OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

Que Margallo deje hablar de Cataluña y pare las avalanchas en Melilla y Ceuta

Ignacio Camacho coincide con Lucía Méndez en que a Artur Mas se le han aflojado los tornillos

Que Margallo deje hablar de Cataluña y pare las avalanchas en Melilla y Ceuta
José Manuel García-Margallo. EP

Antoni Puigverd descubre un Mas prisionero de la Asamblea Nacional Catalana

Artur Mas es como los sudafricanos con sus horrible vuvucelas: todos los días y a todas horas «España nos roba», «mi derecho a decidir», «el pueblo catalán es soberano», «la consulta se hará»… Y parece que va a salirse con la suya por mucho que Salvador Sostres nos recomiende conservar la calma. En consecuencia, los columnistas hablan sobre Mas también todos los días. 

Lucía Méndez (El Mundo) describía a Artur Mas como un hombre con un destino de tragedia griega.

Él no frenará y nadie puede pararlo porque ha dejado de ser un político normal tirando a aburrido para ingresar en el olimpo de los héroes de tragedia.

¡Pues este 19 de marzo de 2014 Ignacio Camacho escribe prácticamente lo mismo en ABC!

El vértigo de la secesión ha empezado a sacudir a ciertos sectores nacionalistas razonables y a la burguesía catalanista, pero sus llamadas a la sensatez tropiezan con un designio mesiánico. Personas prudentes que han hablado con el presidente de la Generalitat regresan alarmadas y convencidas de que ha traspasado la línea de no retorno. Y sospechan que Pujol el Viejo, megacabreado por el cerco judicial a sus hijos, ha roto amarras con el Estado que otrora ayudó a sostener y a gobernar y se ha echado al monte transido de rencor y de rauxa. Ya no buscan esa salida por la que suspiran los mediadores; han entrado en estado de exaltación rupturista.

Está rodeado de pretorianos talibanizados, imbuidos de ensimismamiento dramático, y cuenta con dos millones largos de ciudadanos, muchos de ellos jóvenes, sugestionados por el mito de la construcción nacional, por el aventurerismo secesionista. Quizá vayamos a vivir meses de tensión creciente. Mas acabará en la cuneta, pero el problema es que no se sabe si antes o después de chocar ni con cuántas víctimas colaterales.

Sin embargo, Antoni Puigverd (La Vanguardia) no se adhiere a esta opinión, pero la suya no deja en buen lugar a Artur Mas, ya que lo presenta como un prisionero de la ANC.

La coincidencia de la propuesta de la ANC (secesión el 2015) y la aceptación por parte de Mas de la hipótesis de una delcaración unilateral de independencia han reforzado la impresión de que el presidente ni es un flautista ni es un acompañante del pueblo, sino un político sin margen de maniobra que no puede sino obedecer el plan fijado por una organización civil muy potente y respetable, pero a la que nadie ha votado.

Como quien convive con locos o enfermos o prisioneros acaba adquiriendo o sus enfermedades o sus hábitos, José Manuel García-Margallo no se está quieto y mete la pata tanto como Mas.

El magistrado José Luis Manzanares (Republica.com) se asombra de la comparación enunciada por Margallo de Cataluña con Crimea.

No ha sido muy afortunada la declaración de nuestro ministro de Asuntos Exteriores (y oficiosamente de Asuntos Catalanes) al afirmar que los casos de Crimea y Cataluña son exactamente iguales. Si lo fueran, que no lo son, habría que echarse a temblar porque Crimea ya es independiente, al menos de facto y con el reconocimiento expreso de una de las grandes potencias mundiales, Rusia.

En El Mundo, Federico Jiménez Losantos aplica el psicoanalismo a Margallo.

Margallo no es un ministro, ni siquiera un problema, es un caso. En rigor, un cuadro clínico que exige tratamiento multidisciplinario, psicológico y psiquiátrico. Lo más difícil será organizar su terapia de pareja junto a Rajoy, del que Margallo es a la vez síntoma y enfermedad, muñeco y ventrílocuo

Estamos ante un ser patológicamente boquirroto, incapaz de callar ni siquiera en su propio interés. Esto es lo que le convierte en un enfermo en aleguien que merece atención y respeto. (…) ¿y si Margallo fuera el síntoma de una enfermedad de Rajoy?

Mandar los africanos a Cataluña

Con motivo de la última irrupción violenta de africanos en Melilla, Santiago González (El Mundo), menos sanitario, le aconseja que se ocupe de las materias de su cartera.

Uno ha echado de menos al ministro de Asuntos Exteriores. Ya comprendo que en meses como éstos le tienen muy ocupado los extranjeros que tiene más a mano, que deben de ser los catalanes. Los problemas políticos que plantea el Gobierno de Cataluña al Gobierno de España no son un conflicto entre dos pares, sino una relación problemática de España consigo misma.

Margallo debería emplear los recursos que su Ministerio destina a seducir a los soberanistas catalanes en explicar a sus pares que esas vallas de Ceuta y Melilla no son un capricho español, sino la frontera sur de la Unión Europea. Y si el resto de los países miembros y la propia Comisión no se ponen de acuerdo con mi colega de Interior sobre la política de inmigración y su manera de aplicarla, intervendré para garantizar a cada inmigrante un vuelo low cost a Göteborg, la ciudad en la que vive la comisaria Malmström con su marido y sus gemelas.

Y da una sugerencia:

Los 500 que consiguieron saltar la valla se dirigieron mansa y directamente al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (Ceti); eso es aceptación de la legalidad y no lo de los etarras pidiendo beneficios. Además, gritaban «¡Viva España!» a pesar de la falta de facilidades. Margallo los podría llevar a Cataluña para ejemplo de los aborígenes de allí, es una idea, a ver si contagian a Mas, o por lo menos a Duran Lleida.

Cojo el hilo de Melilla y llego por él a Alfonso Merlos (La Razón).

Los atacantes y agresores y asaltantes son los capos mafiosos que engañan y juegan con la vida de los subsaharianos que al cruzar la frontera son recibidos con mantas y comida. Un Estado es un Gobierno, una población y unas fronteras definidas. Y eso significa que los límites territoriales son y deben ser inviolables. No hay duda de que los agentes del orden están para lo que hay que estar. De lo contrario podrían ser sustituidos por los miembros de una ONG. Y cuando les quitamos las pistolas o las pelotas o los escudos (¡sí es lo que va en su naturaleza!) estamos sentando las bases para que ellos lo pasen mal, y para que lo pasen peor los ciudadanos a los que protegen y por cuya tranquilidad velan. ¡¿O no?!

¿Es lo mismo Estado federal que descentralizado?

Y tras el inciso de Merlos, seguimos con Cataluña o con la crisis de régimen, que ya se identifican ambas.

En una tribuna en El País, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de la Junta de Extremadura, demuestra que se le puede aplicar el título de su artículo: ‘No sabemos nada’.

¿Qué tipo de Estado tenemos ahora? O es un Estado centralista o es un Estado descentralizado. Como no es lo primero, no existen dudas de que es lo segundo. ¿Qué es un Estado descentralizado, sino un Estado federal?

El Reino Unido e Italia son Estados descentralizados, pero no no por ello son federales. En cambio Rusia y Argentina son Estados federales pero en ellos manda mucho la presidencia.

Pero lo bueno viene al final. Don Juan Carlos, presidente de la Junta regional durante 25 años, propone repetir el consenso constitucional de 1977 y 1978, al igual que está haciendo Luis María Anson.

Remando a contracorriente, estimo que el debate político, la política, son ahora tan necesarios como entonces. Sería un fracaso de la democracia que unas minorías, politizadas, se impusieran a una mayoría pasiva, escéptica, desmoralizada, desconfiada de la política y alejada de sus instituciones representativas. Esa es la tarea que deberían emprender inmediatamente PP, PSOE y todos aquellos que quisieran unirse a ese consenso para ser capaces de alejar las incertidumbres y forjar un presente que nos despeje el futuro. ¿O se pretende que sigamos en la inopia y sin futuro?

Pues que empiece él consiguiendo que la bandera de España aparezca en los mítines socialistas y que el PSOE deje de estar equidistante entre los separatistas catalanes y el Gobierno nacional.

Con menos superioridad moral, Frances de Carreras, también en El País, recomienda una reforma constitucional con la finalidad de sosegar a los separatistas.

Y una manera seria de empezar sería, a mi parecer, poniéndose de acuerdo, no en el contenido, sino en el procedimiento: encargar un informe que hiciera un diagnóstico de la situación seguido de propuestas concretas de cambios constitucionales. Hace diez años se encargó el informe al Consejo de Estado, órgano consultivo del Gobierno, que elaboró un excelente dictamen. Pero quizás ahora, en aras de la independencia de criterio, lo más conveniente sería que los partidos impulsores de la reforma designaran a un grupo reducido de expertos, entre personas del todo ajenas a los partidos, o bien, para mayor garantía de imparcialidad, se constituyera una comisión regia formada por personas de las mismas características designadas por el Rey.

Aunque parezca mentira, hay otros asuntos.

Los Tejero desprestigian a la Guardia Civil

David Gistau (ABC) escribe sobre la paella de los Tejero en un acuartelamiento de la Guardia Civil. Muy oportunos los dos señores; parece que no les importa que su comilona se use para desprestigiar al cuerpo.

Lo hiriente de la paella no es que los Tejero y otros golpistas aún blasonen de su hazaña sin reparar siquiera en que el tiempo los ha convertido en pintorescas reminiscencias del espadón, arquetipo ya extirpado de esa tradición española que acoge incluso entradas a caballo en el Parlamento. Lo hiriente es el secuestro del escenario, los guardias que cocinan la paella y ejercen de servicio, el simulacro de desfile forzado para honrar a los visitantes. El Ejército, incluida la Guardia Civil, hizo un enorme esfuerzo de adaptación democrática y de pedagogía para alcanzar el espacio social que ahora ocupa, que es de prestigio.

Curri Valenzuela (ABC) da la noticia de que en Valencia la extrema izquierda prosigue con los escraches, pero no nos enteramos porque no salen en la televisión.

Valencia es la única comunidad autónoma en la que los antisistema están incluidos en el sistema, así que los alcaldes, diputados y concejales de esa coalición de ultra izquierda practican un terrorismo dialéctico en las instituciones que igual les lleva a celebrar el Día de la Mujer Trabajadora con pasquines de fotos de milicianas armadas en la Guerra Civil que a declarar una «intifalla» para contraprogramar estas fiestas, que anuncian con la imagen de una falliera con negro pasamontañas bajo la inevitable peineta. Su presencia en la calle se hace notar. Sus algaradas callejeras suelen acabar bajo el balcón del domicilio de la alcaldesa, los escraches siguen a la orden del día por allí.

(Sólo le corrijo en que los antisistemas de Bildu también están dentro de las instituciones vascas y navarras.)

Y Raúl del Pozo escribe la frase más redonda del día, con motivo de la contaminación en París.

Cuando no se cree en nada, se termina en los ecologistas.

Es una alteración de la que se atribuye a G. K. Chesterton:

Cuando se deja de creer en Dios, se cree en cualquier cosa.

Pero se la acepto.

¡Cuánto se aburre Ussía con la astronomía!

David Trueba (El País) escribe sobre Leopoldo Panero y nos da un ejemplo de cómo la izquierda entiende la cultura como ideología.

Dos obras maestras del cine español siguen erigiéndose en ventanas por las que mirar asombrados al personaje. El desencanto, de Jaime Chávarri, donde la familia mostraba los escombros del hogar y servía para empezar a decirle a un país en pleno cambio político que también su moral íntima era falsa y precaria.

Es que no hay moral sólida y verdadera como la de los progres.

Alfonso Ussía firma hoy la columna ridícula. Se burla del descubrimiento del «primer latido del cosmos».

En mi caso particular, he amanecido con los mismos problemas que ayer, cuando no se sabía que nuestro universo tiene 13.800 millones de años. Entiendo que es síntoma de descomunal desinterés cultural y científico esta postura tan escéptica. Es más, procedo a desnudar mi incalificable frivolidad. Me importa un bledo que el primer latido del cosmos se produjera hace 13.800 millones de años y no mil millones antes o después. A mí, ahora mismo -y lo afirmo con toda seriedad-, lo que me importa es que lleguen cuanto antes las vacaciones de la Semana Santa.

Hoy el querido Alfonso hace la misma gracia que quien cuenta un chiste de toreros a un enloquecido antitaurino.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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