OPINIÓN / Afilando columnas

Antonio Gala sentencia desde El Mundo que el «primer culpable del 11-M» es Aznar

Nuevo lamento por Zarzalejos en La Vanguardia, Puigverd: "sacrificó su cargo de director de ABC para defender la verdad sobre el 11-M"

Cuando ya ha pasado un día del décimo aniversario de la masacre del 11-M, los atentados de aquel día siguen dominando los espacios de opinión de la prensa de papel española. Eso sí, el 12 de marzo de 2014 se ha pasado al análisis, en más de un caso es un decir, de la reacción de la población y los políticos, así como a señalar todo tipo de culpables sobre la división de la sociedad y otros asuntos relacionados con los ataques terroristas. Pero antes de entrar en dicha materia, y tras hacer sonar nuestra armónica de afilador, echaremos una mirada a un par de artículos sobre cuestiones diferentes, en los que no falta un punto de humor.

Arrancamos en La Razón, en cuya contraportada encontramos un artículo de Alfonso Ussía titulado Del caoba al naranja, en referencia a unos tonos de cabellera que parecen hacer furor desde hace años entre muchas mujeres de izquierdas.

De izquierdas no soy. Me irrita el buenismo barato, el feminismo profesional, el ecologismo «sandía», los movimientos solidarios, el pacifismo violento, y de un tiempo a esta parte, las mujeres teñidas de caoba, naranja y rosicler. Carmen Rigalt lo escribió días atrás en su página del fin de semana en «El Mundo». La derecha -y ahí coincidimos con los árabes-, adora a las rubias, en tanto que la izquierda pierde la cabeza por una ídem coronada con una melena mandarina.

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Añade:

Quien presuma de buen observador no puede perder la ocasión de contar cabezas teñidas en esos tonos cuando asisten a reuniones o mítines de «Bildu», Izquierda Unida y demás formaciones políticas afines. Todas ellas pertenecientes a mujeres que se dicen «muy cultivadas», y ahí coincido con Nathalie Clifford Barney, la gran escritora indolente, cuando afirmó que al oír que una mujer era «muy cultivada» se la figuraba con rábanos, nabos, coles de Bruselas y zanahorias surgiendo de sus orejas.

Concluye:

Me siento muy orgulloso de este texto. No se me ocurría absolutamente nada y creo, a mi modesto entender, que he salido airoso del trance. Hay días de nubes y desidia, y hoy es uno de ellos. No obstante, nada he escrito por escribirlo sin que forme parte de mi verdad, que no tiene porqué ser la verdad, que allá cada cual con la suya.

Hasta ahora nunca nadie se había dado cuenta de que Ussía no es de izquierdas, aunque tampoco es que se haya molestado en disimular. En cualquier caso, este humilde lector de columnas ha de decir que este es uno de los artículos más divertidos que ha leído desde hace tiempo.

Pasamos a ABC, donde nos encontramos con Antonio Burgos. Con el título de Una Europa andaluza, responde a la política que actuaba en Twitter cual adolescente víctima de la LOGSE — Espectacular mensaje de Elena Valenciano en Twitter desde el Congreso: cuatro erratas en 21 palabras–, que propuso precisamente lo que dice el titular de la columna.

Como deseo, lo de andalucizar (o como se diga) Europa me parece bien, pero lo adivino algo complejo.

Pone diversos ejemplos, tratando de imaginar cosas cono la romería del Rocío, el gazpacho o el cante de Camarón de la Isla en diversos lugares de Europa. Algo prepotente nos parece, eso sí, las siguientes frases:

¿Y de dónde van a sacar esos pueblos, muchos de los cuales fueron bárbaros hasta ayer de la mañana, una Mezquita, una Alhambra, una Giralda, un Falla, un Picasso, un García Lorca, un Velázquez, un Juan Ramón Jiménez? ¿Y una Sierra Nevada, en qué Alpes tendrán que inventarla? ¿Y se dejará el Danubio que lo disfracen de Guadalquivir? ¿Y de dónde van a sacar el sol de Andalucía?

Tal vez algunos fueran bárbaros hasta hace poco, en términos históricos, pero otros tienen una larguísima tradición cultural. Y que no se indigne Antonio Burgos ni ningún patriotero español o un andaluz orgulloso. Este humilde lector de columnas le encuentra muchísimo encanto a disfrutar de un café bien servido (en una bandejita, con su chocolate o su galletita y un vaso de agua mineral) a orillas del río en Bratislava. El Danubio le atrae mucho más que el Guadalquivir.

Cierto que la Mezquita de Córdoba, la Alhambra o la Giralda son monumentos de primer orden, maravillosos; pero también lo son el Parlamento o la Iglesia de Matías de Budapest, Notre Dame de París, el conjunto del casco histórico de Banská Štiavnica, el Coliseo romano, el Palacio Ducal veneciano…

Y no sólo hay pintores y escritores de primer nivel en Andalucía. Sin salir de España encontramos muchos, y fuera de ella todavía más. Para algunos es un auténtico placer, por ejemplo, escuchar la maravillosa pieza Moldova del checo Bedřich Smetana. Hace bien Antonio Burgos en destacar cosas buenas, estupendas, de su tierra, pero sería de agradecer que no cayera en el patetismo de despreciar todo lo que tiene de bueno la magnífica cultura del resto de Europa.

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Sigue el columnista:

Ya sé, ya sé que Elena Valenciano iba por otro lado en su propuesta de la exportación de Andalucía a Europa. Iba por el modelo político. Pues peor. No creo yo que Europa esté como para meterse en el peligroso experimento de que en la Unión gobiernen los socialistas perdedores gracias al voto de los comunistas más perdedores todavía.

Concluye:

Cómo van a aprender los sindicatos europeos a pelar langostinos con la velocidad que lo hacen los barandas de la UGT? Allí, que se la cogen con un papel de fumar, ¿cómo van a poder organizar lo de las facturas falsas? ¿Y el paro? ¿Cómo va a desmantelar Europa de golpe su industria para poder llegar al 35 por ciento de parados? ¿Y cómo igualar a Andalucía en fracaso escolar? Veo bastante complicado que Elena Valenciano logre una Europa más andaluza. Europa es justo lo contrario de este desastre con Costa del Sol y tópicos de la españolada al que llamamos Andalucía. Elena Valenciano ha oído lo de los flamencos y los valones y, claro, se ha hecho un lío. Creía que era por José Mercé y Miguel Poveda y por el Sevilla-Betis.

Al final, también ha terminado siendo gracioso.

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Sin salir del diario madrileño de Vocento entramos en materia del 11-M. Ignacio Camacho titula Lacrimosa:

Las del 11-M son las víctimas menos lloradas de la historia de una nación con cuarenta años de experiencia en el sufrimiento terrorista. El ruido y la furia no nos dejaron lugar para el llanto. Esa herida que es el verdadero fracaso social de aquel maldito día de lágrimas -«lacrimosa dies illa»- no va a curar con unas tiritas de hipocresía reconciliatoria. El funeral conjunto de ayer es un tardío paso adelante en la ritualización de la concordia, pero el clima polémico que continúa envolviendo la efeméride de la tragedia demuestra que la sociedad no ha dejado cicatrizar su encono.

Concluye:

No es aceptable este vacío moral en torno a los ausentes, cuya memoria lleva una década apartada en un limbo de ficticios miramientos y mal disimulado estorbo: diez años discutiendo a muertazos, tirándonos los cadáveres a la cara. Y sí, tenemos derecho a dudar, a reclamar explicaciones, a buscar un relato comprensible y veraz de los hechos, pero sigue estando pendiente el reconocimiento sincero y primordial de que nadie perdió más que quienes lo perdieron todo. Y de que en aquellos días dramáticos extraviamos la conciencia de que el terrorismo nos convierte a todos en víctimas para abismarnos en una miserable y vergonzosa disputa de supervivientes.

Sin estar entre los que buscan explicaciones distintas a la de la sentencia judicial, Camacho se distancia de otros reconociendo el derecho a dudar. Sin embargo, lo más importante del texto es la triste constatación de que las víctimas del 11-M han sido usada por demasiados como mera munición política. Y hablado de uso político del atentado, nos encontramos un buen ejemplo en un artículo del diario ahora dirigido por Casimiro García Abadillo.

Antonio Gala, que desde que Pedrojota Ramírez dejó la dirección de El Mundo ha visto como sus textos aumentan de tamaño y son colocados en un lugar más relevante dentro de las páginas de opinión, titula Postdata: la verdad, un artículo que presenta como la continuación del publicado el día anterior. Ese no nos interesa, lo que quiere destacar el afilador de columnas es algo que dice en el nuevo:

Y eso que no le habían dado aún la hostia [a Aznar, por apoyar la guerra en Irak]. Se la dieron. Nos la dieron: se vengó la yihad. Y luego, por eso, ante la ruina a que llevó su partido, surgió el improvisado Zapatero. Era necesario aclararlo. Ayer di sólo el pésame. Sin nombrar al primer culpable, que ese día salió de la política activa; para la otra, ya tenía a Arriola, hoy también archivado. E improvisó, para sustituirlo, a Rajoy, que personifica el rigor de las desdichas, y al que detesta y por el que es correspondido.

Así que ya sabe, estimado lector, para Gala el «primer culpable» del 11-M no es quien puso las bombas o quien tuvo la idea de cometer la matanza. No, es José María Aznar. Volvemos al «Aznar asesino» con el que el 13 de marzo de 2014 sitiaba las sedes del PP el día previo a las elecciones. Está claro que algunos prefieres culpar a su objeto de odio que a los verdaderos culpables.

)

Unas páginas después encontramos un artículo de Santiago González en un tono muy diferente, denunciando precisamente a quienes tuvieron diez años antes el discurso que todavía mantiene Antonio Gala. Titula Recuérdalo. Pero antes de esa denuncia, recuerda algunas cosas:

Yo, en fin, creí aquel día que la masacre había sido obra de ETA, al igual que: el Gobierno del PP, el Gobierno vasco, cuyo lehendakari hizo una declaración institucional: «Que no se hable de terrorismo vasco. El terrorismo es de ETA». También lo creyeron así aquella mañana: Zapatero, Llamazares, Patxi López, Manuel Chaves, Carod-Rovira, Rosa Aguilar y tantos otros. Otegi, un connaisseur, fue el único que negó la autoría de ETA la mañana del 11-M.

Marca también distancias con la línea editorial mantenida por el mundo durante una década:

Nunca he sido partidario de teorías conspirativas, nunca las he alentado o defendido.

Concluye:

El buen pueblo español se dividió entonces, y va para largo, en dos bandos que encarnan las dos Españas de siempre. Ayer ya apuntaron las protestas multiculturales porque el acto unitario se celebrara en La Almudena. Quizá preferían que se hubiera hecho en la mezquita de la M-30. Después de todo, en aquellos tres días hubo un respeto exquisito para los colectivos musulmanes. Sólo se llamó «asesinos» al presidente del Gobierno y a su mujer en el colegio donde fueron a votar la mañana del 14.

Sobre lo del funeral de 11 de marzo de 2014, este humilde lector de columnas ha de decir que considera que las ceremonias de recuerdo organizadas por las autoridades públicas deberían ser confesionales, pero que la celebrada en la Catedral de la Almudena no fue lo que se llama un ‘funeral de Estado’. Quienes la organizaron fueron las asociaciones de víctimas, que son entidades privadas y tienen, por tanto, derecho a elegir el tipo de acto que consideran adecuado.

Y sobre los insultos de ‘asesinos’ a Aznar y su mujer tan sólo hemos de señalar que resultan repugnantes, con independencia de la opinión que cada uno tenga del ex presidente del Gobierno.

Para concluir este ‘Afilando columnas’ tomamos el puente aéreo. Ya en Barcelona nos asomamos al diario del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. Encontramos en La Vanguardia un artículo de Antoni Puigverd titulado Santos inocentes. Como ya hiciera en ese mismo periódico un día antes Miguel Ángel Aguilar, el columnista suelta unas lágrimas por Zarzalejos:

Las víctimas en España se sacrifican dos veces. Primero son asesinadas y, después, sacrificadas en el altar del fanatismo por los que supuestamente las veneran. De vez en cuando algunos patriotas intentan interponerse entre las facciones, buscando la concordia y la verdad. Son héroes. Muñoz Molina en El País rebelándose contra la conversión de Aznar en asesino por los de izquierda. José A. Zarzalejos sacrificando su cargo de director de ABC para defender la verdad y resistirse a la manipulación de Aznar. Pero son minoría. Las facciones siempre triunfan. Este es su único deseo: machacar al contrario.

Uno se empieza a preguntar cuál es el motivo de tan encendida defensa de Zarzalejos por parte de los columnistas de ABC. Realmente es algo llamativo.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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