OPINIÓN / Afilando columnas

Salvador Sostres: «Golpear hoy a un policía sale gratis y se ve como un ritual de fin de fiesta reivindicativa»

Zarzalejos cae rendido ante Mas por acudir a la capilla ardiente de Suárez: "Bienvenido a Madrid, president. Y gracias"

Hay un viejo dicho que retrata a la perfección a ciertos personajes: ‘Quiere ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro’. Con esta frase se define a esas personas con un afán desmedido de ser el centro de atención, capaces de hacer cualquier cosa para llamar la atención en acontecimientos en los que el protagonista es otro o en los que no debe haber nadie que asuma el protagonismo. Y el 24 de marzo de 2014, en la capilla ardiente del Adolfo Suárez quedó claro a quién se le puede aplicar las palabras en cuestión.

Los presidentes autonómicos pasaron ante los restos del ex jefe del Gobierno con discreción, mereciendo apenas unos segundos de atención de las televisiones. Así fue con todos menos con uno. Artur Mas volvió a dar la nota con unas declaraciones fuera de lugar para auto erigirse en singular heredero del artífice de la transición.

Como es de suponer, Artur Mas se ha ganado a pulso ser el protagonista de gran parte de los espacios de opinión de la prensa de papel del 25 de marzo de 2014. El tono general es de reproche hacia el presidente de la Generalitat. Pero, una vez más, encontramos una excepción. Todo un ex director de ABC ha caído rendido a sus pies. Y es un catalán, Salvador Sostres, el que se sale del tema de Suárez y escribe sobre la violencia en las manifestaciones y la indefensión de los policías.

Tras hacer sonar, como cada día, nuestra armónica de afilador, dejamos constancia de ello.

Arrancamos en el periódico del conde de Godó y Grande de España, donde nos encontramos ese elogio solitario al que nos referíamos. Que aplaudieran a Mas por su intervención Pilar Rahola –en este caso opta por criticar, con el título de La apropiación, a Rajoy y Aznar– o Frances-Marc Álvaro no hubiera sorprendido a nadie. Pero que lo haga José Antonio Zarzalejos resulta más llamativo. Tal vez es el agradecimiento por el hecho de que le dejen publicar en uno de los grandes periódicos subvencionados por el gobierno catalán. Titula Bienvenido y gracias, president:

Siempre me ha parecido [Mas] un hombre extremadamente educado y, aunque atravesando por momentos de enorme tensión, jamás ha perdido la compostura. Y algo más importante: si Mas no daba señales de vida en este episodio tan especialísimo, significaba que demasiados intangibles se volatilizaban. Así que cuando, también en los estudios radiofónicos, ayer, observé al president en el Congreso sentí alivio y esperanza. Sé de primera mano que Mas es renuente a venir a Madrid porque hacerlo levanta especulaciones sin sentido; es obvio que las relaciones están tensas como cuerdas de violín y el acercamiento, hasta físico, es difícil. Por eso, interpretando a muchos -no a todos- bienvenido a Madrid, president. Y gracias. El volumen de su ausencia hubiese sido enorme.

¿Ahora hay que dar las gracias a un presidente autonómico cumpla con sus obligaciones institucionales? ¿Va a a escribir Zarzalejos una columna dándoselas a Fiejoo, Ignacio González…? Y sobre todo, menudo silencio el del ex director de ABC sobre la salida de tono de Mas. «Interpretando a muchos…» dice la columna, pues leyendo el resto de diario más bien debería decir «interpretando a casi nadie».

Y para que se vea que las críticas no vienen sólo de esos medios que algunos pueden considerar como ‘anticatalanes’, por el mero hecho de oponerse al nacionalismo, este humilde lector de columnas va a mostrar como primera opinión contraria una publicada en El Periódico de Catalunya. Su autora es Esperanza García, que arranca su Comparaciones odiosas diciendo:

No por esperada ha sido menos triste la noticia del fallecimiento de Adolfo Suárez. Pero la abyección del señor Mas en sus declaraciones tras conocer la noticia, a algunos nos causa repulsa. Precisamente, la labor del señor Mas al frente del Govern dinamita lo que, con tesón y valentía, cimentó Suárez con sus cinco años de presidencia. Sirvan como ejemplo varias frases por él pronunciadas.

Seguimos en El País, donde Miguel Ángel Aguilar escribe sobre el mismo asunto con el título de Suárez arriesgó, yo también. Analiza diversos puntos de la declaración de Mas a la salida de la capilla ardiente y concluye:

«Todo se puede hacer si se tienen las convicciones de Suárez y su fuerza», continuó sugiriendo su equiparación a la figura elogiada. Pero Suárez quería construir un nuevo orgullo en el que todos pudiéramos coincidir sin humillación para ninguno. Pudo pensarse que era una provocación pero para emprender disparates basta con el convencimiento de tener razón. Recordemos que hay convicciones que crean evidencias. La respuesta vino de boca de Margallo, porque el ministro de Exteriores parece el encargado de Cataluña.

En ABC, Juan Carlos Girauta titula Un huevo y una castaña, artículo en el que lo más jugoso es:

El uno cree en la libertad («El mañana no está escrito. Ustedes y solo ustedes lo van a escribir»); el otro cree en el determinismo, en el historicismo identitario. El uno coge las Cortes de un régimen autoritario y consigue que se auto disuelvan; el otro coge un parlamento democrático y consigue que se encastille. El uno trae la pluralidad; el otro aspira a la unanimidad. El uno se deja vapulear por los medios de comunicación, aguanta aunque duela; el otro configura listas de periodistas según afinidades y lleva a algunos a los tribunales. El uno se juega el tipo por las libertades y derechos individuales; el otro pone en riesgo a los demás por primar unos supuestos derechos colectivos. El uno quedará ligado para siempre a «libertad sin ira», quiere que todos quepan; el otro administra indirectamente una ira sin libertad, no quiere disidentes.

Al afilador de columnas le ha parecido especialmente interesante el análisis que hace, también en el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho de los motivos por los que ahora Suárez es despedio con tanto fervor por parte de los ciudadanos. En Los trazos de la canción, dice:

De golpe, tras tantos años olvidado en su propia niebla cerebral, el carismático Adolfo ha emergido en la conciencia española desde la reminiscencia afectuosa y hasta tierna de su plenitud seductora, borrados por la súbita selección afectiva los años de preterición y fobia. Su santificación laica es un exorcismo colectivo arrojadizo contra la élite contemporánea; la sociedad lo ha elegido como referente para convencerse a sí misma de que otra política es posible. O al menos lo fue, pero quien ha vivido siquiera un instante de plenitud ya no renunciará nunca a la nostalgia del tiempo de la gloria en las flores y del esplendor en la hierba.

En El Mundo, volvemos a encontrarnos con las declaraciones del presidente catalán. Santiago González firma Adolfo, la leyenda, donde dice:

Mas cree que con Adolfo Suárez ya habría llegado y por eso se plantó en la capilla ardiente a dar el pésame a los familiares y a compararse con el difunto. Ya se había medido con Gandhi, Moisés, Luther King; incluso con Mandela, que era negro. Debía de pensar que uno de Cebreros era mucho más asequible, incluso un acto de modestia por su parte.

Error. A él le cuadra mejor Moisés, el líder que extravió a su pueblo por el desierto durante 40 años. También Artur Mas está condenado a vagar y no llegar a la tierra prometida. Compárese con la eficacia y la rapidez con la que Adolfo Suárez dispuso los mimbres de la reforma y dio pasos importantes.

Para terminar nos quedamos con Salvador Sostres, con su columna que trata de la violencia en las manifestaciones y de una policía que el considera abandonada por el poder político. Titula Tocar a un policía:

El izquierdismo callejero puede quejarse tanto como quiera, en su inconsciencia y en su incultura, del ministro Fernández Díaz y de la Policía española, pero tiene mucha más suerte de la que merece con el ministro del Interior que le ha tocado, comprensivo y piadoso; y de vivir en un Estado que, después de 40 años de franquismo y otros 40 de democracia, se continúa sintiendo culpable y ejerce sus potestades de un modo, como mínimo, vergonzante. Algún día se nos pasarán los complejos y estos mozos sabrán lo que es correr.

Lo cierto es que lo ocurrido en Madrid está totalmente fuera de lugar. El testimonio de distintos policías con los que ha hablado Periodista Digital es como para ponerse a temblar –Agustín Vigo: «No entendemos porque responsables de la UIP no actuaron, hoy podía haber 34 policías enterrados» y Alfredo Perdiguero (SIPE): «Los policías quedaron vendidos ante la masa violenta»–.

 

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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