bautizo electoral de Rivera mostrándose como su madre le trajo al mundo. En dicho cartel no había amenaza a nadie, no existía conato de agresión. Sin embargo, el hecho de blandir la sandalia y la pregunta sobre si siente miedo sí tiene algo de escenificación amenazante.

Concluye:

Evaporada la escena teatral, la vida sigue igual. Rato continúa asesorando el banquero Botín y, a pesar de la performance, las heridas del pueblo siguen doliendo. Fernández ha protagonizado una versión posmoderna de las magníficas hogueras que el severísimo fraile Savoranola organizaba en la Florencia de los Médici predicando contra el lujo, la avidez y la depravación de los poderosos.

Savarola, no sobra decirlo, fue en su época un antecesor cristiano de los talibanes o los ayatolás iraníes. Él y los suyos destruyeron en las «magníficas hogueras» que fascinan Pueigverd todo lo que consideraban depravado, lo que incluía ejemplares únicos de la literatura romana o griega, obras maestras de la pintura renacentista. El suyo fue un reinado del terror en nombre de la moralidad y la fe.

Viajamos ahora a Madrid y en la contraportada de El País nos encontramos con que Juan José Millás se pregunta ¿Merece la pena? Dice del PSOE:

Nuestra duda, y parece que también la de ustedes, es si lo son [socialistas]. Todo apunta a que, mentalmente hablando, y pese a la interpretación febril de Pérez Rubalcaba, se encuentran ustedes en la misma lógica que el PP. Fue Zapatero el que abrió, con sus reformas, el camino en el que nos encontramos. Rajoy es un continuador aplicado de la política del «cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste».

Concluye:

La gente piensa que el PP está haciendo el trabajo sucio al PSOE. En la Conferencia Política no se mencionó, por ejemplo, la posibilidad de que, aun siendo de verdad socialistas, la señora Merkel les impidiera actuar como tales. De hecho, parece que fue ella la que ordenó a Zapatero prepararlo todo para que el PSOE perdiera las elecciones. Eso, si es cierto, hay que decirlo también para que conozcamos los márgenes de maniobra y decidamos si merece o no merece la pena votar.

Lo que tal vez no percibe el señor Millás es que el parecido entre PSOE y PP radica en que ambos son socialistas, que lo que les diferencia son matices. ¿O nos va a decir ahora que la nacionalización de bancos y las múltiples subidas de impuestos son propios de liberales? Y curioso que lo que le sirva a Millás para votar o no votar sea la ‘pureza’ socialista de izquierdas del PSOE, y no los resultados de su política.


Raúl del Pozo.

Pasamos ahora a El Mundo, en cuya última página publica Raúl del Pozo Infanta y vileza. Con ese título no hace falta explicar sobre qué trata.

La infanta [Cristina] no se dedicaba a dar puntadas al faldellín de raso; como en el romance, la Reina se quedaba en casa pretextando jaqueca y a la niña tanto Beethoven le cargaba, así que se iba a sablear a los aduladores de la tierra de las flores y de las Hespérides.

Añade:

El fiscal anticorrupción Pedro Horrach rechaza la imputación de la Infanta Cristina por falta de indicios. Desconoce el mandato del burlador de Sevilla: quien tal hace, que tal pague. El juez y el fiscal se dan tirones en las sotanas y ponen a la Monarquía al pie de los caballos cuando más necesitamos su signo semiótico no teñido de divinidad, sino de achaques.

Sostiene:

El fiscal cree dar un escarmiento a la pulsión populista y a los tertulianos cuando lo que hace es exculpar al poder. Sostiene que no hay elementos para encausar a la Infanta, ignorando que el fiscal tiene facultad para acusar no para absolver. El Rey es intocable, pero el privilegio de la irresponsabilidad sólo alcanza al Monarca, no al Príncipe de Asturias ni a las Infantas.

Concluye:

No había dicotomía verdadera entre Monarquía y República como la hubo entre Monarquía Absoluta y Democracia y este tipo de desmanes provoca bandos y bandas. Cierto es que dentro de unas semanas se habrá olvidado la sinvergonzonería. A los españoles les gusta más despotricar en el café que participar en los motines, lo que Lope denominaba la cólera del español sentado; ahora repantigado ante la tele.

Seguimos con asuntos que tienen que ver con tribunales y la administración de (in)justicia, pero cambiando de asunto. Pasamos a hablar a la excarcelación de numerosos etarras. Ignacio Camacho la trata contando, con el título de Gol en el descuento, una conversación con el que suponemos que es un mando de la Guardia Civil (se identifica en un momento como militar, carácter que tiene la Benemérita) dedicado a la lucha contra ETA desde lo 80. Cuenta que le dice su interlocutor:

-Te he llamado porque soy militar, siento que hemos ganado una guerra y no quiero que me quiten la victoria. Los hemos machacado, te lo juro; ETA está derrotada por completo y lo sabe. Desde hace tiempo, además. ¿Que la derogación de la doctrina Parot pueda ser un efecto retardado de la negociación del famoso «Proceso»? Hmmm… no sabría decirte. Sí te digo lo que me atañe: que los poquísimos terroristas que quedan no tienen cohesión, ni estructura, ni suministros, y están pasando hasta hambre. No los podemos agarrar porque no asoman; ni un movimiento. Pero íbamos ganando por diez a cero, y al final nos han metido un gol desde lejos y parece que han empatado el partido.

En otro momento, le dice:

-Lo sé. Eso es tarea de la política; no dejar que los batasunos saquen pecho y construyan el relato a su medida. Porque ellos son los primeros que saben que si la banda no hubiese perdido habría matado al que se moviese en otra dirección, como a Yoyes, y no tendrían protagonismo alguno. Me jode que pueda prevalecer su versión cuando somos el único país que ha vencido policialmente al terrorismo.

Concluye con otra declaración:

-Esto deja un sinsabor, sí. Las quejas de las víctimas, el debate social…Pero yo sé que hemos ganado. Por goleada. Y no quiero medallas. Lo que me da rabia es que la goleada pierda valor porque encajamos un gol en el descuento…

Escribe sobre el mismo asunto, aunque en todo y estilo diferente, Kiko Méndez-Monasterio en el periódico que trajo miga durante unos días. Su columna en la contraportada de La Gaceta se titula Amnistía de cómic. Refiriéndose a la excarcelación de etarras y otros asesinos múltiples, así como de violadores en serie, dice:

No parece que Jorge Fernández Díaz vaya a dedicar sus noches a vestirse de murciélago para salvar honras y vidas, ni es probable que Alfonso Alonso -que sería el Robin perfecto- se ponga la capa de justiciero. Así que a partir de ahora más vale no subir en ascensor, mirar para atrás cuando regresamos a casa, procurar no salir mucho después de anochecido, y atrancar bien las puertas a la hora de dormir.

Concluye:

Después de desencadenar a las bestias, el poder civil y sus voceros se sienten molestos por las críticas de las asociaciones de víctimas. Es como cuándo se inició la beatificación civil de El Lute, que a todos les incordiaba que la familia del hombre que había muerto en el transcurso de uno de sus atracos no participase de la fiesta. Lo mismo le echan en cara a la AVT o a Alcaraz, o la madre de Sandra Palo. La realidad es una historieta tan macabra que nadie escribiría. Nicolás Gómez-Dávila redujo todo este sin Dios en un escolio brillante: a los progresistas les indigna que sus víctimas se indignen.

Terminamos en el mismo periódico pero con un asunto muy diferente. Ramón Pi trata el asunto del cierre de Canal 9 con el título de El oxímoron de la RTV pública. Critica que el argumento del cierre sea de tipo económico.

El Gobierno autonómico del Partido Popular debería haber argumentado que en una democracia, del mismo modo que no es imaginable que haya periódicos de titularidad pública, tampoco debería ser defendible que haya radios y televisiones que dependan del poder político; la prensa libre (entendida la «prensa» como los medios de comunicación en general) es un requisito sin el cual no cabe hablar de democracia merecedora de este nombre. El proceso de formación de la opinión pública ha de producirse sin la interferencia del poder político, que no puede ser juez y parte. La radiotelevisión pública es, en términos de democracia, un oxímoron.

Señala que existe:

El obstáculo insalvable de la imposibilidad de una radiotelevisión dependiente e independiente del poder al mismo tiempo.

Concluye:

Las quejas de la izquierda política y periodística vienen vestidas con lenguaje de libertades, pero en realidad despiden el mismo tufo intervencionista de la defensa de la empresa pública, la banca pública y cualquier cosa pública, nutrida del dinero extraído coactivamente a los contribuyentes y del que poder disfrutar tanto si a la gente le gusta como si no. Dinerito seguro en una trinchera ideológica ocupada por ellos y pagada por otros. ‘Déjà vu’.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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