OPINIÓN / Afilando columnas

Fernando Savater: «Recomendaría al Arzobispado de Granada que para compensar ‘Cásate y sé sumisa’ publique un libro titulado ‘Cápate y ve a misa'»

Francisco Marhuenda: "El simposio 'España contra Cataluña' nos retrotrae a los peores tiempos de la corriente marxista del análisis histórico"

Quien tenga la rara costumbre de leer de forma habitual nuestros ‘Afinado columnas’, sabrá que su autor es poco dado a corporativismos. Sin embargo, no podemos dejar de sentir empatía por nuestros compañeros de profesión que pasan por momentos especialmente difícil, y la guerra civil en Siria es un escenario especialmente propenso para que esto ocurra. Ya comentamos en su día el caso del enviado especial de El Periódico, Marc Marginedas, secuestrado por un grupo yihadista el 4 de septiembre y que todavía no ha sido liberado. Ahora queremos hacer patente desde este humilde rincón digital nuestra preocupación y solidaridad con su equivalente de El Mundo, Javier Espinosa, y el fotógrafo freelance Ricardo García Vilanova. Fueron hechos rehenes por una organización vinculada a Al Qaeda el 16 de septiembre de 2013, según ha informado el diario de Unidad Editorial. Esperemos que, lo antes posible, los tres periodistas puedan volver a casa. Y como ellos, los cerca de 30 informadores de todo el mundo desaparecidos en Siria.

Tras nuestro modesto homenaje a estos valientes compañeros, que ejercen un aspecto de profesión que bien conoce nuestro director, Alfonso Rojo, entramos en materia de los espacios de opinión de la prensa de papel española el 10 de diciembre de 2013. En esta jornada se dedican muchas columnas al nacionalismo catalán, por el numerito del simposio titulado ‘España contra Cataluña: una mirada histórica 1714-2014’. Alguna cosilla más podemos encontrar, como el ladrillo político del día, a cargo de Pere Navarro, una reflexión sobre el intento de censurar el libro ‘Cásate y sé sumisa’ o las corruptelas sindicales. Tras hacer sonar nuestra armónica de afilador, pasamos a contárlo.

Arrancamos en esta ocasión en El País. Uno de los autores preferidos de nuestro compañero Roberto Marbán (@robermarban), Fernando Savater escribe sobre la polémica de ‘Cásate y sé sumisa’. Lo hace con el título de Batalla de catecismos.

Una periodista italiana, a la que quizá por exceso de suspicacia imagino mas avispada que piadosa, ha escrito una guía matrimonial que es a las relaciones de pareja lo que el ‘Ecce Homo’ restaurado de Borja al arte contemporáneo.

Sostiene:

No me atrevería a discutir su contenido, porque reconozco que en cuestiones matrimoniales mis criterios son poco de fiar. Pero sí que me resultan en cambio alarmantes ciertas reacciones inquisitoriales que ha despertado, incluyendo denuncias ante la fiscalía, tremolinas municipales y parlamentarias e incluso una declaración contrita de la ministra de Sanidad e Igualdad, señora Ana Mato.


Fernando Savater.

En una brillante defensa de la libertad de expresión, dice:

Las ideas se combaten con otras ideas mejor argumentadas, los libros con otros libros más convincentemente razonados: sólo los catecismos de uno u otro signo pueden querer imponerse quemando las obras heréticas que no nos gustan. No quiero ni imaginarme la que se habría montado si alguien pidiese poner fuera de la circulación alguna de las apologías del separatismo catalán o vasco que se editan un mes sí y otro no: ¡vuelve el franquismo, represión totalitaria, etc…! Pero lo malo es la coacción contra las ideas, cuando no preconizan el delito, no el acierto o desacierto del planteamiento de éstas… que siempre lo será según nuestro criterio, claro.

No es la suya una defensa del arzobispado que ha publicado el libro en cuestión. Concluye:

No sé si el matrimonio católico exige de veras la paulina sumisión de la esposa al marido, no conozco casos recientes, pero lo que está claro es que el Concordato con el Vaticano impone sumisiones cívicamente escandalosas al Estado español, que debería ser laico, o sea no casarse religiosamente con nadie.

Lo demás puede llegar a arreglarse si hay buena voluntad. Yo aconsejaría al Arzobispado de Granada que publicase otro libro, compensatorio de ‘Cásate y sé sumisa’, dedicado esta vez a los varones: podría titularse, por decir algo, ‘Cápate y ve a misa’. Seguramente tampoco influiría demasiado en las costumbres, como va a pasar con el otro, pero quizá tranquilizase un poco a la ministra de Igualdad.

El ladrillo político del día, firmado por Pere Navarro, tiene por título Renovar el pacto constitucional. Como viene siendo costumbre de este afilador de columnas ante textos teóricamente escritos por políticos -insistimos, nunca podemos saber si sus autores reales son ellos o algún asesor-, se recomienda al amable lector que no pierda el tiempo con su lectura, y se le recuerda que si lo hace es bajo su responsabilidad. Hay lecturas más interesantes, como la del manual de instrucciones del frigorífico. Le dejamos, eso sí, alguna cita del artículo en cuestión:

Los socialistas deseamos que la ciudadanía perciba un paisaje libre de escenarios de ruptura, vamos a actuar para corregir la desconexión gradual en el terreno de los afectos y los intereses compartidos. Por estos motivos decidimos formular una propuesta ambiciosa de reforma constitucional. Precisamente nosotros, que hemos defendido siempre la Constitución y el Estado autónomo, planteamos actualizarlo y perfeccionarlo en una perspectiva federal, porque el federalismo debe ser el modelo definitivo de nuestra organización territorial, como en otros muchos grandes Estados del mundo. El federalismo nos ofrece pautas, tanto para resolver las actuales disfunciones del Estado de las Autonomías, como para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España.

Tras esto pasamos a ABC. Ignacio Camacho publica la La historia como coartada, el primero de los artículos dedicado al esa cosa llamada ‘España contra Cataluña…’:

Cuando los nacionalistas catalanes organizan un simposio de sedicentes historiadores bajo el epígrafe «Cataluña contra España» lo que hacen es situar la respuesta por delante de las preguntas. El carro delante de los bueyes. El desenlace está fijado de antemano; se trata de encontrar coartadas y soportes más o menos teóricos sobre los que desplegarlo.

Concluye:

En torno a la efeméride del 2014 los separatistas van a levantar, como anclaje doctrinario y emotivo de su desafío legal, un enorme artefacto ideológico que parte de la falsificación histórica y transforma una guerra de sucesión en un conflicto de secesión con dos siglos de continuidad secuencial. Hay campañas publicitarias encargadas y todo un discurso político concomitante en marcha. El problema es que aunque pueda parecer -lo es- una superchería, un artificio sentimental hueco, tiene la contundente eficacia de la repetición y la perseverancia. Y sobre todo, que frente a esa matraca no hay nada. Ningún debate, ninguna discrepancia, ninguna oposición, ningún alegato, ningún factor de cohesión, ninguna iniciativa. Sólo la espera. Prudencia, la llaman.

También en el diario madrileño de Vocento, Juan Carlos Girauta escribe Cataluña contra Cataluña. Da las claves sobre el director del chiringuito supuestamente histórico del nacionalismo:

EL catalán medio no conoce a Jaume Sobrequés por dirigir el simposio «España contra Cataluña: una mirada histórica 1714-2014». Ni siquiera por su obra historiográfica, o por encabezar el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña. Lo conoce por su participación durante décadas en tertulias televisivas de fútbol. También por haber pertenecido a la junta directiva del Barça. Socialista desde 1982, año en que Felipe González ganó sus primeras elecciones generales, el oportuno Sobrequés abandonó el partido en 2010 para dar su apoyo a Artur Mas, que ganó ese año sus primeras elecciones catalanas.

Sobre el simposio dice:

Amén de una evidente pieza de agitación y propaganda decorada con historiadores, el simposio «España contra Cataluña» es una mecha que busca polvorín. Y este no está precisamente en Madrid, sino en la propia Cataluña. Presentar a España contra Cataluña es como imaginar a alguien cortándose la mano derecha. Cataluña es España a todos los efectos. Posee, acaso exacerbados, sus mismos vicios y virtudes. Toda la complejidad de España -sociológica, cultural- se reproduce en Cataluña, y Cataluña es un nombre huérfano sin España. El enfrentamiento que inventan y fomentan Sobrequés y su equipo es ajeno a la historiografía y al pasado: su meta es política y futura.


Juan Carlos Girauta.

Concluye con referencias a la falta de respuesta al reto nacionalista por parte de los grandes partidos políticos:

Me he pasado demasiado tiempo respondiendo a los nacionalistas excluyentes (valga la redundancia): «Soy tan catalán como tú». Lo hago siempre que practican la apropiación indebida del nombre de Cataluña o del idioma catalán. Cuando reparo en nuestro desamparo, cuando pienso en el modo en que nos abandonan a nuestra suerte los obligados a hablar, me pregunto si purgo una absurda condena inmerecida, si a partir de ahora tendré que recordar que soy tan español como usted.

Seguimos en la misma cuestión pero en distinto diario. En El Mundo, Arcadi Espada titula ¡Fuego!

En 30 años ningún gobierno español se ha preocupado por la pedagogía histórica y civil de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. De hecho en este asunto, y entre las élites políticas españolas siempre funcionó el sobreentendido: las cuestiones culturales hay que dejárselas en sus manos. Yo he escuchado este aserto a la derecha, a la izquierda e incluso a gente inteligente.

Concluye:

Pero considerar que el simposio aludido propone una discusión y requiere pedagogía es una entrega a la pseudociencia y el sometimiento orwelliano de la verdad a la política. Contra lo que dice el ministro Margallo el simposio no falsifica nada porque sus propuestas no son falsables. Las mentiras deben ser corregidas con la verdad cuando aspiran a ella. Cuando aspiran al desorden y a la estafa deben ser castigadas. Cualquiera entiende las consecuencias de mentir gritando ¡fuego! en un teatro abarrotado. Y sus interesantes relaciones, por cierto, con la libertad de expresión, ahora groseramente invocada por los nacionalistas.

La jefa de opinión del diario de Unidad Editorial, Lucía Méndez, titula Literatura independentista.

La construcción intelectual catalana no se arredra ante una realidad política que hace imposible la separación de España. Si el Derecho Internacional no permite el derecho a decidir -o de autodeterminación- de una comunidad aunque sea histórica, se hace un nuevo Derecho Internacional desde Cataluña y en paz. Si la UE dice que no contempla un Estado catalán en su seno, se le contesta que eso que se pierden los europeos.

Añade:

El debate sobre la independencia de Cataluña es ya un fin en sí mismo. Los medios catalanes llevan meses acogiendo en sus páginas y programas interesantes y doctrinarias discusiones sobre las distintas posibilidades de esta comunidad para romper con España. Los partidarios de la independencia dirimen conflictos de constitucionalidad y plantean soluciones creativas para que Rajoy autorice el referéndum. Todo ello es muy estimulante porque las opiniones son eruditas.

Concluye:

Quizá es que los españoles no se acaban de tomar en serio la amenaza independentista o tal vez -como ha escrito Enric Juliana- lo vean como un enfrentamiento Madrid-Barça. O un episodio de la pugna Madrid-Barcelona, combate en el que va ganando la capital catalana, como evidenció la gran boda india. Ningún millonario elige Madrid para casarse. Los lujos de la familia Mittal -obscenos incluso en un país rico- se han ido en jet privado. Fue un gran espectáculo de ficción, que es exactamente como define el escritor Jordi Soler el independentismo de CiU. Artur Mas, que asistió a la gala de Bollywood, tiene cita con la realidad en este mes de diciembre. A ver cómo sale del trance.

La última columna dedicada a este asunto es la del director de La Razón, Francisco Marhuenda, titulada La falsificación de la Historia.

Durante tres días, los historiadores oficiales del nacionalismo han decidido darse un homenaje con un simposio que es una obra cumbre de la estulticia, la manipulación y la antihistoria. El propio título, «Espanya contra Catalunya: una mirada històrica (1714-2014)», nos retrotrae a los peores tiempos de la corriente marxista del análisis histórico.

Añade:

Los «sumos sacerdotes» de este esperpento son Jaume Sobrequés y su cuñado, Joaquim Nadal. Los conozco desde hace tiempo e incluso con el segundo tuve una relación muy cordial. Me pregunto por qué abrazan el sectarismo y dónde queda el rigor que cabe esperar de un historiador.

Concluye:

El conjunto es una falsificación descarada de la Historia más propia de historiadores aficionados cegados por el apriorismo partidista. Estos días me ha tocado explicar la España Moderna y los datos, no sólo desde 1714, reflejan fielmente la parcialidad e inconsistencia de las afirmaciones exageradas de los historiadores oficiales del nacionalismo. No ha sido una España idílica, pero tampoco la desmesura de esa visión negativa. Es triste cuando la Historia se convierte en un instrumento del odio y la mentira. Lo es cuando personas que deberían buscar la verdad prefieren la falsificación e ignoran aquellos datos que no encajan con su versión. No es verdad que participen historiadores, economistas, juristas, sociólogos y lingüistas; son políticos partidistas.

Sin salir del periódico de la ‘dsciPPlina’, cambiamos de tema y nos metemos en los fangos de las corruptelas ‘made in UGT’. Ely del Valle firma Maniobraras orquestadas.

Los líderes socialistas y de la UGT que ahora culpan al rival político del cabreo ciudadano contra los que han metido la mano donde no debían se parecen al pirómano que insulta a los bomberos por inundar la casa que acaba de incendiar. Lo que se denuncia es el delito, no la existencia de la UGT y con eso, creo que todos estamos de acuerdo.

Concluye:

Si el PSOE quisiera realmente ayudar a que el sindicalismo recuperase su buen nombre debería pedir la dimisión de quienes, por obra u omisión, se lo han llevado crudo, y a partir de ahí, dejarse la piel para restablecer la credibilidad de los que se han trabajado a conciencia su mala prensa. Como dijo Mandela, tan mencionado en estos días, «la mayor gloria no es caer, sino levantarse siempre». Y si puede ser con las alforjas limpias, mejor.

Mentar a Mandela al hablar de corrupción no es muy buena idea. Bajo su paraguas y protección, siendo ya presidente de Suráfrica, sus familiares simplemente se forraron mediante negocios poco limpios y numerosos trapicheos. Tanto santificarle, que hasta se le pone como ejemplo en aquellos aspectos de su vida en los que no fue precisamente un buen ejemplo.


Kiko Méndez-Monasterio.

Pasamos al periódico que trajo miga durante unos días. En la contraportada de La Gaceta, Kiko Méndez-Monasterio titula Iglesias y sus sindicalistas. No se refiere a varias parroquias con esos izquierdistas con alzacuellos conocidos como ‘curas obreros’, que también podría ser.

Lo suyo -lo del POSE y lo de UGT- no ha cambiado mucho desde los tiempos de don Pablo [Iglesias], que les dejó a sus cachorros la receta infalible para el poder: «estaremos en la legalidad mientras la legalidad nos permita adquirir lo que necesitamos; fuera de la legalidad cuando ella no nos permita realizar nuestras aspiraciones». Pues dicho y hecho, que la historia del socialismo patrio es la aplicación de esa máxima con el celo con el que un benedictino observa su regla monástica.

De hecho lo tienen tan interiorizado que se escandalizan cuando una jueza les pregunta que dónde está la pasta que se han llevado de los Eres.

Concluye:

Este despotismo sin ilustrar ha mantenido sus privilegios durante décadas porque participaba del monopolio de la violencia, porque sólo con levantar la pancarta de guerra se terminaba la paz social. Los Gobiernos de todos los signos pagaban las subvenciones con el mismo entusiasmo con el que los camioneros pagaban a Jimmy Hoffa. Y por eso pretenden que la transparencia suya sea de cristales esmerilados. Porque son la guardia de corps del régimen, son esos animales gordinflones y rosados que lideraban la Rebelión en la granja de Orwell. Son establishment sin necesidad de corbata. Incluso parece que fomentan ese indisimulado aspecto de haragán, que es la nueva versión de las chaquetas blancas.

Terminamos con Fernando Díaz-Villanueva. Su artículo Receso constitucional no pasará a los anales de los elogios de la ‘Carta Magna’ vigente en España.

Lo cierto es que nuestra Constitución no es muy vieja, tiene sólo 35 años a sus espaldas, que es nada frente a los 224 que lleva la norteamericana en vigor. Hay diferencias que explican la longevidad de la segunda y el malvivir de la primera. La más visible es la longitud. A los yanquis les ha ido de maravilla con sólo siete artículos que luego han ido actualizando con 27 enmiendas. A los padres de nuestra Carta Magna les hicieron falta 169 artículos más preámbulo, final y un puñado de disposiciones adicionales, transitorias y la derogatoria de todo lo anterior.

Con cinco o seis artículos creo que bastaría.

Concluye:

Pero la diferencia fundamental entre la Constitución norteamericana y la nuestra no es la extensión, sino el espíritu que habita en sus páginas. La nuestra es la propia de un pueblo servil habituado a que el poderoso siga siéndolo, es una carta otorgada que concede graciosamente una serie de libertades a los súbditos. La de EE UU es todo lo contrario, es un valladar frente al poder político impuesto desde abajo. Los padres fundadores desconfiaban del politiqueo, sabían que era malo por naturaleza y que de él sólo podía esperarse violencia y servidumbre. Los del Parador de Gredos eran oligarcas del BOE dispuestos a seguir enchufados a sus salvíficas disposiciones. Normal que allí la respeten y aquí la ignoremos. No podía esperarse menos.

 

Siga en Twitter al autor de esta revista de prensa. El usuario es @chinchetru.

Te puede interesar

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Lo más leído