OPINIÓN / Afilando columnas

Jiménez Losantos: «¿Para qué quiere el Gobierno de Mas un CNI si ya tiene una Stasi?»

Gabriel Albiac: "diosa Díez no es ni mejor ni peor que Zapatero o Rubalcaba. Es idéntica"

Cuando en Kiev acaban de derribar una estatua de Lenin, que sorprendentemente seguía ahí, es un buen momento para recordar una de las grandes películas que ha dado el cine europeo, La vida de los otros. Aunque ambientada en la República Democrática Alemana, las prácticas de la Stasi que se muestran en ella tienen una factura soviética que fue exportada tanto a la RDA como al resto de países sometidos a la bota del comunismo.

Lo curioso es que el 9 de diciembre de 2013 el filme en cuestión aparece mencionado en dos artículos diferentes de la prensa de papel, publicados en sendos periódicos y dedicados a comentar cuestiones distintas. No vamos a comentar aquí las columnas dedicadas a Nelson Mandela en los diarios españoles, que en líneas generales pecan de poca profundidad, pero nos apetece recomendar una del periodista francés afincado en España Bertrand de la Grange. Se titula La antítesis de Fidel y es uno de los mejores perfiles que sobre el sudafricano se ha publicado en un medio de habla española; en concreto, en La Razón de México.

Tras esta recomendación ajena a nuestros ‘dominios’ tradicionales, hacemos sonar nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra en nuestra labor de dar cumplida cuenta de lo más interesante de los espacios de opinión del papel de Madrid y Barcelona.

Arrancamos en esta ocasión en la Ciudad Condal. El periódico del conde de Godó y Grande de España, La Vanguardia, publica un nuevo artículo sobre las entrevistas al asesino de las tres niñas de Alcàsser que no llegaron a tener lugar. Lo escribe Màrius Carol y se titula No todo vale por la audiencia.


Màrius Carol.

Ciertamente, la alarma social fue entendida como sinónimo de audiencia total y Miguel Ricart, uno de los asesinos de las tres niñas de la población valenciana de Alcàsser, subió al coche de una productora de Tele 5 cuando bajó del tren en Linares y Antena3 contactó igualmente con él en la misma localidad jiennense adonde fue tras salir de la cárcel. Al conocerse estos hechos, se temió que el criminal acabara aceptando un dinero por contar su historia, pero la ola de protestas que abarcó desde la prensa de calidad hasta las asociaciones de jueces ha frenado por el momento cualquier iniciativa.

Concluye:

De momento, parece que en las televisiones ha triunfado la cordura. La autorregulación es la mejor norma para todo medio que se precie. Woody Allen decía en Annie Hall que en Hollywood no tiran la basura, la convierten en televisión. Por esta vez, la frase no la podemos trasladar a España.

Llama la atención este elogio a la autorregulación de los medios en un periódico nunca ha publicado una sola línea contra un organismo creado para controlar las radios y las televisiones como es el Consejo Audiovisual Catalán, el nefasto CAC. Aún así, bienvenido sea un comentario así publicado en un periódico entregado al poder político, en concreto al Gobierno de la Generalitat.

Tomamos el puente aéreo, o si lo prefieren el AVE, y nada más llegar a Madrid abrimos las páginas de El Mundo. Ahí encontramos la primera de las menciones a La vida de los otros. Federico Jiménez Losantos publica un artículo sobre los planes del Ejecutivo catalán de crear su propio servicio de inteligencia. Se titula Homes, James Homs.

La vicepresidenta del Gobierno ha mostrado su inquietud ante el hecho de que la Generalidad catalana cree su propio servicio de inteligencia o, al menos, de espionaje. Lo que tal vez preocupa a Súper Soraya es que Súper Homs, portavoz y factótum del Gobierno Mas, pueda presentarse ante Aline Griffith en El Rastrillo u otro enclave de información sensible usando la fórmula del espía de Ian Fleming: «Me llamo Homs, James Homs». Y, de tener -no aparentar- 60 años menos, la espía de rojo se licuaría y podría revelarle a Homs los más íntimos secretos del Estado.

Concluye:

En Homs, James Homs, destaca su aspecto: traje ancho, escaso y barato pero coriáceo, como si escarabajo y cucaracha hubieran cedido sus secretos de supervivencia cósmica al humano blanquecino y blanducho. Pocas bromas: tras su aspecto de enterrador, Homs, James Homs es el amo del CAC, un aparato de espionaje con una sala de grabaciones como las de la RDA en ‘La vida de los otros’. Allí hace escuchas supuestamente legales que usa a su antojo para atacar y perseguir a sus enemigos políticos ¿Para qué quiere Homs un CNI si ya tiene una Stasi?

Como símil no está mal, y desde aquí no nos cansaremos de denunciar al CAC como un organismo liberticida. Dicho esto, a este humilde lector de columnas le parece exagerado comparar tan nefasto organismo con la terrible Stasi, con sus celdas inhumanas y sus brutales interrogatorios. Eso sí, por favor, que a nadie se le ocurra pedir sanciones contra Losantos por este artículo.

Sin salir del diario de Unidad Editorial llegamos a Temblor y falsificación, un artículo de Santiago González dedicado a los amigos del dinero público con la excusa sindical.

Hasta ahora, el lío de UGT venía cantando por los dormitorios de los arrabales. Hoy, el testimonio de un antiguo secretario comarcal de Alicante abre una nueva etapa con palabras muy solemnes sobre el asunto: «Yo me autoinculpo y digo cómo se hacían las cosas». En sus orígenes no hay nada sustancialmente diferente a lo del contable chileno que inauguró el tema en nuestra era. El ex secretario, despedido de UGT hace ocho años, trató de denunciar al sindicato-padrone, sin que los tribunales ni la Agencia Tributaria hicieran acuse de recibo. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente y está la autoinculpación.

Añade:

Hace ya bastantes años se podía uno maliciar que los sindicatos habían adulterado su tarea, sustituyendo la causa de los trabajadores en general por una misión más concreta y orientada a la defensa de las burocracias sindicales y de los trabajadores con empleo fijo. Normal. Después de todo, UGT, por hablar de lo que se conoce, es hoy un holding con 81 empresas.

Concluye:

¿Que alguna de las empresas del holding necesita adelgazamiento? No hay por qué gastar más de lo necesario: se simulan pérdidas mediante un balance falsificado y se despide con los 20 días por año de la reforma laboral contra la que hemos hecho dos huelgas generales. Hay beneficios para el mercado, claro, ahí tienen la falsificación de los maletines de Salvador Bachiller, un regalo para la empresa, que ha sido tocada por la varita mágica del sindicato: desde la falsificación de su modelo por UGT no paran de llegarle pedidos. La falsificación tiene su prestigio. No hay más que ver a Del Bosque, alineando a un falso nueve, teniendo en la selección nueves auténticos, no digo más. El temblor de la falsificación tituló Patricia Highsmith una de sus mejores novelas. El temblor es el de España. Y esta vez me temo que ni siquiera vamos a llegar a la final.

Pasamos ahora al periódico de la ‘disciPPlina’, donde seguimos con el asunto de las corruptelas de UGT. Alfonso Merlos dedica a este asunto una columna titulada Gerontocracia transnochada.

No. No es sólo una cuestión de edad elevada, de trayectoria agotada, de exceso de cargos y de responsabilidades en lo más alto de un sindicato. Es una cuestión de ideas. Y como en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo que le ocurre en especial a UGT es que falta proyecto, oxígeno, ganas de regeneración, un impulso, la autocrítica. El deseo de ser mejores y de servir mejor al interés general. Quizá es que así se las gastan como regla los comunistas.

Al afilador de columnas no le suena que UGT haya renunciado al marxismo. Pero no es comunista, por mucho que el socialismo que predica dicho sindicato le acerque al comunismo al tiempo que le aleja de la socialdemocracia en la que nominalmente está inscrita su partido hermano, el PSOE.

Añade:

Hay una obligación ciudadana de presionar, de vigilar, de escrutar el comportamiento de estos líderes proletarios que sólo entienden el lenguaje del inmovilismo, que se agarran a las paredes para permanecer en el chollo de sus privilegios varios y prebendas múltiples. ¡No, señores! Aquí no hay cacería, ni ojeriza, ni una ofensiva descarnada e irracional contra Méndez, Toxo y cía. Aquí hay el hartazgo de la sociedad española con unos comportamientos intolerables desde el punto de vista de la gestión, con un falso liderazgo que es incapaz de abrir el paso y ceder espacio a las nuevas generaciones.

Concluye:

Está latente en las cúpulas de nuestros vetustos sindicatos de clase un portentoso pavor al hecho de que alguien con otra mentalidad y otro brío llegue y sacuda las alfombras. Porque bajo ellas hay quizá demasiadas facturas difícilmente justificables. Porque probablemente tapan un exceso de ayudas y subvenciones que en algún porcentaje han sido malversadas. No es el problema la veteranía de estas élites. Lo es más su carencia de dignidad y de empuje. Su desprecio a los trabajadores. Su falta de patriotismo. ¿Alguien lo duda?

Gabriel Albiac escribe en ABC un duro artículo dedicado a las dos formaciones políticas a las que los sondeos auguran una fuerte subida electoral. Titula Lo peor de lo peor.

Que haya quienes aún cifren la esperanza de regeneración en el ascenso de cosas como UPyD o Izquierda Unida es el síntoma más exacto de que estamos muertos. Moralmente muertos.

UPyD fue la ficción creada para que una de las más perseverantes apparatchiki del PSOE no se quedara sin sueldo al cabo de tantos años de vivir del erario público. Ni mejor ni peor que Zapatero o Rubalcaba. Idéntica. Dirigente en los tiempos más tenebrosos del socialismo, los del GAL y Felipe González, ministra del Gobierno PNV que quiso poner querella a un Antonio Mingote cuyo sentido del humor le pareciera «una agresión clarísima» contra el honor de la patria vasca.

Añade:

La historia de Izquierda Unida es otra. La de un anacronismo que perdura, cuando todas las determinaciones materiales y morales para su existencia han caducado. Decía el viejo Karl Marx que es propio de la triste condición humana «sufrir aún más a causa de los muertos que a causa de los vivos». Izquierda Unida es, desde hace ya tres decenios, un amasijo de cadavéricos lugares comunes sin pies ni cabeza.

Sostiene:

Aquellos que sueñen con una dictadura tan épicamente asesina como la soviética, o tan homicidamente estúpida como la cubana, no se equivocarán apostando por los hombres de Cayo Lara.

No quiera ver el lector una defensa del PP o el PSOE, y mucho menos de los nacionalistas, por parte de Gabriel Albiac. El genial filósofo y columnista ha escrito artículos muy duros sobre ambas afirmaciones. En esa ocasión, concluye:

Los partidos políticos son, en la España de hoy, una peste para el ciudadano. Una peste ineluctable. No hay manera de evitar que nos obliguen a pagar sus finanzas, estemos con ellos de acuerdo o no. No hay manera de controlar la desastrosa gestión que ejercen del Estado. Y el único consuelo que nos queda es ignorarlos. A sabiendas de que eso, a ellos, les trae perfectamente al fresco.

Un estólido masoquismo ciudadano va a hacer medrar a UPyD e IU. Lo peor de todo. En un país en el cual todo, en política, ha sido siempre quintaesencia de lo malo.


Isabel San Sebastián.

Terminamos este ‘Afilando columnas’ sin salir del diario madrileño de Vocento y con el segundo artículo en el que se cita la película sobre la policía política de la Alemania comunista. Se titula Hacienda son los otros y su autora es Isabel San Sebastián.

En esta vieja piel de toro acostumbrada a que siempre paguen los mismos, los que no tienen donde esconderse, los que dependen de un salario fácilmente controlable por el Fisco… es evidente que Hacienda no somos todos. Ni siquiera la mayoría. Hacienda, aquí, son los otros, en más de un sentido.

El afilador de columnas suele bromear con ese viejo eslogan de que ‘Hacienda somos todos’. Cada vez que lo escucha, responde: ‘A mí no me insulte’. Como la inmensa mayoría de los españoles, no somos parte de ese organismo creado para saquear las cuentas corrientes de los ciudadanos, sino una víctima más que ve como la Agencia Tributaria se queda cada mes con una parte nada pequeña de su sueldo y a la que sigue entregando dinero, vía IVA y otros impuestos, cada vez que compra algo.

San Sebastián escribe sobre el fraude fiscal en España, y dice:

Unos defraudan más que otros, pero no hay sector que se salve de este dudoso honor, exceptuando el de las nóminas, seguramente no por falta de ganas, sino de medios para burlar al gran «ojo» que vigila; el que retrataba magistralmente el cineasta Florian Henckel en «La vida de los otros».

Traigo a colación esta película sobre las prácticas de la policía secreta en la Alemania comunista porque a la luz de lo que está ocurriendo en la Agencia Tributaria una llega a la conclusión de que nuestros inspectores, o mejor dicho quienes les gobiernan, no seleccionan a sus «presas» pensando en el mejor modo de reducir estas cifras escandalosas, sino en función de criterios similares a los que guiaban a los agentes de la Stasi. O sea, fijándose en el «color» y las amistades de la persona o empresa investigada. ¿Qué otra cosa puede deducirse de las acusaciones que se lanzan mutuamente al respecto socialistas y populares?

Concluye:

Una nación puede sobrevivir a la guerra, a la crisis, a la miseria incluso, pero no a la pérdida de fe de sus ciudadanos en las instituciones que estructuran el Estado. Y eso es exactamente lo que le está pasando a España. No confiamos en nuestros líderes ni en nuestros partidos políticos. Cada vez lo hacemos menos en una Justicia politizada. No se nos permite confiar tampoco en el Fisco, utilizado por unos y otros como herramienta de control del adversario. Hacen falta mucha decencia y unos principios muy sólidos para no agarrarse a esa excusa y buscar el modo de conseguir que Hacienda sean los otros.

Para despedirmos, reproducimos cuatro citas de un luchador por la libertad que pasó largos años de su vida en prisión por oponerse a la tiranía y por defender la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Fue alguien que, cuando se produjo la transición fue el primer presidente democrático de su país:

La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin.

Sólo evitando esa pequeña mentira, esa pequeña injusticia y esa primera minúscula inmoralidad se puede evitar ese seguro camino del fin, que no es otra senda que la que conduce a la sumisión y a la represión de la libertad.

La verdad y el amor deben prevalecer sobre la mentira y el odio.

Estamos obligados a luchar enérgicamente contra todos los eventuales gérmenes de odio colectivo.

No, estimado lector. Las anteriores frases no son de Mandela. Su autor es el checo Václav Havel, uno de los más destacados opositores al comunismo en Checoslovaquia y en el conjunto de los países de Europa Central y Oriental que estuvieron décadas sometidos a la URSS. Ese mismo Havel a cuyos funerales no acudieron ni Rajoy ni miembro alguno de su Gobierno.

 

Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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