OPINIÓN / Afilando columnas

Girauta: «Los nacionalistas catalanes no saben dónde se han metido al denunciar a Federico Jiménez Losantos»

Carlos E. Cúe: "Lo más probable es que Rajoy cierre la herida en el PP reforzando a Cospedal"

Edurne Uriarte: "Me resulta cada día más estomagante ese populismo antipolítico que se ha instalado en nuestro país"

El drama de los quince inmigrantes muertos al intentar entrar a nado en España ha generado ocupa una gran cantidad de columnas de opinión el 18 de febrero de 2013. Sin embargo, no vamos a entrar aquí a reseñarlas por un motivo muy simple, que no es otro que precisamente la simpleza de las mismas. En su inmensa mayoría los textos son prácticamente intercambiables, con independencia de su autor y el periódico en el que se publique. El tono general es mostrar el horror que causa ese decena y media de fallecimientos de personas que trataban de alcanzar el ‘sueño europeo’. No entra casi ninguna, sin embargo, a entrar al fondo del asunto.

No se paran en reflexionar sobre qué hacer para que miles de personas no se vean empujadas a una desesperación que les lleva a recorrer miles de kilómetros jugándose la vida (los fallecidos son muchos más, pero no nos enteramos porque su muerte se produce en pleno desierto del Sahara o en algún poblado africano). Es muy duro y políticamente incorrecto reconocer que, por ejemplo, el proteccionismo agrario e industrial europeo (y defendido por muchos españoles) es un freno al desarrollo económico de los países de los que proceden los inmigrantes. Ante eso, mejor una venda y llorar por las muertes, en vez de proponer una libertad comercial que permitiría que la emigración no fuera la única vía, ni tan siquiera la mejor (o menos mala), para progresar e intentar tener una vida decente.

Tras esta reflexión inicial nos lanzamos a comentar las columnas más destacadas del día, que nos llevarán al interior del PP o a las demandas de la Generalitat de Cataluña contra varios periodistas, por ejemplo. Lo haremos después de hacer sonar una vez más nuestra armónica del afilador.

Arrancamos una vez más con la columnista que más da la cara en defensa de las élites políticas españolas. Nos referimos a Edurne Uriarte, que escribe en ABC un artículo titulado La calidad de los políticos:

Me resulta cada día más estomagante ese populismo antipolítico que se ha instalado en nuestro país. El que proclama, entre otras falsedades, que la calidad de nuestros políticos es peor que nunca o inferior a la de otros países. O que lo que cuenta de verdad es la experiencia en otras actividades y no en la propia política. Que es algo así como defender que lo más deseable para ser un buen periodista es la experiencia fuera del periodismo, en la cirugía bucodental, por ejemplo; o en la horticultura, para ampliar perspectivas.

El afilador de columnas no puede estar, una vez más, en mayor desacuerdo con Edurne Uriarte. Claro que es positivo y necesario que los políticos tengan una experiencia profesional fuera de la res publica, puesto que no es equiparable a otros oficios y profesiones. El problema, de hecho, es que se plantee precisamente como una profesión en sí misma. Quienes hemos tratado con frecuencia a políticos de todo tipo hemos visto que, con contadas pero notables excepciones, muchos de ellos viven totalmente desconectados de la realidad de la sociedad a la que representan. Son incapaces de comprender el modo de vida, la preocupaciones y los anhelos de los ciudadanos comunes. La política es una burbuja de auto-referencia en la que los dogmas se imponen a cualquier contacto con el mundo exterior.

Al menos reconoce algo:

Pero si los antipolíticos hacen demagogia, los políticos les dan lamentables argumentos. Cuando, por ejemplo, se reúnen a la cabeza de Andalucía una presidenta, Susana Díaz, que tardó diez años en acabar sus estudios universitarios y un líder de la oposición, Juan Manuel Moreno, que maquilla su magro currículum académico. Y no porque tuvieran que ayudar económicamente a sus familias, o alguna razón de peso semejante, sino porque les costó tener la disciplina que requieren los estudios universitarios.

Concluye:

No es imprescindible la formación universitaria para ser un gran político, por supuesto. Pero sí una vida de trabajo, disciplina, exigencia, formación permanente y honradez total respecto a lo realizado. Cualquier cosa que ponga en duda lo anterior debería ser penalizada, y duramente. Y no maquillada o relativizada.

Es cierto que si de algo saben los políticos que triunfan en España es de disciplina, pero no de la que creemos que se refiere la articulista. Sino de esa otra que también se conoce como obediencia ciega a la cúpula del partido.

En el diario madrileño de Vocento encontramos dos artículos referidos a las demandas presentadas por el Ejecutivo catalán contra diversos periodistas. Juan Carlos Girauta, en El peligro de los últimos coletazos habla de este asunto personalizando en Federico Jiménez Losantos.

En esta reacción de perdedores, desesperada y temeraria, se inscribe la decisión gubernamental de llevar a los juzgados a Federico Jiménez Losantos para, según dicen, proteger el honor del pueblo catalán. No les gustan ciertas palabras, que en todo caso iban dirigidas al nacionalismo catalán, no a Cataluña (una confusión propiciada por quienes decidieron llamar «minoría catalana» a los diputados de CiU en el Congreso). Los nacionalistas catalanes no admiten que se les retrate, y menos que se les tilde de totalitarios. Ellos que comparan a Albert Rivera con José Antonio. Ellos que llaman nazis a los empresarios alemanes. Pero la desesperación es mala consejera: en Federico, su diana favorita, apuntan a una víctima de verdad, una víctima del terrorismo separatista. Han traspasado muchos límites, pero este se les va a resistir. No saben dónde se han metido.

Hermann Tertsch, uno de los denunciados, escribe en forma de carta abierta al presidente catalán y titula Querido Arturo:

Periodistas acusados desde el poder por opinar. Me recuerda a mi época en el Este bajo el Pacto de Varsovia. También a mi padre y sus problemas con el régimen de Franco por los editoriales en su semanario Spanish Economic News Service (SENS). Uno fue sobre el célebre caso de la «Barcelona Traction». Le acusaron de injurias al Jefe del Estado. Con quien se había metido era con Juan March.

Añade:

Vuestra delirante denuncia se basa en un informe de un organismo inventado para la censura. Que ha fabricado la conclusión de que cometimos el delito de «fomento del odio, menosprecio o la discriminación por motivos de nacionalidad y opinión». Aquí, lo sabes, los únicos que fomentan el odio a todo lo español sois vosotros. Quienes consideramos a los catalanes españoles no podemos odiaros. Solo deseamos que los aquejados por ese veneno decimonónico del nacionalismo despierten del tóxico sueño y sean otra vez con serenidad ambas cosas, españoles y catalanes, a la vez. Mira Arturo, yo no he dicho que seas un nazi porque sé lo que fueron.

Tras recordar la militancia nazi de su padre y su arrepentimiento por la misma, que le llevó a un campo de concentración en la Alemania de Hitler, concluye:

Convirtió en tarea sagrada la educación de sus hijos en la memoria, dignidad y firmeza contra esa enfermedad del alma de los hombres y los pueblos que fue el nazismo, expresión extrema del nacionalismo. Y de la seducción totalitaria. Espero nunca llegues a lamentar tanto como él, el haberte equivocado, Arturo.

En cualquier caso, y más allá de los argumentos acertados de uno y otro, el mero hecho de que un gobierno se dedique a denunciar periodistas por expresar sus opiniones es lamentable y peligroso. Recuerda, no diremos que el lo mismo (no queremos una querella contra nosotros), a Nicolás Maduro o Rafael Correa, entre otros nocivos personajes. Con independencia de que que las querellas puedan triunfar o no, su mera presentación es un intento de imponer una mordaza de miedo a quienes pretendan criticar a Mas y el nacionalismo catalán en un futuro.


Salvador Sostres.

Y hablando de nacionalismo catalán, resulta curioso el artículo que dedica Salvador Sostres a la reacción, o falta de ella, de Rajoy ante el reto independentista de Artur Mas. Aparece en El Mundo y se titula El silencio:

Rajoy, que es un killer silencioso, le ha tomado la medida al mundo independentista y les responde callando.

No se presta a que le usen de sparring, ni alimenta una dinámica pensada para crecer en la reacción y el agravio.

A Mas le ignora como interlocutor y el mayor terror que tiene el president no son los tanques ni la Guardia Civil, ni que le suspendan la autonomía o le metan en la cárcel, sino declarar la independencia de Cataluña y que todo continúe igual porque Rajoy no le tome en serio y nadie le haga caso.

Concluye:

El estilo de Rajoy es sigiloso y desconcertante, y cuesta de entender hasta a sus colaboradores más cercanos, pero así estamos saliendo de la crisis, así se ha desvanecido Bárcenas, y así Mas y Quico Homs nos demuestran, una vez más, que no es necesario que España venga a hacernos nada porque ya los propios catalanes nos encargamos de destruirnos y de humillarnos.

Sostres conoce bien a los independentistas. Al fin y al cabo, el lo fue en el pasado. Dudamos que tenga rezan en cuanto a la estrategia de silencio de Rajoy. Pero nunca se sabe.

Sin salir del diario ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo, cambiamos de tema. Lucía Mendez escribe sobre la situación de María Dolores de Cospedal en el Partido Popular. Titula El enfado.

Ella tenía todas las papeletas para haber seducido al resto de los dirigentes de su partido y ha preferido el ordeno y mando a la hora de ejercer como secretaria general. Ya en su discurso de toma de posesión en el Congreso de Valencia manifestó que esperaba encontrar espinas en su camino. Desde entonces hasta ahora, la número dos del PP se ha construido una fama de mujer dura que en privado no lo es tanto.

Niega que vaya a haber una remodelación en la cúpula del PP:

Para el presidente, la categoría política de debilitado o quemado no existe, ni referida a sus ministros ni a ningún cargo del partido. El problema de Cospedal no son las interpretaciones de los medios, ni tampoco la mirada de Rajoy, que cualquier día hará una declaración -apasionada incluso- mostrándole todo su respaldo. El problema de la secretaria general es que todos los dirigentes nacionales, territoriales, provinciales, comarcales y locales, han tomado nota de que en el PP sólo manda el presidente. Y todos los demás obedecen.

Méndez viene a confirmar aquí lo que decía este humilde lector de columnas sobre la disciplina de los políticos, que no es más que obediencia ciega al que manda.


Carlos E. Cué.

También sobre la situación interna del PP escribe Carlos E. Cué en El País, en una de esas columnas que el diario de Cebrián oculta disfraza poniéndoles el antetítulo de ‘Análisis’. Titula Una herida muy abierta.

La batalla interna en el PP ya es imposible de ocultar. Y Cospedal ni lo intentó. Al contrario, la hizo pública. Y cargó contra quienes la critican: «Este partido ha recibido el apoyo de la gran mayoría de los españoles en las últimas elecciones generales, siendo yo secretaria general, aunque lo haga tan mal según algunos». El tono era altanero, retador. «En las organizaciones políticas hay unos que trabajan y siempre hay algunos que intrigan».

Sostiene:

La batalla está abierta, y solo Rajoy puede cerrarla, destituyendo o reforzando -lo más probable- a Cospedal. De momento ha dejado a su número dos a los pies de los caballos, le ha lanzado un claro aviso de «aquí solo mando yo».

Concluye:

Lo único cierto es que la batalla es seria y de fondo, y lo que está en juego es el control del mayor partido de España y la preparación del terreno para el día en que Rajoy no esté. Ella ha dejado claro que no quiere irse, que pretende luchar. Y eso, con ella, es garantía de que hay batalla para rato.

Cerramos la jornada con dos artículos de La Razón. Javier González Ferrari escribe sobre ETA bajo el título de La amarga victoria:

Mucho me temo que estemos «disfrutando» de una amarga victoria a la vista de cómo los que han cambiado la goma-2 por escaños en gran parte de las instituciones de Euskadi y del Estado, están avanzando en su hoja de ruta, que es como la corrección política llama ahora al establecimiento de objetivos. Y entre esos objetivos siempre ha estado el viejo sueño de la anexión de Navarra al País Vasco.

Concluye:

Y la nuez más codiciada es Navarra que desde la ruptura entre el PP y UPN se encuentra con la cada día más cercana posibilidad de caer en manos de los proetarras. Posibilidad cierta si el Partido Socialista de Navarra se convierte en el caballo de Troya que permita desalojar a Barcina del poder. Barcina, que tiene una vicepresidenta bajo sospecha de corrupción, sí, pero igual que le ocurre a Susana Díaz en Andalucía con Diego Valderas. Similitud que la calle Ferraz de Madrid ignora de forma ignominiosa.

Lo triste, lo lamentable, es que España es uno de los pocos países que sí ha conseguido derrotar a un grupo terrorista mediante el uso de la ley y, sin embargo, después se está comportando como si esos mismos terroristas hubieran vencido. Mucha responsabilidad en eso tiene el PSOE, es cierto, pero también la tiene el PP de Mariano Rajoy.

Para terminar metemos un único artículo sobre las muertes de los inmigrantes. La excepción se debe a que, a diferencia del resto de textos sobre el tema, hace algo más que lamentar lo ocurrido y denunciar el terrible drama. José María Marco va algo más allá en una columna titulada Cinismo, demagogia… ¿Irresponsabilidad?

Es lógico, y deseable, que una tragedia como la de Ceuta se convierta en un asunto político. Otra cosa son las manifestaciones que ha hecho Antonio Hernando en nombre del PSOE. Y no sólo por la mala fe que revelan, como si durante los gobiernos socialistas no se hubieran producido incidentes gravísimos ante los que no hubo nada que decir. También por las acusaciones que ha vertido.

Concluye:

En realidad, al minar la autoridad de la Guardia Civil, se la coloca en situación de debilidad ante la presión que desde el otro lado de la frontera se está ejerciendo sobre ella. Y desde el otro lado, resulta una invitación a tantear hasta dónde llega esa debilidad… Todo el mundo entiende este equilibrio, incluido el PSOE, que no es ni puede ser inocente a la hora de manipularlo. Aunque finjan no saberlo, sus dirigentes no se dirigen a una asamblea de estudiantes izquierdistas. El PSOE tampoco recuerda que, como ha dicho el ministro del Interior, el año pasado la Guardia Civil salvó la vida de 3.454 personas que la pusieron en peligro al intentar dejar atrás la pobreza. Ahora, seguramente, habrá de esforzarse un poco más.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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