OPINIÓN / Afilando columnas

Nicolás Redondo Terreros: «El PSOE se ha instalado en una autosatisfacción nostálgica con un pasado que nosotros mismos hemos cambiado radicalmente»

Jiménez Losantos: "Sólo la degradación de la vida nacional explica que Cristóbal Montoro lleve su Ministerio a merecer el cartel de ‘Defraudador de la Real Casa'"

Quien tenga la extraña costumbre de leer de forma habitual al afilador de columnas, sabrá que su opinión de los artículos escritos por políticos es pésima. En líneas generales se trata de textos ampulosos en los que unas formas rebuscadas tratan de ocultar la vacuidad de su contenido. Existen unas pocas excepciones, por supuesto. Algunas personas que se dedican, o lo han hecho en el pasado, a eso de la ‘res pública’ si saben escribir de forma correcta, e incluso brillante, y tienen cosas interesantes que decir, con independencia de que se compartan o no sus puntos de vista. El 4 de diciembre de 2013 nos encontramos con uno de esos caso excepcionales, un buen texto escrito por alguien que fue apartado de la primera línea hace años y que es uno de los políticos intelectualmente más solventes que ha habido en España en las últimas décadas. Lógicamente, en esta jornada hay otros muchos columnistas que merecen la pena leerse y que tratan una variada gama de temas Tras hacer sonar nuestra armónica de afilador, daremos justa cuenta de todo ello.

Arrancamos en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya Real’, donde un ex de El País pone a caldo al leonés de adopción que firmó un libro entre una nube supervisada y la siguiente. Carlos Elordi publica en El Periódico Zapatero quiere muy mal al PSOE.

Se creía que José Luis Rodríguez Zapatero había desaparecido definitivamente de la escena pública. Que había asumido que sus errores y su responsabilidad directa en algunos de los desmanes que han llevado al desastre actual lo habían condenado para siempre al ostracismo. Pero ha vuelto. Y no para reivindicarse, sino para vender el mayor número posible de ejemplares de sus memorias.

Se refiere a la famosa carta del BCE en 2011, que Zapatero se guardó para sí, conminando al Ejecutivo de ZP a tomar medias drásticas contra la crisis:

La revelación no aporta nada. Porque el contenido sustancial del texto se conocía desde entonces. Pero hace ruido mediático. Es bueno para la promoción de un libro. Aunque deje en muy mal lugar a quien lo difunde. No solo por la citada apropiación indebida -¿delictiva?- de ese material, sino porque deja bien a las claras que Zapatero aceptó sin rechistar las imposiciones que le hizo el BCE.

Concluye:

La imagen del socialismo español sufre un nuevo golpe con este episodio. La polémica entre altos cargos del Gobierno de Zapatero que ha seguido a la publicación de otras memorias, las de Solbes, lo ha agravado. Todos, al igual que su antiguo jefe, han despreciado de forma ignominiosa la suerte de su partido. Lo incomprensible -¿o hay alguna clave que lo explique?- es que la dirección del PSOE convirtiera a Zapatero en una de las estrellas de su congreso andaluz. Justo días antes de que saliera el libro.

Tomamos el puente aéreo, y nada más llegar a Madrid nos encontramos con ese político que sí escribe bien al que nos referíamos más arriba. Se trata de Nicolás Redondo Terreros, que publica en El País un artículo duro con el PSOE en general y con Zapatero en particular. Antes de reseñarlo, hemos de destacar algo curioso. Mientras que en el papel el texto se titula Alejarse de los ecos del pasado, los responsables del diario de PRISA lo han publicado en la edición digital como Una conferencia ilusionista. Este humilde lector de columnas no acierta a comprender por qué de tan peculiar y llamativo cambio. Dice de la reciente conferencia política del PSOE:

Creo que las sensaciones positivas solo pueden tener explicación en la unidad coyuntural y en el calor mutuo, dulcificando así por unas horas las menesterosas expectativas electorales del PSOE. Las resoluciones estrella tienen su origen en un diagnóstico erróneo y terminarán siendo capotazos al viento, pero nos han mostrado la profundidad de los problemas que padecen.


Nicolás Redondo Terreros.

Añade:

Me parece que el PSOE se ha instalado en una autosatisfacción nostálgica con un pasado que nosotros mismos hemos cambiado radicalmente y que exige nuevos discursos dejando la vieja retórica en manos de la historia. Han mostrado un gran ímpetu en proteger un espacio menguante; han hablado antes de escuchar. Puro ilusionismo. Si se hubieran tomado tiempo para pensar, para escuchar a la sociedad, se habrían percatado de que el origen de sus problemas es anterior al cambio de rumbo de Zapatero y más complejo. Son dos las razones del fracaso socialista de los últimos años. El primero tiene que ver con la renuncia del presidente a construir un proyecto autónomo y mayoritario. Le bastó sumar aliados para ganar al PP -llegando en Cantabria a dar el gobierno al tercer partido siendo los socialistas la segunda fuerza-. El segundo es la renuncia al pasado inmediato, con un afán «refundacionista» y construyendo una retórica que le emparentaba con los tiempos anteriores a 1974 y a Suresnes. Y, sobre todo, a no reconocer por motivos partidarios las primeras consecuencias de la crisis económica, que aparecieron al final de la primera legislatura, a las puertas de la elecciones generales, tal como parece reconocer Pedro Solbes hoy.

Sostiene:

Las dos primeras renuncias demostraban dos convicciones inamovibles en Zapatero: la primera es que nunca creyó en la victoria del Partido Socialista, sino en la derrota del PP, y a ella se aplicó con mucha eficacia, como ha escrito uno de sus biógrafos más perspicaces. La segunda es que nunca confió en el centro-izquierda sociológico, que a su vez le pagó hurtándole el apoyo cuando le era tan necesario, atemorizado por la retórica presidencial y la banalización de la política, convertida en un juego de imágenes chinescas.

La solución se encuentra en la vocación, abandonada en la Conferencia, de construir un proyecto autónomo y mayoritario, que no pasa por sumarse a ninguna marea, en la que inevitablemente pesca mejor IU.

Concluye:

No cabe duda de que nos deben preocupar quienes están más indefensos en la grave situación actual, pero sin olvidar a los que desean prosperar, los que tienen iniciativa, los que buscan el éxito y se preocupan por los demás; los que son ambiciosos y son solidarios, los progresistas que no renuncian al mérito y a la excelencia. Si no somos capaces de equilibrar la defensa de los desposeídos con este grupo social cada vez más amplio, nos convertiremos en una organización benéfica y conservadora, atrapada entre una clase trabajadora clásica, menos homogénea y con expectativas bien distintas a las que hace 50 años la definían con una sencilla y tranquila rotundidad, y un grupo de clase media alta dedicado, en su complejo clasista, a homenajear un pasado en blanco y negro que ya no existe.

Si a Nicolás Redondo Terreros no le fue bien con Zapatero, nos tememos que no le irá mejor con Rubalcaba ni con quien el vaya a suceder.

Pasamos a ABC, donde David Gistau dedica El gran carnaval a comentar la famosísima entrevista al recién excarcelado asesino de las niñas de Alcàsser.

La explotación comercial del crimen, demasiado grosera en este suceso que ya destruyó la carrera de Nieves Herrero, no sólo ha sido abortada por la cólera del televidente, sino que ha obligado al periodismo a hacer un mínimo ejercicio de introspección y reflexionar sobre cuál debe ser su relación con personajes tan siniestros. Ahí es cuando ha estallado un exceso de puritanismo.

La mudanza a la televisión ha arruinado un género tradicional del periodismo, el de sucesos, convirtiéndolo en un gigantesco divertimento a menudo demasiado incómodo para la conciencia del espectador. Quién no se escandalizaría por el hecho de que una productora contrate a un asesino para incorporarlo a un «show» de entretenimiento que, como bromeaba el otro día un amigo, podría terminar, si funciona en «share», con el encargo de que presente las campanadas de Nochevieja. Esto, que en sí repugna, no convierte en repugnantes trabajos periodísticos en conversación con asesinos que hicieron posibles reportajes y libros como «A sangre fría» de Capote o «La canción del verdugo» de Mailer.

Concluye:

El periodismo, a poco que aspire a abarcarlo todo, a contar por entregas diarias la existencia del mundo, también es una prospección en el lado más siniestro de la condición humana. No puede limitarse a entrevistar únicamente a personajes positivos, a reinas de la belleza y ganadores del Nobel de química. También debe sentarse, con una grabadora encima de la mesa, delante del asesino. Otra cuestión es el criterio ético con el que cada uno maneje la información, el respeto a las víctimas, la evitación del mero «show» con noria y de la hagiografía. Pero si quiere usted que le cuenten un mundo sin malvados, sin horrores, sin guerras y sin catástrofes naturales, cómprese una entrada para un parque temático de Disney, pero no un periódico.

También en el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho escribe sobre el recibimiento a otros excarcelados, en este caso terroristas etarras, en diversas localidades de el País Vasco. Titula Latitudes:

Entre Almadén de la Plata y Galdácano o Legazpi hay una distancia física de ochocientos kilómetros…y todo un meridiano de latitud moral. El que separa, de polo a polo del universo de la dignidad, a quienes acogen con júbilo de hijo pródigo a un criminal sin rehabilitar y a quienes lo señalan como persona no grata. El que diferencia a los que aíslan a un delincuente sin arrepentimiento y a los que en su honor tiran cohetes y repican campanas. (Por cierto, debajo de una campana ha de haber un sacristán o un cura. ¿Nadie le va a pedir explicaciones por enaltecer el terrorismo?). El que distingue a una comunidad normal, sacudida por sus exageraciones emocionales o sus miedos, de una sociedad enferma por el virus de la infamia.

Esa patología social, capaz de convertir en héroes populares a unos asesinos por el procedimiento de adjudicar a sus crímenes una causa o motivación patriótica, constituye una significativa parte del problema vasco.

Añade:

Tal vez el dicharachero coro filoterrorista habría protestado airadamente si en lugar de «Javi de Usansolo» fuera el asesino de Olga Sangrador o el violador del chándal quien aspirase a instalarse en su honorable vecindad. En estas comunidades de cerrada endogamia civil los psicópatas sólo tienen coartada si han delinquido agarrados a la bandera de un delirio fundamentalista.

Concluye:

Por eso va a ser tan difícil preservar el relato histórico de la resistencia democrática al terror: porque esta chusma ha creído encontrar en la legalización de Bildu y en las excarcelaciones de sus presos la contrapartida sobre la que dar por bueno un final en el que no se acaban de sentir derrotados. Saben que no han podido ganar pero tienen la sensación de haber logrado a última hora un empate.

Y empate es, en cierto modo, que haya una España irritada y desconsolada por la libertad de los lobos y otra que los patrocina y los acoge en su manada.


José Carlos Rodríguez.

Saltamos al periódico que trajo miga durante unos días. José Carlos Rodríguez publica en La Gaceta un artículo titulado Nuestras faltas, tan graves:

El Gobierno ha firmado un anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, así llamado. Su objetivo no es la seguridad del ciudadano, sino la del propio Estado.

Sostiene:

Las autoridades públicas se quedan con nuestro dinero, lo malgastan, nos mienten por sistema, se entrometen en nuestra vida, condicionan nuestros negocios, y desconocen lo que pueda ser tener respeto por nuestras decisiones y nuestra autonomía. Pero descojonarnos de ellas o pagarles con la misma moneda nos puede llevar a la ruina.

Tras repasar algunas de las infracciones «muy graves», añade:

Detrás de muchas de estas disposiciones se pueden ver, ahí están, las motivaciones políticas que tienen que ver con los actos de propaganda de ETA y su entorno. El Gobierno puede favorecer que el grupo terrorista maneje bastones de mando, pero no que se haga notar. También se ve el objetivo de parar las manifestaciones violentas, de izquierdas, con cualquier medio, sin que quede rastro de cualquier exceso. Y, de paso, le aprietan las tuercas a quien posea armas con las que defenderse y contribuir, de verdad, a la seguridad ciudadana. O a quien consume lo que seguramente no debiera, pero no molesta a nadie.

Concluye:

El otro día, el hombre de la camisa blanca, Esteban González Pons, dijo que el PP es un partido con «dirigentes tan honrados como todos, pero el único que puede sacar a España de la crisis». Es decir, que el PP es tan corrupto como el PSOE, pero menos inepto en economía. ¡Muy bien dicho, Esteban; blancas y certeras palabras! Ahora descubrimos que no es la única coincidencia. El PSOE es el partido del terrorismo de Estado, con los GAL. Es el de la patada en la puerta. El que ha decretado el estado de alarma. El que ha manipulado el mayor atentado terrorista de Europa en los últimos años para ganar unas elecciones. Ahora el PP, que en otro tiempo se identificó con las libertades, también va a ser tan honrado y tan liberal como el PSOE.

En el periódico de la ‘disciPPlina’, La Razón, Alfonso Merlos comenta las corruptelas sindicales bajo el título de ¡Los que faltaban!:

Se veía venir. Desde luego que cada palo aguante su vela. Pero el comportamiento desviado, irregular, tramposo de las elites sindicales, de nuestros devaluados sindicatos de clase, ha sido generalizado, transversal. ¡Ahora también CC OO! Ahora resulta que quienes debían concentrar todo su sudor en la mejor salvaguarda de los derechos e intereses del proletariado estaban volcados sobre la creación de empresas para llevárselo calentito.

Concluye:

Seamos claros en las conclusiones. UGT y CC OO se han emborrachado de ayudas y subvenciones, no aceptan que la juerga se ha terminado probablemente porque los poderes públicos siguen poniéndoles las botellas todavía medio llenas. Ni siquiera han pasado al estado de resaca. Por supuesto no tienen la cabeza fría ni en su sitio para reflexionar. Cuando dejen de vivir del alcohol verán, si les queda algo de nobleza o de casta o de dignidad, que han abusado de los españoles, y que les han estafado. Y sólo entonces, quizá, enderecen su camino y sean capaces de vestirse por los pies. Sería muy de agradecer.

No le falta nada al presentador más sonriente de 13TV, pero a este humilde lector de columnas le gustaría que de vez en cuando mostrara su indignación con algún corrupto del PP, partido donde hay unos cuantos (aunque seguramente no más que en otras de las grandes formaciones políticas españolas).

Pasamos ahora a El Mundo. Federico Jiménez Losantos titula Defraudador de la Real Casa:

Antaño, los establecimientos que servían a Palacio las muchísimas cosas que precisaban la Familia Real y sus infinitos invitados políticos, militares, diplomáticos e institucionales, amén de los cientos de criados cuyas familias poblaban las buhardillas de la admirable mole de la Plaza de Oriente, exhibían en la puerta de su establecimiento este cartel: «Proveedores de la Real Casa». No había mejor anuncio.

Añade:

En las grandes novelas realistas siempre vemos gente que se corrompe sin necesidad y gente que parece empeñada en corromperse. Pero el honrado puede culminar su vida profesional exhibiendo en su tienda el cartel: «Proveedor de la Real Casa». El corrupto, si llega a palaciego, no puede exhibir en la puerta: «Putañero Real» o «Coima del Regio Agrado».

Concluye:

Sólo la degradación de la vida nacional explica que un personaje tan de ‘Miau’ como Cristóbal Montoro, al que sólo le faltan los manguitos para salir en la magistral novela galdosiana, lleve su Ministerio a merecer el cartel de «Defraudador de la Real Casa». Y dar por buenas facturas de la Infanta que meses antes declaró engañifa recuerda el final de esa epopeya lamentable: ¡Pum!

Terminamos con Raúl del Pozo, que dedica su artículo en la contraportada de El Mundo a la mujer que veía gaviotas reidoras sobre el Manzanares. Titula La alcaldesa:

Anteanoche, Ana estuvo en el Siglo XXI. Había mucha tropa y poco estado mayor. Al día siguiente han dicho lo que no dijo. Publican que se metió con Mariano Rajoy y no es cierto. Reconoció que la desafección ante los políticos ha alcanzado registros desconocidos y apuntó que una posible fragmentación de la base electoral del PP sería como decir una fragmentación de la base social que gobierna este país.

Pero no envío ningún recado a Génova.

Dice de Botella:

La quieren echar porque es la mujer del lobo y el lobo, turrón turrón, inquieta a Génova. Ana no se viene abajo ante las críticas y abucheos. Su marido le dice: «Esto es política, aguanta». La oposición se muestra ferozmente crítica con su gestión. Génova calla. Mariano Rajoy dejó todo en el aire el otro día al declarar: «Es una magnífica alcaldesa de Madrid».

A la candidatura de Ana Botella pueden derrotarla las encuestas organizadas por el propio partido.

Concluye:

Los sondeos dicen que la derecha puede perder Madrid y Valencia, la viga maestra del edificio. Han encargado una encuesta en la que, al parecer. hay ocho candidatos: Soraya, Botella, Esperanza, Cifuentes, Pizarro y tres más. Me explican que Esperanza tiene mucho tirón pero no se le puede entregar Madrid, que es mucho más que un ministerio.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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