OPINIÓN / REPASANDO COLUMNAS

La prensa que antes detestaba a Suárez y ahora lo proclama santo súbito

Del Rey a Rajoy, Pablo Sebastián arremete contra todos por los honores a Suárez

Raúl de Pozo y Miguel Ángel Aguilar le reprochan a Artur Mas que quisiera apropiarse del muerto

El día después del despliegue de docenas de páginas en los periódicos para contarnos los milagros de este santo súbito en que se ha convertido Adolfo Suárez, la calma llega a los columnistas. Desde que Adolfo Suárez Illana anunciase la muerte «inminente» de su padre, el histerismo de viuda se extendió por la mayoría de los escritores de periódico. Ahora, algunos pueden ya escribir otras columnas menos amables y hasta psicoanalizar al pueblo español que en 1981 detestaba a Adolfo Suárez y que le abandonó en las urnas.

Así, Ignacio Camacho (ABC):

Un bucle melancólico está alumbrando el mito de Adolfo Suárez. Un mito estilizado de excelencia que nace de una profunda orfandad política, de un sentimiento popular de vacío y soledad, de un clamor de liderazgos frustrados. Una corriente de empatía póstuma favorecida, claro, por la muerte pero también y sobre todo por la evocación del tiempo liminar de la construcción democrática, contemplado desde el desafecto actual con una ensoñación algo bucólica.

Su santificación laica es un exorcismo colectivo arrojadizo contra la élite contemporánea; la sociedad lo ha elegido como referente para convencerse a sí misma de que otra política es posible. O al menos lo fue, pero quien ha vivido siquiera un instante de plenitud ya no renunciará nunca a la nostalgia del tiempo de la gloria en las flores y del esplendor en la hierba.

Santiago González (El Mundo):

El pueblo español tenía hambre de leyenda, lo que quizá explica tanto obituario adelantado al hecho biológico. Ahora, que ya tiene nombre de aeropuerto, como Bernabéu de estadio, Adolfo Suárez ha dejado la historia para ser leyenda. «Esto es el oeste, señor, y cuando los hechos se convierten en leyenda no es bueno imprimirlos», le decía el director del Shinbone Star al senador Stoddart en ‘El hombre que mató a Liberty Valance’.

David Gistau (ABC):

La buena noticia es que los españoles – excrecencias radicales aparte-, después de varios años de abatimiento y desapego, por fin han encontrado el presidente al que ansían encomendarse. Lo malo es que no se trata de un hombre, sino de un ideal póstumo, una añoranza fugitiva. El redescubrimiento de Adolfo Suárez en la hora de su muerte ya ha inspirado algunos efectos benéficos: la conciencia de un tiempo genesíaco que ofrece un asidero para superar la autoestima devastada. Si fue posible, es posible.

pasado el mediodía, la puerta se abrió para esa ingente cantidad de ciudadanos que irradiaron por Madrid tanta nostalgia sebastianista.

Pablo Sebastián saca su escopeta

Pablo Sebastián (Republica.com) pasa lista de los agravios que en su opinión la clase política ha marcado en el ataúd de Adolfo Suárez, y no deja títiere con cabeza: el Rey, Artur Mas, Rajoy… Incluso se mete con el difundo Leopoldo Calvo-Sotelo, a quien hace de menos.

Si alguien pretendió, por celos políticos o por una manifiesta incompetencia -menudo error ha sido aplicar a Suárez el mismo protocolo que se le dio al expresidente Leopoldo Calvo Sotelo, como si ambos políticos fueran comparables en su trayectoria y trascendencia en la Historia de España- y si alguien pretendió de esa manera reducir el homenaje se equivocó. Ha bastado ver a los miles de ciudadanos que se han acercado al Congreso a visitar su ‘capilla ardiente’.

[una histórica jornada de unidad nacional] que algunos no han sabido -o no han querido- poner en valor a pesar de que la persona de Suárez y la corriente emocionada de unidad nacional que provocó su fallecimiento constituye toda una oportunidad de reencuentro solidario entre los españoles. Como se ha visto en general y con la sola excepción del oportunismo barato de Artur Mas, que ha utilizado el sepelio y la persona de Suárez para intentar homologarse sin pudor con la audacia del ilustre español.

Por cierto, el video del pésame del Rey, quien debió haber acudido con el Príncipe a la clínica Centro tras la muerte de Suárez, dejó mucho que desear en fondo y forma, mientras el pésame de Rajoy resultó impecable. Pero luego ambos dos han perdido con el acto del Congreso una excelente ocasión para afianzar la concordia y la unidad nacional.

Y en la piel Marcello, Sebastián se mete con Felipe González:

Felipe González ha estado huido y escurridizo para no tener que valorar la persona y al político Adolfo Suárez. En realidad el expresidente del Gobierno y exlíder PSOE no le llega a Suárez a la altura de los talones de sus zapatos ni como persona, ni como político y menos aún como gobernante. Lo que es peor, Felipe se siente acomplejado ante Suárez y probablemente le acompaña el remordimiento por lo mal que se portó con él en los últimos años y meses de su presidencia. A sabiendas, como seguramente sabe, que colaboró en su cese y puede incluso que con los promotores del golpe de Estado, directa o indirectamente, al pronunciarse en varias ocasiones -y en privado- a favor de un gobierno de unidad nacional presidido por un militar, como Armada claro está.

Y todavía se ha atrevido Felipe González a declarar que Adolfo Suarez podría haber gestionado la transición mucho mejor. ¿Y él no pudo haber hecho las cosas mucho mejor de lo que las hizo en un tiempo mucho mas fácil y apacible que el que sufrió Suárez?

Bofetadas a Artur Mas por su grosería

Raúl del Pozo (El Mundo) dispara sobre Artur Mas y los diputados, a la vez que reivindica el papel de los ciudadanos de a pie en la Transición.

Lo de ayer en el Congreso fue, sin embargo, admirable. Era como si por un día se hubiera prescindido del odio. Los políticos chuparon cámara y cirio, se comportaron con elegancia democrática. Sólo obró de manera ruin Artur Mas, que aprovechó el cadáver para decir que el ex presidente iba de frente, cuando él ni siquiera se atreve a defender el plan soberanista. Va a mandar a un propio.

Algunos diputados estaban furiosos porque no les dejaban entrar si no iban en coche oficial, como si los 350 tuvieran auriga. Insisten en decir que transformar la dictadura en democracia fue posible por el Rey y por Suárez.

Olvidan las preguntas de Brecht: «La noche que fue terminada la Muralla China, ¿a dónde fueron los albañiles?». «César conquistó las Galias, ¿no llevaba consigo ni siquiera un cocinero?». Hubo cocineros, curas, tenientes, exilados, estudiantes, cómicos, trabajadores que tragaron quina y algunos fueron asesinados mientras los jefes no se bajaron del coche oficial.

También Miguel Ángel Aguilar (El País) le reprocha a Mas su comportamiento de usar el muerto para compararse con él.

«Todo se puede hacer si se tienen las convicciones de Suárez y su fuerza», continuó sugiriendo su equiparación a la figura elogiada. Pero Suárez quería construir un nuevo orgullo en el que todos pudiéramos coincidir sin humillación para ninguno. Pudo pensarse que era una provocación pero para emprender disparates basta con el convencimiento de tener razón. Recordemos que hay convicciones que crean evidencias.

Y acabo los ajustes de cuentas con el que hace Pilar Rahola (La Vanguardia), quien acusa en su columna a Aznar y a Rajoy de apropiarse de Suárez. A ver si Suárez es, como Cristóbal Colón, propiedad catalana y hay que pedirle permiso a la doctora Rahola antes de citarle.

De entre todos, el papelón de ese Aznar que, desde sus jóvenes postulados azul falange, atacaba sin piedad los sueños de transición de Suárez. Y ahora parece el padrino de la boda.

Ciertamente, Rajoy ha encontrado en la figura de Suárez la excusa para reclamar para sí unos valores que ni ha demostrado ni lleva a la práctica.

Se atrevió a visitar Ceuta y Melilla

Estos días, Adolfo Suárez sirve incluso para explicar el hundimiento de la prensa. Víctor de la Serna (El Mundo) es el autor de tan sorprendente hallazgo.

Frente a Suárez, todos tenían razón, lo aleccionaban y ninguneaban. La famosa entrevista con ABC en 1980 que no se publicó (por veto de sus asesores), ahora reproducida de nuevo, expresaba su hartazgo: «Noto (…) afán de protagonismo. Algunos periodistas me preguntan sobre un tema político para tratar de convencerme de sus posturas. Entonces les digo: ¿Ustedes, qué quieren: saber mi opinión o convencerme de la suya?… Porque si vienen a hacerme una entrevista, les interesará conocer mi criterio, supongo. Y tendrían que escucharlo libre de prejuicios. Después, ustedes lo estudian, se informan y, si no les gusta, lo critican… Después, todo lo que ustedes quieran. Pero sólo se tienen presentes a ellos mismos. Escriben para ellos mismos… Los comentarios políticos suelen ser mensajes que no entiende casi nadie. De ahí que la prensa tenga cada vez menos lectores».

Juicio algo prematuro, pero -una vez más, visto lo visto-… ¿qué tal una reflexión de todos?

Y Carlos Ruiz Miguel, bloguero de Periodista Digital, presenta un análisis de la política exterior de Suárez, en el que expone los elementos que mantiene del franquismo (mundo árabe, Gibraltar, Hispanoamérica…) y los que añade (adhesión al Mercado Común Europeo, apoyo a los saharauis). Acaba recordando que Suárez visitó Ceuta y Melilla, luego olvidadas por sus sucesores:

conviene recordar que Suárez visitó oficialmente, como presidente del Gobierno, Ceuta y Melilla. En Ceuta afirmó que «no he hecho nada más que cumplir con mi obligación de presidente del Gobierno y del partido al visitar una ciudad españolísima como es Ceuta».

Bono y Ussía se olvidan de las culpas del PSOE y del Rey

La columna no ridícula, sino grotesta y patética, del día la firma José Bono, quien se resiste de manera para mí incomprensible a que nos olvidemos de él. El tipo consigue que Javier Moreno o Antonio Caño o quien dirija El País le acepte una tribunita y él se limita a repetir su discurso de 1995 cuando le entregó a Suárez un premio. El rostro de Bono llega al punto de reproducir un párrafo en el que se pregunta por las causas de su caída.

Lo cierto es que fue apartado de su espacio político ante los atónitos ojos de aquellos españoles que presintieron una conjura en las sombras del poder. Muchos no nos percatamos de ello hasta la investidura de su sucesor, en febrero del 81.

¡Y finje asombro uno que era diputado del PSOE cuando las conspiraciones socialistas contra Suárez, incluso con generales franquistas!

Moreno, Caño o Cebrián, ¡no se la paguéis!

El diputado Antonio Carmona (El Plural) no se limita a omitir el papel del PSOE en el desgaste de Suárez, sino que lo defiende.

Se dice con exceso de imprudencia que fue la oposición, el partido socialista, quien se comportó de forma cruel y desmedida con respecto al entonces Presidente del Consejo de Ministros, Adolfo Suárez.

Fueron otros los lobos que merodeaban de continuo, casi a diario, los salones del Palacio de la Moncloa, las estancias del Congreso de los Diputados, la sombra honesta de un Presidente del Gobierno que temía a los suyos propios más que a una oposición que siempre se comportó de forma leal aún siendo contundente.

La oposición fue leal, digo, en tanto en cuanto cumplía con su deber de hacer de oposición. De forma creíble y deseosa, como no puede ser de otra manera, de procurar un cambio de gobierno hacia uno más progresista.

¿Nos explicará de qué hablaron Enrique Múgica y el general Armada en Lérida?

Alfonso Ussía también podría entrar en esta categoría de no ser porque su última de La Razón no suele pretender ilustrar grandes disputas políticas ni culturales, ya que sólo está para acompañar los cafés de jubilados y marquesas, pero es que coincide con la tribuna de Bono en ocultar parte de la verdad, en este casoque el Rey no paró hasta conseguir la dimisión de Suárez.

Me ha extrañado el olvido que en muchos de esos escritos y opiniones ha protagonizado el Rey. Suárez fue un gran invento del Rey. Y no arriconemos en la esquina de la ingratitud a Torcuato Fernández Miranda.

El Rey con su mejor hallazgo, su gran Presidente

Alfonso, ¿por qué no cuentas lo que decía el Rey de Suárez entre 1979 y enero de 1981?

Por todo ello, es recomendable la lectura del artìculo de Federico Castaño (VozPopuli.com), en el que enumera, del Rey a Herrero de Miñón, a todos aquellos

han enmascarado su actuación buscando la canonización de quien convirtieron en la pieza a batir hace 34 años.

Sostres, hombre de orden

Concluyo con la columna de Salvador Sostres (El Mundo), escrita en defensa de la Policía.

Golpear hoy a un policía sale gratis y se ve como un ritual de fin de fiesta reivindicativa. Algunos ciudadanos han aprendido a canalizar su frustración, y su mediocridad, a través de este tipo de violencia; y se creen héroes cuando son auténticos criminales.

Yo soy partidario de más mano dura porque siempre he pensado que educar es reprimir. Y los que critican al ministro del Interior por excesivo tendrían que saber que otros ministros del Interior, menos católicos y más protestantes, más exigentes con los deberes de cada cual y menos piadosos con las flaquezas de algunos, actúan con mucha más dureza y sin ninguna contemplación contra delincuentes, como los que atacaron a la Policía en la llamada Marcha de la Dignidad del pasado sábado.

Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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