LA CLAVE DEL DÍA

Los violentos del 22-M gritaron al Samur que «dejara morir» a los polícias heridos

Lorenzo Silva recoge para El Mundo el relato de un trabajador del Samur, de guardia el día 22

La Policía tuvo que tender un cordón de seguridad en torno al hospitla de campaña

La noche del sábado 22 de marzo, el centro de Madrid quedó en poder de los extremistas de izquierda, que se separaron de la manifestación por la dignidad al finalizar ésta y arremetieron contra los policías en la plaza de Colón y la calle de Génova.

Los policías heridos han sido varias docenas, algunos de gravedad, y todavía la organización de la manifestación no ha condenado los incidentes.

El escritor Lorenzo Silva publica en El Mundo el relato que le hizo un amigo suyo,  trabajador de emergencias médicas de Madrid, de guardia el día 22 en esa manifestación, sobre la reacción de los ultraizquierdistas, dispuestos incluso a asaltar el hospital de campaña.

El relato comienza con pie torcido, pues Silva hace un exordio de dos párrafos en el que cuenta que tanto él como su amigo/fuente son personas de izquierdas, solidarias y afligadas por la suerte de los que menos tienen…, pero luego mejora.

El titular empleado por El Mundo es un estremecedor: «Dejadlos morir», que abría merecido una tipografía mayor y unos signos de exclamación.

Mi confidente estaba en un puesto sanitario avanzado al que al término de la manifestación empezaron a llegar antidisturbios heridos, en brazos de sus compañeros.

En cinco minutos pudieron llegar siete u ocho policías de la UIP y uno de la UCE -antidisturbios de la Policía Municipal- con caras ensangrentadas, alguno con disminución del novel de consciencia y cascos abollados, por lo que se suponía que eran adoquines.

Venían asustados. No vi en ningún policía ni una mirada que tradujese odio o ánimo de venganza hacia ninguno de sus agresores. En el exterior, sin embargo, acompañantes de los manifestantes heridos nos gritaban a los trabajadores del Samur que éramos cómplices y que no atendiéramos a policías, que los dejásemos morir.

Acabamos necesitando un cordón policial para trabajar con un mínimo de seguridad.

Tuvimos que meter a los policías de dos en dos en ambulancia y por la puerta de atrás, pegada al PSA para evitar el trayecto a pie desde el PSA a la ambulancia, por su seguridad y entre silbidos.

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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