OPINIÓN / Afilando columnas

Jaime González cree saber a quién apuntará el dedo de Rajoy para las europeas: González Pons

Rahola: "Es curioso que el el PP y el PSOE voten a favor de los derechos humanos en Venezuela, cuando se han hartado de venderle armas primero a Chávez y ahora a Maduro"

Hacemos sonar una vez más nuestra armónica de afilador y nos lanzamos a dejar constancia de lo más jugoso que nos ofrecen los articulistas en esta jornada.

Arrancamos en el diario del conde de Godó y Grande de España que recula en su apuesta por el independentismo catalán. Anda Pilar Rahola indignada con ERC por su apoyo al régimen represivo de Nicolás Maduro y deja constancia de ello en su texto de La Vanguardia titulado Esquerra y Venezuela:

Gracias a la carta semanal de Duran Lleida, me entero de la votación en el Congreso de un texto de denuncia contra la represión de Maduro, donde se reclamaba el respecto a los derechos humanos. Todos los partidos lo votaron menos tres: Izquierda Plural, Amaiur y… ERC. Antes de entrar en el tema de ERC, una cosa que subrayar: es curioso que PP y PSOE voten a favor de los derechos humanos en Venezuela, cuando se han hartado de venderle armas, primero al compañero Chávez y ahora al amigo de los pajaritos, señor Maduro.

Tiene razón en denunciar la hipocresía de ambas formaciones, pero debería recordar que si han votado sobre eso asunto es porque UPyD llevó el tema al Congreso de los Diputados. Pero claro, a la columnista catalana le produce tal repelús Rosa Díez que no va a reconcerle el mérito. Ocurre como con el régimen castrista, por el que Rahola también siente un profundo rechazo, frente al que el partido magenta se muestra duro mientras que el PP ha optado por la complicidad y el abandono de su anterior postura de firmeza contra la dictadura totalitaria.

Concluye el artículo:

Maduro es un impresentable y su régimen es represor y violento, y un partido de izquierdas serio tiene que combatir de igual manera las dictaduras fascistas que aquellas que reprimen levantando el puño. No se valen medias tintas y menos hacer seguidismo de partidos ultraizquierdistas que vienen de otra tradición, no siempre próxima a las libertades. ERC debería tener su propio discurso internacional, porque no se vale querer la libertad de Catalunya y después defender a los represores de Venezuela.

Debería recordar Rahola que son muchos los que desde la izquierda salen a defender cualquier dictadura o represión que proceda desde la zurda. ¿Por qué habría de ser ERC diferente en esto a IU o buena parte del PSOE? De todos modos, y eso es verdad, ERC es una formación compleja en temas de internacional, y en ella hubo tradicionalmente siempre un sector totalmente alejado de los postulados tradicionales de la izquierda en esos asuntos. Eran los que apoyaban el atlantismo y se oponían a las dictaduras ‘progresistas’ árabes, por ejemplo. Tal vez la articulista esté llamando a quienes siguen pensando de esa manera.

En cualquier caso este humilde lector de columnas tiene que elogiar a Rahola por su claridad en asuntos en temas como este. A nadie se le escapa que en otros asuntos defendemos postulados totalmente enfrentados, pero es justo reconocer a la articulista catalana su firme defensa de la libertad frente a las dictaduras y los caudillos totalitarios.

Pasamos ahora al auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, donde encontramos un artículo sobre el independentismo catalán que sin duda molestará profundamente a, precisamente, Pilar Rahola. Joaquim Coll publica en El Periódico Ficciones y autoengaños. Lo jugoso llega al final:

La hoja de ruta de la Assemblea Nacional Catalana está pensada para desencadenar el accidente insurreccional en caso de bloqueo. Su objetivo es proclamar la independencia el día de Sant Jordi del 2015, de una forma u otra. Su programa es un completo desvarío, pues se atribuye una representación que no tiene. Vivir en la ficción conduce a peligrosos autoengaños.

Recordemos que columnistas afines a Artur Mas, como la citada Rahola o Frances-Marc Alvaro, saltaron la jornada anterior en defensa de la Asamblea Nacional Catalana un día después de que otro articulista criticara en La Vanguardia que el presidente catalán fuera una marioneta de esa organización. Este asunto parece que va a generar jugosos enfrentamientos en los medios catalanes.

Viajamos a Madrid, donde nos encontramos con un Federico Jiménez Losantos que habla de la reacción del Gobierno de Rajoy frente al independentismo. Lo hace con el título de ¡Alto el fuego. Margallo!:

Cuando el PP llega al poder muestra una propensión invencible a «apaciguarse» con el nacionalismo catalán, patología que se traduce en besamanos o besapiés a La Vanguardia. El nuevo edecán de Godó, en sintonía con el metternich de Mariano, ha dicho en un sarao conjunto que hay que conseguir «un empate técnico» entre Barcelona y Madrid.

El nuevo «edecán de Godó» no es otro que Màrius Carol, el director de La Vanguardia, que pasó una horas en Madrid producto de las cuales escribió un artículo en el que, entre otras cosas, citó como autoridad intelectual sobre España y sus medios de comunicación al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante —El diván y el psiquiatra de cabecera–.

Continúa el turolense:

Eso, en vísperas del clásico, sólo puede significar que, para seguir en la Liga, ya han comprado al árbitro. ¿Sería mucho pedir que, aunque el Príncipe, que es del Atleti, caliente interminablemente junto al banquillo barcelonés, aunque siga en su cargo Cardenal, el boixo noi de Rajoy, y aunque en la cantera democristiana de la que proviene el MAC la única jugada que ensayan y dominan sea el gol en propia puerta, respetase esta semana la integridad de Don Diego López? El Rey debe ordenar a Margallo un alto el fuego verbal inmediato. O sea, el clásico «¿por qué no te callas?».

Sorprendente que Losantos, que tanto critica el poder y la influencia del Rey, le pida un gesto de autoridad ante un ministro. Bien cierto es, eso sí, que el ministro en cuestión haría bien con cerrar la boca en muchas ocasiones.

Pasamos a ABC, cuyo jefe de Opinión cree saber quién encabezará la lista del PP a las elecciones europeas. Jaime González titula preguntando ¿Hacia dónde apunta el dedo?:

Dicen que cada día que pasa menguan las posibilidades de que el elegido sea Miguel Arias Cañete. Y que, de manera inversamente proporcional, crecen las de Esteban González Pons.

Concluye:

La aversión patológica de Mariano Rajoy a los cambios sustenta esta hipótesis, aunque quisiera insistir en que se trata de una mera elucubración, muy razonable pero también muy arriesgada, dada la naturaleza del hombre que no susurraba jamás a sus ministros. Ya que el Senne pasa por Bruselas, se me ha ocurrido aprovechar el rumor de sus aguas subterráneas para lanzarme al río sin flotador, agitar la espuma y provocar un poco de corriente. Ahí va: plan Pons, belleza en siete días.

Lo que se pregunta el afilador de columnas es sí González juega realmente a deducir o sabe algo pero no puede recocer de forma abierta que tiene la información.

Terminamos con David Gistau, que dedica su La ‘tournée’ utópica al tipo que ha creado una ruta turística sobre ETA, a mayor gloria de la banda terrorista.

Ignoro en qué fase del «conflicto» nos ubica el hecho de que la ETA se comercialice para los turistas revolucionarios. Como si ahí, en la figuración, un poco como «cowboys» de Almería, hubiera una salida laboral para una mano de obra especializada únicamente en el asesinato y limitada por sus trazas lombrosianas. En todo caso, hay una dificultad: el programa anunciado es aburrido. No niego el encanto rupestre de los murales, como en Belfast. Pero lo demás resulta tedioso. ¿Una visita a la redacción de Gara? ¿Un salto al santuario de Aránzazu? ¿Una merienda en Guernica? Vamos. Es más intenso irse de «clubber» a Ibiza. Ni siquiera la propuesta de participar en la cadena humana contiene la misma emoción que viajar en el autobús de La Doce. Lo que podrían es inspirarse en el parque francés que recrea la aldea de Astérix y construir, mezcla de Sierra Maestra y Club Med, un poblado típico de una guerrilla forestal como el que aparece en el mítico capítulo de McGyver sobre «los vascos». Esos peroles en el fuego. Esos etarras con rasgos mexicanos que hacen gimnasia en calzoncillos pero con la «txapela» puesta. Esas cabañas. Esos «irrintzis» al atacar que parecen los gritos de los sioux. Ahí hay un «tour» al que se apuntaría hasta Régis Debray.

El capítulo de McGyver al que se refere Gistau no tiene desperdicio, realmente cómico.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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