OPINIÓN / Afilando columnas

Ignacio Camacho: «La pachorra de Rajoy para elegir el del PP sólo importa a ese reducido núcleo de opinión pública que formamos políticos y periodistas»

Antonio Lucas (El Mundo): "La 'recuperación' también era controlar la información, licuar el periodismo"

No avisa tan sólo el tradicional anuncio de los más afamados grandes almacenes de España. Que ya ha llegado la primavera, aunque amenaza con bajar de intensidad durante el fin de semana, se nota en las temperaturas y también en el tono de algunos columnistas de la prensa de papel española. Nos encontramos desde quien directamente dedica su artículo a esta época del año hasta quien la utiliza como percha para tratar de otros temas. Y por supuesto cual alergia al polen, en la estación de la que se dice que la sangre altera, toca encontrase artículos sobre los partidos sus campañas de cara a las próximas elecciones.

Hacemos sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador y nos ponemos manos a la obra. Por cierto, que nos hemos llevado una decepción al leer el artículo de Quim Monzó en La Vanguardia. Al ver que titulaba Trabajo para los afiladores, por un momento pensamos que nos lo dedicaba a quienes nos dedicamos a esto de comentar los artículos ajenos. Pero no, al final no era más que una promoción de la promoción en la que el diario de Godó vende cuchillos a bajo precio.

Arrancamos en esta ocasión con un punto relajado de la mano de Rosa Montero en la contraportada de El País. Titula Primavera y se dedica a glosar todos esos comportamientos humanos que se pueden ver por las calles en dicha estación, y cuya observación le resulta a ella agradable. Termina diciendo:

Me gustan las personas que van por la calle con una especie de alegría en el cuerpo, el puro gozo animal de saberse vivo, y que, cuando cruzan los ojos contigo, te sonríen. Los días buenos espero ser yo también una de ellas.

En un primer impulso habíamos optado por no dejar constancia de este artículo, un texto que nos parecía frívolo e irrelevante. Pero más tarde hemos pensado que por qué no contarlo. Está bien que de vez en cuando alguien publique en la prensa española columnas relajadas sin políticos de por medio sobre ciertos placeres de la vida. A veces se necesitan cosas así.

Y si a Rosa Montero la primavera le sirve para escribir un artículo optimista, a Antonio Lucas en El Mundo le pasa lo contrario, algo sorprendente si se tiene en cuenta que es poeta además de (o incluso antes que) periodista. Arranca su Ya vamos bien de esta forma:

Observo una cierta astenia de primavera adelantada. No es exactamente un cansancio, sino un salto de código, un «venga, va» para cambiar pronto el rollo. Son varios años desayunando corrupciones, engaños gubernamentales, impotencias de oposición, impuestos al alza y paro a chorros. Años en el trapecio del susto o la mentira. Por eso extraña esta calma descuidada de ahora.

Hace varias referencias a la profesión que compartimos (este humilde lector de columnas cree recordar que su último verso lo escribió en la adolescencia, con lo que ya saben a cuál nos referimos):

El periodismo, a compás, ha rebajado la fuerza de propulsión de sus cañones perdiendo así rigor y sitio.

La «recuperación» también era esto: caer de otro modo y dejar que el hombre se acostumbre, poco a poco, a vivir peor y en más barato. Controlar la información. Licuar el periodismo.

Concluye:

Mientras, nuestra democracia va perdiendo apresto (el periodismo, ni les cuento). El Gobierno intacto y el socialismo cumplido. Ahora es el turno del nacionalismo revisitado, viejo típex de emergencia para tapar lo que importa. Es acojonate que todo esté apostado a un sólo preso oficial, Bárcenas, pagaré falso del falso sistema regenerado. Un Abimael Guzmán sin terno a rayas que abrocha muy bien los telediarios. El resto, en la calle. En fin. Que tiene razón el de siempre. Que la vida sigue igual. Julito, tío, qué oráculo.

¿Qué el periodismo pierde rigor? ¿Que él poder controla la información? Casi daría la impresión de que se está refiriendo a su propio periódico, que ha perdido su postura crítica frente al Gobierno desde la caída de Pedrojota Ramírez y su sustitución por Casimiro García-Abadillo —Pedrojota y García-Abadillo frente a frente: cinco diferencias entre El Mundo de antes y de ahora –.

Seguimos en el diario de Unidad Editorial, donde Lucía Méndez retrata de forma irónica a Artur Mas como El héroe griego en un artículo en el que comenta la falta de respuesta al desafío independentista por parte del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante.

Los demás podemos ironizar cuando Mas se compara con Ulises en su viaje a Ítaca, cuando equipara su misión a las de Luther King o a Gandhi, o cuando asegura que Cataluña puede vencer a España como David venció a Goliat. Pero él lo dice en serio.

Comenta:

El presidente del Gobierno español, la mayoría de los empresarios catalanes, IsidroFainé, el Rey, el Príncipe, el PSOE, los esforzados de la tercera vía y muchos analistas que absorben como una esponja las tesis oficiales llevan dos años esperando a que Artur Mas entre en razón y abandone su idea de llamar a las urnas el 9 de noviembre para que los catalanes decidan si quieren separarse de España.

Ya frenará, era la tesis. Se equivocan. Él no frenará y nadie puede pararlo porque ha dejado de ser un político normal tirando a aburrido para ingresar en el olimpo de los héroes de tragedia.

Vemos que la campaña de Sostres destinada a elogiar los silencios de Rajoy como la mejor estrategia frente al desafío independentista de Mas no cala en el periódico donde escribe. La propia jefa de opinión se encarga de contradecirle.

Y sobre los silencios de Rajoy, aunque sobre una cuestión diferente, encontramos dos interesantes artículos en ABC. Ignacio Camacho titula Fulaneo:

La pachorra de Rajoy para elegir el del PP sólo importa a ese reducido núcleo de opinión pública que formamos políticos y periodistas, tipos cuya vocación profesional tiende a apasionarse por el fulaneo de las nomenclaturas. En términos estrictos se trata de una cuestión muy poco relevante; nadie va a formar colas para votar a Cañete, a González Pons o a cualquier conejito político que el presidente pueda sacarse de la chistera.

Puede que tenga gran parte de Razón Camacho, el afilador de columnas tiene la impresión creciente de que los temas a los que los periodistas damos tanta importancia en muchas ocasiones en realidad no le interesan a casi nadie.

Concluye:

Tal vez no sepamos nunca si Rajoy espera por cálculo táctico o por simple galbana, porque piensa en una jugada maestra o porque le dan pereza las decisiones. Lo más probable es que él mismo haya interiorizado su imagen cesárea, que disfrute alargando las expectativas, que le guste el rol inescrutable y hermético de su personaje. En España se ha acuñado una mitología escenográfica del poder que lo hace parecer más solemne rodeado de silencio. Y en ese marco simbólico se construye una retórica de los gestos capaz de convertir en categoría especulativa lo que no es más que una anécdota intrascendente.

Es cierto que a todos los presidentes del Gobierno parece gustarles jugar con el silencio como una herramienta para demostrar su poder. Pero si lo pensamos, casi es mejor. Cuando se deciden a abrir la boca muchas veces nos recuerdan a la guapa del chiste. Ya sabe usted, apreciado lector, aquella que ante la pregunta de «¿y por qué no hablas?» responde: «¿Pa’ qué, pa’ cagarla?».

También en el diario madrileño de Vocento, el número dos de Ciudadanos para las elecciones europeas, Juan Carlos Girauta, comenta el silencio de Rajoy sobre quién será el cabeza de lista del PP en los comicios para el Europarlamento. Sin embargo, él se centra en Elena Valenciano, a la que retrata en el título como Circe frustrada, en referencia a la diosa y hechicera griega que vivía en la isla de Eea y convertía en animales a sus enemigos y a quienes la ofendían. Lo que no aclara Giratua es a quién le corresponde el papel de Odiseo, que logró vencerla.

EL candidato desconocido del PP a las europeas está haciendo un gran papel. El hecho de que ni él mismo sepa todavía quién es abunda en la prudencia pública que se le exige a todo cabeza de cartel a la hora de hacer declaraciones.

Sobre Valenciano dice:

Trátese la contienda del tema más dispar, atañan los comicios al ámbito que fuere, hay que volver a las dos Españas, revisar los tópicos más cansinos, escoger uno particularmente bueno para la demagogia y colocar una raya bien gorda entre los votantes, con ellos a un lado y la derechona al otro… y adelante con los faroles. En realidad, la fórmula mágica es más homérica que cervantina: convierte en cerdo al prójimo, al modo de Circe. Una vez animalizado quien no comulga con las consignas que suplen todo pensamiento genuino, discurso o matiz, regresa en 3D, y con un formidable colorido, la España que ya solo existe en la memoria de los últimos miembros del Batallón Abraham Lincoln, de las Brigadas Internacionales, cuando se reúnen a tomar una cerveza en Tulsa recordando Albacete.

Concluye:

Se batirán el cobre durante un lustro europeístas y euroescépticos en torno a la unidad bancaria y la unidad fiscal, al avance o retroceso de los derechos de ciudadanía europeos, a la delimitación o no de un espacio social europeo intocable, al impulso de la unidad política o la disolución de los mecanismos federales ya existentes siguiendo a Marine Le Pen. Aquí había un problema para Valenciano: Le Pen es tan abortista como ella. Pero, ¿a quién le importa Le Pen? En realidad, a cualquiera que albergue la mínima preocupación por el futuro de le UE. Como fuere, los suyos le han roto el plan a Valenciano. El inexistente candidato del PP está contentísimo.

Para terminar, saltamos al periódico de la ‘disciPPlina’. Javier González Ferrari dedica a artículo a la ex ministra que soñaba con ver a Esperanza Aguirre colgando de la catenaria, esa Magadalena Álvarez a la que define en el título como La mano que mecía los ERE.

No tengo ni idea si el patrimonio de la ex ministra y su sueldo de más de 20 mil euros mensuales pueden llegar a cubrir el monto de la fianza, pero lo que sí parece claro es que doña Magdalena pertenece al selecto grupo de los ricos a los que tanto se refieren en su partido cuando despotrican contra la política del Gobierno del PP por la subida de impuestos y por cargar sobre las espaldas de los más desfavorecidos el peso de la crisis. Ese patrimonio, hasta donde se sabe, consta de cinco casitas, cuatro de ellas en Andalucía donde se ha consagrado la expropiación de las viviendas de los bancos con una norma aprobada por socialistas y comunistas y de más que dudosa legalidad.

A este humilde lector de columnas no le parece malo que un político tenga un gran patrimonio, hasta el punto de poder ser considerado millonario, siempre que no lo haya ganado de forma deshonesta. Lo realmente grave es el papel de la ‘antes partía que doblá’ en el sucio asunto de los ERE. Si su fortuna tiene algo que ver con eso, entonces sí que sería ilegítima y denunciable.

Alfonso Ussía habla sobre la represión castro-chavista en Venezuela, y titula Es nuestra sangre. Aprovecha para cargar contra los que, como Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero jalean al siniestro Nicolás Maduro desde España. Tiene también palabras de elogio hacia quienes les hacen frente, entre los que se incluye el director de Periodista Digital, y de crítica a medios que invitan a sus programas a los tertulianos chavistas ‘made in Spain’:

En España, cuenta Maduro con algunos opinantes generosamente retribuidos mediante extrañas fundaciones. No hace mucho, la periodista Ana Pastor pretendió acogotar a la hija de Le Pen en una entrevista, y fue ella la acogotada. Con Pablo Iglesias, por ejemplo, que no ha desmentido la acusación de Alfonso Rojo de que cobra trescientos mil euros al año de Nicolás Maduro, Ana Pastor en lugar de preguntas le hubiera formulado besos. El estalinismo es inteligente. Acompleja del mismo modo que los separatismos. Hermann Tertsch no teme a su verdad, y ha opinado públicamente que Pablo Iglesias y Monedero, otro estalinista, nos llevarían a todos a la fosa común sin ningún problema. Pero ahí se mantienen, en el palmito, respetados, bien remunerados y plenamente aceptados. La cobardía de nuestros empresarios de la comunicación, que ponen el cesto para los huevos de todas las gallinas.

Entre esos empresarios, por cierto, se incluye el editor de La Razón, Lara. En una de sus televisiones, laSexta, Pablo Iglesias es contertulio habitual.

Termina Ussía con un llamamiento para que no dejemos de prestar atención a lo que ocurre en Venezuela:

Todos miramos hacia Ucrania, pero no podemos olvidar a Venezuela. Dar la espalda a los que piden las libertades y la decencia política en Venezuela, es en el fondo, el triunfo de un soborno indirecto. La sangre de un ser humano en una acera, en un jardín o en una mazmorra es siempre un dibujo siniestro y trágico que coleccionan los tiranos. Pero en el caso de Venezuela, esa sangre es aún más nuestra, y sin pretender establecer comparaciones, más cercana a nuestras lágrimas y sentimientos.

Cuánta razón tiene. Por eso, en esta ocasión terminaremos nuestro ‘Afilando columnas’ de la siguente manera:

SOS Venezuela.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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