OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

«Qué triste bagaje, ZP solo puede presumir de ser honesto de cintura hacia abajo»

Losantos deja claro que a los catalanistas no se les compra con dinero enviado por 'Madrit'

Antonio Gala cobra de El Mundo pero lee El País

Otro aniversario del 23-F. Y van 33. Las televisiones emitieron varios documentales y debates al respecto, pero los columnistas de la prensa escrita apenas le dedican atención, y eso que la gran mayoría de las firmas de las columnas ya eran personas maduras cuando Tejero entró en el Congreso. ¿Será que están aburridos de contar siempre lo mismo o de reconocerse engañados?

Sólo hay una excepción: José Luis Martín Prieto (La Razón), que entonces estaba en El País y se reveló a la opinión pública con sus crónicas del juicio. Hoy se muestra desencantado y quizás más sabio.

Aquella asonada la propició el aparentemente imparable terrorismo etarra que buscaba jefes y oficiales entre sus víctimas y el miedo de los más conservadores, a que las autonomías derivaran en separatismos. Como los protagonistas del cuartelazo se rindieron sin disparar más tiros que los de la salva de las Cortes, podría decirse hoy que escribían derecho con renglones torcidos. El secesionismo se ha ampliado desde entonces y no se aprovechó el aldabonazo del 23-F para ir más allá de la LOAPA.

Es imposible una repetición de aquella fecha, pero los antisistemas, ácratas, populistas chavistas, nihilistas y todas las hilachas que se les desprenden a los socialistas sin proyectos y a los comunistas amnésicos , son más inquietantes que aquel Milans del Bosch que para subir la división blindada «Maestrazgo» desde Valencia a Madrid tenía que ir repostando en las gasolineras.

Y después de tanta incorrección política concluye con un homenaje al Rey.

Pero ¿cuál habría sido el desenlace de aquella jornada si en Zarzuela hubiera tenido despacho un presidente de la III República?

ETA se autoverificó

La pantomima del desarme de ETA inspira a algunos columnistas y tribunos.

El profesor Aurelio Arteta escribe donde más bien pude hacer, a los lectores de El País, una tribuna sobre la victoria de los terroristas y sus compañeros de viaje. Estremecedora.

La amenaza que el terror representaba ha sido blandida por los nacionalistas cada vez que exigían, y obtenían, alguna concesión del Gobierno central de turno. Es verdad que la autodeterminación de Euskadi aún no se ha llevado a cabo y que las Fuerzas de Seguridad no se han marchado del país, pero ambas reivindicaciones las reclama ahora abiertamente el propio lehendakari. Y, sobre todo, ¿quieren un síntoma certero de que la banda no ha fracasado?: los apoyos electorales de sus partidos herederos han crecido, y con ello los puestos institucionales que hoy ocupan. Después de sacudir el árbol, había que recoger los frutos.

el terrorismo no ha sido en Euskadi la forma exclusiva de control social ni la principal fuente del temor ciudadano. En Cataluña, sin ir más lejos, ni siquiera era preciso. Mucho más extendida ha sido la presión grupal ejercida por ese abertzalismo imperante que se recrea en su disparatada aureola progresista. Para la inmensa mayoría, el sentimiento opresivo no era tanto el miedo al pistolero como al vecino o al colega. Es el miedo de cada cual a quedarse solo lo que ha impregnado la atmósfera en Euskadi y, a mi entender, semejante control pervive bajo múltiples rituales. (…) ¿Qué grado de sumisión al ambiente se requiere para que la mayoría de castellanohablantes fuerce a sus hijos a cursar el modelo de enseñanza en euskera?

El más irónico, Santiago González (El Mundo).

Al parecer, Manikkalingam y su acompañante no comprobaron si se había vertido plomo fundido por el cañón y/o en el hueco del cargador o el tambor. Es probable que fuera de uso se refiriese al sellado de la caja, a ver si ETA se va a atrever a romper un precinto puesto por ella misma. ¿Verificación? Fue ETA quien se autoverificó ante la complaciente mirada de estas amables inutilidades. ¿Qué es fe? Creer lo que no vimos.

Recordemos que el juez Ismael Moreno ordenó hace dos semanas la detención del ex presidente y el ex primer ministro chinos por crímenes de lesa humanidad en el Tíbet. Toda la oposición española, incluidos los nacionalismos, va a votar el jueves por mantener la Justicia universal que va a ser abolida por el PP. El conmilitón de Urkullu, Aitor Esteban, defiende la jurisdicción del juez Moreno para encausar a gobernantes chinos. Pero cuando el mismo juez Moreno cita como testigos a Manikkalingam & Co., lo ponen a parir por su falta de respeto. Homérica la verificadora Fleur Ravensbergen, que, al recibir la citación, dijo «quel dommage!», pero que tenía que irse a cuidar a su niño. Y se fue.

El más culto, Juan Manuel de Prada (ABC), que se centra en la lamina del cuadro Guernica de Picasso (también reividincado por los nacionalistas vascos, sean moderados o etarras), y recuerda la biografía tan poco edificante de este supuesto genio.

¿Habría defendido Picasso las reivindicaciones etarras? Su biógrafo Henry Gidel nos revela que no era nada partidario del acercamiento de presos: cuando la Gestapo arrestó a su follamigo de la juventud Max Jacob y lo envió al campo de concentración de Darcy, Cocteau escribió un manifiesto reclamando su liberación y le solicitó a Picasso que lo firmase; pero Picasso se negó, alegando que Max Jacob era un ángel y le bastaba batir las alas para escapar de su encierro.

No les interesa el dinero

Y del nacionalismo vasco al nacionalismo catalán.

Federico Jiménez Losantos (El Mundo), que conoce bien ese mundillo, repite que a los separatistas no se les puede ni comprar ni aplacar, por muchas ilusiones que se hagan los gobernantes de Madrid.

Para el nacionalismo la cosecha anual era sólo preludio de la siguiente. Para PSOE y PP sólo contaba lograr a costa del Estado el apoyo al Gobierno. Y así, año tras año.

Nunca buscaron los nacionalistas catalanes sólo dinero. O sólo en la medida en que el dinero suponía Poder. Pero lo fundamental era y es el Poder. (…) el fin del nacionalismo catalán era y es la conquista del Poder absoluto, no del Poder que aún conserve España en Cataluña sino de un Poder sin freno legal ni material, de un poder absoluto, de una dictadura sin límites, porque para acabar con lo español y los españoles de Cataluña hará falta una dictadura interminable. Eso es lo que unos ocultaban y otros no querían ver. Ya no cabe engañarse: a la vista está.

Pero hay más columnistas que apelan al entendimiento, el diálogo y la comprensión, aunque no con el nivel de Losantos, con motivo de la presencia del príncipe Felipe en Barcelona.

Toni Bolaño (La Razón):

El Congreso Mundial de Móviles augura una nueva semana de contactos. Algunos de los empresarios presentes pensando en qué pasará con esta cita que significa una inyección importante en su cuenta de resultados. El Príncipe Felipe sabe que todos los focos estarán sobre Barcelona y, por eso, estará tres días en la Ciudad Condal. Se reunirá con empresarios, con dirigentes políticos, con representantes de la sociedad civil. Se abre de nuevo la carpeta de la diplomacia. Más allá de fijar posición -unos y otros- ha llegado la hora del diálogo. De ese del que tanto se habla, del que todo el mundo se llena la boca, pero que nadie ejerce. Estamos al borde del fracaso más estrepitoso de la democracia. Si repudiamos el diálogo, ¿quién gestionará la frustración?

Màrius Carol (La Vanguardia):

Había expectación por escuchar los discrusos del príncipe Felipe y del presidente Mas. (…) Los presentes habían desayunado con la entrevista a Viviane Reding, vicepresidenta de la CE, donde decía: «Se lo ruego, lleguen a un acuerdo entre Cataluña y España».

Fernando Rayón (La Razón), que se gana a pulso el apelativo de separador:

Siempre he pensado que los problemas de Cataluña tienen la solución dentro de Cataluña. Por eso está bien que el Príncipe escuche y tome nota. Va a necesitar a los catalanes para resolver sus problemas.

Que los catalanes solucionen los problemas de Cataluña. ¿Y los demás españoles no pitan nada?

Ignacio Camacho (ABC) advierte de que algunos nacionalistas quieren hechizar al príncipe.

Algunos pragmáticos soberanistas que rodean a Mas blasonan de una vaga simpatía monárquica para ofrecer un perfil pactista y moderado, y en su fantasiosa quimera sueñan con seducir a Don Felipe con la oferta de un confederalismo borbónico bajo su arbitraje coronado. Se trata de tipos entrañables que no sólo quieren separarse de España por el bien de los españoles sino precipitar el orden sucesorio para hacernos sentir más cómodos. El otro día uno de ellos, por cierto de los de cabeza mejor amueblada, condescendía en algunos círculos privados de Madrid con una abstracta fórmula de Commonwealth celtibérica coronada bajo la seña histórica del Principado. Pero reconocía que puede hallarse en minoría porque la inflamación emancipadora tiende a un fervor de barretina frigia y a una tradición de legitimidades republicanas que en la intentona anterior acabó, por cierto, con una batería de cañones plantada en la plaza de Sant Jaume. Alcalá Zamora y Lerroux eran republicanos pero no del todo idiotas.

El Rey a Zapatero: «No me quieras tanto, José Luis»

Ahora ponemos una ristra de columnas y tribunas de ABC, que hoy viene cuajado de ellas.

Hughes (ABC) analiza la entrevista de Zapatero por Risto Meijide:

Es decir, un sucesivo escurrir el bulto: Aznar en el 11-M, la Corona y Rajoy en el Proceso, Mas en el problema catalán y la crisis, por venir sin avisar. Estuvo institucional en la defensa del Poder Judicial y su independencia y no entró al trapo jacobino, rampa abajo, que le tendía el presentador. «El Rey no debe abdicar. Hemos de preservarle un buen final». Palabras de afecto a la única persona que siempre le llamó en los malos momentos. Pero si Su Majestad vio la entrevista estaría diciendo: No me quieras tanto, José Luis.

Nadie diría que José María Carrascal es un octogenario. Hace unos días, loaba al Ejército después de haber visitado la Academia de Marín, y hoy zanja el conflicto de Ucrania dividendo el país, como proponen sus amigos de EEUU.

Mirando el caso desapasionadamente, la salida más práctica sería la división de Ucrania en las dos partes que la forman. Pero puede ser la más difícil de alcanzar: los nacionalismos, como sabemos -o deberíamos saber- son lo más irracional del mundo. Así que nos queda sólo esperar y cruzar los dedos.

Pilar Cernuda (ABC) nos da una noticia sobre la cantera de votos de Vox:

Alejo Vidal-Quadras cuenta con una importante cantera de votos para Vox: los británicos residentes en España, sobre todo en Andalucía y Levante. Son unos 370.000, que pueden votar en las elecciones europeas si se inscriben, lo que han hecho hasta ahora unos 80.000. Vidal-Quadras acordó hace meses con los conservadores británicos trabajar de forma conjunta para intentar formar un grupo de 25 diputados pertenecientes a 7 países distintos.

El arabista Serafín Fanjul escribe la Tercera de ABC lamenta que la derecha, sobre todo el sector político y funcionarial, desprecie la cultura y la educación.

La cultura – lo reconocemos con tanto pesar como claridad- siempre ha importado una higa en nuestro país a la derecha política, aunque esa afirmación requiera notables matizaciones que aquí no podemos desarrollar. Y, sobre todo, nos referimos a los aparatos políticos, no a ciertas instituciones, masa social «de derechas» o mecenas individuales. Más bien aludimos a hechos globales de mucho bulto, sucedidos desde la Transición, para no perdernos demasiado lejos: la entrega, con tanta ligereza, de la enseñanza a las comunidades autónomas (que nunca debió producirse) evidenció el nulo interés que la derecha tenía por este capítulo, ante el alborozo de la izquierda y los separatistas, que vieron cómo les regalaban las bases para el desmadre, luego perfeccionado por ellos mismos

Antonio Gala no tiene televisión ni radio

La columna ridícula del día es la de Antonio Gala, el pobre, que parece que no tiene televisión en su casa. Escribe como si Yanukovich siguiese siendo presidente de Ucrania.

Sacadas las conclusiones de Sochi, Yanukovich -ni muy patriota ni muy valiente- estará reclamando la presencia, in articulo mortis, de Putin.

Otra cosa que sabemos de Gala es que lee El País aunque escriba en El Mundo y cobre de Unidad Editorial. ¿Por qué? Porque emplea el gentilicio ucranio, como hace El País, mientras que El Mundo emplea ucraniano:

Los ucranios, de dentro y fuera, aporrean las puertas de su libertad.

Pocas veces habremos visto un caso de mayor desagradecimiento de un columnista al periódico que le paga. Y que yo sepa todavía no ha escrito ni una palabra de agradecimiento a Pedrojota, que le regaló esta bicoca.

Y la columna canalla la escribe César Vidal (La Razón), en que quiere ajustar cuentas con un enemigo del que no se atreve a dar su nombre, pero que, a la vista de su soflama, debe de ser mejor persona que él.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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