OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Sostres prefiere una Coca-Cola antes que un liberado sindical

Ignacio Camacho pone en solfa la fiabilidad del 'New York Times'

Abel Hernández reproduce una idea ajena un día después de leerla en El País

La prensa anglosajona la tiene tomada con la siesta española. Hace un par de años los periódicos serios escritos en inglés se volcaron en romper el euro atacando a España. Ahora siguen atacando a España, pero por la siesta. Ahora es el New York Times. ¿Quiere usted saber cómo se ha esfumado el prestigio de la prensa de papel seria? Pues lea hoy, 20 de febrero, a Ignacio Camacho, que en ABC manda al New York Times a tomar viento.

Esta crisis tan larga y dolorosa ha dado tiempo a que a los españoles se nos desplomen muchos mitos. La mayoría versaban sobre nosotros mismos, pero también han caído ciertas leyendas foráneas que aureolaban de sana envidia nuestra tradición derrotista. Una de ellas ha sido la de la prensa anglosajona, viejo paradigma de objetividad, rigor y precisión narrativa que al menos en sus relatos sobre la España contemporánea se ha revelado tan superficial, vacuo y permeable como cualquier modelo sensacionalista.

Este periodismo de safari antropológico, cuyos reporteros parecen viajar por el país cubiertos con un salacot intelectual como trasuntos de Morton Stanley en el lago Tanganica, acaba de descubrir con sonado alborozo de primera página que una de las causas de nuestra quiebra social consiste en que los celtíberos vemos la tele hasta tarde, almorzamos a mesa y mantel, trabajamos sin método y dormimos (?) la siesta.

Pero Camacho aventura que podría haber sido peor para nosotros.

Más vale atribuir este y otros recientes bocetos de sociología de lance a la crisis global del periodismo; de lo contrario habría que poner en tela de juicio la mitología generacional que nos rodeó de un halo prestigioso y solemne a estos papers como acreditadas referencias de opinión pública. O tal vez suceda que nosotros mismos no logramos emitir un mensaje más certero y potente que nuestro propio tópico. Al fin y al cabo podía haber sido peor; el viajero costumbrista no ha topado en esta oportunidad con guardias civiles, flamencas ni jornaleros.

Víctor de la Serna (El Mundo) ahonda en la herida en su columna, que titula con una perogrullada que luego explica: ‘Noticias, el producto del periodismo’:

Lo que llama la atención es que, en muchos de los dolorosos pero inevitables procesos de adelgazamiento de las plantillas, un porcentaje muy alto de quienes pierden sus puestos -del director al avezado reportero, pasando por el veterano redactor jefe de mesa- sean periodistas. El producto de un medio informativo, el que aumentará su audiencia y por ella sus ingresos directos o por publicidad, son las noticias y sus acompañantes, los análisis y las opiniones. De calidad, exclusivas, atractivas. Si se debilita sin cesar el producto, lo único que se creará es un círculo vicioso que acabará también en fracaso. Se le ocurre a este cronista que, puestas a sacrificar (o a subcontratar, o a automatizar), las empresas periodísticas deberían ser mucho más expeditivas con sus vastas dependencias no periodísticas que con la parte productiva, la que genera cosas vendibles: los periodistas.

Y claro, para sobrevivir, muchos periódicos se venden:

Ahora es cuando la subvención externa más se ansía, aunque comprometa la independencia. Ya hay gobiernos autonómicos que alimentan en vena a sus periódicos; otros son apéndices de grandes cadenas de televisión…

¡Bruselas nos va a quitar el jamón!

No sólo se acaban la prensa de papel y los periodistas, sino que la extinción amenaza también al jamón. Nos lo cuenta Ignacio Ruiz-Quintano (ABC):

Europa es freudianamente castradora, y en Bruselas, Trento de la democracia, primero declararon pecaminosa la siesta y ahora declaran pecaminoso el jamón. (…) para castrarnos el jamón, Bruselas prohibirá la castración de cerdos, que ya pueden hacer suyo el grito progresista: «Nosotros estiramos la pata (que es un jamón), nosotros decidimos la cata».

Pero hay que decir que al cerdo no se le capaba por placer (sadismo), sino por gusto (que no es lo mismo).

– Capar un gocho era para que el tocino enverronase, cogiera gusto, que aquí decimos enverronado al tocino de buen paladar.

Pero al menos siempre tendremos Coca-cola. Salvador Sostres (El Mundo) apoya los despidos en las plantas embotelladoras españolas a cambio de salvar más empleos. Su columna, bajo el título de Coca-cola, es una apología del capitalismo y la iniciativa privada.

Prefiero una Coca-Cola a un liberado sindical, los Estados Unidos a las hambrunas socialistas, la fuerza de la libertad a la corrupción intervencionista. Prefiero los 3.500 puestos de trabajo que después de la tormenta mantendrá Iberian Partners, la sociedad resultante de la integración de las siete embotelladoras de Coca-Cola en España, a los millones de empleos que se han perdido por culpa de los convenios colectivos, una estafa al trabajador honrado y un atraco al empresario, hasta que tiene que acabar cerrando. Prefiero un ERE a un cierre definitivo

He vuelto a beber una Coca-Cola diaria. En agradecimiento, en homenaje. Por lo bien que me ha hecho sentir durante tantos años, por ser símbolo de la mejor América, por el vigor del capitalismo, por la magia de Santa Claus, por nuestro estilo de vida. Porque entre tanto resentimiento y tanto cretino, el ruido de una lata de Coca-Cola abriéndose es música de insurgencia.

Incluso admite Sostres que corrompe a su hija pequeña.

Ayer salí a desayunar con mi hija y le dejé beber un sorbo de mi Coca-Cola. Sólo uno porque si no mami se va a enfadar. Luego, de vuelta a casa, le enseñé a decir: «Somos los buenos y os vamos a ganar».

¿Será Cataluña la nueva Ucrania?

Por desgracia tenemos que ocuparnos de política. ¡Culpe usted a los políticos, amigo lector!

Patxo Unzueta duda de que haya moción de censura en Navarra, y ya sabemos que El País manda y el PSOE obedece:

No es lo mismo coincidir con Bildu en una votación municipal o parlamentaria que llegar a un pacto de Gobierno, incluso si fuera con límite temporal. No solo porque tendría un alto coste electoral para el conjunto del PSOE, sino porque sería incoherente con su política respecto al fin de ETA, que incluye no favorecer el acceso de los herederos de su brazo político a posiciones de poder donde no tengan mayoría absoluta. Es cierto que en teoría el PSN podría presentar la moción sin pacto previo, y que Bildu la votase. Pero al presentarla ya está indicando que espera su voto y adelantando su alternativa para después de las elecciones. De ahí que Barcina, que podría convocarlas ya, desafíe a los socialistas a presentar antes la moción de censura: para poder acusarles en la ulterior campaña electoral de contubernio con Bildu.

Martín Prieto (La Razón) incorpora otro cargo a la causa contra ETA abierta por Covite en La Haya:

Durante los primeros años de Adolfo Suárez, ETA se lanzó a la «operación Ogro», muy centrada en Madrid: provocar un golpe de Estado militar que, probablemente, habría acabado con la monarquía y nos habría hecho retroceder décadas como hombre enfermo de Europa. (…) No les bastaba la lesa humanidad que practicaban sino que aspiraron a la lesa patria y al agobio y bochorno de todos los españoles. El teniente general Gutiérrez Mellado, amigo personal de Suárez, le avisó de que estaban cayendo más jefes y oficiales que si mantuviéramos una guerra convencional con una potencia extranjera. Era la estrategia etarra: soliviantar a las Fuerzas Armadas. Habrá prescrito, pero fue un ataque contra toda una nación.

Arcadi Espada (El Mundo) recuerda una frase del vice de Artur Mas, Francesc Homs, en que advertía de que o sus catalanes sentían colmados sus deseos de ser soberanos o Cataluña podría ser la nueva Ucrania. Muy oportuno, cuando hay varios muertos en Kíev. Además, los únicos muertos por causas políticas habidos en Cataluña en los últimos 40 años los han matado los nacionalistas, vascos o catalanes.

No fue un tuit sonámbulo ni una declaración a fuego vivo. Fue un informe oficial elaborado por el departamento del vicepresidente Homs. Esta frase: «Si, además, el debate se cierra en falso puede desembocar en una situación como la que vive justamente Ucrania en estos momentos.» Las profecías de este tipo corren el riesgo de resultar autocumplidas, y de ahí que deban interpretarse como amenazas. O respetáis nuestra voluntad o habrá disturbios, se le advertía al Gobierno estatal.

Parece obvio que cuando un político desafía las leyes y envía a sus partidarios a las calles para forzar que las leyes cambien ya ha introducido la violencia en sus planes. La ha introducido Homs, la ha introducido su superior jerárquico y la han introducido sus aliados. Sólo esperan, una vez más, que esa violencia les haga víctimas.Y que, siguiendo la costumbre de tres felices décadas, el estatuto de víctimas les dé mecánicamente la razón, ahora ante Europa y el mundo.

Alfonso Ussía (La Razón) propina un soberano puñetazo en la boca a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Quien ha sido ministro del Interior y critica con desalmada dureza a la Guardia Civil y a la Policía Nacional, es, como poco, un desagradecido desmemoriado, y como mucho, un miserable. Hubo muertos en las alambradas siendo ministro del Interior Pérez Rubalcaba. Disparos de los gendarmes marroquíes.

Pero las Fuerzas de Seguridad del Estado no son Oenegés histéricas, buenistas y demagógicas. No se puede estar con la Guardia Civil y la Policía Nacional incondicionalmente siendo ministro del Interior, y dedicarles posteriormente, ya con el poder perdido, toda suerte de desprecios, críticas inaceptables y humillaciones.

Abel Hernández se ‘inspira’ en una columna de Carreras para escribir la suya

John Müller (El Mundo) riñe al presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez-Galán, uno de los directivos mejor retribuidos de la bolsa española, por encima de Emilio Botín, que ha anunciado que va despedir personal y reducir el dividendo.

Si Iberdrola es algo es porque nació y creció al amparo de sus clientes y accionistas españoles, y se vio favorecida por la regulación fijada por los antecesores del mismo Gobierno que ahora la perjudica. Gran parte de sus pasivos, con los que financió su expansión internacional, figuran en la deuda externa de España que tanto complica nuestra situación.

A Sánchez Galán le faltó decir, como Artur Mas, que «España nos roba» y es una pena que un mensaje cargado de tan poderosas razones haya quedado ensombrecido por este desliz que trasunta un esquema de pensamiento impropio de un gestor que sabe que el dinero no tiene patria. Si quería afear al Gobierno su desatinada conducta en el terreno energético le bastaba con enumerar y razonar el «impacto significativo» que representan las políticas confiscatorias que han supuesto una merma de un 7% en sus beneficios situándolos en la nada despreciable cantidad de 2.572 millones.

Abel Hernández escribe un párrafo en su columna de La Razón que me parece muy familiar, demasiado familiar, con el que publicó Frances de Carreras ayer en El País. Lea usted primero a Hernández:

Artur Mas se ha quedado solo, con ERC, IC-V y CUP; es decir, está rodeado de republicanos, comunistas arqueológicos, ecologistas radicales y gentes antisistema. No parece una compañía muy tranquilizadora para la amplia burguesía catalana, partidaria del pacto, la moderación y la racionalidad.

Y ahora a Carreras:

La importancia de este hecho radica en que CiU tiene ya como únicos aliados a ERC, IC-V y la CUP. La foto de un Artur Mas rodeado de republicanos, ecologistas y antisistema es más que inquietante para el habitual votante conservador de Convergència. A veces es mejor estar solo que mal acompañado.

A mí me parece que el bueno de don Abel se ha limitado a añadir adjetivos a los sustantivos usados por Carreras. Hay venerables columnistas que todavía creen que los lectores sólo leen un periódico.

Guardias civiles republicanos y disgusto para Pérez-Maura

La columna risible del día la ha escrito Ramón Pérez-Maura (ABC), muy indignado porque los guardias civiles del Seprona no vitorean al Rey ni a España cuando inspeccionan una montería en Talavera de la Reina, a la que no me queda claro si asistió y de ahí su enfado.

Son 3.635 millones al año. Esa es la riqueza que genera la caza en España, beneficiando a unos 30.000 trabajadores. (…) Frente a este negocio se han alzado en los últimos años los agentes forestales de las comunidades autónomas y, lo que es más triste, el Seprona, una unidad de la Guardia Civil.

Por desgracia, este fundamentalismo del Seprona es constante. Y sus trazas estaban a la vista de los monteros ese mismo día antes de empezar. Cuando todos se reunieron a rezar, pidiendo la protección de la Virgen de la Cabeza, los agentes asistieron sin descubrirse de sus viseras. Como los talibanes, que rezan con turbante -y ese pesa mucho más que la visera que ha reemplazado al tricornio-. Y cuando los asistentes dieron vivas al Rey y a España, los agentes del Seprona guardaron silencio. El Rey y España ya no deben de estar en sus ordenanzas.

Yo entiendo rezar antes de una montería de jabalíes, ¡pero vitorear a España!, ¡y al Rey! Estos cortesanos hacen republicanos por donde pasan.

«¡Cómo está España, Borjamari, los guardias ya no se cuadran al escuchar un viva a nuestro Rey, te lo juro por Snoopy!»

Carrascal escribe la Tercera para elogiar al Ejército, que es más propio de ABC que la columna de Pérez-Maura. Como reconoce, lo hace después de una visita organizada por Defensa a la Academia Naval de Marín.

La economía, pese a los primeros indicios de recuperación, tiene todavía un largo camino por recorrer hasta alcanzarla, y como no sigamos esforzándonos, nos quedaremos donde estamos o peor. La cultura es una jungla en la disputa de subvenciones. La educación, una fábrica de parados. La ciencia, una fuga de cerebros. La justicia, un mar encrespado donde bracean algunos jueces que solo quieren ser jueces y no una finca de la política. En cuanto a esta, ¡ Dios mío! Estamos ante un inmenso pesebre donde las nuevas generaciones aprenden que el que se mueve no sale en la foto ni en ningún sitio, el inmovilismo es total y los errores no hacen más que agigantarse.

En este panorama desolador, solo encuentro un oasis, un motivo para la sonrisa: el Ejército. El Ejército español es el único estamento que ha crecido en estima de una manera lenta pero ininterrumpida en los últimos años.

Y ¿quién está hoy dispuesto a servir en una España donde todo el mundo, personas e instituciones, lo único que hacen, hacemos, es pedir, pedir y pedir?

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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