OPINIÓN / Afilando columnas

Ussía, contra la euforia del Gobierno: «Moody’s es un hijo de la gran p…»

Santiago González (El Mundo): "Fue ETA quien se autoverificó ante la complaciente mirada de unas amables inutilidades"

Lo que algunos pretendían que era todo un arsenal, en realidad era tan sólo un fusil, una pistola, dos revólveres y un par de granadas, además hay una pequeña cantidad de explosivos y de materiales para fabricar bombas. Vamos, que en lo referido a armas, en cualquier cacería hay muchas más. Y en cuanto a explosivos, en cualquier peña fallera se acumulan muchos más a la espera de los grandes días de las fiestas valencianas. Y frente a lo escaso del material mostrado por los terroristas, que para más recochineo después lo metieron en una caja y se volvieron a llevar, lo textos dedicados a este asunto son muy numerosos. Tanto, que la cuestión sigue ocupando gran parte de los espacios de opinión de la prensa de papel española del 24 de febrero de 2014.

El peculiar modo de pensar de algunos ‘progresistas’ no deja de sorprender al afilador de columnas. En el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’ encontramos un texto realmente sorprendente. Juancho Dumall, director adjunto de El Periódico, reconoce que el numerito de los verificadores y los etarras que muestran unas pocas armas para después llevárselas es poco serio. Sin embargo, lo que realmente le indigna es que la Justicia haya funcionado como debe haberlo. Y muestra su enfado en El verificador verificado:

No deja de resultar insólito que los verificadores, personas de reconocido prestigio y con experiencia en otros conflictos internacionales, hayan sido tratados por la fiscalía española casi como posibles colaboradores de una banda armada. Y por algunos medios de la derecha, como unos aprovechados que cobran 750 euros al día por un trabajo que nadie les ha pedido. Venían para ayudar, pero se han encontrado con un muro de ingratitud.

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Si unos tipos se reúnen con unos terroristas alrededor de unas armas, de las que no se sabe qué ha pasado tras el encuentro, lo normal es que el Juez les llame a declarar. Las opciones son varias. Primera, que los verificadores se hayan quedado con el armamento, con lo que tienen material que son pruebas de posibles delitos y por lo tanto han de entregarlo. Segunda, que esos mismos señores hayan destruido las armas, con lo que habrían destruido pruebas, lo que constituye un delito. Tercera, que los etarras se llevaran las armas, que es lo que dicen que ocurrió. Esto último implica que esas personas de, según Dumall, «prestigio» tan sólo participaron en una cutre obrilla destinada a engañar a los españoles.

Pero claro, para algunos lo malo es que se quiera saber qué pasa con armamento de los terroristas y quiénes son esos miembros de ETA.

Tomamos el AVE hasta Madrid y nada más llegar a la capital de España nos encontramos con que Santiago González en El Mundo analiza el mismo tema desde un punto de vista radicalmente contrario. Titula ‘Hacer un Manikkalingam’:

Al parecer, Manikkalingam y su acompañante no comprobaron si se había vertido plomo fundido por el cañón y/o en el hueco del cargador o el tambor. Es probable que fuera de uso se refiriese al sellado de la caja, a ver si ETA se va a atrever a romper un precinto puesto por ella misma. ¿Verificación? Fue ETA quien se autoverificó ante la complaciente mirada de estas amables inutilidades. ¿Qué es fe? Creer lo que no vimos.

Añade:

A partir de ahora, a cualquier actuación cuyos efectos sean extraordinariamente risibles, se le va a llamar hacer un Manikkalingam. También podría llevar el nombre de Urkullu o de cualquiera de los políticos o líderes de opinión que han hinchado las expectativas hasta este punto del ridículo.

El problema es que el ridículo es, además, un insulto a los españoles en general y a las víctimas de ETA en particular. Los autodenominados verificadores se comportan como meros propagandistas de los terroristas.

Aunque no entra a comentar el vídeo, Isabel San Segastián también escribe sobre la organización terrorista, y la política hacia ella, en ABC,. Titula Hasta la derrota final:

Existe una contradicción evidente entre la pretendida derrota de ETA y su obstinada negativa a firmar la rendición. Si la Guardia Civil conoce, como se filtra desde fuentes cercanas al poder, el emplazamiento de los «zulos» de armas y el paradero de los terroristas que todavía están libres, ¿por qué no son incautadas esas armas y detenidos esos asesinos?

Eso mismo nos preguntamos muchos españoles. Concluye la columnista:

La derrota de un enemigo como ETA no se logra con gestos o palabras, sino mediante obras decididas. Persiguiendo a sus sicarios hasta el mismo infierno, como se nos dijo que se haría, obligándoles a cumplir sus penas sin el menor beneficio e instando la ilegalización de su brazo político, en aplicación de la Ley de Partidos vigente. Es cuestión de voluntad política y de lucidez suficiente para saber que todo lo que no sea avanzar en esa dirección es retroceder hacia la derrota final; la nuestra.

Seguimos en el diario madrileño de Vocento, donde Hughes analiza la entrevista de Risto Mejide al ex presidente del Gobierno metido a supervisor de nubes. Titiula ¿Cómo estamos, Risto?

Para ser exactos, lo que comenta el columnista son las respuestas de Rodríguez Zapatero:

Es decir, un sucesivo escurrir el bulto: Aznar en el 11-M, la Corona y Rajoy en el Proceso, Mas en el problema catalán y la crisis, por venir sin avisar.

Añade:

A mitad del programa, una cosa quedó clara: Zapatero había encontrado la horma de su zapato. Si él ponía morritos, Risto le respondía con más. Eran dos señores haciendo visajes en un sofá.

Concluye, no sabemos si con cachondeo o con pena:

Hay dos escuelas de pensamiento sobre Zapatero: una que considera que al final fue un desastre, otra que lo fue desde el principio. Bastante tiene la Historia con tener que juzgarle.

Si mal lo tiene la Historia, que ha de juzgarle, peor lo tenemos los españoles, que hubimos de sufrirle.

Pasamos ahora a La Razón, en cuya contraportada Alfonso Ussía comenta la mejora de la calificación que la agencia Moody’s concede a la deuda española. Se demarca de la euforia de los periodistas afines al Ejecutivo del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante. Titula, con ironía, La mejor noticia.

Llevaba años esperando que Moody’s mejorara la calificación de la deuda española, y la paciencia siempre tiene premio. Para mí, las calificaciones de Moody’s son palabras mayores. A partir de ahora todos los españoles contribuyentes pertencientes a las clases media y baja en lo que a la economía se refiere, seguiremos igualmente arruinados, perseguidos, masacrados y trabajando para el Estado. Pero el Tesoro Público y las grandes empresas podrán financiarse en mejores condiciones, lo cual es altamente consolador.

Concluye:

Tiene que ser una noticia extraordinaria porque Rajoy, De Guindos, Montoro, Soria y Fátima Báñez se han manifestado felices y orgullosos. Hay ministros que han asegurado que a partir de este año se creará empleo. Lo que no han dicho es que también se destruirá empleo, y si lo que se destruye es más de lo que se crea, muy mal vamos a solucionar el mayor problema de España por mucho que Moody’s opine lo contrario. Es decir. Que la noticia es formidable, y hasta me atrevería a calificarla de fundamental para el futuro de unos pocos españoles. Mejor el bien de pocos que el mal de todos. Pero con independencia a su influencia en nuestra economía, permítaseme afirmar, que en mi opinión, Moody’s es un hijo de la gran puta.

Este humilde lector de columnas tampoco comparte la euforia del Gobierno, pero no cree que Moody’s tenga la culpa de la nefasta política del ejecutivo, la verdad.

Cerramos en esta ocasión en la contraportada de El País, donde Almudena Grandes firma Teatro. Comenta varios episodios de la actualidad política, que para ella son meras representaciones, como la declaración de la Infanta Cristina ante el juez o las palabras de Esperanza Aguirre diciendo que le parece bien que Granados haya diminito. No falta una referencia al numerito de las armas de ETA:

Tanto los verificadores como los representantes de Bildu sabían igual de bien que el numerito de ETA no iba a colar. Sin embargo, todos representaron su papel con idéntico entusiasmo.

Concluye:

El teatro donde los responsables escenifican a diario la triste comedia de las mentiras provisionales, concebidas solo para ganar tiempo, habla peor de nosotros que de ellos. Mientras no seamos capaces de imponernos a la fragilidad de las instituciones para reivindicar nuestra dignidad con contundencia, seguiremos siendo tontos útiles, cooperantes involuntarios en nuestra propia ruina. Entre la pasividad y los contenedores en llamas, existe un camino que se llama política. Hasta que no lo asaltemos, nada de lo que pasa en este país tendrá remedio.

Compartiendo mucho de lo que dice Grandes, el problema es cómo asaltamos la política. Hemos de tener mucho cuidado con los populismos, no vayamos a ponernos en las peores manos a la hora de regenerar un sistema que hace aguas por todas partes.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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