OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Desmayos entre las marquesas: ¡Alfonso Ussía traiciona al Rey!

La Vanguardia agradece "el acto de justicia" de Miguel Cardenal defendiendo al Barça

Raúl del Pozo revela que hay columnistas y periodistas que hacen sus comidas en los cócteles

Empiezo a leer la última de La Razón, en busca del ingenio del Beau Brummel del periodismo cortesano español (en disputa por ese título, lo admito, con Ramón Pérez Maura de ABC), y me casi me trago el cigarrillo del susto que me pego. Así empieza este 5 de marzo de 2014 su columna Alfonso Ussía:

Lo que escribo es incorrecto. Traiciono la confianza del Rey. Pero creo que es oportuno.

Un verdadero aristócrata de sangre (no como Bob Esponja, digo Luis María Anson), reconociendo que traiciona al Rey. Bueno, como hicieron tantos cortesanos, con título de Castilla o sin él, que dejaro en la estacada a Alfonso XIII el 14 de abril y al conde de Barcelona cuando el general Franco eligió a su hijo para sucederle.

No es nada nuevo, pero ¿a que promete? ¿De qué nos va a hablar a Ussía?, ¿de la implicación del Rey en la dimisión de Suárez y el 23-F, de las maniobras reales contra los separatistas, de Corinna?

Vuelvo a la prolongada conversación con el Rey -años ha- en su despacho de Zarzuela. -Ayúdame, ¿quién crees que merece un título nobiliario?-. Le propuse dos nombres y una baraja a elegir la carta. -Antonio Mingote, Plácido Domingo, y un empresario español, en América o España, que haya creado de verdad miles de puestos de trabajo-. Pensaba en Amancio Ortega. El Rey tiene el absoluto dominio de las concesiones nobiliarias, y le interesó mi propuesta. -¿Qué títulos les darías?-; -Señor, a Mingote, cualquiera que no sea marqués de Mingote. Si yo fuera el Rey, que no lo soy, le haría marqués de Daroca, su raíz, su amor, su sitio. A Plácido Domingo, marqués de Igueldo, o de Ondarreta, o de La Zurriola, algo que tenga que ver con San Sebastián, la cuna de su madre. Y al tercero, al empresario, lo que lleve a sus raíces de humildad y de trabajo-. Falté a mi obligada discreción y escribí un artículo. Luis María Anson escribió otro, apoyando la idea. Posteriormente, fue Luis María el que más presionó con su influencia, esa fuerza de la que yo carezco. Un año antes de su muerte, el Rey le concedió el título de marqués de Daroca a Mingote.

La traición al Rey es contar una conversación privada en la que el heredero del 18 de julio le pide recomendaciones para crear nobles. Y luego hay un misterio en su última línea:

Y pensé que siempre existen justificaciones para comprender las ausencias, más aún cuando el espíritu de Antonio, que era todo comprensión y amnistía, presidía el portal de su casa.

¿Se refiere a la infanta Elena, que era vecina de Mingote?, ¿o a Lina Morgan, que también lo era?

Entre la columna yo-yo de Alfonso Ussía y la columna-lametazo de Bob Esponja, digo Luis María Anson, de ayer, dedicada a SSS (Soraya sencilla y y solidaria) he quedado harto de los cortesanos por una temporada. ¿Ve usted lector amigo la fortuna que tiene de ser plebeyo?

Los futbolistas, tan impunes como los Borbones y los políticos

¿Y cuál puede ser el segundo asunto de más interés para el noble pueblo español después de los avatares por los que el dibujante Mingote fue creado marqués? Pues los aprietos de FC Barcelona con Hacienda. Ayer se me pasó el artículo del secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, en defensa del Barça, que además de ir segundo en la Liga está perseguido por el juez Ruz, porque presto más atención a las películas de Clint Eastwood y al tabaco que al fútbol, pero esta vez no se me escapan las reacciones.

David Gistau (ABC) cree que el artículo, publicado en el nuevo periódico gubernamental, El País, es un intento de salvar lo único salvable de la España actual: el deporte, vicio en el que han caído tanto Zapatero como Rajoy.

El artículo publicado ayer por Miguel Cardenal aporta una novedad en el criterio de la inmunidad por el bien de Estado. A los policías y guardias del Señor X durante el felipismo, a la Corona cuando uno de sus miembros es llamado a declarar, se suma ahora nada menos que un club de fútbol.

Cardenal ha cometido el mismo error que Rajoy cuando, antes de que el juez Castro pudiera siquiera preguntar, defendió la infalibilidad de la Infanta creyendo que así contribuía a salvar el prestigio de una institución vertebral.

Desde que España entró en crisis y propició un aumento del autoodio, se instaló la convicción de que sólo el deporte constituía una representación digna. Tal vez por eso el Estado, o al menos algunos de sus funcionarios, hayan asumido su protección al mismo tiempo que procuraban beneficiarse de su cercanía en los retratos. El propio Zapatero se aventuró en una defensa de Contador basada en la fe cuando el ciclista era investigado. Se diría que, convertidos en Estado por otros medios, los deportistas terminan por beneficiarse de las limitaciones ante el cumplimiento de la ley con las que la endogamia del poder se protege a sí misma.

Pero Màrius Carol (La Vanguardia) agradece el gesto y el artículo a Cardenal, lo que abona las teorías conspirativas que explican esas letras como un intento de Soraya sencilla y solidaria o de su jefe, lector empedernido del Marca, de echar un poco de agua en la hoguera catalana. Carol titula su billete como ‘Palabra de Cardenal’. ¡Qué ironía! Por debajo de Josep Pla, pero un poco por encima de los artículos de Luis de Galinsoga elogiando al caudillo.

En un país donde abundan los pirómanos de la política, que alguien ejerza de bombero de la cosa pública resulta reconfortante. Es el caso de Miguel Cardenal.

Estoy convencido de que el presidente del CSD era consciente de que su artículo iba a levantar ampollas, pero lo escribió sabiendo que resultaba un acto de justicia. En los pasillos del Congreso se ecucharon las primeras críticas, con UPYD a la cabeza. Cardenal ha sido valiente (…) se agradece la palabra imparcial (sic) de la voz autorizada del deporte.

Advierta, amigo lector, el estacazo a UPYD, partido al que distinguen con sus insultos otros columnistas del periòdico más vendido en el franquismo, Jordi Barbeta y la doctora Rahola.

«¡Viva Rusia!» y «¡Rusia es culpable!»

La primera columna que aconsejo leer sobre Crimea es la que ha escrito Ignacio Ruiz Quintano (ABC) diciendo verdades como puños.

La primera víctima de la guerra no es la verdad, en cuyo jardín ya introdujo una serpiente Poncio Pilatos ( « ¡ La verdad! ¿ Qué es la verdad?»), sino los tertulianos, obligados, de pronto, a poner su voz de odre sobre Crimea, cuando carecen del ingenio de Rafael el Gallo: -No conozco Rusia. Estuve a punto de ir una tarde, hallándome en París.

Con Rusia, el español sólo se mueve entre el «¡Viva Rusia!» del rojo de Pablo Iglesias y el «¡Rusia es culpable!» del facha de Serrano Súñer («Camaradas: No es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable!»), y en lo demás estamos hoy en manos de María Soraya, que tendrá leída «La rusa»; de Wert, que habrá oído hablar de Chechu Biriukov o de Petia Petrov; y de Margallo, que conocerá a Liliana Romero, hija de la espía rusa que inspiró a Ian Fleming la novia de 007, seducida por un sevillano en Cannes.

A partir de aquí, podemos leer a José María Carrascal (ABC), que parece uno de esos tertulianos desnudados por Ruiz Quintano:

hay que buscar una salida diplomática a esta crisis, la que sea, salvaguardando los intereses de todas las partes. Solución que podría ser la «finlandización» de Ucrania, un estado colchón entre el este y el oeste, como lo fue Finlandia en la Guerra Fría. Aunque va a ser difícil que los rusos suelten Crimea, ahora que la han recuperado. El mayor obstáculo, sin embargo, siguen siendo los nacionalismos, sueltos de nuevo por Europa. Así que hay que esperar lo mejor y estar preparados para lo peor. Como si nada hubiéramos aprendido.

Antonio Gala (El Mundo) demuestra que tiene las neuronas dormidas. Obsérvese qué juegos de palabras.

Desde que llegó Putin, el mundo se dio cuenta de que, por nombre, se queda corto. Un buen aumentativo, en él acentuado, le habría vendio como anillo al dedo.

Yo creo que el odio de Gala a Putin no es por Crimea, sino por sus leyes contra los activistas homosexuales…

A continuación, con más aprovechamiento, leemos a Francesc de Carreras (El País):

Los gravísimos acontecimientos de Ucrania ponen de relieve la importancia del precedente en cuestiones jurídicas. En efecto, fuerzas rusas han invadido Crimea o Rusia ha violado la integridad territorial de Ucrania, escojan la expresión que prefieran. En todo caso, razones políticas e históricas aparte, se ha producido una clara vulneración del derecho internacional por parte de Rusia. Ahora bien, esta vulneración tiene precedentes similares y todo ello complica la solución.

Irak, Kosovo, Georgia: de aquellos polvos vienen estos lodos.

A Federico Jiménez Losantos (El Mundo), algo exagerado:

El II pacto germano-soviético (…) está basado en la renuncia de Alemania a la energía nuclear y a un ejército propio a cambio del gas ruso, lo que le convierte en socio económico preferente y aliado político de Moscú en la Unión Europea. Los USA se han replegado a sus líneas bobas de 1918: Wilson, la Sociedad de Naciones y el principio de autodeterminación, que vale para Kosovo y no para Crimea.

Y a Pablo Sebastián (Republica.com), que se asombra de los paseos por Madrid al ministro de Exteriores ruso.

En plena crisis de Ucrania llega a Madrid el ministro ruso de asuntos exteriores Sergei Lavrov y el gobierno español lo pasea por tres palacios, La Moncloa, La Zarzuela y Santa Cruz (…), lo que no deja de ser un triple redundancia sin mucho sentido en la que las autoridades españolas buscan más fotos que eficacia

Además, menciona el bodrio del Instituto Elcano, repartido entre PP y PSOE.

Y por cierto el pomposo informe del Real Instituto Elcano titulado ‘Hacia una renovación estratégica de la política exterior española’, es una verdadera tomadura de pelo plagada de obviedades y lugares comunes donde no se abordan de frente ni de perfil los desafíos exteriores de nuestro país, de los que pronto hablaremos aquí.

Los dilemas del periodista

Raúl del Pozo (El Mundo) escribe sobre el desdichado destino de los periodistas, apretados por los poderosos y por la crisis. Una meditación sugestiva.

Hoy, para prosperar en la Corte es mejor no escribir muy llanamente, sino de forma oblicua; sin adoptar la postura inclinada, no es que sea difícil publicar, sino sobrevivir. Conozco a reporteros y columnistas que comen en los cócteles. Escribir en Madrid no es llorar, sino lampar. Según la Asociación de la Prensa, se han cerrado en los últimos seis años 284 medios (periódicos, televisiones, agencias, diarios, gratuitos…) y se han destruido 11.000 puestos de trabajo en los ERE, cierres y recortes.

No está claro que la postura correcta para sobrevivir sea la del escriba, porque si das coba a los que mandan, te desprecian; si los criticas, te callan o te condenan a escribir en el espacio y a ser becario. Nadie puede negar que en la actualidad hay libertad de información pero, como es natural, los poderes se reservan el último recurso para controlar los medios: publicidad institucional, concesiones de radio y televisión, advertencias a las empresas anunciadoras o, simplemente, cañamón al rompepelotas.

Pese a la creciente libertad de expresión, los medios están cada vez más asfixiados.

Ahora es imposible matar a millones de mensajeros que dan noticias en todos los soportes de la Red. Lo intentan, inútilmente, en China, en Irán, en Arabia Saudí. (…) Hoy vivimos la explosión de la libertad en un mundo abierto, aunque hay quien sospecha que el desguace de medios y la coacción a la prensa son síntomas claros de la crisis de la democracia.

Siento decir que Manuel Jabois (El Mundo) firma la estupidez del día. Al escribir sobre el libro de Jaime Ignacio del Burgo dedicado a los atentados del 11-M, asegura que tanto este atentado como la ETA no han conseguido ninguno de sus fines.

El 11-M no cambió la Historia de España como tampoco ETA cambió nada sustancial con sus atentados. Se llegó a la democracia a pesar de ETA y se vivió en democracia mientras ETA mataba gente.

Zapatero reitró las tropas de Irak porque lo decía su programa, y no se hubiera entendido una traición a los españoles para fastidiar a Al Qaeda. La democracia es indiferente a objetivos terroristas.

(Este jovencito no recuerda que González prometió convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN y luego lo convocó para dejarla dentro.)

No, el 11-M no ha cambiado ningún curso de la historia.

Sin el terrorismo, no habría habido Estados de las Autonomáis, ni transferencias de educación, ni amnistía a los terroristas, ni 23-F, ni negociaciones en Argelia, ni cupo vasco, ni… Jabois tiene una idea excesivamente jacobina sobre la virtud y el valor de los ciudadanos.

La Tercera de ABC la escribe hoy el novelista Juan Eslava Galán. Su tema es la emigración africana y hace una propuesta revolucionaria.

Si no fuera políticamente incorrecto podríamos pensar que la solución de los problemas de África, que también son los nuestros, podría residir en que la ONU se hiciera cargo de la administración de sus Estados fallidos y abordara una nueva división territorial más racional que tuviera en cuenta factores étnicos, económicos y culturales. Ello implicaría el derrocamiento de los tiranos, el desarme de las bandas y la imposición de ley y orden. Con escuelas, hospitales, carreteras y una distribución sensata de sus inmensas riquezas, quizá África podría redimirse de las presentes calamidades e incorporarse al concierto de las naciones libres del mundo.

Odón Elorza, un diputado rebelde

Entre el Barça, las avalanchas de africanos y Crimea, un asunto menor: la aprobación por el Tribunal Constitucional de la facultad del parlamento manchego para suprimir sueldos a sus diputados. Pablo Sebastián (Republica.com) por boca de Marcello pone sensatez. Primero, la cifra de parlamentarios que aguantamos en España.

En España hay 1.218 diputados autonómicos, a los que se añaden los 350 diputados nacionales del Congreso y los 266 senadores de la Cámara Alta, lo que nos lleva a la cifra parlamentaria total de 1.834. Sin duda un número asombroso para un país en crisis con un 26% de paro y donde la clase política soporta un creciente desprestigio a decir del total de las encuestas

Después, su propuesta.

Y tiene gracia que Cospedal, cuya familia es económicamente poderosa y que en los pasados años llegó a acumular hasta tres o cuatro sueldos de la política, ahora se nos presente como abanderada de la austeridad. En todo caso el debate está abierto y debe caminar en pos de una propuesta bastante sencilla: menos políticos, menos instituciones y mejores políticos pagados dignamente. Ése es el camino que en este debate hay que andar.

Uno de esos diputados que quizás no merecen cobrar un sueldo es Odón Elorza, al que le publican en El País una tribuna cuyo título me da risa: ‘Tiempo de rebelión para diputados’. se la resumo en dos patadas: el PP está cabando con la democracia y «los diputados y diputadas» (sic) tienen que ponerse a la cabeza d ela rebelión popular.

es preciso que los diputados y diputadas asumamos la imperiosa necesidad de compartir la cabeza de esta rebelión cívica en favor de una democracia social y participativa, de la lucha contra la exclusión, la pobreza y las desigualdades que se han instalado en España con intención de quedarse.

Cabellera cara al viento de la historia (es una imagen literaria) el amigo de tanto político proetarra propone incluso derogar la reforma de la Constitución sobre el tope al déficit que introdujo su propio partido en 2011.

¡Pero qué rebelión popular va a encabezar un señor que lleva con sueldos de parlamentario y alcalde desde los 29 años de edad!

Como es miércoles, en la última de El País se publica la columna de la argentina Leila Guerriero, que se queja de que en su país hay demasiados días feriados, y eso le conduce, como siempre, a la lucha por la justicia.

si no sería más interesante propiciar que más gente tuviera empleos o ejerciera profesiones que le gustaran, antes que resignarnos a la evidencia de que la mayor parte de los trabajos son yugos deleznables de los que es necesario huir apenas se pueda. Y me pregunté qué mundo sería más justo -si un mundo con más feriados o un mundo en el que a más gente le gustara lo que hace-, y me pregunté por cuál de los dos mundos lucharía yo, y encontré respuestas inmediatas.

Lector, si quiere mostrar a sus hijos y nietos la estulticia del progre, enséñeles las columas de Leila Guerriero.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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