OPINIÓN / Afilando columnas

Ussía sobre Intereconomía: «Ariza tiró mucho talento por la borda y echó mano de los ‘killers’ y de algún sinvergüenza con los bigotes afeitados»

Carrascal gana puntos como cortesano pepero: "Los espabilados empiezan a mirar a Rajoy con respeto y secreta admiración"

Uno se toma dos semanas de descanso y cuando vuelve al trabajo ha ocurrido casi de todo en el panorama mediático español. Elvira Lindo dice en una columna en El País que es la última que escribe en «este rincón», pero después sigue publicando en dicho medio. Desaparece La Gaceta, reducida ahora a una sombra digital de lo que no llegó a ser en el papel, un valiente periodista planta cara a seis decenas de asesinos terroristas en Durango… Si este afilador de columnas se toma tres días libres más, igual hasta una activista de Femen irrumpe en la redacción de Periodista Digital. ¿O eso ya lo hemos visto a finales de 2013 —Inocentada PD 2013: ‘FEMEN’ irrumpe en la sede de Periodista Digital al grito de «¡fuera de mi coño!»–?

Tras felicitar a aquel que firma como ‘El Fumador’ por sus excelentes repasos de las columnas durante estas dos semanas, retomamos ahora nuestras labores en esta materia. Tras hacer sonar de nuevo nuestra armónica de afilador, vamos a comentar lo más interesante de los espacios de opinión de la prensa de papel española del 7 de enero de 2014.

Arrancamos en esta ocasión en El País. El crítico televisivo que suele escribir sobre cualquier tema menos sobre televisión, David Trueba, está encantado con el juez que aspira a convertirse en una estrella tuitera a base de mantener polémicas con un dirigente político. David Trueba firma Jweces.

Si existe una tendencia cada vez más establecida para utilizar la comunicación por Twitter como servicio personal de prensa, el recurso a ella por parte del juez Pedraz bendice su uso.


David Trueba.

Añade:

Con la explicación de por qué era inviable prohibir la foto de los presos etarras excarcelados, la cuenta de Twitter de Pedraz ha servido de pedagógica lección de Derecho. Lástima que el que la tuviera que recibir sea un alto cargo vasco del partido en el Gobierno, porque uno espera que los políticos se conozcan la ley. Que no sean como los articulistas, que confundimos constantemente nuestros deseos con normas.

Este humilde lector de columnas lo ve de forma muy diferente, por más que el político con el que Pedraz ha mantenido la polémica no le provoque simpatía alguna. Siempre hemos tendido a desconfiar de los jueces que buscaban acaparar portadas, que gustaban de hacer de cada uno de sus actos un espectáculo público y que tenían por costumbre comentar sus decisiones o hacer declaraciones que les garantizaran aparecer en los medios. Lo de Pedraz no es más que la versión 2.0 de ese ansia de estrellato por parte de unos señores que deberían caracterizarse por su discreción y por no expresarse nada mas que a través de sus escritos judiciales.

Nos preguntamos, eso sí, si al fanboy Trueba le gustaría tanto Pedraz si el replicado en vez del PP hubiera sido del PSOE… Al afilador le resultaría igual de desagradable con independencia del partido del contestado.

Concluye:

La foto de los expresos etarras es desgraciada. Y algunos hasta bromean con que en sus comunicaciones anteriores elegían los pasamontañas para resultar más tranquilizadores. Pero el empeño en travestir cada pequeña victoria del Estado de derecho en derrotas indignas nos quiere forzar a abandonar las sutilezas y hasta la lectura atenta de la ley. Lo que Pedraz quiso decir es: léanse la Constitución en vez de defenderla tanto. El asco y la incomprensión son sensaciones que no podemos ejercer penalmente.

Pasamos a ABC, donde Hermann Tertsch firma Impunidad contra España.

Supongo que es difícil establecer retrospectivamente el momento en el que una comunidad humana, una sociedad, una nación, deja de respetarse a sí misma. Supongo que llega cuando, tras largo tiempo de acumulación sin consecuencias perceptibles, dicha comunidad alcanza una «masa crítica» de negligencias en funcionamiento y conductas, de desprecio a las formas, de errores reiterados, de ausencia de responsabilidades, de desidia, de falta de interés y emoción común y sí, también, una reiterada falta de aprecio entre gobernantes y gobernados.

Sostiene:

Lo estamos viendo. Las ridículas mentiras de un pasado inventado se convierten en banderas y arengas que generaciones intoxicadas adoran y enarbolan con fanatismo. En la peor confirmación de aquello de Chesterton de que cuando dejas de creer en Dios acabas creyendo en cualquier cosa. Sediciosos y criminales triunfan sin temor, los asesinos dan consejos morales y los ladrones se ufanan por aleccionar en la vida proba. Y la arrogancia del poder pierde todo sentido de la mesura y empatía y pretende mantener la ficción de la armonía en condiciones que para la población cada vez resultan más insoportables.

Cuenta:

Sabemos en qué momento decidieron los alemanes enterrar a la República de Weimar. Sabemos del poco afecto de los franceses a su propia república en 1940. En otros Estados también cayeron las democracias como castillos de naipes. Muchos regímenes fueron sustituidos por otros peores. Porque tuvieron la fatalidad de carecer en los momentos decisivos del liderazgo necesario para ese golpe liberador necesario para recuperar el respeto a sí mismos. A su historia, a sus logros, a su honor, integridad y legitimidad. Ese golpe liberador de una democracia está en la restitución de sus leyes y de la voluntad y decisión de sus gobernantes de aplicarlas, pese a quien pese.

Concluye:

Sin un Gobierno de España decidido a imponer la ley, vamos a perder el último respeto a nosotros mismos. Vamos a perder la batalla frente a los peores. Y entonces sí nos convertiríamos en un Estado fracasado.

Y si Tertsch se muestra crítico con el Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante, el hombre que lució las corbatas más famosas de la historia de la televisión en España se deshace en elogios al actual inquilino de La Moncloa. No llega a los niveles de Luis María Anson escribiendo sobre esa bella fémina a la que Carmen Rigalt apodó ‘Genoboba’ —Anson sale en defensa de ‘Genoboba’: «Si Quevedo hubiera conocido a Genoveva Casanova habría escrito un Quijote para restablecer la imagen culta que siempre la acompañó»–, pero sí roza el peloteo servil. José María Carrascal titula su ‘tercera’ en el periódico madrileño de Vocento con el nombre del protagonista de la misma: Mariano Rajoy.

Pasado el ecuador de su mandato, Mariano Rajoy sigue siendo una figura controvertida. Los frívolos continúan presentándole en la hamaca, fumándose un puro en espera de que las cosas se arreglen por sí solas. Los espabilados empiezan a mirarle con respeto y secreta admiración.

Ahora resulta que si no miras con respeto y admiración, aunque sea secreta, a Rajoy, no eres demasiado espabilado. Pues este afilador de columnas debe de ser de un lerdo absoluto. Nuestro compero Juan Velarde (@JuanVelarde1972) acaba de confesarnos que el acepta esa misma condición de lerdo para sí mismo, y por idéntico motivo.

Carrascal dice de Rajoy:

No es un ideólogo ni, por lo tanto, un dogmático. Es un pragmático. Se mueve por las exigencias de la realidad, no por los imperativos de la doctrina, que se salta si es necesario. Lo que le ha traído las críticas de sus rivales y el malestar en el ala derecha de su partido. Pero a él le importa el conjunto del pueblo español, no una parte, y distingue perfectamente lo fundamental de lo secundario. Dos cualidades que le diferencian del resto de los españoles, que preferimos lo accidental a lo esencial y solemos quedarnos con las hojas en vez de con el rábano.

Concluye:

La crisis le ha obligado a hacer las reformas que España necesitaba para ponerse al nivel de los países que quieren pintar algo en el siglo XXI. Puede reprochársele no haberlo hecho con la celeridad, profundidad y anchura que requería, pero lo importante es que ha puesto manos a la obra y está dispuesto a llevarla hasta el final, cueste lo que cueste, en sacrificios o votos. Aunque tendrá que andarse con cuidado. Los españoles somos uno de los pueblos más conservadores del mundo, y nada nos molesta más que cambiar. Fíjense en quienes más están contra los cambios: los socialistas, los comunistas, los sindicatos. Con una izquierda así, ¿qué país puede evolucionar? Pero tampoco creemos que Rajoy se eche atrás en su revolución, que como todas, no importa su signo, llega envuelta en dolor, sudor y sacrificios.

A mediados de su mandato, Mariano Rajoy no ha vencido todavía. Pero sigue vivo, lo que es mucho. Y España tiene una oportunidad de incorporarse al pelotón de naciones europeas en cabeza. Algo que hace dos años hubiera sonado a fantasía.

Cuanto peloteo, cuanto esfuerzo para ensalzar al líder. Ni que fuera Pilar Rahola escribiendo sobre Artur Mas.


Alfonso Merlos.

Tan absolutamente entregado está Carrascal al presidente del Gobierno, que su largo artículo podría haber sido publicado en La Razón, diario al que pasamos ahora. Alfonso Merlos, la sonrisa más blanca del periodismo afín al Ejecutivo pepero, publica Plagio y gamberrismo.

Todo se pega menos la hermosura. Y es lo que demuestran los compinches de ETA emulando a los separatistas catalanes al promover una iniciativa pintoresca, carnavalesca y que va en la dirección única de provocar las risas de la comunidad internacional y el desprecio de los compatriotas que tienen dos dedos de frente. Por fortuna la mayoría abrumadora.

Concluye:

En realidad da igual. Van a fracasar. Generarán ruido. Desatarán titulares. Lo harán durante más o menos tiempo. Pero están abocados al fracaso y al esperpento. Nadie en su sano juicio en este país va a tolerar que quienes han asesinado, mutilado, herido y amedrentado a decenas de miles de ciudadanos vayan ahora a cubrirse con las ropas de la ley para fulminar el orden político, jurídico y administrativo que garantiza nuestra convivencia.

Y nada va a cambiar a pesar de este patético anuncio. Ignoremos las fantochadas de esta cuadrilla de energúmenos que, cuando se aburre, mata moscas con el rabo. Y concentremos todas nuestras energías en abortar los planes extraterrestres de estos enemigos de la libertad, del decoro, de la decencia. Con las armas del Estado de derecho les vamos a achatarrar y aplastar. Legalmente. Pero sin contemplaciones. ¿Alguien lo duda?

Nos tememos que son muchos los que lo dudan. Por mucho que le duela a Merlos.

Alfonso Ussía dedica su largo artículo en la contraportada del periódico dirigido por Marahuenda al valiente periodista que plantó cara a los asesinos de más de 300 personas. Titula con el apellido del citado compañero de profesión: Minuesa.

No conozco al periodista Cake Minuesa, el valiente que se enfrentó con la palabra a los asesinos en el Matadero de Durango. Me ha sorprendido la falta de generosidad de sus compañeros de profesión. Han intentado por todos los medios obviar o pasar por alto su hazaña. Minuesa fue un valiente. Aterrorizó con su voz pausada a un centenar de forajidos. Fue expulsado del teatro-matadero, más lo segundo que lo primero en un acto como aquél.

Comenta:

De los defectos de los españoles se destaca la envidia. En el periodismo abunda. Envidia y sesgo, complejo de inferioridad y sectarismo. Quizá el gran pecado que ha cometido Minuesa para ser ninguneado por muchos de sus compañeros de profesión es que trabaja en el grupo Intereconomía. Nada me gusta ese grupo, ni su presidente-propietario, ni sus socios ni sus actuales responsables. Han maltratado y abandonado en la calle a centenares de periodistas y colaboradores de gran valía. Quisieron ocupar un lugar antiguo, ya clausurado, que ocupaba una derecha extrema.

Da nombres concretos de las ‘víctimas’ de Ariza y compañía:

Desde Alfonso Arteseros, que terminó financiando su programa en espera de que se cumplieran las promesas de monseñor, hasta Javier Quero, Itxu Díaz, Noelia Atance, Josep Pedrerol, Antonio Jiménez… Demasiado talento tirado por la borda y puesto de patitas en la calle por pretender trabajar e informar en libertad. Ariza echó mano de los «killers» y de algún sinvergüenza con los bigotes afeitados.

Añade una crítica a quienes no han hablado sobre Minuesa:

Pero eso no justifica el silencio que ha aplastado el coraje de Cake Minuesa, estigmatizado por pertenecer a una empresa que, con toda probabilidad, no se lo merece.

Habla sobre otro grupo de medios:

El problema de Intereconomía, entre otros muchos, es que carece de la fuerza de Prisa. Los bancos son menos pacientes con unas quiebras que con otras. Nadie entiende que el gran grupo de Polanco, hoy grupillo de Cebrián, pueda sobrevivir con miles de millones de euros de deuda. De Prisa han sido expulsados centenares de sus trabajadores y colaboradores mientras se confirmaba que su máximo responsable mantenía su limitado sueldo de doce millones de euros al año.

Tras confesar que no siente ninguna simpatía por el grupo del toro, añade:

Admiro el coraje de Cake Minuesa porque yo no lo he tenido, y agradezco el coraje a Cake Minuesa porque me ha representado con su palabra, como a decenas de millones de españoles.

Es más. En honor de Minuesa voy a sintonizar una noche con «Intereconomía». Y siempre tendré presente a Minuesa para apoyarlo si algún día precisa de mi nula influencia para que su futuro dependa de una empresa más hospitalaria. Como no lo conozco, me limito a darle las gracias, ofrecerle mi amistad y reiterarle mi admiración.


Victor de la Serna.

Terminamos con otrop artículo dedicado a Minuesa, pero en un periódico diferente. Víctor de la Serna firma en El Mundo Ruedas sin preguntas… con pregunta. En dicho texto pretende dar lecciones de ética periodista, criticando el sectarismo de aquellos medios que no quisieron informar de la valiente actuación de Cake Minuesa.

Y nada mejor para dar lecciones de ética periodística que falsear la realidad para lanzar un ataque gratuito contra un medio por el que no siente simpatía alguna. Dice De la Serna:

De no ser por las iniciativas individuales en la red de redes, muchos lo habrían pasado por alto: en PeriodistaDigital.com ni mencionaban el incidente en su reportaje sobre el acto de Durango.

Es cierto que en el reportaje sobre el acto no se contaba lo que hizo Minuesa. Pero también es verdad, y eso se lo calla el vigilante de la ética, es que se le dedicó una noticia específica. Una noticia que, de hecho, abrió durante horas y a cinco columnas –algo excepcional– la portada de Periodista Digital —«Tenemos las cámaras delante… ¿No teneis hombría para pedir perdón a las víctimas?» –. Como algunos no van dando lecciones teóricas sino que prefieren la práctica, Periodista Digital se ha puesto en contacto con De la Serna para que comente su columna, su respuesta no puede ser más estrambótica —Victor de la Serna se atraganta en Navidades con una portada de PD abriendo con Cake Minuesa–:

No se recogió en la reseña de la noticia sobre Durango, que es lo primero que apareció, como si no hubiese pasado nada. ¿Ha quedado claro lo que he querido decir?

¿Cómo era aquello de ‘sostenella y no enmendalla’? Pero volvamos a su columna, para ver como termina:

Hay que esperar que esa infravaloración en muchos medios de lo acaecido en Durango sea un despiste, sin más, al sopesarlo. Que no tenga que ver con el hecho de que el periodista trabaje en el grupo Intereconomía, que -justificadamente- no goza de gran popularidad por sus prácticas laborales y que es quizá el más derechista del país. Nada de ello debería desviar nuestra atención del hecho noticioso de que Minuesa ha sido el único periodista que ha hecho a los etarras (ninguno de los presentes, que sepamos, había anunciado previamente su repudio de la banda) la pregunta que, en pura lógica periodística, había que hacer. Y, además, rompiendo esa ley del silencio que hoy impone todo quisque en cualquier supuesta rueda de prensa.

¡Por una vez, en medio de la crisis de nuestra democracia y de nuestra profesión, que podíamos demostrar que sabemos ver el bosque pese a los árboles! Ay…

Y con esta clase teórica, pero en absoluto práctica, de deontología periodísitica, terminamos el primer ‘Afilando columnas’ de 2014. Feliz Año, estimados lectores.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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