OPINIÓN / MANUEL ORTEGA

Ochocientos millones de razones liquidaron a Pedrojota Ramírez

Casimiro puso el dedo en la llaga al recordar que RCS había tenido que inyectar ochocientos millones de euros "para capitalizar nuestra deuda"

Pues sí. Pedrojota Ramírez ya no es director de El Mundo. ¡Quién lo diría! Tras un cuarto de siglo a los mandos de un periódico hecho a su imagen y semejanza, el de Logroño ha sido cesado en un terremoto que comenzó, de cara al público, en la tarde del miércoles de la semana pasada (¡buena la liaste, Lardiés!), y que se puso en claro el jueves por la mañana, cuando el Consejo de Administración de Unidad Editorial le cortó los tirantes.

En todo este asunto llaman la atención algunas cosas entre la marea de todo lo que se ha escrito y opinado.

Por ejemplo, la cantidad de defensores de la teoría de una maniobra política alentada por el Gobierno de Mariano Rajoy para desarbolar al «portavoz de Bárcenas» -como le apodó la competencia-, algunos de ellos, por cierto, los mismos que ponían a caer de un burro a Ramírez en otras circunstancias o que son vistos en sus redacciones como mantenidos por altas instancias partidistas. ¡Qué cosas!

El fenómeno es tan llamativo como el de esos que, debiéndole mucho a Pedrojota, templan gaitas y mantienen un silencio prudente a la espera, tal vez, de verlas venir. Es humano. Hasta Pedro negó a Jesús tres veces…

Las arcas vacías de Unidad Editorial

Tal vez la explicación más sensata a todo este cataclismo -que lo es- en Unidad Editorial y El Mundo fue la que puso en claro Casimiro García-Abadillo este mismo lunes: «Si este periódico hubiese sido rentable, a Pedrojota no se lo hubieran cargado».

Y es que Casimiro ponía el dedo en la llaga al recordar que RCS había tenido que inyectar ochocientos millones de euros «para capitalizar nuestra deuda».

Un proceso que, con muy mala leche, El País apuntó como una maniobra para rescatar al grupo editor de la quiebra por parte de la matriz italiana. Ochocientos millones de razones por parte de RCS para tomar ciertas decisiones.

Las palabras del sustituto de Pedrojota son de sentido común, y a nadie se le escapa que, cabreos y presiones de La Zarzuela, La Moncloa, Génova y el sursum cordam mediante, si El Mundo hubiera alcanzado unas cotas de ingresos que equilibraran la balanza las cosas tal vez hubieran sido diferentes.

Pero la indigestión de la fusión con el Grupo Recoletos en 2007, con un coste de 1.100 millones de euros, es un hecho. De aquellos polvos vienen los lodos que empozoñan Unidad Editorial, con decisiones empresariales -algo tendrá que decir también Antonio Fernández Galiano, ¿no?- nada acertadas que han dejado un panorama desolador traducido en recortes de plantilla y despidos.

El fracaso audiovisual

¿Qué decir, por ejemplo, de la apuesta audiovisual del grupo con el desembarco de Ernesto Sáenz de Buruaga y sus muchachos? Lo que iba a ser la Normandía mediática de Unidad Editorial se quedó en un Dieppe donde los trabajadores fueron la carne de cañón canadiense. El gurú de Burgos sigue por ahí y el canal desapareció. Olé.

Otra que tal: la caída libre en ventas que vive el deportivo del grupo, Marca, auténtico generador de ingresos en otros tiempos, que desde la llegada de Óscar Campillo se ha dejado numerosos ejemplares diarios en la gatera dándole una orientación hecha para evitar que los seguidores del equipo que constituían el caladero habitual de lectores compren el diario.

Esa pérdida no es sólo de ejemplares, sino también de ingresos que no entran en caja. Pero no pasa nada. ¿Que no suben las ventas? Pues una tribuna de José Luis Rodríguez Zapatero y a otra cosa. Ni a posta, oigan.

Donde no hay harina, todo es mohina, reza el dicho, o, como cantaba El Último de la Fila, cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana.

«Los Inmortales»: sólo puede quedar uno

En el último año y medio Pedrojota se metió en una batalla en la que sus cañones escupían proyectiles de grueso calibre -tan grueso como para llevar los asuntos de Bárcenas al Congreso de los Diputados- pero el blindaje y el motor de su Leopard impreso no hacían honor a la potencia de su artillería.

Por cierto, ¿cuántos lectores del centro-derecha le han supuesto a El Mundo, tildado de periódico «conservador», para urticaria de algunos, por The New York Times, la publicación de los papeles de Bárcenas?

Desde luego que ha habido presiones. Pero, ¿una operación muñida por La Moncloa? Otra cosa, por supuesto, es que el cese de Pedrojota haya sido visto como un alivio. En los últimos tiempos la frialdad había dado paso a la congelación y en algunos círculos políticos y mediáticos de la capital se bromeaba con que lo de Pedrojota y Rajoy era como Los Inmortales: sólo podía quedar uno.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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