"Estabamos emparentados por parte de perro"

Pérez-Henares habla de su amigo Manu Leguineche: «Era el mejor periodista porque era la mejor persona»

"Era de la vieja estirpe de los reporteros, hoy en peligro de extinción"

El periodista Antonio Pérez-Henares ha sido amigo de Manu Leguineche, fallecido el 22 de enero de 2014, durante décadas. Periodista Digital ha hablado con él por teléfono para que ofrezca su testimonio sobre el que ha sido el gran maestro del reporterismo español. A continuación, reproducimos sus palabras:

Estábamos emparentados por parte de perro. Mi perro Lord, al que dedique el libro ‘La mirada del perro Lord‘, y un hermano suyo se los ganamos a Enrique, de Luzaga (provincia de Guadalajara) en el Bar Los Morales. La partida se jugó cuando la perra estaba preñada, y si ganábamos un cachorro era para Manu y otro para mí. Un día me llama Manu desde Belgrado, donde iba a bombardear la OTAN y luego no bombardeó. Me dijo: «Que te vayas que ha parido la perra de Morales, y que cojas dos perros, uno para ti y otro para mí, porque si no nos lo quitan». No le pregunté cómo se había enterado de que había parido la perra de Enrique Morales pero me fui para allá.

Morales me dijo: «Pero si Manu está en una guerra de esas». Respondí: «Sí, ¿pero a que ha parido la perra?». Efectivamentre había sido así. El perro vivió 16 años y murió en 2009. Y antes ya le conocía bastante.

En un artículo confieso algo terrible para un jugador de mus. No le gané nunca, él me ganó siempre. Creo que es el mejor homenaje que podría hacerle. Es el que más le gustaría más allá que cualquier elogio.


Antonio Pérez Henares y Manu Leguineche.

Manu era el mejor el periodista porque era la mejor persona. Él no entendía el cinismo. Yo le conocí cuando ya había cubierto muchas guerras y dado la vuelta al mundo dos veces. Yo empezaba en el periodismo y él iba con De la Cuadra, que era muy amigo suyo y un gran periodista. Sin embargo, Manu te aceptaba como un igual, porque tenía una gran humildad.

Me dolió, y eso también lo ha dicho Alfonso [Rojo], que los capullos del jurado del Príncipe de Asturias de Comunicación se lo dieran aquel año a Google en vez de él–«Tengo una enorme deuda con Manu Leguineche y se ha ido sin que se la pagara»–. Es una de las mayores tonterías que he visto en mi vida por parte de un jurado.

LEGUINECHE EN LA ALCARRIA

Manu era de un pueblecito de al lado de Gernica. Era de Bilbao, y como buen bilbaíno nació donde le dio la gana y pacía donde le daba la gana. Se estableció en La Alcarria, en un finca al lado de un pequeño pueblo que se llamaba El Cañizar. Es un lugar donde fundó algo, un torneo de mus, y donde la gente, porque mi gente es así, al principio la gente le miró con cierta desconfianza. Pero al irse dando cuenta de como era, le abrió la casa y el corazón. Y Manu no era un alcarreño más, era el alcarreño querido por todos los alcarreños.

Luego él se fue a Brihuela, donde estaba algo mejor. Tenía una casa preciosa en la muralla medieval, que había sido escuela de gramáticos y donde había vivido el amor platónico que Juan Ramón Jiménrez, que no le hizo ni caso al poeta. Manu se reía mucho contándolo.

Él era sobre todo un reportero. Él recordaba a Kapuscinski, que le preguntaron en Vietnam si creía en Dios, y respondí o: «Yo soy reportero, y Dios sólo existe para los que escriben editoriales». Es una frase genial que le describe. Su gran libro y su testimonio vital más impactante es, curiosamente, un libro muy sencillo que escribió en sus últimos años en La Alcarria que se llama ‘La felicidad de la tierra‘. Una de las primeras frases es: «El verdadero dueño de la casa es el gato, nosotros nos limitamos a pedir el alquiler». Era esa sabiduría muy cercana.

Era de la vieja estirpe de los reporteros, hoy en peligro de extinción. Si es que no está extinta.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

Tengo miles de historias vividas juntos. Este verano fui a verle, estaba muy mal. Prácticamente no veía, no podía moverse, estaba siempre postrado en cama. No le gustaba que le viéramos mal. Decía: «Es que he sido muy tímido y para quitarme la timidez me bebía dos botellas de rioja». Le gustaba el vino, pero era por timidez. Pero, curiosamente, supo ser feliz en eso, rodeado del cariño de la gente. ‘La felicidad de la tierra’ lo escribió cuando ya estaba muy mal.

Hay una cosa curiosa de Manu. Todo el mundo, en vida, habla bien de él. Así que no se le ocurra a nadie hacerlo mal ahora que llega el momento de las alabanzas, como decía mi abuelo. Todo el mundo hablaba bien de él en vida porque todo el mundo le admira. No sé si hay alguien que no. Puede ser que haya alguien, pero no lo sé.

LECCIONES PARA PERIODISTAS

Como periodistas, lo que podemos aprender de él es algo que se ha olvidado. Que un reportero tiene que ir, ver y contar las cosas. Él las contaba como las veía, trataba de llegar al fondo. Y también dar voz a los que no la tienen. Eso es el periodismo: el intento de veracidad, aunque sea la veracidad subjetiva de cada uno. Y eso se está perdiendo.

Y, sobre todo, Manu jamás estuvo en estas trincheras cainitas verdaderamente demenciales en las que estamos metidos. Cuando hace unos años le dieron bastantes premios, y los homenajes en Guadalajara, que fueron muy sentidos y para él muy agradables, había una cosa que era una enseñanza suya. Aunque tal vez no quisiéramos verla. Era su idea del periodismo y de la persona. Como ya he dicho, Manu era el mejor periodista porque era la mejor persona. Él consideraba que un cínico no puede ser un buen periodista.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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